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-San Félix, mártir, Nola, en Campanía, 256. Se cuenta que, seguido por los verdugos, entró en una cueva, donde las arañas tejieron una tela en breves instantes, librándole así de sus perseguidores. El temple de héroe de nuestro Félix se manifestó esplendorosamente en los años terribles de las persecuciones desencadenadas por Decio (a. 245 - 50) y Valeriano (256). Félix, aunque tenido con razón como mártir, no llegó a sufrir la pena capital ni el proceso judicial reglamentario que nos hubiera podido proporcionar las más preciadas noticias, como las que nos ofrecen las actas del proceso seguido en la misma época a San Cipriano, el santo obispo de Cartago. Millares de peregrinos acudían a Nola cada año por la festividad de San Félix, el 15 de enero, a pesar del tiempo poco propicio para viajar, principalmente peregrinos venidos de Roma, la ciudad santa. Los campesinos invocaban al santo presbítero como especial protector de sus ganados. Los sospechosos de falsos testimonios eran llevados, aun desde lejanos países, ante el sepulcro, en donde se manifestaba su inocencia o su perjurio. San Agustín quiso remitir a Nola a un acusador de graves crímenes contra uno de sus clérigos. Gregorio de Tours explica otras maravillas obradas junto a la tumba venerada.

-Santa Blanca, reina de Castilla,(1185-1232) - Dice el Génesis: “José perdonó a sus hermanos diciendo: No tengáis miedo. ¿Soy yo acaso Dios? Vosotros intentasteis hacerme el mal, pro Dios ha transformado este mal en bien”.
La corte ha dado también santos. Blanca era hija de Alfonso IX, rey de Castilla y de Eleonora de Inglaterra. Nació en el año 1185.
Cuando era todavía una adolescente quinceañera, contrajo matrimonio con Luis, hijo de Felipe-Augusto, rey de Francia en el año 1200. Al morir Felipe, el 14 de julio de 1223, ocupó el trono su marido con el nombre de Luis VIII.
Se le coronó, al estilo de aquellos siglos, en la bella catedral de Reims al mes siguiente. A los tres años murió el rey Luis. Los obispos estaban presentes y veían con gran dolor la pena que tenía Blanca. La consolaron y le dieron la regencia y la tutela de su hijo. Dicen que como regente mostró una fina prudencia y al mismo tiempo mucha energía. Nadie – comentaban – se lo podían imaginar. Hizo trizas todas las intrigas que conspiraban contra la corona real. La guerra contra los albigenses continuó. En 1228, hizo un tratado de paz con Raimundo, conde de Tolosa.
Educó a su hijo en la verdad cristiana. Por eso, con esta buena madre y su profunda fe, su hijo llegaría también más tarde, a la santidad: san Luis rey de Francia. Fue en peregrinación a Tierra Santa. Murió cuatro años más tarde. Sus restos descansan en el monasterio de Maubuisson, fundado por ella misma.
En Roma, en la iglesia de los franceses, se conservan algunas de sus reliquias.

-San Dacio, obispo de Milán, 552. San Dacio vivió en tiempos muy agitados. Durante la mayor parte de su episcopado, que duró por lo menos de 530 a 552, tuvo que defender constantemente los intereses temporales y espirituales de su Iglesia. Para salvar a la ciudad de Milán, de los godos, se alió con Belisario, quien desgraciadamente no pudo enviarle refuerzos antes de que la ciudad fuese atacada y saqueada. Es posible que Dacio haya sido hecho prisionero y libertado después, gracias a la influencia de su amigo Casiodoro. Expulsado de Milán, el obispo se refugió en Constantinopla, donde, el año 545 apoyó valientemente al Papa Vigilio contra Justiniano, en la controversia sobre los "Tres Capítulos". Parece que Dacio murió en 552, en Constantinopla, de donde sus restos fueron trasladados más tarde a Milán, su ciudad episcopal. San Gregorio el Grande cuenta en sus ·Diálogos", la curiosa historia de una casa en la que el diablo acostumbraba aterrorizar a los ocupantes, imitando discordantes y horribles rugidos de fieras. San Dacio entró sin temor en la casa, puso en fuga al demonio y restauró la paz.

