


-San Samuel, profeta. (año †1100 a.C.). Samuel significa "Dios me ha escuchado" (Samu:
me ha escuchado El: Dios). En la S. Biblia la historia de Samuel es una de
las más interesantes y hermosas. Está narrada en los libros que se titulan 1º
y 2º de Samuel, en el Antiguo Testamento. Era hijo de Elcana y Ana, dos israelitas
muy creyentes. Ana tenía la enfermedad de la esterilidad que le impedía tener
hijos y por eso la otra esposa de su marido la humillaba continuamente. Ana
lloraba de continuo y ya no quería ni comer. Y sucedió que un año cuando subieron
a rezar en la Casa de oración de Israel en Silo, Ana se quedó mucho tiempo
junto al altar rezando con mucha fe y gran fervor. Y el sacerdote Helí al verla
mover tanto los labios le dijo: "Ud. debe estar borracha y así no debería venir
acá". Ella le respondió: "No estoy borracha, lo que estoy es muy angustiada y
he venido a implorar el favor de mi Dios". El sacerdote le dijo: "Vete en paz,
que el Señor ha escuchado tu oración". Entonces Ana le hizo a Dios este voto o
promesa: "Si me concedes un hijo varón, te lo ofreceré para que se dedique a servirte
a Ti en la Casa de oración". Y se volvió contenta a su casa lejana. Y al
año le dio Dios a Ana su primer hijo, al cual le puso por nombre Samuel, que
significa "Dios me ha escuchado", porque ella decía "Dios ha escuchado la oración
que yo le hice pidiéndole un hijo". Cuando el niño ya fue grandecito, la mamá
lo llevó a la Casa de oración en Silo y se lo ofreció a Dios para que se dedicara
para siempre a servir junto al altar. Y llevó de regalo al templo un novillo
de tres años, un bulto de harina y una vasija de vino y entonó un hermoso himno
diciendo: "Mi corazón se regocija por el Señor, porque no hay santo como nuestro
Dios, pues El a la mujer estéril le permite tener hijos. El Señor hunde en
el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza; humilla y enaltece. El levanta
del polvo al desvalido; alza de la basura al pobre. El guarda los pasos de sus
amigos. El es un Dios que sabe; El es quien pesa todas las acciones". El sacerdote
del templo se llamaba Helí y tenía dos hijos muy atrevidos que cometían
muchas fechorías y maldades y el papá no se atrevía a corregirlos. Los pecados
de esos jóvenes disgustaban mucho a Dios y el se propuso enviarles un castigo.
El niño Samuel se quedaba cada noche a dormir en la Casa de oración para cuidarla.
Y una noche oyó que lo llamaban diciendo: "¡Samuel! ¡Samuel!". El jovencito
creyó que era Helí el que lo llamaba y corrió a donde el sacerdote y le dijo:
"Aquí estoy señor. ¿Me ha llamado?". Helí le dijo: "No te he llamado. Vete a dormir
en paz". Pero la voz de Dios volvió a llamar: - "¡Samuel!, ¡Samuel!". El jovencito
corrió otra vez donde Helí para ver para qué lo necesitaba. Y así sucedió
por tres veces. Entonces Helí se dio cuenta de que era Dios el que lo llamaba
y le dijo: "Si te vuelve a llamar le dirás: Habla Señor que tu siervo escucha".
Y así lo hizo Samuel cuando Dios lo volvió a llamar y entonces oyó que Dios
decía: "Voy a castigar a Helí y a sus hijos con terrible mal, porque los hijos
hicieron grandes males y el padre no los ha corregido". Y sucedió entonces que
los filisteos atacaron al pueblo de Israel. Y los hijos de Helí se fueron con
todo el ejército a defender la patria. Y se llevaron el Arca de la Alianza (donde
estaba el Maná y las tablas de la Ley con los 10 Mandamientos) y se dio una
gran batalla y los filisteos derrotaron a los israelitas e hicieron una gran matanza
y asesinaron a los dos hijos de Helí y se robaron el Arca de la Alianza.
