


-Santa Elena de la Cruz, madre de Constantino el Grande y esposa de Constancio Cloro,
general de las legiones de Bretaña (Inglaterra). Hija del rey Coilo, nació
en York. Convertida al cristianismo hacia 307, y ejerciendo un gran ascendiente
sobre su hijo, debió de influir no poco en el ánimo del emperador para que éste
abrazase la fe cristiana. A raíz de la batalla del Puente Milvio, Constantino
la declaró Augusta. A ella se debe la invención de la Santa Cruz de Nuestro Señor
y la construcción de muchas basílicas cristianas en Oriente. Sus últimos años
los paso en Tréveris, capital de los estados de su marido, ciudad que ella
enriqueció con la preciosa Túnica de Nuestro Señor, que, hoy venera el pueblo fiel
con tanta devoción. Tréveris (Alemania), 328. -Beato Pedro Nicolás Factor († 1583), presbítero: 18 agosto (Valencia) y 19 septiembre (Madrid-Alcalá). nació en Valencia el año 1520, siglo en el que florecieron en España personalidades tan egregias, concretamente Santos que podíamos llamar de primera magnitud. Santa Teresa nació cinco años antes. Nicolás entra muy joven en la Orden franciscana y en 1544 es ordenado sacerdote. Ya desde muy joven se le vio como una réplica afortunada de San Francisco de Asís. Como cuando iba a la escuela de niño, que vio un leproso a la puerta de la parroquia de San Martín y, arrebatado por un impulso superior, se arrodilló ante él y le besó pies y manos. Llevaba una vida de suma austeridad. Duras disciplinas tres veces al día, comida diaria a pan y agua con raras excepciones, caminar descalzo, dormir brevemente en dura tabla, todo ello unido a un atento servicio, a una gran comprensión, a una suavidad y dulzura para sus hermanos. Viendo sus Superiores que el mejor estímulo para los religiosos sería ponerles delante el ejemplo de fray Nicolás, le encomendaron el cuidado y regencia de varios conventos. Por humildad hubiera rehusado el cargo, pero por encima de su criterio estaba la obediencia. Nicolás ardía en ansias apostólicas. Su predicación era sencilla, pero con palabras de fuego, de las que el Señor se servía para conseguir numerosas conversiones. Se ofreció también para ir a tierra de infieles, con deseos incontenibles de derramar toda su sangre por Jesucristo. Disfrutaba sobre todo atendiendo a los pobres y a los enfermos. Recogía para ellos cuanto podía, y cuando no podía más, se desprendía de su capa y de su túnica, como sucedió una vez en Játiva. Nadie marchó defraudado de su presencia. En tiempos de hambre y de peste se multiplicaba. A los enfermos les trataba como una madre. En los pobres llagados le parecía ver a Jesucristo y les besaba pies y manos. Algunos le trataban de exagerado, pero pronto se rendían ante tanta ternura y generosidad. Se ha dicho que el cristiano es un "philocalós", un enamorado de la belleza El Beato Nicolás, que llegaba a las extremosidades antedichas en penitencia y austeridad, era a la vez gran amante de la belleza. Y a través de la belleza creada ascendía a la Belleza Increada. Se extasiaba ante la creación, tenía un fino sentido musical, componía versos y-manejaba con maestría los pinceles. Escribió un breve tratado Las tres vías. Su agradable trato le facilitaba el cultivo de la amistad. Tenía muchos amigos. El más entrañable fue el dominico San Luis Beltrán. El dominico y el franciscano -la luz y el fuego, la ciencia y la sencillez - se completaban y se estimulaban. Nicolás sostenía a Luis y Luis apoyaba a Nicolás, según las necesidades, según la noche oscura de cada uno. Estaba tan abismado en Dios que con suma facilidad entraba en éxtasis. Mientras tenía lugar uno de sus éxtasis, pasando por