-Santa Nina de Georgia (Cristina o Cristiana, Nínona o Nouné), apóstol de la Georgia, s. IV. esclava († 340) Etimológicamente significa “juramento de Dios”. Viene de la lengua hebrea. Esta joven esclava de la corte real de Mzkheta, no lejos de Tbilisi, Georgia, se festeja hoy en la Iglesia de Oriente y en la de Occidente el 15 de diciembre. Gracias a que hay personas que se preocupan por la vida de los demás, conocemos la vida de esta chica por las obras del escritor eclesiástico Rufino. Es él quien nos traza una pequeña semblanza de Nina. Logró su conversión en Iberia, como se llamaba anteriormente lo que es hoy Georgia. En los primeros años del siglo v, Rufino de Aquilea cuenta lo que dice que le han contado sobre la evangelización de las bárbaras tierras de Georgia, al este del mar Negro, y atribuye la primera semilla del cristianismo georgiano a una joven esclava. Y con este insólito apelativo de «esclava» ha pasado al santoral esa muchacha que sin duda habían capturado en alguna acción de guerra o de pillaje, y a la que se dio el nombre de Nina y también de Cristiana, porque repetía muy a menudo el nombre de Cristo. Provenía de Egipto como una esclava cristiana cautiva. La colocaron a trabajar en la corte. A pesar de que nadie era cristiano, ella supo mantener su fe a pesar de los pesares. Dice que impresionó a todos por su bondad, por su devoción y por las curas milagrosas que hacía, y que cierta vez sanó a la misma reina. Su esposo, el rey, al perderse durante una cacería y verse en grave peligro, se encomendó también a aquel desconocido Dios, y al volver con los suyos sano y salvo rogó a Cristiana que le instruyera en su fe. Aconteció algo singular. Unos padres le pidieron que curara a su hijo. Nina oró con tal fervor y con tal fe que el chico se curó. Gracias a esto, la reina mandó que estuviera siempre a su lado. También se puso enferma la soberana Nana. Y por las oraciones de Nina se curó también. Entonces el rey sentía en su alma el deseo de recompensarla de alguna manera. Ella le dijo que el mejor favor que podía hacerle, sería que se convirtiera al cristianismo. El rey le planteó el tema a su mujer. Hubo muchas más conversiones y el monarca acabó pidiendo al emperador Constantino que enviase sacerdotes a Georgia para completar la evangelización del reino. Estamos en el siglo IV. Cuando comenzó la evangelización de Georgia, Nina se fue a la región de Bobdé. Murió en el año 335. Se sabe que en tiempos de Constantino el cristianismo se predicó en la vecina Armenia, pero aparte de esta circunstancia carecemos de datos históricos que corroboren lo que dice Rufino. Y la leyenda, que se apoderó de la figura de Cristiana para embellecerla folclóricamente, añade más incertidumbre al relato. Nosotros, en la penumbra de aquel rincón de Europa entrevemos el origen, quizás adornado por la poesía, de una comunidad cristiana por los medios más improbables: una sola persona, una muchacha extranjera de ínfima condición, sometida a esclavitud entre bárbaros, no puede pedirse menos. Es tan poco, suena a empresa misional tan descabellada que tenía que salir bien, porque a Dios le gusta demostrar que es Él quien hace las cosas con instrumentos incongruentes. En Mzekheta hay una pequeña capilla que recuerda en nuestros días el bautismo de Georgia.