Cuando un mensajero llegó a contar a Helí que se habían robado el Arca y habían
matado a sus dos hijos, el pobre anciano que estaba sentado en una silla, se fue
de para atrás del susto y se desnucó. El pueblo eligió entonces como sacerdote
al joven Samuel y Dios empezó a traerle sus mensajes y a guiarlo en todo, porque
Samuel era un santo. Los filisteos devolvieron el Arco y hubo paz. El Pueblo
pidió que se le diera una rey. Samuel consultó a Dios, y el Señor le dijo que
el rey sería Saúl, el cual era el última de la última familia, de la más pequeña
tribu de Israel. Samuel lo llamó y le echó aceite sagrado sobre su cabeza y
lo proclamó rey anto todo el pueblo. Y sucedió que Saúl empezó a desobedecer a
lo que Dios ordenaba, y entonces el Señor le dijo a Samuel: "He retirado mi espíritu
de Saúl y lo he pasado a David. Irás a Belén y ungirás a ese joven como
rey". Samuel se fue a Belén a buscar a David. Este era un pastor de ovejas y estaba
en el campo cuidando los animales. Samuel lo hizo venir y echando aceite sagrado
sobre su cabeza lo ungió, y desde entonces el espíritu de Dios vino a David
y lo fue guiando en todas sus acciones. Ya anciano, Samuel reunió a todo el
pueblo y les dijo: "Durante 40 años los he guiado espiritualmente. Ahora les pido
que si alguno tiene alguna queja contra mí la diga claramente. Y si a alguno
le he quitado algo o le he hecho algún mal, que lo diga sin más". Y el pueblo
entero le respondió: "Ningún mal nos has hecho y a nadie le has quitado nada,
y nadie tiene la menor queja contra ti". Y así terminó santamente su larga vida
este hombre que desde muy pequeñito fue llevado por su madre a servir junto al
altar a Dios y que cada día y cada hora, tuvo por único fin de su existencia agradar
a Nuestro Señor. Que Dios nos envíe muchos sacerdotes tan santos como Samuel.
¿Has visto a uno que cumple bien su deber? Ese ocupará puestos importantes.
(S. Biblia. Proverbios). -San Brychan de Brecknock Rey deGwynedd. -San Eutiquio, obispo y confessor de Constantinopla, san Eutiquio, obispo, que presidió el Segundo Concilio Ecuménico Constantinopolitano, defendiendo enérgicamente la fe ortodoxa, y, tras padecer largo exilio, al morir confesó la resurrección de la carne (†582). -San Sixto I, Papa y Mártir, (†127). Nació en Roma, en el seno de la familia Elvidia. Sucedió a San Alejandro I, gobernando la Iglesia durante 10 años, en tiempo del emperador Adriano y en el de Antonino Pío. Siguió la obra de sus antecesores en tema de organización de la estructura eclesiástica: estableció que un obispo, antes de tomar posesión de su sede, debía exhibir una carta de presentación del Pontífice. Envió al obispo Peregrino a las Galias, para evangelizar algunas zonas que aún no habían sido suficientemente tocadas por la civilización romana. Reglamentó algunos ritos de la misa. Prescribió que el retazo del cáliz fuera de lino y ordenó que el cáliz y ornamentos sagrados fuesen tocados solamente por los sacerdotes. A él se le atribuyen: la introducción del tríplice canto del Sanctus en la misa y dos cartas apócrifas que tratan de la doctrina de la Trinidad y el Primado de la Iglesia de Roma. A él se remontarían algunas divergencias con la Iglesia de Asia. Después del martirio fue enterrado al lado de San Pedro por voluntad de Pascual I. Aunque se carece de detalles de su vida y de su muerte, habiendo sido regido la Iglesia en una época en que la dignidad pontificia era un preludio del martirio, todos los martirologios antiguos lo veneran como mártir, pero se desconoce qué clase de martirio sufrió. Habría muerto hacia el año 127. Después de mil años, los condes Alife de Benevento solicitaron su cuerpo. Inocencio II (1143) lo concedió. Se cuenta que durante el viaje la mula que transportaba la urna, al llegar en las cercanías de Alatri, no quiso seguir. Los vecinos de este pueblo acogieron los sagrados despojos y los depositaron en la Acrópolis, y ahí permanecen hasta hoy. -Santos Timoteo y Diógenes, mártires, Macedonia, †345. -Ciento veinticinco mártires persas en tiempo de Sopor, †344. -San Platónides, y otros dos más, Ascalón, Fenicia. -San Celso, arzobispo de Armagh, Irlanda, †1128. Como sus ocho predecesores, Celso era laico, al asumir la sede en 1105, a los veintiséis años de edad. Consagrado obispo, fue un excelente pastor. Fue muy asiduo en las visitas pastorales, administró sabiamente las posesiones de su diócesis y restauró la disciplina eclesiástica. Con este último punto se relaciona