

80 -San León II: Secilia; Agosto 17, 682 - Julio, 683. Nació en Sicilia. Elegido
el 17. VIII. 682, murió el 3.VII. 683. Celebró con gran solemnidad las ceremonias
sagradas para que los fieles fuesen cada vez más conscientes de la majestad
de Dios e instituyó la aspersión del agua bendita en las ceremonias religiosas
y sobre el pueblo. |
S. LEON II (682-683) Nació en Catania. Confirmó las decisiones del Concilio de Constantinopla,
mandándolas traducir del griego al latín, sin dejar de subrayar el
error de negligencia del que se hizo culpable el papa Honorio, quien no tomó
en seguida una firme posición contra la herejía monotelista «como le correspondía
a un papa». Honorio fue por ésto condenado y excomulgado «post mortem» en el
concilio mismo. León, si bien reconociera lo justo que era el documento conciliar, defendió la labor del papa Honorio, justificándole y recordando las particularidades de la situación que le provocó. Solicitó al emperador Constantino IV para que emanara un decreto que estableciera las normas para la consagración del obispo de Rávena. Esta debía realizarse de todas maneras en Roma, y sólo después del acto de sumisión al papa. Introdujo el agua bendita en los ritos cristianos y dispuso que éstos fueran celebrados con mucho fasto. Instituyó además el «beso de la paz» en la misa. |







Legado de San León II: Promulgó las celebraciones de la Santa Misa para concienzar a los seguidores de la religión de la existencia de la fe |


San León, Papa segundo de este nombre, fue siciliano, hijo de un médico llamado Pablo,
que le educó en la virtud y letras humanas. Dedicado al estudio de la Sagrada
Escritura y Santos Padres, sobresalió tanto, que no se conocía joven de su
época más sabio que León, Promovido a los órdenes sagrados, era el ejemplo de
todo el clero romano por sus costumbres, sabiduría y santidad de vida. Muerto el
Papa Agatón en 10 de Junio de 683, fue colocado San León en la Silla de San Pedro. Principió su pontificado confirmando el sexto Concilio Ecuménico, tercero constantinopolitano, convocado contra los monotelistas, y que presidió su antecesor Agatón por medio de sus legados. Expidió diferentes leyes para perfeccionar la disciplina eclesiástica, reformó el canto que llamamos Gregoriano y compuso nuevos himnos para el Oficio divino. Era de vida tan austera que estragó su salud con el rigor de las penitencias. Sus rentas eran para los pobres; acostumbraba a decir que deseaba morir pobre por asistirlos a ellos. Falleció el día 28 de Junio de 681 y fue enterrado en la iglesia de San Pedro. |

SAN LEÓN II, PAPA Y CONFESOR P. Juan Croisset, S.J. San León, papa, segundo de este nombre, fue siciliano de nación, ó, según algunos, de Cedella, pequeña ciudad del Abruzo ulterior, en aquella parte de esta provincia que se llama Valle Sicilia. Fue hijo de un médico llamado Pablo, que puso el mayor cuidado en criar á su hijo en la virtud y en el estudio de las letras humanas. En una y en otra facultad hizo grandes progresos el niño León, por su bella índole y por su excelente ingenio. Hízose santo y sabio, logrando el conjunto de las más nobles prendas, costumbres inocentes, cierto aire de dulzura, modales gratos y airosos, una penetración poco común, gran corazón, maravillosa facilidad para aprender las lenguas muertas más dificultosas, talento asombroso para las que se llaman bellas artes, y, sobre todo, un ingenio superior para todas las ciencias. Este portentoso conjunto le granjeó desde luego la admiración de todos. Puso el mundo en movimiento todos los medios que pudo, haciendo cuanto supo y alcanzó, para ganar á su partido un joven que tan desde luego comenzaba á descollar; pero teníale Dios escogido para Sí. Sobrábale mucho entendimiento á León para dejarse deslumbrar de las engañosas esperanzas con que el mundo le lisonjeaba; y, aspirando á otra fortuna más sólida, abrazó desde joven el estado eclesiástico, y en él se distinguió. |