-San Sabas, metropolitano de Servia, que obtuvo de la Santa Sede permiso para dejar la mitra y retirarse al monte Athos 1258. Nació en 1174 y fue el más joven de los tres hijos de Esteban I, el fundador del estado independiente de Serbia. A los 17 años de edad, ingresó en un monasterio del monte Athos, a donde lo siguió su padre después de su abdicación. Juntos fundaron un monasterio para monjes serbios, llamado Khilandari, que es todavía uno de los 17 principales monasterios del monte Athos. Una serie de circunstancias políticas y religiosas obligaron a San Sabas a regresar a su país, donde fue consagrado arzobispo y logró consolidar, antes de cumplir 50 años, el Estado que su padre había fundado. Por tal motivo se lo declaró patrono de Serbia. Murió en Tirnovo, Bulgaria, el 14 de enero de 1237.

-Beato Odorico de Pordenone, fraile, 1131. Es dificil encontrar en toda la literatura secular una vida más llena de aventuras que la del fraile franciscano Odorico de Pordenone. Era originario de Friuli, y se dice que su nombre de familia era Mattiussi. Hacia el año 1300, a los quince de su edad, tomó en Udine el hábito de San Francisco, y sus biógrafos proclaman el fervor con que se entregó a la oración, a la pobreza y a la penitencia. Al poco tiempo, Odorico se sintió llamado por Dios a la soledad y obtuvo permiso de llevar vida eremítica en una remota celda. Ignoramos cuánto tiempo duró esta estrecha comunión con Dios, pero parece que sintió un nuevo llamamiento para volver a Udine y practicar los ministerios apostólicos en los alrededores. Su predicación tuvo gran éxito y las multitudes venían desde muy lejos para oírle. Pero hacia 1317, cuando tenía un poco más de treinta años, sintió una inspiración diferente, y es difícil determinar la parte que tuvieron en su vida posterior el simple espíritu de aventura y el deseo apostólico de extender el Reino de Dios y salvar las almas. Probablemente acertaremos pensando que los dos elementos se hallaban mezclados. No es fácil precisar fechas; pero según Yule y Cordier, Odorico llegó a la India occidental poco después de 1321, vivió en el norte de China, de 1322 a 1328, y murió ciertamente en Udine, entre sus hermanos, en enero de 1331. En lo que concierne a la ruta de sus viajes, estamos mejor informados. Su primer objetivo fue Constantinopla, de donde pasó a Trebizonda, Erzerum, Tabriz y Soltania. En muchas de esas ciudades había casas de su orden, y el beato se detuvo probablemente bastante tiempo en cada una, de suerte que esta primera parte de su viaje debió durar unos tres años. De Soltania se dirigió, dando rodeos, a Bagdad y Hormuz, en la entrada del Golfo Pérsico, donde se embarcó con rumbo a Salsete. En Tana, o tal vez en Surat, reunió los restos de cuatro de sus hermanos que habían sido martirizados recientemente en ese lugar, en 1321, y los llevó consigo en su viaje al oriente. Fue a Malabar y a Ceilán, y después se detuvo, probablemente por algún tiempo, en el santuario de Santo Tomás en Mailpur, cerca de la actual Madrás. Ahí se embarcó con rumbo a Sumatra y Java, y es posible que haya visitado también el este y el sur de Borneo. En seguida pasó a China. De Cantón viajó a los grandes puertos del Fu-kien. Desde Fu-chau continuó a través de las montañas hacia Hang-chau (entonces Quinsai, la mayor ciudad del mundo) y Nan-king. Cruzando el gran canal en Yang-chau, se dirigió a Khanbaliq o Pekín, donde permaneció tres años en una de las iglesias fundadas por otro heroico misionero franciscano, el arzobispo Juan de Montecorvino, que era entonces ya muy anciano. De ahí retornó Odorico a Italia, a través de Shen-si y Lasha, la capital del Tibet, pero desconocemos el intinerario que siguió hasta llegar de nuevo a su provincia. Es interesante hacer notar que por lo menos durante la última parte de sus largos viajes, Odorico tuvo por compañero a un tal hermano Jacobo, fraile irlandés de su orden. Sabemos esto gracias a un documento conservado en los archivos de Udine, según el cual, después de la muerte de su compañero de viaje, el hermano Jacobo recibió dos marcos "por amor de Dios y del bienaventurado hermano Odorico". La narración de los viajes de Odorico, que desgraciadamente no fue escrita durante los mismos, sino dictada más tarde a uno de sus hermanos, no habla prácticamente de sus trabajos misionales. Ello hace difícil determinar hasta qué punto merecen crédito las leyendas posteriores sobre el éxito de su predicación. El cronista Lucas Wadding afirma que convirtió y bautizó a dos mil sarracenos, pero no explica de dónde toma el dato. También se dice que Odorico volvió de China a Europa en busca de misioneros para el Extremo Oriente, pero que San Francisco se le apareció en Pisa y le ordenó que retornase a Udine, explicándole que él mismo se encargaría de velar por esas remotas misiones. En su lecho de muerte, el gastado misionero declaró que Dios le había hecho saber que sus pecados estaban perdonados, pero que sin embargo, deseaba conseguir las "Llaves de la Iglesia" como un humilde niño y recibir los sacramentos. Odorico murió el 14 de enero de 1331. Se cuenta que obró muchos milagros después de su muerte. En uno de ellos interviene de nuevo el hermano, ya que cierto franciscano, predicador y doctor de teología en Venecia y que sufría de una penosa enfermedad de la garganta, rogó al hermano Jacobo que le encomendase a su antiguo compañero de viajes, y quedó curado al punto. El culto de Odorico fue aprobado en 1775.