su presencia en el gran sínodo de Rath Breasail, al que asistieron no menos de cincuenta obispos, bajo la presidencia del legado pontificio Gilberto de Limerick. El pueblo no recibió de buen grado ni las reformas que llevó al cabo el sínodo, ni la nueva división de las diócesis. Los anales de Four Masters cuentan que San Celso recontruyó la catedral de Armagh. La época en que vivió fue muy agitada; tuvo que ejercer el oficio de mediador en las discordias de los príncipes irlandeses y sufrió las invasiones de los O'Rourke y los O'Brien. En todas sus dificultades le asistió San Malaquías, quien fue primero archidiácono suyo y después obispo de Connor. Poco antes de su muerte, ocurrida en Ardpatrick de Munster, en 1128, el santo acabó con la costumbre de la sucesión hereditaria, nombrando por sucesor a Malaquías. Según su deseo, fue enterrado en Lismore. También celebra Abril 1. -San Gerardo, abad de Play, Rouen, †720. -San Guillermo, abad de Santa Genoveva de París, que restauró la vida de los canónigos regalares en Dinamarca, †1202. -San Pedro de Verona, religioso presbítero y mártir. Dominico, en Milán, de Lombardía, pasión de san Pedro de Verona, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, el cual, nacido de padres maniqueos, todavía niño abrazó la fe católica y, siendo aún adolescente, recibió del mismo santo Domingo el hábito. Dedicado a combatir la herejía, de camino hacia Como cayó víctima de los enemigos, recitando en los últimos momentos el símbolo de la fe (†1252). Nació en Verona en 1206 y murió cerca de Milán el 6 de abril de 1252. Sus padres eran adherentes de la herejía maniquea, la cual todavía subsistía en el norte de Italia en el siglo XIII. Enviado a una escuela católica y luego a la Universidad de Boloña, conoció ahí a Sto. Domingo y entró a la Orden de los Predicadores. Tales fueron sus virtudes, severidad de vida y doctrina, talento para predicar y celo por la Fe, que Gregorio IX lo hizo inquisidor general y sus superiores lo destinaron a combatir los errores de los maniqueos. Con tal encargo, evangelizó casi toda Italia, predicando en Roma, Florencia, Boloña, Génova y Como. Las multitudes acudían a verlo y le seguían a donde fuese, haciendo numerosas conversiones. Nunca dejó de denunciar los vicios y los errores de los católicos que confesaban la Fe de palabra, pero la negaban con sus actos. Los maniqueos hicieron todo lo posible por hacer que el inquisidor cesara de predicar contra sus errores y propaganda. Trataron de detenerlo con persecuciones, calumnies y amenazas. Cuando regresaba de Como a Milán, se encontró con un tal Carino, quien junto con algunos otros maniqueos había hecho un complot para asesinarlo. El asesino le golpeó con el hacha con tal fuerza que el santo cayó medio muerto. Lográndose poner de rodillas recitó el primer artículo del Símbolo de los Apóstoles y ofreciendo su sangre como sacrificio a Dios, humedeció sus dedos en ella y escribió en el suelo las palabras: “Credo in Deum.” El asesino entonces perforó su corazón. Su cuerpo fue trasladado a Milán y depositado en la iglesia de San Eustorgio, donde un magnífico mausoleo, obra de Balduccio Pisano, fue erigido en su memoria. Fue conocido por los tantos milagros realizados durante su vida, aunque estos fueron aún mucho más numerosos luego de su martirio. -San Celestino, Papa. († 432) El Señor ha ido sembrando a lo largo de la historia de la Iglesia hombres que lucharon denodadamente por conservar incólume la doctrina del Evangelio. Los herejes, que no han faltado tampoco nunca a lo largo de la historia, parece que se empeñaban en ensuciar las aguas cristalinas que predicara Cristo y sus Apóstoles. Misión, sobre todo de la Iglesia, será siempre defender esta doctrina y presentarla así, sin mancha, a todos los fieles cristianos. Uno de los hombres que hubo de luchar duro contra dos de estas herejías sobre todo, que serán las semipelagianas y arrianas, será el valiente San Celestino I, Papa. Parece que nació en el último cuarto de siglo IV en la Campania napolitana (Italia) de padres nobles y emparentados con reyes. Su padre, llamado Prisco, era familia del emperador Valentiniano. Sabemos muy pocas cosas de él, de su juventud y formación literaria, pero lo cierto es que hubo de crecer muy rápidamente en ciencia y en virtud ya que le vemos escalar rápidamente también por los escalones de la carrera eclesiástica hasta llegar al grado supremo que es el Pontificado. Renunció a proposiciones