Obispo de Puebla, Arzobispo de México, Virrey de la Nueva España y Obispo de Osma, España. Fue hijo bastardo de Don Jaime Palafox, Marqués de Ariza, fruto de una relación ocasional con Ana de Casante y Espés. Nació en Fitero (Navarra), España, el 24 de junio de 1600. Abandonado después de nacer en una cesta al aire libre, ya de anochecida una criada tomó al niño y se dirigió al río, con intención de arrojarlo al agua. Por fortuna, un hombre sospechó de ella y exigió ver el contenido de la cesta, apareciendo el bebé todavía vivo. Los biógrafos coinciden en comparar a Palafox con Moisés. Se entiende bien por qué. El salvador, Pedro Navarro, casado y con varios hijos, procuró la crianza del niño y lo mantuvo en su pobre casa durante nueve años. Pasado el tiempo, tanto la madre como el padre de Juan acudirían en su aguda, con discretos socorros. Palafox guardará gratitud a su familia adoptiva y la protegerá toda su vida Estudió en Alcalá de Henares y en Salamanca. En 1626 era diputado de nobleza en las cortes de Monzón y, poco después, fiscal de los Consejos de Guerra e Indias. Fue ordenado sacerdote y se lo asignó capellán de María Ana de Austria, hermana de Felipe IV, a quien acompañó en varios viajes por Europa. Don Jaime Palafox fue su sobrino. En 1639 fue presentado por el Rey como Obispo de Tlaxcala (cuya sede era la ciudad de Puebla de los Ángeles), en Madrid. Siendo confirmado por el Papa Urbano VIII, el 27 de octubre de ese mismo año. Se distinguió por sus esfuerzos en la protección de la población indígena de los colonizadores españoles, prohibiendo emplear cualquier método de conversión que no fuera el de la persuasión. Fue nombrado también visitador y comisionado para someter a juicio al Virrey Don Diego López de Pacheco Cabrera y Bobadilla, Duque de Escalona y Marqués de Villena, de cuya fidelidad al Rey se dudaba en la Corte. Palafox llegó en secreto a la Ciudad de México y la noche del 9 de julio de 1642 mandó arrestarlo, confinándolo en el Convento de Churubusco. Confiscó y remató sus bienes y lo remitió a España. Durante este periodo, Juan de Palafox ocupó temporalmente el cargo de Virrey de Nueva España, en funciones desde el 10 de junio al 23 de noviembre de 1642; En este lapso formó las ordenanzas para la Universidad, la Audiencia y los abogados, y levantó 12 milicias para la defensa, pues temía que pudieran propagarse por la Colonia las revoluciones de Portugal y Cataluña. La labor en Puebla del Obispo Palafox resulta colosal. Visitó en mula el inmenso territorio, del Atlántico al Pacífico, hasta el último rincón. Ordenó por completo la diócesis, estableciendo prefecturas para su mejor gobierno. Logró la reformación del clero secular y regula y de los conventos de monjas. Escribió numerosas pastorales, extensas y didácticas, aparte de muchos libros, entre ellos "El Pasto de Nochebuena". Se volcó en tareas educativas, para la elevación cultural y social de todos. Entre otros, erigió los Colegios de San Pedro -para indios- y de San Pablo -para jóvenes sacerdotes- que, junto con el de San Juan, conformaros el Seminario Palafoxiano, al que legó la espléndida Biblioteca Palafoxiana, admirable todavía hoy. Levantó en la diócesis al menos 44 templos, muchas ermitas y más de cien retablos, además de notables edificios en la ciudad de Puebla (que también le debe parte del trazado de su casco histórico). Y todo ello mientras afrontaba importantes cargos civiles, proseguía su intensa vida de oración y de penitencia, y empeñaba hasta el último céntimo en los necesitados. Obra emblemática de su paso por Puebla es la magnífica catedral de cinco naves. Trazada por Juan de Herrera hacia 1550, en 1640 llevaba veinte años abandonada y sus muros apenas llegaban a la mitad de los sillares. Palafox reanudó las obras, dando trabajo a más de 1,500 obreros. Para ello, aportó dinero de su peculio, recabó ayuda económica y dejó en buenas manos la administración. Se esmeró también, con gran sentido artístico, en el ornato del templo. El 18 de abril de 1649 pudo al fin consagrarlo. Veinte días más tarde, salía de Puebla Don Juan de Palafox. Cuatro horas tardó en hacerlo, por el gentío que atestaba el camino. Vacante la sede Metropolitana por la muerte de Monseñor Don Feliciano de Vega y Padilla (1641) mientras viajaba desde Acapulco, el Cabildo eclesiástico lo eligió Arzobispo de México el 12 de noviembre de 1643. Su defensa de la Jurisdicción episcopal es un capítulo que sólo puede entenderse teniendo presente la responsabilidad del Obispo como ejecutor de las disposiciones del Concilio Tridentino. El gesto de la designación de Conservadores (mayo de 1647), que llegaron a declarar Sede Vacante con el Obispo presente en el territorio, haciendo caso omiso de tres provisores designados legítimamente para suplirle en caso de ausencia, revestía una gravedad tal, que, según diagnosticaba Palafox, amenazaba la estructura misma de la