-Beato Odón de Novara, monje, 1200. El Beato Odón monje cartujo del siglo XII, es uno de los pocos hombres de Dios de aquella época, sobre el que tenemos documentos de primera mano. El Papa Gregorio IX mandó que se hicieran investigaciones sobre su vida con miras a su canonización, y las declaraciones de los testigos han llegado hasta nosotros. Uno o dos extractos de ellas nos darán una idea de la personalidad de Odón. "Maestro Ricardo" obispo de Trivento, después de haber jurado por el Espíritu Santo, ante los Evangelios, que diría la verdad, afirmó que él había conocido al bienaventurado Odón como a un hombre temeroso de Dios, modesto y casto, entregado noche y día a la vigilia y la oración; que vestía ásperas túnicas de lana y vivía en una estrecha celda, de la que no salía más que para orar en la iglesia, y que obedecía siempre a la campana, cuando ésta le llamaba al oficio. Cuantos fueron a él se sintieron animados en el servicio de Dios. Leía constantemente las Escrituras y, a pesar de su avanzada edad, se empleaba en su celda en trabajos manuales para no ser presa de la ociosidad". El obispo da en seguida un breve resumen de la vida de Odón, y hace notar que había sido nombrado prior del nuevo monasterio cartujo de Geyrac, en Eslavonia. Pero que la cruel persecución de que le había hecho objeto el obispo Dietrich le obligó a abandonar esa comunidad, e ir a Roma para pedir permiso al Papa de renunciar a su cargo. La anciana abadesa de un monasterio de Tagliacozzo le había ofrecido hospedaje, e impresionada por su santidad, obtuvo licencia de guardarle como capellán de la comunidad. Muchos otros testigos de la edificante vida de Odón hablaron de sus austeridades, de su caridad y de su humildad. Uno de ellos, el arcipreste Oderisio, atestigua que estuvo presente en los últimos momentos de Odón, y que "éste se hallaba acostado en el suelo de la dicha celda, vestido con una camisa de cerdas, y que decía en su agonía: 'Espera un poco, Señor, espera un poco; ya voy a Ti'; y cuando los presentes le preguntaron con quién hablaba, respondió: 'Con mi Rey, a quien estoy viendo y en cuya presencia me hallo'. Al pronunciar estas palabras, el bienaventurado Odón se enderezó, como si alguien le tendiese la mano, y con ellas extendidas, pasó al Señor". Esto acaecía el 14 de enero del año 1200, y la edad de Odón se calculaba en cien años. El beato obró muchos milagros en vida y después de su muerte, pero tenía horror de que las gentes le atribuyesen poderes sobrenaturales. "Hermano -dijo a un hombre que solicitaba su ayuda- ¿por qué te burlas de mí que soy un malvado pecador y un saco de putrefacción? Déjame en paz; el único que puede curarte es Jesucristo, el Hijo de Dios vivo"; y al decir esto, se le saltaron las lágrimas. El enfermo quedó al punto sano de una enfermedad que, según el testigo, que le había conocido personalmente, le atormentaba desde hacia muchos años. El culto del beato Odón fue confirmado en 1859.