muy lisonjeras que le presentaban y tan sólo ansió consagrarse para siempre y del todo a la vida del espíritu. Parece ser que trató de retirarse al desierto para allá estar más alejado del mundo y disponer de mayor facilidad para entregarse al Señor... pero otros eran los caminos que le señalaba la Divina Providencia. Se ordenó sacerdote y vivió unos años entregado al cuidado de las almas hasta que muy pronto, ante la sabiduría y prudente santidad que brotaba de sus palabras y de sus obras, fue elevado al episcopado y enviado a Siria para que gobernase aquella Iglesia. Allí se entregó de lleno al cuidado de su grey. Visitaba a los enfermos y educaba en la fe a todos los feligreses. No había mal que no tratase de remediarlo. Cuando no podía ir personalmente lo hacía por medio de sus preciosas CARTAS que son todo un modelo de bondadosa solicitud a la vez que de dureza cuando el caso lo requería, con tal fuera conservar incólume la fe de las injerencias de sus enemigos. El Papa Bonifacio I había dejado huérfana la diócesis de Roma como sucesor de San Pedro y aquella Iglesia solicitó la presencia de Celestino para regirla. Eran tiempos sumamente difíciles por la arbitrariedad y los gérmenes de herejía que se iban infiltrando en muchos ambientes. Los diez años que gobernó la Iglesia fueron verdaderamente fecundos en todos los sentidos, sobre todo en el aspecto dogmático, en el litúrgico y pastoral. En el primero luchó denodadamente contra Nestorio que defendía que la Virgen era sólo Madre de Jesús en cuanto hombre y no en cuanto Dios, es decir: que María no era Dei Genitrix, Madre de Dios. San Celestino luchó por sí mismo y por medio de San Cirilo de Alejandría para que en el Concilio de Efeso, celebrado el 431, fuera proclamado el dogma de la Maternidad Divina de María. Todos los Padres conciliares repitieron las palabras del Papa: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte». En el campo pastoral escribe sus famosas Decretales que resuman prudencia, sabiduría y entereza a la vez. Dice en ellas a los Obispos: «No permitamos sembrar en nuestra tierra otro grano que el que nos ha dejado en depósito el Divino Sembrador». También luchó muy duramente contra los herejes pelagianos y envió fervorosos misioneros a Inglaterra y a otras partes del mundo para extender el Evangelio. Introdujo en la celebración de la Misa varias partes importantes y abogó con energía a favor del pecador arrepentido en la hora de la muerte. Lleno de méritos expiró el 6 de Abril del año 432. Lo enterraron en el Cementerio de Priscila y en su tumba escribieron: «Su alma santísima goza ya de la visión de Dios». También celebra Julio 27. -San Marcelino, Mártir, (†413). Era secretario de Estado del emperador Honorio y delegado suyo en Africa para resolver la cuestión de los donatistas. San Agustín hizo grandes elogios de este alto funcionario romano que llegó a ser su amigo. El emperador Honorio lo envió a Cartago para poner fin al cisma donatista que estaba degenerando en guerra civil. Ayudado por los consejos del obispo de Hipona, Marcelino se dedicó a su labor con imparcialidad y sabiduría ejemplares. Los donatistas decidieron asesinarlo, pero había completado ya su obra y ese crimen tardío no impidió que desaparecieran sin dejar rastro. Era un hombre muy culto: San Agustín escribió varias obras para responder a las preguntas que Marcelino se planteaba y le hacía leer los capítulos de La Ciudad de Dios según los iba escribiendo. El martirio de Marcelino, alto funcionario imperial y amigo de san Agustín, está unido al cisma donatista que destrozó durante un siglo la Iglesia africana. El inicio de este cisma se remonta al 310 cuando se objetó la validez de la elección del obispo de Cartago, Ceciliano, porque había sido consagrado por obispos así llamados “traditores”. Cuando el edicto de Diocleciano impuso a los cristianos que entregaran los libros sagrados para quemarlos, los que obedecieron se llamaron “traidores” y fueron considerados como pecadores públicos. El obispo Donato (de ahí el nombre de donatismo que lleva la secta), opuesto por el partido cismático al legítimo obispo Ceciliano, resumía su doctrina en estos dos puntos: la Iglesia es la sociedad de los santos; los sacramentos administrados por pecadores son inválidos. El pretexto doctrinal en realidad ocultaba oposiciones regionales y sociales: Numidia contra África proconsular, proletarios contra propietarios romanos. Es en este momento cuando entra en