


-San Roque, confesor, Montpellier (Francia-), †1327. es una imagen pintoresca y popularísima
en multitud de iglesias: con hábito de peregrino, sombrero, bastón
y calabaza de agua, muestra una pierna roída por las úlceras, y a sus pies un fidelísimo
perro lleva entre sus dientes el pan. El protector contra la peste, porque
fue caritativo como nadie con los apestados. Aunque nació en Montpellier por el 1290, puede decirse que era aragonés porque esta ciudad pertenecía a los dominios del rey de Aragón, Jaime II. Su padre Juan, era el gobernador de la ciudad y su madre Libera, era una dama de la más alta alcurnia y adornada de las más envidiables cualidades. Cuando tenía doce años tuvo la pena de perder a su padre y cuando tenía veinte a su buena madre. Quedó huérfano de todos menos de Dios, repartió todos sus bienes entre los pobres para hacerse peregrino. El que vive en el bienestar se desprende de lo que proporciona holgura y comodidad para convertirse en caminante, sin mas riquezas que sus humildes ropas y su bastón, hacia lejanas casas de Dios en este mundo. En la Toscana asolada por la peste, el peregrino se hizo enfermero, médico y taumaturgo, consolaba, atendía y sanaba milagrosamente; su fama se extendió por toda la región, luego pasó a Roma y por fin a Plasencia, siempre cuidando a los apestados, a los que podía curar en nombre de Dios, y exponiendo su vida en medio del horror de los lazaretos. San Roque es uno de esos santos cuya vida está tan envuelta en la leyenda que es imposible separar los hechos de la ficción. Lo único que sabemos de seguro es que cuidó de los enfermos durante un estallido de peste. -San Esteban I, rey de Hungría, †1038. Esteban, nacido hacia el 970 ó 975, fue bautizado en torno al 985 por el futuro mártir San Adalberto de Praga. Al suceder el año 997 a su padre el duque de Geza, comenzó un reinado que había de durar cuarenta y dos años. Tres años después de su llegada al gobierno, el papa Silvestre II le otorgó la corona real, y Esteban fue coronado como «rey apostólico de Hungría» el día de Navidad del año 1000. «Pequeño de estatura, poseía, sin embargo, un alma grande», notó su biógrafo. Esteban dio muestras de ser un político inteligente, jefe enérgico, un soldado entusiasta y perspicaz y un soberano de una categoría muy superior a la del emperador San Enrique, con cuya a hermana Gisela se había desposado. Pero, al mismo tiempo que cimentaba el Estado con mano firme, trabajó con toda su fe de cristiano por organizar la Iglesia dentro de su reino, creando diócesis, edificando santuarios que siguen siendo los más apreciados por el pueblo húngaro: Eztergon, sede del arzobispo primado y Szekesfehérvar, donde sería enterrado «el día de la Gran Señora», como se denomina a la Asunción en Hungría (†1038). En esta labor de implantación de la Iglesia, Esteban supo rodearse de valiosos colaboradores, en especial los monjes de Cluny, que habían captado inmediatamente la importancia de su plan. Para su hijo había escrito: "La practica de la oración es la garantía de la salud del reino. No te olvides nunca de repetir: envía, Señor, tu sabiduría para que viva conmigo, y trabaje conmigo y sepa en todo tiempo lo que es grato delante de Ti. Las obras de la piedad serán la base de tu felicidad. Sé paciente. Sé fuerte. Sé humilde. Sé dulce. Sé casto. Estas son las piedras preciosas de una corona real. Sin ellas, perderás el reino de la tierra y no conseguirás tampoco aquél que no se acaba. -San Joaquín, Padre de la Santísima Virgen. Una antigua tradición, que arranca del siglo II, atribuye los nombres San Joaquín y Santa Ana a los padres de la Santísima Virgen María. El culto a santa Ana se introdujo ya en la Iglesia oriental en el siglo VI, y pasó a la occidental en el siglo X; el culto a san Joaquín es más reciente. No conocemos de Joaquín y Ana con certeza mas que sus nombres y el hecho de que fueron los santos padres de la Madre de Dios. Lo que relatan sobre ellos los libros apócrifos no es todo confiable y es dificil distinguir lo cierto de la leyenda. San Joaquín era venerado por los griegos desde muy temprano. En el Occidente su fiesta fue admitida al calendario mas tarde, algunas veces el 16 de septiembre, otras el 9 de diciembre. Julius II la puso en el 20 de marzo; mas tarde suprimida fue restaurada por Gregorio XV (1622). Clemente XII (1738) la fijó en el Domingo después de la Asunción. Con la reforma del calendario después del Concilio Vat II, San Joaquín se celebra junto con su esposa, Santa Ana, el 26 de Julio. -San Tito, diácono y mártir. Vivía en Roma cuando entraron en la ciudad los godos, y hallándole unos bárbaros distribuyendo limosnas a los pobres, le atravesaron el pecho de una lanzada. -San Diómedes, médico y mártir, Nicea, †301, el cual en la