Dedicado á la Iglesia, se dedicó también al estudio de la Escritura y de los Santos
Padres, en que se ejercitó tanto, que no se conocía eclesiástico alguno más
sabio ni más santo que León. Aplicóse asimismo á la elocuencia, para la cual tenía
especial talento, y no hubo hombre en su siglo más inteligente en la música;
pero, con ser tan grande su sabiduría, su virtud era mucho mayor. Era tan generosa su caridad con los pobres, que más de una vez se despojó de todos sus bienes en su favor, siendo todo su gusto socorrer á todos los necesitados; y, por ser tan notoria esta su cristiana generosidad, le hicieron limosnero mayor de la Iglesia. En virtud de este empleo recogía las limosnas de los fieles y las rentas eclesiásticas destinadas al socorro de los menesterosos, entre quienes las distribuía con la más justa y con la más prudente proporción. Promovido ya á los órdenes sagrados, era el ejemplo de todo el clero romano por sus costumbres, por su sabiduría y por la santidad de su vida, cuando murió el papa Agatón en 10 de Junio de 683. Y como dentro del mismo clero romano se hallaba un varón de mérito tan extraordinario y tan universalmente reconocido, no podía estar vacante por mucho tiempo la Silla Apostólica; y así, desde el principio del mes siguiente, por general consentimiento de todos, y sin la menor contradicción, fue colocado en ella San León, y consagrado pocos días después. Dio principio á su pontificado confirmando el sexto Concilio ecuménico y tercero constantinopolitano; convocado contra los monotelitas, en que presidió su antecesor Agatón por medio de sus legados, y declaró por herejes á todos los que dijesen que en Jesucristo no había más que una sola voluntad, como el Concilio lo había definido. Macario, patriarca de Antioquía; Anastasio, presbítero, y Leoncio, diácono de la Iglesia de Constantinopla, con algunos otros, depuestos todos y anatematizados por el Concilio, presentaron memorial al Emperador suplicándole los remitiese al Papa, y se les señaló á Roma por lugar de su destierro. Recibiólos el Pontífice con aquella bondad, amor y caridad cristiana que en parte constituía su carácter; hizolos demostración de la verdad, convenciólos de sus errores y, para darles más lugar á que reflexionasen sobre ellos y los conociesen, los puso separadamente en distintos monasterios. Macario persistió obstinadamente en su error; Anastasio y Leoncio abjuraron los suyos; absolviólos San León y los reconcilió con la Iglesia. Siendo tanta la blandura, compasión y suavidad con que trataba á los arrepentidos, no era menor el tesón, la severidad y el valor con que resistía á los que perdían el respeto á la Silla Apostólica. Desde el año de 568, en que el emperador Justino el Mozo envió á Italia un gobernador con nombre de Exarco, cuya residencia era en Rávena, se había usurpado el arzobispo de esta ciudad algunos derechos qué no le pertenecían. Sostenido siempre de los exarcos, que en varias ocasiones habían intentado arrogarse la autoridad de elegir papas, en muchos puntos no reconocía subordinación á la Silla de San Pedro. Emprendió y consiguió San León poner en razón al arzobispo de su tiempo; y para cortar de raíz estos abusos, de modo que no retoñasen en lo sucesivo, obtuvo un decreto del Emperador en que severamente se prohibía á los exarcos que con ningún pretexto se metiesen jamás en proteger al arzobispo contra la Santa Sede; de suerte que la Iglesia de Rávena quedó enteramente sometida á la disposición del Papa, y el arzobispo, que pretendía no reconocer su autoridad sino en cuanto la reconocían los patriarcas de Constantinopla, de Alejandría y de Antioquía, quedó tan sujeto á ella, que no puede ser elegido ni consagrado sin expreso consentimiento del Pontífice. Y porque Mauro, arzobispo de Rávena, no se quiso sujetar á la autoridad de la Silla Apostólica, no permitió San León se le hiciese aniversario, por haber muerto excomulgado. No menos magnífico promovedor de la gloria de Jesucristo que celoso defensor de los Sagrados Cánones, hizo erigir en Roma una iglesia cerca de Santa Bibiana, la que adornó suntuosamente, colocando en ella las reliquias de los Santos Simplicio, Faustina y Beatriz, con las de otros santos mártires, y la dio la advocación de San Pablo. Su celo y su grande aplicación no le permitieron omitir medio alguno de todos los que podían contribuir á la devoción de los fieles y de la Iglesia universal. Expidió y publicó diferentes leyes para perfeccionar la disciplina eclesiástica; reformó el canto que llamamos Gregoriano, y compuso nuevos himnos para el Oficio divino. Toda su aplicación y solicitud pastoral se dedicaba únicamente á restablecer en toda la Iglesia la pureza de la fe y el arreglo de las costumbres, á lo que concurría tanto con la eficacia de sus ejemplos. Su vida era verdaderamente austera, estragando la salud con el rigor de sus continuas y excesivas penitencias. Sus rentas eran para los pobres, y acostumbraba decir que deseaba morir pobre por asistirlos á ellos. A vista de tantas y tan eminentes virtudes, no era mucho que deseasen ansiosamente los fieles gozar por largo tiempo las felicidades de tan glorioso pontificado; pero lo dispuso Dios de otra manera, porque se apresuró á retirarle del mundo para colmarle de gloria, cuando, por decirlo así, no había hecho más que mostrársele á su Iglesia. Murió con la muerte de los santos el día 28 de Junio del año 684, no cumplido enteramente el primero de su pontificado. Fue universal el dolor, no sólo en Roma, sino en toda la Cristiandad , cuando se supo en ella la muerte de tan santo Papa. Todos lloraban amargamente por no haber merecido que el Señor conservase más largo tiempo en su Iglesia un Pontífice que trabajaba incesantemente en su mayor bien y esplendor con tanto celo y con tanta felicidad. Fue enterrado en la iglesia de San Pedro, con el prodigioso concurso del pueblo que acompaña á los santos hasta la sepultura, y da siempre cierto aire de triunfo á sus sentidos funerales. Desde luego fue tan universalmente reconocida su heroica santidad, que, no obstante de estar dedicado este día á la vigilia de los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, quiso la Iglesia que en él se celebrase su fiesta. |