escena san Marcelino, víctima ilustre de los donatistas. Marcelino desempeñaba en Cartago los cargos de tribuno y notario. Buen padre de familia, cristiano ejemplar, fue definido por su amigo san Agustín: hombre con “fama et pietate notissimus”. Como deseaba aprender, se dirigía frecuentemente a san Agustín para que le aclarara los puntos más controvertidos de la doctrina católica. A su laudable curiosidad se deben algunas obras del gran teólogo de Hipona, como el tratado Sobre la remisión de los pecados, Sobre el espíritu y la letra y el más célebre sobre la Trinidad (de Trinitate), que Marcelino no alcanzó a leer, porque había pagado con la vida la valentía de ponerse de parte de la tradición católica, en la conferencia que tuvo lugar en Cartago en el 411 entre obispos católicos y donatistas. En efecto, Marcelino había obtenido la victoria para los católicos, y el emperador Onorio promulgó un decreto contra los donatistas. Éstos se vengaron acusándolo de complicidad con el usurpador Heracliano. La acusación era grave y Marcelino fue condenado a muerte por el conde Marino el 13 de septiembre. Al año siguiente, el mismo emperador reconoció el error cometido por la justicia romana. Aclarada la situación, fueron sancionadas y aprobadas todas las decisiones del tribuno Marcelino, a quien la Iglesia honró como mártir por su fidelidad a la verdad aun ante la muerte. -Santa Engracia, virgen y mártir portuguesa, nació en Braga, hacia el año 284. De familia noble, la fama de su belleza y virtud, llegó hasta la Galia Narbonense, cuyo jefe militar la solicitó por esposa. Emprendió el camino hacia la Galia, pero se detuvo en Zaragoza en los días en que el gobernador Daciano se ensañaba con los cristianos. Engracia osó presentarse ante él para reprocharle su crueldad. Daciano dio orden de prenderla y la sometió a un martirio muy cruel, en el año †304. patrona de Zaragoza- y sus compañeros fueron al martirio en el año 304. Era ella una noble joven que visitaba a Zaragoza procedente de otras tierras. Por su fidelidad a Cristo sufrió grandes torturas. La azotaron asida a una columna, fue arrastrada por la ciudad atada a la cola de un caballo y por fin le hincaron un garfio de hierro en la frente. El cuerpo de la Santa fue sepultado honrosamente en una urna de mármol y los dieciocho compañeros fueron puestos en un sepulcro contiguo. Junto a la basílica que se construyó en este lugar para honrar a los mártires, se fundó un monasterio en el 592 A.D. Aquí estudió San Eugenio y San Braulio fundó su "escuela episcopal". El rey de Aragón, Juan II agradeció a la santa por su exitosa operación de cataratas y como agradecimiento construyó el Monasterio de Santa María de las Santas Masas. Esta es la segunda iglesia de Zaragoza, después de la Basílica del Pilar. En ella se conservó el culto a pesar de la dominación musulmana. En 1389, al excavar una zanja, se descubrieron nuevamente los sagrados enterramientos con los restos de los santos mencionados y muchos otros. Los ejércitos de Napoleón invadieron desde Francia causando la destrucción del monasterio pero no pudo destruir la veneración a los mártires que siguen victoriosos su misión de ser testigos ejemplares de la vida cristiana. La actual iglesia sobre la cripta es del 1899. También celebra Abril 16. -San Ireneo, obispo y mártir. En Sirmio, en Panonia, pasión de san Ireneo, obispo y mártir, que en tiempo del emperador Maximiano, y bajo el prefecto Probo, fue atormentado y después encerrado en la cárcel, siendo finalmente decapitado (s. IV). -Santa Gala de Roma, viuda, hija del cónsul Símaco, la cual, al fallecer su cónyuge, vivió cerca de la iglesia de San Pedro durante muchos años, entregada a la oración, limosnas, ayunos y otras obras santas, y cuyo felicísimo tránsito fue descrito por el papa san Gregorio I Magno (†s. VI). -San Prudencio de Troyes, Obispo. En la misma ciudad, que preparó para los itinerantes un breviario del Salterio, recogió de las Sagradas Escrituras los preceptos para los candidatos al sacerdocio y restauró la disciplina de los monasterios (861). Parece que fue el primer controversista español. Probablemente de origen pirenaico. Dejó su patria -como tantos- por la invasión de los musulmanes y buscó fortuna al otro lado de los Pirineos, al amparo de la corte de los carolingios. Supo encontrarla y, además, su vida y ministerio sirvió como vehículo de la tradición isidoriana por tierras más allá de los montes. Amén de historiador erudito