Tarragona, el arzobispo de la ciudad llamó a un pintor para que lo pintase en aquella actitud. Aparece el Beato con el semblante encendido, engolfado en Dios. Era devotísimo de la Santísima Trinidad, de la Santísima Eucaristía, de la Pasión del Señor, de la Virgen María. Estimaba tanto su fe que escribió una profesión de fe con su propia sangre. Esto le aliviaba en sus momentos de turbación y dudas, como cuando se fue al convento recoleto de Onda, luego a los capuchinos de Barcelona, para terminar volviendo a su convento de Valencia. Allí le sorprendió la muerte el 23 de diciembre de 1583. Se había ido al cielo a celebrar la Navidad. -Santos Floro y Lauro, mártires, Iliria, siglo II. canteros, en la Esclavonia; los cuales, siendo martirizados sus maestros Próculo y Máximo por mandato del presidente Lición, después de diversos tormentos fueron echados en un pozo muy hondo. Estos Santos parece que eran hermanos, y habiéndoles sido encomendada por la Emperatriz Elpidia la construcción de un templo dedicado a los dioses, distribuían a los pobres todo el producto de su trabajo; y cuando el templo tocaba a su conclusión, llamaron a todos los cristianos que encontraron, y de noche todos juntos fueron al templo, hicieron pedazos los ídolos en él colocados, y plantaron en su centro una Cruz. Al saber el Emperador Licinio el atentado, hizo prender a los dos hermanos y a cuantos cristianos pudo haber, y los condenó al martirio. -San Agapito, mártir, Palestrina (Italia). Nacido en Roma de una familia noble, había renunciado a las dignidades para dedicarse al ministerio de los altares desde sus primeros años. Antíoco, prefecto de Roma, le mandó prender y atormentar con inauditos suplicios, y ante la constancia del joven, de unos dieciocho años, y ante los prodigios que obraba el Cielo, librándole milagrosamente de los tormentos, se convirtieron quinientos paganos. Irritado por ello, Antíoco le expuso a las fieras en el anfiteatro; éstas le respetaron y se postraron a sus pies. Atanasio, que era lugarteniente del prefecto y el martirologio le da el título de Cornicalario, se convirtió a vista de tan gran portento. Dos días más tarde mandó degollar a este soldado el prefecto. San Agapito, arrastrado hasta Prenesta, le sobrevivió algunos días. En dicha ciudad le pasaron una espada por el pecho. Prenesta. 274. -San Alberto Hurtado Cruchaga, presbítero, Religioso, quiso imitar a Jesús en las cosas sencillas que le ocurrían cada día. Su fortaleza, tesón y las ganas de servir a Dios marcaron su vida. Su historia comienza el 22 de enero de 1901, cuando llega e este mundo bajo el alero de una familia cristiana. Sus padres, Alberto Hurtado y Ana Cruchaga vivían en un campo cercano a la localidad de Casablanca. En el fundo Los Perales de Tapihue, Alberto pasó sus primeros años de vida. Pero cuando tenía cuatro años, su padre falleció. Su madre quedó sola, a cargo de Alberto y de su hermano Miguel. La venta del fundo se hizo necesaria junto con el traslado a Santiago. Acogidos por sus familiares, Alberto, Miguel y doña Ana, iniciaron una nueva etapa de sus vidas en la capital. En 1909 ingresó al Colegio San Ignacio, en donde destacó por ser buen compañero, entusiasta y alegre. Fue en este lugar donde comenzó a manifestarse su vocación, esas ganas de ayudar a los otros estando al servicio de Cristo. Sin embargo, aunque sabía que por sobre todas las cosas quería ser sacerdote, la difícil situación económica de su madre le hacía imposible cumplir su sueño de entrar a la Compañía de Jesús. Por eso, una vez finalizado el colegio entró a estudiar Leyes en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Para