-Beato Rogerio de Todi,  fraile, 1237. No poseemos muchos datos sobre el Beato Rogerio (Ruggiero) de Todi, y en los pocos que existen se observa cierta confusión. Lo que puede afirmarse, oon seguridad, es que tomó el hábito de los Frailes Menores de las mismas manos de San Francisco en 1216; que fue nombrado por el santo de Asís director de la comunidad fundada y dirigida por la Beata Felipa Mareri, en Rieti de Umbría, bajo la regla de Santa Clara; que asistió a Felipa en su lecho de muerte en 1236, y que él mismo murió poco después en Todi, el 5 de enero de 1237. El Papa Gregorio IX, que le había conocido personalmente, permitió que el pueblo de Todi, donde se conservan sus reliquias, celebrase una fiesta en su honor, y Benedicto XIV confirmó su culto en toda la orden franciscana.

-San Fulgencio, hermano de San Isidoro y obispo de Ecija, 619. Hermano de otros tres santos: Isidoro de Sevilla, Leandro y Florentina, Fulgencio nació en Sevilla cuando estalló la guerra entre el rey visigodo Leovigildo, que era arriano, y su hijo Hermenegildo, católico, refugiado en Sevilla. La ciudad fue saqueada y los católicos, entre los cuales Fulgencio, marcharon al destierro. Al subir al trono el rey Recaredo, e instaurar la unidad católica de España, Fulgencio fue nombrado obispo de Ecija. Santo y sabio pastor de la Iglesia escribió libros contra el arrianismo. Murió el año 619.

-Santa Macrina, abuela y educadora de San Basilio el Grande, Neocesarea en el Ponto, s. IV. En más de una de sus cartas, San Basilio el grande menciona a la madre de su padre, Macrina, con la cual parece haberse educado y a cuyo cuidado en darle una sana instrucción religiosa, atribuye el santo el hecho de no haberse contaminado nunca con opiniones heterodoxas, que hubiese tenido que modificar después. Macrina y su esposo sufrieron mucho en la persecución de Galerio y Máximo, hasta el grado de verse forzados a huir y ocultarse delos perseguidores en los bosques de Ponto, durante siete años. Con frecuencia padecieron hambres, y San Gregorio Nazianceno afirma que, en ocasiones sólo sobrevivieron comiéndose a las fieras que, por un milagro de la Providencia, se dejaban cazar dócilmente. Pasado este peligro estalló una nueva persecución, en la que los bienes de Macrina y su esposo fueron confiscados. Según parece, los cristianos les honraron reconociéndoles formalmente el título de confesores de la fe. Macrina sobrevivió a su esposo, pero ignoramos la fecha exacta de su muerte. El Martirologio Romano nos dice que Macrina fue discípula de San Gregorio Taumaturgo; pero lo único que esto puede significar es que la santa estudió a fondo sus escritos.

