Papa, San Gregorio I Magno, El Grande, Dr de la Iglesia
Papa, San Gregorio I Magno, El Grande, Dr de la Iglesia
64) Papa, San Gregorio I Magno, El Grande, Dr de la Iglesia
64 -San Gregorio I (Magno): Roma; Septiembre 3, 590 - Mayo 12, 604. Nació en Roma. Elegido el 3.IX.590, murió el 12.III.604. Confirmó la autoridad civil del Papa: inicia "poder temporal". Cuando terminó la peste de Roma se le apareció un ángel sobre la roca que después se llamó castillo S. Ángel. Se definía "servus sevorum Dei". Instituyó el canto gregoriano.
S. GREGORIO I (MAGNO) (590-604) Nació en Roma, en el 540 en el seno de la noble familia Anicia. Bisnieto del papa Félix III. Alcanzó el liderazgo político en Italia. Era prefecto de Roma cuando, abandonando una brillante carrera política, entró en la orden benedictina cuya regla siguió fielmente. Vivió de penuria y pobreza. Las riquezas de la familia las utilizó para construir monasterios.

El papa Pelagio le quiso junto a él, le ordenó diácono y le envió como apocrisiario a Constantinopla, donde llevó a cabo una labor de gran valor para la Iglesia. Fue en aquellos años cuando se convenció de que Roma, ya no era para Constantinopla ni motivo de atractiva religiosa ni de interés político.

La sede del pontífice estaba abandonada a sí misma. Al morir Pelagio en seguida fue elegido papa. Así que Gregorio una vez haber tomado buena nota del desinterés de Constantinopla por Roma y por Italia, se despegó de ella, recobrando su propia autonomía.

A falta de un poder político la Iglesia siguió siendo el único punto de referencia de las poblaciones italianas y adquirió, con un proceso natural, un papel de guía y de árbitro de la situación temporal, además que espiritual y religiosa. Gregorio utilizó este nuevo papel -le llamaron el Cónsul de Dios -exclusivamente para el servicio de la Iglesia y del pueblo.
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Papa, San Gregorio I Magno
Papa, San Gregorio I Magno
Defendió la tradicional posición de supremacía eclesiástica de Roma sobre el patriarca de Constantinopla y sobre los demás obispos de la iglesia católica. Mediante el acuerdo de pago de un tributo anual, logró evitar la invasión de los lombardos a Roma. La guerra había destruido la economía de Roma y el pueblo pasaba indecibles penurias, por lo que Gregorio I utilizó de forma sabia las inmensas propiedades de la iglesia para proveer de alimentos a la población necesitada. Se le atribuye la inclusión de los cantos gregorianos en la liturgia. Escribió gran cantidad de libros que siguieron siendo muy influyentes durante toda la edad media. Ejerció una gran actividad pastoral y se le conoce como hombre práctico, compasivo y generoso.

Puso a disposición los tesoros de la Iglesia y las riquezas de su familia para dar de comer al pueblo. Pagó un tributo al rey lombardo Agilulfo para que levantara el asedio que desde hacía años atenazaba la ciudad, y hacía que la vida fuera mísera e imposible. Esta iniciativa le valió las críticas del emperador Mauricio que le defino «un pésimo diplomático». Pero Constantinopla sólo sabía criticar.

Hizo repulisti de la corte pontificia echando a todos esos laicos y diáconos que infestaban la Iglesia con la práctica de la simonía, poniendo en sus lugares a los fiados e íntegros monjes benedictinos.

Inauguró, con la colaboración de Teodolinda, una amplísima acción misional para la conversión de los Lombardos al catolicismo. En esa ocasión Gregorio entregó a ella la sagrada Corona de Hierro, la que fuera de Constantino y que hoy está custodiada en la catedral de Monza.
Biografías de Los Papas, en el "Grupo Vidas Santas"
Legado de San Gregorio I:
Confirmó el Canto Gregoriano
Con igual fervor y tesón trabajó en la reorganización de la vida litúrgica de la Iglesia: realizó cambios en la reforma del Misal y potenció el culto divino, enriqueciéndolo con el canto que a él debe su nombre y que aún hoy está en la base de las solemnes funciones litúrgicas. Cuidó constantemente y con amor a los pobres, juntos con los cuales solía comer.

En torno a su figura surgieron muchas historias legendarias. En algunas de ellas los protagonistas, además de él, son los ángeles. En señal de humildad le gustaba que le llamaran «servus servorum Dei», definición que a partir de ese momento quisieron designarse los Pontífices romanos.

Gregorio I murió el 12 de marzo del año 604.

Su cuerpo yace en la Capilla Clementina de la Basílica de s. Pedro en Vaticano.
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San Gregorio I Magno, El Grande
Nació (ca. 540 en Roma – †12 de marzo de 604), llamado Magno por sus importantes escritos teológicos, fue el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia Católica; fue el primer monje en alcanzar la dignidad pontificia, y probablemente la figura definitoria de la posición medieval del papado como poder separado del Imperio Romano.
Su Vida
Era originario de una rica familia patricia romana, la gens Anicia, cristiana desde hacía mucho tiempo: su bisabuelo era el papa Félix III (†492) y dos de sus tías paternas eran monjas. Pero Gregorio estaba destinado a una carrera secular, por lo que recibió una sólida formación intelectual.