y sabio teólogo, fue obispo y santo. Mantiene a lo largo de su vida con orgullo noble su condición de español. De hecho, en el evangeliario de su biblioteca, bellamente iluminado con las figuras simbólicas de los evangelistas, confiesa su origen hispano: "Yo, Prudencio, soy quien mandó hacer esta obra; yo, que nací en Hesperia y llevo la sangre de los celtíberos". ¡Quién sabe si el mismo nombre de Prudencio lo tomara en honor del paisano historiador y poeta de los siglos IV y V!. Gobernó la iglesia de Troyes, iluminándola con la doctrina y defendiéndola con su pluma. Gran conocedor de la Sagrada Escritura y consciente de que ella encierra el tesoro de la Palabra, enseñó a rezar a sus fieles con los salmos escribiendo para ellos el Breviarium Psalterii. También divulgó el Florilegium ex sacra Scriptura, un manual de ética con sentencias espigadas de los libros santos. Consiguió reunir una gran biblioteca -manía de todos los intelectuales- donde se refugiaba en los momentos libres de atenciones pastorales, para preparar otras labores pastorales futuras. Pasa ratos y a veces temporadas dedicados a la reflexión y el estudio. Allí pudo reunir ejemplares que encerraban gran parte del saber teológico del tiempo; sus favoritos son Gregorio Magno, Isidoro de Sevilla, San Agustín. Adquirió gran erudición eclesiástica y agudeza discursiva que le capacitaron para tomar parte en las controversias teológicas de altos vuelos que hubo en su tiempo. Por ejemplo, la disputa entre Godescalco - a quien es posible que conociera en la juventud, en las aulas de Fulda, donde Rabano Mauro era maestro-, acusado de hereje por Hincmaro, el temible arzobispo de Reims, que no paró hasta meterlo en prisión. Fueron conflictos de pensamiento teológico en cuestiones de predestinación y libre albedrío, y en ellas se vió envuelto el irlandés Escoto Erígena. Tuvo que intervenir Prudencio para dar salida a la pureza de la fe, poniendo en juego toda la agudeza del raciocinio del teólogo al tiempo que supo conjugar la caridad con la más implacable fuerza dialéctica No extraña que conste en su curriculum de historiador y teólogo el hecho de llegar a ser capellán y consejero de Ludovico Pío y Carlos el Calvo. Troyes lo veneró como santo desde su muerte por haber sido un pastor celoso de la fe y de las almas, que supo hermanar la fuerza y rigidez de pensamiento con la blandura de un padre en sus gestos. Murió en †861. -San Metodio, Obispo. En Velehrad, de Moravia, nacimiento para el cielo de san Metodio, obispo, cuya memoria se celebra, junto con su hermano san Cirilo, el día catorce de febrero. (Tesalónica, c. 825 †885) Apóstol de los eslavos. Destinado junto con su hermano Constantino, en religión Cirilo, a evangelizar a los eslavos, cuya lengua conocían, inventó una escritura llamada gaglolítica y más tarde cirílica. Tradujeron el Evangelio al eslavo y organizaron una liturgia propia y un clero nacional. Llamados a Roma, inquieta por sus innovaciones, fueron aprobados por el papa Adriano II. A la muerte de Cirilo (869), Metodio fue nombrado obispo regional de los países eslavos. Hecho prisionero de los obispos germánicos que no reconocían ni su jurisdicción ni su liturgia, fue aprobado por el papa Juan VIII. Su obra se malogró a causa de la destrucción del reino de Moravia por los magiares. Con todo, la liturgia eslava subsistió entre serbios y rusos. Fiesta el l4 de febrero. -Beato Notkero Bálbulo, monje, el Tartamudo, músico, escritor y monje de San Gallo, Stüza, (840 †912). En el monasterio de San Gallo, de Suabia, en Alemania, que pasó casi toda la vida en este cenobio componiendo secuencias, grácil de cuerpo pero no de ánimo, tartamudo de voz pero no de espíritu, firme en todo lo divino, paciente en lo adverso, manso para con todos, diligente en la oración, la lectura, la meditación y el dictado (†912). Por el año 840 nació Notkero en Elgg (cantón de Zurich), o más bien en Jonswyl (cantón de St. Gallen), de familia distinguida. Todavía niño llamó a las puertas de la abadía, cuando se hallaba ésta en el período de su mayor esplendor, como uno de los centros culturales más notorios de Europa. Los monjes no dudaron en admitirlo, a pesar de su defecto de lengua, que le proporcionó el sobrenombre de Bálbulus, es decir, tartamudo. En la escuela monacal recibió educación esmerada, que proporcionó frutos ubérrimos en las ciencias y artes entonces conocidas, en gramática, poesía, música; en medicina, historia y patrística. Tuvo