Iglesia. Sobre el tema escribió Palafox mucho y muy claro, obligado a contrarrestar la propaganda de sus adversarios. Sin embargo, en la historiografía eclesiástica, su versión ha tenido menos eco que la contraria. A causa de no ser aceptado por los regulares a sujetarse a visita y examen, conforme lo disponían varias cédulas reales, Palafox nombró 36 curas regulares y erigió otras tantas parroquias. Debido a su papel en el contencioso mencionado, encontró la hostilidad de los jesuitas (1645), lo que motivó su gran animadversión hacia ellos. En dos ocasiones (1647 y 1649) manifestó mediante quejas formales ante el papado de Roma sus desavenencias. Inocencio X, sin embargo, rechazó estimar sus censuras, y todo lo que pudo obtener fue un informe de 14 de mayo de 1648 que instaba a los jesuitas a respetar la jurisdicción episcopal. En 1653 los jesuitas consiguieron su traslado a España. En junio de 1653, el Rey lo preconiza por sorpresa Obispo de Osma, diócesis menor, no muy acorde con los merecimientos del elegido. El nombramiento papal lleva fecha de 24 de noviembre. Don Juan de Palafox tomará posesión de la sede oxomense el 7 de marzo de 1654. En los cinco años de vida que le quedan dejará un rastro imperecedero: elevará notablemente el nivel espiritual de la diócesis -comenzando por el cabildo, donde instauró con tacto el rezo diario del Rosario-; dará ejemplo constante de ascetismo; será generoso hasta el extremo con los pobres, y escribirá numerosas pastorales y varios libros más, entre ellos sus Confesiones autobiográficas. También redactará valiosos informes: uno de ellos, a propósito de un litigio sobre la inmunidad eclesiástica, servirá de pauta de actuación a todos los obispos españoles. En junio de 1659, a poco de terminar su tercera visita pastoral a la diócesis, Palafox cae enfermo. Salvo leves mejorías, así pasará todo el verano. Austero y penitente hasta el fin, no consiente en mudarse a mejor cama. Fallecerá santamente, el 1 de octubre de 1659, en El Burgo de Osma, sin poder legar a sus deudos más que los pocos objetos imprescindibles que le quedaban. La fama de santidad, de la que Palafox gozó ya en vida, se tradujo a su muerte en una pronta solicitud popular de beatificación. De la devoción que generó en México, un detalle ilustrativo: cuando en 1653, para evitar el peligro de un culto indebido por parte de los indios, la Inquisición mandó retirar los retratos de Palafox, ¡sólo en Puebla se recogieron más de seis mil! En 1666 su cuerpo estaba incorrupto, los fieles católicos reciben esta noticia como una prueba más de su santidad. Su Proceso de Beatificación, incoado en la diócesis de Burgo de Osma en 1666 y en Puebla de los Ángeles en 1688. Desde que se inició el proceso para llevar a los altares al Obispo de Puebla, Arzobispo de México, Virrey de la Nueva España, y Obispo de Osma, España, tuvieron que pasar 345 años para que por fin don Juan de Palafox y Mendoza arribe al escalón de la beatitud. Es sin duda uno de los casos más complicados que haya tenido la Santa Sede, sin olvidar también al de la Reina Isabel de Castilla. El 27 de enero de 2004 fue aprobada, por los Consultores Históricos de la Congregación para las Causas de los Santos, la Positio presentada por la Postulación de la Causa en los años 1998-2003. El 4 de abril de 2008 tuvo lugar, con éxito positivo, el "Congressus Peculiaris super Virtutibus", el 2 de diciembre sucesivo tuvo lugar, con el mismo éxito positivo, la Congregación de Cardenales y Obispos y el 17 de enero de 2009 fue promulgado el Decreto sobre las Virtudes. El 26 de febrero de 2009 la Consulta Médica se pronunció favorablemente sobre la inexplicabilidad de la curación del párroco de Fuentemolinos, don Lucas Fernández de Pinedo, ocurrida el 29 de noviembre de 1766 y atribuida a la intercesión del Venerable Juan de Palafox. El Congreso Peculiar de los Consultores Teólogos dio su parecer favorable el 27 de junio de 2009 y la Congregación de Cardenales y Obispos se pronunció unánimemente en favor del Milagro el 8 de febrero de 2010 y el Papa Benedicto XVI aprobó la promulgación del Decreto sobre el Milagro el 27 de marzo sucesivo. Juan de Palafox y Mendoza fue beatificado el 5 de junio de 2011 en una solemne ceremonia que tuvo lugar en El Burgo de Osma, España. El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, fue el encargado de leer la Carta Apostólica en que el Papa Benedicto XVI beatifica a Juan de Palafox y Mendoza. Asistieron a la ceremonia unos 40 obispos, entre ellos el cardenal-arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela; y el arzobispo de la Ciudad de México, el cardenal Norberto Rivera Carrera. |








Beato Juan de Palafox y Mendoza Nació en Fitero (Navarra), España, el 24 de junio de 1600. † 1 de octubre de 1659, en El Burgo de Osma, España. Beatificado: el 5 de junio de 2011 en una solemne ceremonia que tuvo lugar en El Burgo de Osma, España. |
