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-San Marcelo, papa y mártir, que, destinado por Majencio a guardar animales, murió en esta ocupación de esclavo 309. Nació en Roma. Fue elegido aproximadamente cuatro años después de la muerte de Marcelino, debido a las terribles condiciones en la que vivían los cristianos perseguidos por Diocleciano. Durante el brevísimo tiempo en que pudo ejercer su mandato, dictó un par de normas importantes. La primera prohibía la convocación de cualquier concilio general sin la autorización del papa de Roma. La segunda establecía unas modalidades a respetar en los casos en que se concedía el perdón a los cristianos que por miedo habían abjurado durante las persecuciones. Marcelo se había negado a ofrecer sacrificios a los ídolos. El nuevo emperador Majencio mandó detenerle y le condenó a servir en los establos imperiales con el objetivo de humillarle. Liberado por los cristianos, se refugió en casa de la matrona Lucina que le permitió que transformara la casa en una iglesia. Descubierto, fue nuevamente detenido y condenado, esta vez a hacer de guardián precisamente en esa misma iglesia que el emperador mientras tanto había transformado en un establo. Marcelo murió de privaciones y humillaciones. Le dieron sepultura en el Cementerio de Priscila.

-Santos Berardo, Pedro, Acurso o Acursio, Ayuto o Adjutoy Otón, que, envíados por San Francisco a predicar el Evangelio a los moros marroquíes, padecieron allí el martirio, 1220.  Estos cinco frailes fueron enviados por San Francisco a convertir a los maho metanos del occidente, en tanto que el propio santo iba a predicar a los del oriente. San Berardo y sus compañeros predicaron primeramente a los moros de Sevilla, ciudad de la que fueron expulsados después de haber sufrido mucho por su celo. De ahí pasaron a Marruecos, donde se dedicaron a predicar y a servir de capellanes a los mercenarios cristianos del sultán. Las gentes consideraban a los frailes como locos y les trataban como a tales. Cuando se negaron a retomar a sus tierras y a dejar de predicar la palabra de Cristo, el sultán les decapitó con su propia cimitarra, el 16 de enero de 1220. Estos santos formaron la vanguardia del glorioso ejército de mártires que la orden seráfica ha dado a la Iglesia. Cuando llegó a oídos de San Francisco la noticia del valor heroico y el triunfo de sus hijos, exclamó: "Ahora puedo decir con verdad que tengo cinco hermanos". Eran éstos San Berardo, San Pedro, San Odón, San Acurso y San Adyuto. Fueron canonizados en 1481.

-San Enrique, ermitaño en una isla del Nortumberland, 1127. Los daneses deben en parte la luz de la fe, después de Dios, al ejemplo y trabajos de los misioneros ingleses. Enrique nació en Inglaterra y, desde su juventud, se entregó de todo corazón al servicio de Dios. Cuando alcanzó la mayoría de edad, se embarcó hacia el norte de Inglaterra. La islita de Cocket, en la costa de Nortumbría, próxima a la desembocadura del río del mismo nombre, había albergado a los anacoretas desde la época de San Beda, según se desprende de la vida de San Cutberto. Dicha isla pertenecía al monasterio de Tynemouth, y en ella llevó San Enrique una vida de ermitaño. Se alimentaba únicamente de pan y agua una vez al día, después de la caída del sol. Ganaba el pan con sus propias manos, trabajando en un pequeño huerto. Murió en su ermita, el 16 de enero de 1127, y fue sepultado en la iglesia de los monjes de Tynemouth. Su vida, escrita por Capgrave, se encuentra en Acta Sanctorum, 16 de enero. Cf. también Stanton, Menology, pp. 22-23. No existen pruebas evidentes de que se le haya rendido culto público.