ayudar a su familia trabajaba en las tardes y en las pocas horas que le quedaban libres se lo dedicaba a la Parroquia Virgen de Andacollo. Su vocación sacerdotal seguía presente, aunque los años pasaban, él no perdía la esperanza. Finalmente sus rezos fueron escuchados y en 1923 pudo cumplir su sueño e ingresar al noviciado. Luego de varios años de estudios, fue ordenado sacerdote en Bélgica, en 1933. Volvió a Chile en 1936. De inmediato se puso a trabajar como profesor del Colegio San Ignacio, aquí niños y jóvenes buscaban su compañía y orientación. Su inmenso arrastre entre los jóvenes sobrepaso los límites del colegio. Fue llamado entonces como asesor de la Acción Católica Juvenil. Con sus jóvenes colaboradores recorrió la patria inflamando los corazones juveniles con el deseo de luchar por la gloria de Cristo. Jesús lo llamaba. En cada lugar el Padre Alberto Hurtado veía la cara de Cristo en los pobres. Había tantos que necesitaban techo, abrigo y comida. Para ellos fundó el Hogar de Cristo en 1944. Sin tiempo para desfallecer siempre tenía un nuevo proyecto entre sus manos. Una nueva casa de acogida para los niños, talleres de enseñanza, más camas para las hospederías, eran algunas de las miles de ideas que rondaban en su cabeza. Pese a la incomprensión de muchos, siempre encontraba la fuerza para seguir sirviendo a Cristo. Su obra se multiplicó con su trabajo en la Ación Católica, en la Acción Sindical de Chile y en la Revista Mensaje. Pese a la cantidad de tareas impuestas, nunca dejó de realizar Dirección Espiritual. Con su mejor sonrisa recibía y escuchaba a sus "patroncitos". Tenía 51 años cuando le diagnosticaron cáncer. Pese a los fuertes dolores de su enfermedad, siguió trabajando por Cristo desde su pieza en el Hospital Clínico de la Universidad Católica. Hasta el final se mantuvo alegre y contento, siempre dando una palabra de esperanza y apoyo a quien lo visitaba. El 18 de agosto de 1952 el Padre Alberto Hurtado Cruchaga dejó este mundo, partiendo al encuentro con Cristo. Su esfuerzo, su lucha, su alegría y su intenso amor por Jesús dieron frutos. El 16 de octubre de 1994, Su Santidad Juan Pablo II beatificó al Padre Hurtado. Fue canonizado el 23 de octubre de 2005 por el Papa Benedicto XVI. En la mención dedicada a la vida del padre Hurtado durante la Misa de canonización de cinco nuevos santos, el Papa hizo notar como “el programa de vida de San Alberto Hurtado” fue la síntesis de: “Amarás a Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo” -Beato Manés de Guzmán († 1234). Fue hermano del glorioso Patriarca Domenico. Alma de gran blancura, inclinada al silencio y a la concentración, fue llamado "lo contemplativo". Trabajó en un primer momento con su san e ilustre hermano en los barrios de Linguadoca para reconducir los heréticos albigesi a la verdadera fe. A las fatigas y a los sudores, sobre el ejemplo de San Domenico, sólo añadió ruegos y penitencias conocidas a Dios. Apenas fundado el orden de los Predicadores fue uno de los primeros a recibir el Sagrado Vestido de las manos de su hermano, en el 1215, que imitó fielmente en el espíritu y en las obras. Fue de él mandado, en el 1217, a París en el convento de Prouille, volviéndose uno de los fundadores del célebre Convento de S. Giacomo. A París predicó con mucho fruto, pero sucesivamente, luego, el santo Patriarca lo destinó a Madrid por la dirección de las Monjas del orden, que iniciaron la vida regular de poco. Su amor a la vida contemplativa y a la experiencia de las calles de Dios, lo devolvió particularmente acto a conducir aquellos fervientes claustrales en las calles de la