por maestros a los monjes Iso, el famoso, comentarista de nuestro calagurritano Prudencio "en St. Gallen fue siempre estudiado con mimo el gran poeta español", y después al irlandés Moengal. Llegó a ser bibliotecario en 890, recinto el más sagrado de la abadía después de la iglesia; y años más tarde hospedero, (892-894), cargo importante en aquellos tiempos de arduas peregrinaciones. Por su vasta cultura se le confió la dirección de la escuela abacial, germen de las universidades medievales, también de origen eclesiástico. Tuvo por discípulos a nobles y potentados, así como a Salomón III, obispo de Constanza en 890, y Waldo, obispo de Freising en Baviera del 884 al 906. Su larga vida se extinguía plácidamente el año 912, dejando, una larga estela de santidad y de ciencia. Un Papa humanista, Julio II, beatificó al gran artista benedictino en 1512, autorizando su culto en St. Gallen y en la diócesis de Constanza. -San Filarete, de Calabria, monje. En el monasterio de San Elías de Aulina, cerca de Palmi, en Calabria, san Filarete, monje, hombre célebre por su vida entregada a la oración (1076). -San Guillermo, abad de Eskyll, cerca de Roskilde, en Dinamarca, san Guillermo, abad, que pasó de un cenobio de canónigos regulares de París a Dinamarca, instaurando la disciplina regular en medio de grandes dificultades, y al amanecer del domingo de Pascua partió de esta vida (1203). -Beata Catalina de Palancia o Pallanza, eremite. En el monasterio de Santa María, en el Sacro Monte cerca de Varesse, en Lombardía, beata Catalina de Palancia, virgen, que, junto con varias compañeras, llevó vida eremítica bajo la Regla de san Agustín (†1478). -San Pablo Lè Bao Tinh, presbítero y mártir. (1793 †1857) En la ciudad de Vinh Tri, en Tonquín, san Pablo Lè Bao Tinh, presbítero y mártir. Nació en Thinh-a, Vietnam, en el seno de una familia cristiana. Ingresó en el seminario de Vinh-tri (1808). Excelente estudiante, decidió hacer vida contemplativa en un lugar solitario fortaleciéndose con la oración. Definió que su vocación sería en vida activa, evangelizando de acuerdo a las necesidades de su país, reingresa al seminario. A los cuarenta y cuatro años, el obispo le indicó estudiar la posibilidad de establecer una misión cerca de Laos. A su regreso sufrió la persecución, fue aprehendido (1841), encarcelado y torturado. Se le sentenció a muerte, pena que fue conmutada por el destierro a Tien-tri. A los cinco años se le libero y retornó a Vinh-tri, donde recibió la ordenación sacerdotal. Desempeñó el cargo de director del seminario e impartió cátedra y redactó diversos escritos. A través de sus homilías catequizó a numerosos nativos. Fue denunciado y condenado a morir decapitado. (†1857) -Beato Ceferino Agostini, presbítero y fundador. (1837 †1896). Fundador de la Compañía de Santa Úrsula en Verona. Ceferino Agostini nació en Verona el 24 de setiembre de 1813. Llamado al sacerdocio, se distinguió en el Seminario por la piedad y el buen éxito en los estudios. Ordenado Sacerdote el 11 de marzo de 1837, se dedicó enseguida al ministerio como cooperador en su Parroquia de los Santos Nazario y Celso, fue nombrado Párroco de la misma el 29 de junio de 1845 y permaneció allí hasta la muerte. Grabando en si mismo la imagen del Buen Pastor, dirigió su empeño hacia las personas más pobres y descuidadas, en particular hacia la juventud de su Parroquia, ayudado en esto por sus dos primeras colaboradoras, nombradas luego por él, en el año 1869, Ursulinas Hijas de María Inmaculada. Fundador de la Compañía de Santa Úrsula en Verona, les indicó a sus hijas como madre y modelo de Santa educadora a Santa Ángela Merici; las quiso atentas y fieles herederas de su espíritu acerca de la educación humana y cristiana de la juventud. Rico de virtudes murió el 6 de abril de 1896, a la edad de 83 años. El 25 de octubre de 1998, en la Basílica de San Pedro, Juan Pablo II lo proclamaba "Beato" y establecía el 24 de setiembre día de su fiesta litúrgica. -Beato Miguel Rua, religioso presbítero. En Turín, en Italia, beato Miguel Rua, presbítero, propagador eximio de la Sociedad Salesiana (1837 †1910). Nace en Turín (Italia) el 9 de junio de 1837. Es el último de nueve hijos. Entró en el Oratorio de Valdocco, Turín, en 1852. Un día Don Bosco le dijo: “Nosotros dos haremos todo a medias”. Estuvo entre los primeros a quienes Don Bosco propuso integrar la Sociedad Salesiana. Durante 36 años fue su colaborador más íntimo en todas las etapas del desarrollo