Se dedicó a la política de joven, y en 573 alcanzó el puesto de prefecto de Roma (præfectus urbis), la dignidad civil más grande a la que podía aspirarse. Pero renuncia pronto a este difícil cargo y se hace monje.

Tras la muerte de su padre, en 575 transformó su residencia familiar en el Celio en un monasterio con el nombre de San Andrés (donde hoy se alza la iglesia de San Gregorio Magno).

Pero en el año 579 el papa Pelagio II lo ordena diácono y le envía como apocrisiario a Constantinopla, donde permanece seis años y conoce a Leandro de Sevilla, el hermano del también doctor de la Iglesia Isidoro de Sevilla. Durante esta estancia disputó con el patriarca Eutiquio de Constantinopla acerca de la corporeidad de la resurrección.

Gregorio regresa a Roma en 585 ó 586 y ocupa el cargo de secretario de Pelagio II hasta la muerte de éste de peste en febrero de 590, tras lo cual es elegido para sucederle como pontífice.
Pontificado (590–604)

Al acceder al papado en el año 590 se ve obligado a enfrentar las arduas responsabilidades que pesan sobre todo obispo del siglo VI, pues no pudiendo contar con ayuda efectiva bizantina los ingresos económicos que reportan las posesiones de la Iglesia hacen que el papa sea la única autoridad de la cual los ciudadanos de Roma pueden esperar algo. No está claro si para esta época existía aún el Senado romano, pero en todo caso no interviene en el gobierno, y la correspondencia de Gregorio nunca menciona a las grandes familias senatoriales, emigradas a Constantinopla, desaparecidas o venidas a menos.

Solo él poseía los recursos necesarios para asegurar la provisión de alimentos de la ciudad y distribuir limosnas para socorrer a los pobres. Para esto emplea los vastos dominios administrados por la Iglesia, y también escribe al pretor de Sicilia solicitándole el envío de grano y de los bienes de la Iglesia.

Intenta infructuosamente que las autoridades imperiales de Rávena reparen los acueductos de Roma, destruidos por el rey ostrogodo Vitiges en el año 537.
En el año 592 la ciudad es atacada por el rey lombardo Agilulfo. En vano se espera la ayuda imperial; ni siquiera los soldados griegos de la guarnición reciben su paga. Es Gregorio quien debe negociar con los lombardos, logrando que levanten el asedio a cambio de un tributo anual de 500 libras de oro (probablemente entregadas por la Iglesia de Roma). Así, negocia una tregua y luego un acuerdo para delimitar la Tuscia Romana (la parte del ducado romano situada al norte del Tíber) y la Tuscia propiamente dicha (la futura Toscana), que a partir de ahora será lombarda. Este acuerdo es ratificado en 593 por el exarca de Rávena, representante del Imperio en Italia.
Gregorio trabó alianzas con las órdenes monásticas y con los reyes de los francos en la confrontación con los ducados lombardos, adoptando la posición de un poder temporal separado del Imperio.

También organizó la ley eclesiástica.

Gregorio falleció el 12 de marzo del año 604.
Papa, San Gregorio I Magno, sepulcro
Obras

Gregorio es autor de una Regula pastoralis, manual de moral y de predicación destinado a los obispos. Recopiló y contribuyó a la evolución del canto gregoriano, llamado el Antifonario de los cantos gregorianos en su honor. En el año 600 dC ordenó que se recopilaran los escritos de los cánticos o himnos cristianos primitivos (conocidos también como Antífonas, Salmos o Himnos); dichas liturgias de alabanza a Dios eran celebradas en las antiguas catacumbas de Roma ya en el año 52 dC, iniciadas por San Pedro al margen del gobierno romano que, por supuesto, celebraba sólo fiestas paganas.

Estas antífonas fueron perdidas debido al cisma o diáspora de los ciudadanos romanos por las constantes guerras romano-bárbaras al tratar de catequizarlas después de que el emperador Constantino en el año 323 dC declarase la cristiandad como religión oficial en el Imperio Romano. También contribuyeron los cambios de estructura de los cantos por personas que decidieron crear sus obras propias y gustos a la desaparición de estos documentos.

El antifonario de los cantos gregorianos permaneció atado al altar de San Pedro, pero estos desaparecieron. El papa Pío X encomendó a los monjes benedictinos de la abadía de Solesmes la reproducción fiel de estas melodías cristianas tras una búsqueda infructuosa de estas obras por parte de Francia en el siglo XIX.

La nueva recopilación de estas melodías fue llamada Edición Vaticana del Canto Gregoriano, haciéndose esta edición oficial el 22 de noviembre de 1903, cuando el canto gregoriano quedó plenamente reconocido por la iglesia como el canto oficial de la Iglesia Católica.

Biografía tomada de: Wikipedia
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