perfección, según el espíritu del orden. Encontrándose en el 1236 en el nativo Calaroga, a Gumiel de Izan, a predicarvos la divina palabra, se durmió en el Dios, rico en virtud y de méritos. Fue enterrado a S. Pietro de Gumiel, cerca de los Cistercienses, con sumo honor, y su tumba fue ilustre para milagros. Papa Gregorio XVI el 2 de junio de 1834 ha confirmado el culto. -Venerable María Maddalena del Sagrado Corazón de Jesús (Anna Bentivoglio). Fiano Romano (Roma), el 29 de julio de 1834-Evansville (Indianapolis), el 18 de agosto de 1904. Anna Bentivoglio, este su nombre de nacimiento, le nació a Fiano Romano el 29 de julio de 1834, del conde Domenico Bentivoglio y de Angela Sandri. Estudió, recibiendo mientras tanto una buena educación religiosa y cultural, en el instituto de las Monjas del Sagrado Corazón a Trinidad de los Montes en Roma. A 30 años, en el 1864 entró en el monasterio de los clarisse a S. Lorenzo en Panisperna, vistiendo el vestido franciscano el 4 de octubre y cambiando el nombre en Maria Maddalena del S. Corazón de Jesús; exactamente un año después de pronunció los votos. Tuvo algunos cargos de responsabilidad, que desarrolló dentro del convento con celo y competencia; en aquel tiempo papa Piadoso IX y el padre Bernardino de Portogruaro, Ministro general de los Frailes Menores, decidió actuar una reforma de los monasterios de los clarisse de Estados Unidos de América. El venerable, habiendo recibido este deletreo, partió para América el 12 de agosto de 1875, junto a su hermana, incluso ella clarissa y con otra monja. Inició su obra con viajes en las varias diócesis estadounidenses, ilustrando y actuando la reforma necesaria; a Omaha en Nebraska, fundó con la ayuda de un generoso bienhechor, un monasterio de clarisse y cuatro años después de otro en Nuevo Orleanses. Trabajó con ánimo y fuerza de ánimo, a pesar de incomprensiones y oposiciones, a mejorar las condiciones espirituales y de vida comunitaria de los conventos americanos. Mientras estuvo en el convento de Evansville en la diócesis de Indianapolis, después de breve enfermedad, murió el 18 de agosto de 1904, después de casi 30 años de apostolado franciscano, entre las hermanas de hábito clarisse de en ultramar. Las diócesis, que apostola y activa hija de s la vieron. Chiara y es decir Indianapolis, Omaha, Nuevo Orleanses, promovieron y tuvieron los procesos informativos por su beatificación, que fueron transmitidos a la Congregación de los Rituales a Roma y de este aprobados el 1° de abril de 1969. -Beato Rinaldo de Concorezzo Obispo, De la noble familia de los De Concoregio, nació en Milán entre el 1240 y el 1250; a su juventud no se sabe nada, se encuentra en Bolonia, universidad dónde algunos enviados lodigiani vienen a proponerle, a empezar del octubre de 1286, de enseñar Derecho a Laudos; en el mayo de 1287, el obispo de Laudos lo interpela por pareceres legales, este nos hace entender que gozó fama de jurisconsulto y en efecto tuvo el título académico de ‘magister en el 1295. En el 1289 entró en la continuación del vice canciller de la Curia romana, el milanés cardenal Pietro Peregrosso, el que visto los buenos resultados de varias misiones en Francia que llevó a término y a sus capacidades, a su muerte en el 1295 lo designó entre sus herederos. Continuó su ascensión en la Curia romana secretario del cardenal Benedetto Gaetani volviéndose y luego a capellán del papa Bonifacio VIII. El 13 de octubre de 1296 el papa lo nombra obispo de Vicenza, sede que alcanzó de modo borrascoso, porque mientras tanto los vicentini eligieron su otro obispo, pero al final la autoridad del papa prevaleció. Tuvo