de la congregación. Profesó en 1855. Fue el primer director espiritual de la sociedad a los 22 años (1859), sacerdote en 1860, primer director del colegio de Miravello a los 26 años (1863-1865), vicario de Valdocco (700 alumnos) y de la sociedad, administrador de las "Lecturas Católicas", encargado de la formación (1869) y del personal, director general de las Hijas de María Auxiliadora (1875), acompañaba a Don Bosco en sus viajes... Por una explícita petición del fundador, en 1884, el Papa León XIII lo destinó a ser el primer sucesor de Don Bosco y lo confirmó Rector Mayor de los Salesianos en 1888, función que desempeñó hasta el 6 de abril de 1910. Considerado como "regla viviente" por su austera fidelidad, Don Rua mostró una paternidad llena de delicadezas, tanto que fue definido como "un soberano de la bondad". Con el aumento de los hermanos y el desarrollo de las obras, envió a los salesianos por todo el mundo, cuidando en particular las expediciones misioneras. En los largos viajes realizado para visitar las obras salesianas en Europa y en Oriente Medio, confortaba y animaba, siempre apelando al fundador: “Don Bosco decía... Don Bosco hacía... Don Bosco quería...” Cuando murió, el 6 de abril de 1910, a los 73 años, la congregación había pasado de 773 a 4.000 salesianos, de 57 a 345 casas, de 6 a 34 inspectorías en 33 países. Al beatificarlo, el Papa Pablo VI afirmó: "La Familia Salesiana ha tenido en Don Bosco el origen y en Don Rua la continuidad… Él ha hecho del ejemplo del santo una escuela, de su regla un espíritu, de su santidad un modelo. Ha hecho del manantial un río”. Sus restos se veneran en la cripta de la Basílica de Maria Auxiliadora, Turín. Su memoria se celebra el 29 de octubre. -Beato Miguel Czartoryski, (1897 †1944). religioso presbítero y mártir. Nació en Pelkinie, Polonia, 19 de febrero de 1897 † Sluzew, Polonia, 6 septiembre 1944. En Varsovia, ciudad de Polonia, beato Miguel Czartoryski, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que tras ser invadida Polonia durante la guerra, por mantener su fe fue fusilado en la parroquia del lugar (†1944). Beatificación por el Papa Juan Pablo II en Junio 13, 1999 los 108 Mártires de Polonia, de la 2da Guerra Mundial. También celebra Septiembre 6. -Beata Petrina o Pierina Morosini, virgen y mártir. ( 1931†1957) En el lugar Fiobbio di Albino, cerca de Bérgamo, en Italia, beata Petrina Morosini, virgen y mártir, que a los veintiséis años, regresando a casa desde su trabajo, por defender frente a un joven la virginidad que había prometido a Dios, fue herida en la cabeza hasta la muerte. Pierina fue la primogénita de siete hermanos de una familia muy cristiana de Fobbio, Italia. Tenía un carácter alegre y servicial. A los quince años fue admitida como obrera en la fábrica de algodón Honneger en el cercano pueblo de Albino. Todos los días recorría los 6 kilómetros a pie en todas las épocas del año después de haber asistido a la Santa Misa en la iglesia parroquial. Utilizaba el tiempo del recorrido para hacer la acción de gracias después de la comunión y al retorno rezaba el Santo Rosario. El trabajo era para ella no sólo un medio de conseguir ayuda económica, sino que quiso unir su labor cotidiana con lo que Cristo hizo como obrero en el taller de Nazaret, poniendo en práctica la doctrina sobre el valor santificador del trabajo que más tarde formularía el Concilio Vaticano II. Una tarde que regresaba de la fábrica atravesando un pequeño bosque fue atacada por un hombre con intenciones de abusar de ella. Pierina se defendió con buenas razones pero el hombre, obsesionado y furibundo, la golpeo en la cara, en la cabeza y en la nuca. El asesino confesó después en la corte que antes de perder la conciencia, Pierina pronunció todavía palabras de perdón. Fue beatificada en 1987, junto con otros dos mártires: el joven obrero francés Marcel Callo y la joven italiana Antonia Mesina. -San Winebaldo o Vinebaldo, abad de San Lupo, de Troyes. †623. En Troyes, de Neustria, san Winebaldo, abad del monasterio de San Lupo, preclaro por su austeridad (c. 620). Winebaldo se quedó varios años en Roma y recibió muchas gracias del cielo. En el año 738 se encontró con San Bonifacio y lo siguió a Alemania donde evangelizó Turingia y Baviera. Coronó su apostolado fundando un monasterio en la diócesis de Eichstat, de la que era obispo su hermano Wilibaldo, y un convento para mujeres, a la cabeza del cual estuvo su hermana Santa Walburga. |