persecución de Diocleciano fue degollado por la fe de Cristo, y consumó el martirio. -Treinta y tres mártires. -San Ambrosio, centurión y mártir, Ferentino, (Italia), †303. centurión, en Terentino en la campaña de Roma; el cual en la persecución de Diocleciano fue atormentado de diversas maneras, y saliendo sin lesión de las llamas, arrojado al agua pasó refrigerio eterno. -San Arsacio de Nicomedia, confesor. †358. Soldado en el ejército del emperador Licinio, el cual abandonando la milicia durante la persecución, vivió en el desierto donde hizo muchos años vida anacorética, esclarecido con tantos milagros, que se dice haber lanzado a los demonios, y muerto con su oración a un dragón: finalmente habiendo profetizado la destrucción de la ciudad, estando en la oración entrego su espíritu a Dios. -Santa Serena de Roma, emperatríz, mujer del emperador Diocleciano. Convertida y bautizada por San Ciriaco, practicó la religión católica en el palacio del emperador y salvó las vidas de muchos cristianos, interponiendo su valimiento ante aquel monstruo de crueldad. Roma, s. IV. emperatriz romana de finales del siglo III. La cruelísima persecución que desencadenó este emperador contra los cristianos en los últimos años de su reinado, después de un largo período de paz, movió a piedad el corazón de Serena, que intercedió repetidamente ante su esposo para que pusiera fin a tantos y tan crueles martirios. Pero no amainó la tormenta, sino que fue in crescendo. Y llegó a ser tal la admiración que despertó en Serena el valor de los cristianos, que acabó sintiéndose atraída por aquella fe tan recia y se convirtió al cristianismo, siendo bautizada por san Ciríaco. A pesar de la severidad con que se perseguía a los cristianos, Serena pudo practicar su fe en la corte sin ser molestada por nadie. La corte imperial era inaccesible a los jueces, y el emperador amaba demasiado a su esposa como para incomodarse por su fe después de haberla tolerado tantos años. Pudo por tanto Serena acabar sus días en paz, reconfortando a los cristianos perseguidos. La Iglesia la elevó al honor de los altares y conmemora su fiesta el 16 de agosto, el día siguiente de la Asunción. -San Nostriano, obispo de Nápoles. Durante diecisiete años combatió con su predicación y sus escritos la herejía arriana, y conservó estrecha amistad con San Próspero de Aquitania. -San Juan Giovenale Ancina, Obispo. Dichoso el que avanza no por lo que ve, sino por la confianza de la fe. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirán las promesas que fueron dichas de parte del Señor, dijo Isabel a María!. Juan, feliz porque avanzaba por los caminos que Dios le trazaba, llegó a ser obispo de en el siglo XVI. Lo fue en Saluzzo. Se cuenta que apenas murió, todo el mundo comenzó a gritar que era un santo, y como tal lo trataron toda su vida por las obras que hacía en bien de todos los pobres. Era tan bueno que levantó las iras de sus enemigos lo envidiosos. Llegaron hasta tal extremo que lo envenenaron en 1604. El era originario del Piamonte y, más concretamente, de un pueblo llamado Fossano en la provincia de Cuneo. Había sido durante su juventud el gran amigo de san Francisco de Sales, el patrono de los periodistas. Toda amista con un santo de esta categoría lleva al ser humano a imitarlo. El había nacido en el seno de una familia muy profundamente creyente. Al terminar sus estudios, se hizo médico y profesor de esta materia científica en la universidad de Turín. Pasó a Roma en donde se interrumpió su carrera bruscamente. Conoció a san Felipe Neri y su entrega a la juventud abandonada de Roma, y se unió a su Orden. Era el año 1578. Era feliz. Por eso, al nombrarlo obispo de su pueblo, lo pensó durante cinco años antes de aceptar. En Saluzzo era amado por todos menos por un religioso rebelde a su disciplina. -San Eleuterio, obispo de Auxerre (Francia, †561. -Beato Lorenzo Loricato, de Subiaco, Ermita, (†1243) -San Juan Francisco de Regis. Nació en la ciudad de Fontecouverte, de la diócesis francesa de Narbona, en el año de 1597. Recibió instrucción en el colegio de los jesuitas de Beziers y en 1615 solicitó su admisión en la Compañía de Jesús. Se dedicó a enseñar el catecismo en Tournon y lo hacía con tal eficacia que pronto se ganó el corazón de niños y mayores. Tuvo una intensa vida de oración y se preparó con fervor para su ordenación sacerdotal en 1631. Fue un destacado misionero. Dedicó los últimos diez años de su vida a evangelizar Francia con homilías sencillas pero muy elocuentes, expresando todo su ardor apostólico. Varios años después estableció y organizó un servicio social muy completo que contaba con visitadores a las prisiones, enfermeras para los hospitales, y administradoras de ayuda a los pobres. Falleció en La Louvesc en 1640. |