en aquel período especial encargas de diplomacia y arbitraje en las contiendas que agitaron Francia e Inglaterra a propósito del Guienna; fue nombrado por rey Carlo de Valois (1270-1325), llamado por el papa a Florencia para apoyar a los ‘Negros ' como vicario, 1302, en Romaña volviéndose luego rector espiritual y tormenta de la Región. Murió el 18 de agosto de 1321, quizás en su castillo de Platea, el culto por Rinaldo siempre ha sido una constante tradición de la Iglesia ravennate; en un documento del 1340 le es atribuido el título de ‘beato; en el 1413 el franciscano Niccolò de Rimini escribe de ello los ‘Actos y milagros; en el 1566 durante un reconocimiento, el cuerpo casi fue encontrado intacto y con una larga barba y así es representado. Sus reliquias son a Laudos, Concorezzo, Vicenza, lugares dónde incluso es venerado. El culto oficial fue concedido a la diócesis de Rávena y a las otras ciudades, de papa Pio IX, el 15 de enero de 1852. -Beata Sanzia Szymkowiak, Ostrów Wielkopolski, el 10 de julio de 1910 + el 29 de agosto de 1942. Sor Sanzia Szymkowiak, nació el 10 de julio de 1910, Ostrów Wielkopolski. Fue la hija más pequeña de Agostino y Maria Duchalska que dieron a la luz a cuatro hijos machos, de los que uno se volvió sacerdote. El día del bautismo ricevette el nombre de Giannina. De su familia, acomodada e intensamente creyente, ricevette una sólida educación. Desde la primera juventud se distinguió por la excepcional bondad y la auténtica devoción, fascinando con su serenidad y sencillez. Después de la escuela superior estudió cerca de la facultad de lenguas y literaturas extranjeras a la universidad de Poznan´, empeñándose intensamente en el mismo crecimiento intelectual y espiritual. Tomadas parte activa a la Unión Mariana, desarrollando un apostolado discreto y eficaz y transmitiéndoles a los jóvenes la alegría de vivir. Llena de atención hacia todo, de modo particular sensible verso los más débiles y los dolientes, se dedicaron con fervor a las obras de caridad en el barrio más pobre de la ciudad. La eucaristía fue el centro y el manantial de su gran celo apostólico. Las enormes fatigas y las difíciles condiciones del convento de Poznan´ pusieron a dura prueba a sus fuerzas y se volvió víctima de una grave forma de tuberculosis a la laringe. Abandonándose en los brazos cariñosos de Dios Padre ofreció un fúlgido ejemplo de sereno aguante de los sufrimientos. Con gozo profesó los votos perpetúas el 6 de julio de 1942, intensamente unido con el Novio celeste, en la ardiente espera de la suya venida al momento de la muerte, que el 29 agosto del mismo año llegó, cuando tuvo solamente trentadue años. -San Alepio, obispo de Tagaste. Estudió gramática y retórica en Cartago teniendo por maestro a San Agustín. Convertido por el santo doctor a la fe católica, no se separó de él, ayudándole en sus tareas episcopales y en la lucha contra los maniqueos. En 392 visitó los Santos Lugares, y al volver fue consagrado obispo de Tagaste, 430. -Santos Hermas, Serapión y Poliero, mártires, Roma, s. III. Arratrados por estrechuras, pedregales y otros lugares ásperos, entregaron a Dios sus almas. -Santos León y Juliana, mártires, Mira (Asia Menor). -San Fermín, obispo de Metz (Francia), 496. -Santos Juan y Crispo, presbíteros, en Roma; los cuales en la persecución de Diocleciano con gran caridad dieron sepultura a los cuerpos de muchos Santos, por cuyos méritos consiguieron poco después acompañarles en los gozos de la vida eterna. 303. -Suplicio de muchos monjes en Córdoba ,y su comarca, degollados unos y dispersos otros por los soldados de Abderramán III, Córdoba, 874. |