-Beato Gil de Lorenzana, monje, 1518. Las biografías de Gil cuentan que nació hacia 1443 en Lorenzana, en el antiguo reino de Nápoles. Sus padres eran piadosos cristianos de clase humilde, y no se opusieron a las prácticas religiosas que Gil adoptó desde muy joven, sobre todo cuando cayó bajo la influencia de los franciscanos, quienes habían fundado un convento en Lorenzana. Gil determinó servir a Dios en la soledad y se instaló en las proximidades de un pequeño santuario de la Virgen. Ahí pasaba la mayor parte de su tiempo absorto en oración, acompañado por los pájaros y las fieras. Pero la noticia de los milagros que se le atribuían, empezó a atraerle visitantes. Forzado así a buscar refugio en otra parte, Gil entró al servicio de un agricultor de los alrededores de Lorenzana. De este período de su vida se cuenta que, aunque Gil pasaba la mayor parte del tiempo en la iglesia, su trabajo, por especial favor de Dios, no sufría menoscabo alguno. Gil ingresó más tarde como hermano lego en la orden franciscana. Habiéndosele confiado el cuidado del jardín, Gil se construyó en él una especie de cabaña que le servía de ermita. Seguía siendo amigo de los pájaros y de todas las criaturas de Dios, y sus curaciones milagrosas, su oración extática y su don de profecía, le valieron gran fama.

-Beato Pedro Donders, Redentorista, Surinam, 1887. Nació el 27 de octubre de 1809 en Tilburg, Holanda, de Arnoldo Denis Donders y Petronila Van den Brekel. Dado que los padres eran pobres, fue muy poco lo que los dos hijos pudieron estudiar ya que se vieron obligados a trabajar para ayudar a la familia.
Desde niño, Pedro deseaba hacerse sacerdote. Quiso entrar en los  redentoristas, pero fue rechazado por ser ya demasiado mayor. Después, con la ayuda del clero de la parroquia pudo iniciar sus estudios a los 22 años en el pequeño seminario. Fue ordenado sacerdote el 5 de junio de 1841. En 1883, el Vicario Apostólico, queriendo relevarle de obligaciones demasiado pesadas, lo trasladó a Paramaribo y, más tarde, a Coronie. En noviembre de 1885 regresó a Batavia. Se reintegró a sus ocupaciones anteriores hasta que su frágil salud le obligó a guardar cama en 1887. Su fama de santidad se difundió por el Surinam y por Holanda de donde era oriundo y se introdujo su causa de canonización.  Pedro Donders sigue presente en todos los redentoristas  que trabajan en América y que son continuadores de la obra evangelizadora de San Alfonso. El Papa Juan Pablo II lo proclamó Beato el 23 de mayo de 1982.

-San Malaquías, profeta, en Judea, 415 antes de J.C.

-Una comunidad de monjes asesinados por los árabes en el monte Sinaí, 373.

-Otro grupo martirizado en Raite, Egipto, por los blemiros en el mismo año.

-San Baetano, Abad.

-San Barbescemin, obispo de Ctesifonte, Persia, martirizado en tiempo de Sapor II, 346.

-Santa Benita, mártir.

-Santa Benedicta, mártir.

-San Caldeolo, obispo de Viena, en el Deifinado, 696.

-San Engelmaro, mártir.

-San Eufrasio, obispo, Africa, 515.

-San Esteban, archimandrita griego, cerca de Constantinopla, s. VIII.

-San Fermín, obispo, s. V.

-San Fulgencio de Astigi, obispo, 632.

-San Glicerio, diácono y mártir.

-San Godefrido, monje.

-San Guillermo, abad.

-San Julián Sabas, el Antiguo, que reanimó la fe de los antioquenos en la segunda mitad del s. IV.

-San Ponciano, mártir, Espoleta, 160.

-San Prisco, mártir.

-San Prisciliano, mártir.

-San Teodemario, monje.

-Beato Bucardo, monje.

-Venerable, Alfonsa Clerici, monja, Italia, 1930.
Grupo "Vidas Santas" †
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Santa Nina de Georgia, Cristina o Cirstiana
San Félix de Nola
Santa Macrina, la vieja
Santa Blanca, reina de Castilla
San Dacio o Dazio, obispo de Milán
Beato Odón de Novara
San Sabás, metropolitano
Beato Odorico de Pordenone, fraile
San Fulgencio de Astigi
Beato Pedro Donders, Surinam
Venerable, Alfonsa Clerici
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