


María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no tengo relaciones?» El ángel le contesto:
«El Espíritu Santo vendrá sobre y el poder del altísimo te cubrirá con su
sombra; por eso el niño que nazca será santo y se le llamara Hijo de Dios. (Lucas
1:26-35) "María dijo: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según
tu palabra»" (Lucas 1,38) |
"Unos días después María se dirigió presurosa a la montaña, a una ciudad de Judá.
Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María,
el niño saltó en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y dijo alzando
la voz: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Y cómo es que la madre de mi Señor viene a mí? Tan pronto como tu saludo sonó
en mis oídos, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído
que se cumplirán las cosas que te ha dicho el Señor!» María dijo: «Mi alma glorifica
al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi salvador, porque se ha fijado
en la humilde condición de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas
las generaciones, porque el todopoderoso ha hecho conmigo cosas grandes, su nombre
es santo; su misericordia de generación en generación para todos sus fieles.
Ha desplegado la fuerza de su brazo, ha destruido los planes de los soberbios,
ha derribado a los poderosos de sus tronos y ha encumbrado a los humildes;
ha colmado de bienes a los hambrientos y despedido a los ricos con las manos vacías.
Ha socorrido a su siervo Israel, acordándose de su misericordia, como había
prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre».
María estuvo con ella unos tres meses y se volvió a su casa". (Lucas 1,39-56) |
El ángel les dijo «No tengáis miedo, pues os anuncio una gran alegría, que lo será
para todo el pueblo. En la ciudad de David os ha nacido un salvador, el Mesías,
el Señor. Esto os servirá de señal: Encontraréis un niño envuelto en pañales
acostado en un pesebre». ’ Y enseguida se unió al ángel una multitud del ejército
celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo y paz en
la tierra a los hombres que él ama». Cuando los ángeles los dejaron y se fueron
al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vamos a Belén y veamos ese acontecimiento
que el Señor nos ha anunciado. Fueron deprisa, y encontraron a María,
a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, manifestaron lo que les habían
dicho acerca del niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían
los pastores. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en
su corazón. Los pastores volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo
que habían visto y oído. Todo tal y como se les había dicho". (Lucas 2,1-20) |
"Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron
a Jerusalén para ofrecerlo al Señor, como está escrito la ley del Señor:
Todo varón primogénito será consagrado al Señor, para ofrecer el sacrificio según
lo ordenado en la ley del Señor: un par tórtolas o dos pichones. Había entonces
en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la liberación
de Israel: El Espíritu Santo estaba en él, y le había anunciado que no
moriría sin ver al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu fue al templo, y, al
entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo establecido por la ley acerca
de él, lo recibió en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor,
puedes dejar morir en paz a tu siervo, porque tu promesa se ha cumplido: |
"Cuando tuvo doce años, fueron a la Fiesta, como era costumbre. Terminada la fiesta,
emprendieron el regreso; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus
padres se dieran cuenta. Creyendo que iba en la caravana, anduvieron una jornada,
al cabo de la cual se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos;
al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en busca suya. A los tres días lo encontraron
en el templo sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles.
Todos los que le oían estaban admirados de su inteligencia y de sus respuestas.
Al verlo, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué
has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando muy angustiados». Les contestó:
«¡Por qué me buscabais? |














"A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una joven virgen, prometida de un hombre descendiente de David, llamado
José. La virgen se llamaba María. Entro donde ella estaba, y le dijo: «Alégrate,
llena de gracia; el Señor está contigo». Ante esta palabras María se turbó
y se preguntaba qué significaría tal saludo. El ángel le dijo: «No tengas miedo,
María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás un hijo, al que pondrás
por nombre Jesús. Será grande y se le llamara Hijo del altísimo; el Señor
le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre
y su reino no tendrá fin». |
"Por aquellos días salió un decreto de César Augusto para que se empadronara todo
el mundo. ’Éste es el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria.
’Todos iban a empadronarse, cada uno a su ciudad. También José, por ser descendiente
de David, fue desde la ciudad de Nazaret de Galilea a Judea, a la ciudad
de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su mujer, que estaba
encinta. Mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto, dio a luz a
su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque
no encontraron sitio en la posada. Había en la misma región unos pastores acampados
al raso, guardando por turno sus rebaños. Se les presentó el ángel del Señor,
y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos se asustaron. |
Mis propios ojos han visto al Salvador que has preparado ante todos los pueblos,
luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel». Su padre y su
madre estaban admirados de las cosas que decían de él. Simeón los bendijo, y dijo
a María, su madre: «Este niño está destinado en Israel para que unos caigan
y otros se levanten; será signo de contradicción para que sean descubiertos los
pensamientos de todos; y a ti una espada te atravesará el corazón». Estaba también
la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada.
Se había casado muy joven, y a los siete años de matrimonio había enviudado.
Tenia ochenta y cuatro años. Estaba siempre en el templo, sirviendo a Dios noche
y día con ayunos y oraciones. Se presentó en aquel mismo momento, y daba gloria
a Dios hablando del niño a todos los que esperaban la liberación de Israel.
Cuando cumplieron todas la cosas que mandaba la ley del Señor, regresaron a Galilea,
a su ciudad de Nazaret". (Lucas 2,22-39) |
¿No sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi Padre?» Ellos no comprendieron
lo que les decía. Jesús fue con ellos a Nazaret, y les estaba sumiso. Su madre
guardaba todas estas cosas en su corazón. Jesús crecía en sabiduría, en estatura
y en gracia delante de Dios y de los hombres". (Lucas 2,42-52) |

