Madre y Señora, Tú eres luz que disipas la sombra del engaño; Tú eres la dulzura que deleita el corazón y eres la poderosa Madre en quien espero y confío: aleja de mí todo peligro; guárdame Señora, y en estos ocho días recíbeme por tuyo: yo volveré, Señora, a tus santísimos pies; yo daré a mi corazón la dicha de saludarte, y yo renovaré el amor que desde hoy te ofrezco.

Ángeles de la patria celestial, alaben por mí a la Madre Santísima de la Luz; Dios y Señor de la majestad y grandeza, pues sólo Tú sabes lo que es María, ensálzala y engrandécela; y Tú, Madre y Señora, admite mi corazón; las necesidades que tiene Tú lo sabes, remédialas; derrama el bálsamo suavísimo de tu amor; haz que en todas mis acciones te llame Madre de la Luz; alúmbrame, compadécete de mí, y no permitas que sea presa del enemigo; tenme con tu santísima mano, y haz que, pues te portas como Madre, yo me porte como tu hijo. Amén.
La Madre Santísima de la Luz, Titular de la Santa Iglesia Catedral Basílica y Patrona de toda la Diócesis de León, es una imagen original, realmente hermosa y que incita a devoción.

Esta pintura representa a María llevando en su brazo izquierdo al Niño Jesús, quien tiene en su mano derecha un corazón, y con la izquierda toma otro de un cestillo lleno de corazones que le presenta un ángel arrodillado. La Virgen detiene con su diestra un alma próxima a caer en las fauces de un dragón que representan al pecador y al infierno. Dos ángeles mantienen sobre la cabeza de la Santísima Señora una corona imperial; tres serafines están bajos sus virginales plantas, y otros de cada lado completan el maravilloso Cuadro.
El Reverendo Padre Juan Antonio Genovesi, S.J., que residía en la ciudad de Palermo, de la Isla de Sicilia, Italia, deseando tener una imagen de la Santísima Virgen para llevarla en sus misiones y ganar muchas almas para el cielo, se la pedía con insistencia a la misma Santísima Virgen.
Encomendó el asunto a un alma muy privilegiada, a esta persona, que algunos dicen era una religiosa, se le apareció María, manifestando su voluntad que se pintase la Imagen tal y como se le había aparecido, como esta primera pintura no salió del agrado de la Santísima Señora, ofreció la Virgen estar presente a su sierva, a fin de que esta pudiera ir dirigiendo al artista cuando trabajase en la obra, pero el pintor no la vería.

Terminando el Cuadro, sonriendo la augusta Señora, dispuso que se le invocara con el título de Madre Santísima de la Luz, bendijo el Cuadro y aseguró que colmaría de favores a cuantos la honrasen e invocasen bajo tan dulce nombre. Esto pasó en el año de 1722.
Por caminos providenciales llegó a México el Cuadro Original de la Madre Santísima de la Luz. Deseando los Padres Jesuitas que la Sagrada Imagen quedase definitivamente en algún templo de la Compañía, dejaron que el cielo lo resolviese por medio de un sorteo, el que, por tres veces, favoreció a la residencia de la Villa de León de México, por lo cual se acató la voluntad de Dios y la Imagen de la Madre Santísima de la Luz llegó a esta Ciudad, antes una humilde Villa, el 2 de julio de 1732, fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen a Santa Isabel.

La Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, por medio de un documento del 8 de junio de 1972, concedió, para toda la Diócesis, que la Fiesta de la Visitación se siguiera celebrando el 2 de julio con carácter de Solemnidad.
El Sr. Sollano y Dávalos, primer Obispo de León, pidió a la Santa Sede el Patronato de la Madre Santísima de la Luz, para toda la Diócesis, y por el Breve del 19 de septiembre de 1872, Su Santidad el Papa Pío IX, concedió dicho Patronato.
El 8 de octubre de 1902, en virtud de la concesión hecha por Su Santidad el Papa León XIII, en su Breve del 23 de marzo de 1901, fue solemnemente coronada la Celestial Señora por el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Dr. don Leopoldo Ruiz y Flores.