-Beata Juana María Condesa Lluch, fundadora de las Esclavas de María Inmaculada, España, 1916. Juana María Condesa Lluch nació en Valencia (España) el día 30 de marzo de 1862, en el seno de una familia cristiana de buena posición socio-económica. Fue bautizada el 31 de marzo de 1862 en la Iglesia de San Esteban, lugar donde habían sido bautizados San Vicente Ferrer y San Luis Beltrán. Recibió una esmerada formación humana y cristiana, que contrastaba con la mentalidad racionalista e ilustrada que se abría paso en la sociedad valenciana del momento y que dio lugar a una oleada de descristianización. En la etapa de la adolescencia y juventud va reforzando su vida como cristiana, nutriéndose de las devociones religiosas propias del momento histórico que vive, especialmente la devoción a Jesús Sacramentado, a la Inmaculada Concepción, a San José y a Santa Teresa, lo que a su vez la lleva de forma progresiva a una mayor sensibilidad y compromiso con los mas necesitados. Tenía apenas 18 años, cuando descubrió que la voluntad de Dios sobre su vida era entregarlo todo y entregarse del todo a la causa del Reino a través de la evangelización y el servicio a la mujer obrera, interesándose por las condiciones de vida y laborales de estas jóvenes, realidad sufriente que contemplaba desde la tartana que la conducía desde Valencia a la playa de Nazaret, donde la familia tenía una casa de descanso y expansión. El 16 de enero de 1916, la Madre Juana María Condesa Lluch pasaba a contemplar el rostro de Dios por toda la eternidad, alcanzando su anhelo de santidad, manifestado tantas veces a las hermanas con estas palabras: "Ser santas en el cielo, sin levantar polvo en la tierra". Expresión que denota que su vida transcurrió según el Espíritu de Cristo Jesús, conjugando la más sublime de las experiencias, la intimidad con Dios, con el empeño de que la joven obrera alcanzara también la más sublime de las vocaciones, ser imagen y semejanza del Creador, y que pone de manifiesto su ser de "Mujer bíblica, llena de coraje en las elecciones y evangélica en las obras", tal como fue definida por uno de los Teólogos Consultores al estudiar sus virtudes. El Instituto nutrido de la firme voluntad de su Fundadora, alcanzaba el 14 de abril de 1937 la aprobación temporal pontificia de S.S. Pío XI y el 27 de enero de 1947 la aprobación definitiva de S.S. Pío XII. La apertura diocesana del Proceso de Canonización de la Madre Juana María tuvo lugar en Valencia en 1953. Fueron declaradas sus virtudes heroicas en 1997 y el dia 5 de julio de 2002, ante S.S. Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto de aprobación de un milagro atribuido a su intercesión.

-Beato Ferreolo, obispo de Grénoble, mártir, 670. Aunque Pío X confirmó en 1907 el culto del beato Ferreolo, apenas conocemos algo de su vida. Se dice que fue el décimo tercer obispo de Grénoble; pero, como lo hace notar Mons. Duchesne, este dato se apoya sobre la base de una débil tradición litúrgica. Algunos relatos posteriores cuentan que opuso resistencia a las exigencias del tiránico mayordomo de palacio, Ebroín, quien le desterró de su sede y le condenó a muerte.

-San Fulgencio, obispo, 638. Este Santo fue hermano de los Santos Leandro, Florentina e Isidoro, y nació por los años de 556. Dotado de un ingenio vivo y penetrante y de una elocuencia nada común, hizo asombrosos progresos en las ciencias divinas y humanas. Juntábase a esto un gran celo por la fe católica, por la que padeció sumos trabajos en el destierro que sufrió en Sevilla por orden de Leovigildo. Muerto este soberano, recayó el cetro en su hijo Recaredo, príncipe católico, con cuyo motivo volvió a Sevilla Fulgencio; pero habiendo ocurrido controversias con Pegasio, obispo de Ecija, Recaredo envió a Fulgencio para extinguir las discordias, y, conseguida la paz, creóle obispo de aquella Santa Iglesia. Después de gobernarla algunos años con prudencia y justificación, consumido de trabajos y lleno de merecimientos, murió por los años de 638. A petición de la mayor parte de los prelados españoles, Su Santidad Pío IX, de gloriosa memoria, elevó el rito del Oficio de este glorioso Santo a segunda clase el año de 1870, disponiendo se le rezase como doctor en todas las iglesias de España.

-San Honorato, obispo de Arles, abad de Fondi, en Campania, 429. Había nacido de una familia consular romana establecida en la Galia, y era muy versado en las artes liberales. Siendo joven, había renunciado a la adoración de los ídolos y había ganado a Cristo a su hermano Venancio, a quien inspiró igualmente el desprecio del mundo. Ambos deseaban retirarse de él, pero su padre les oponía constantes obstáculos. Finalmente, se embarcaron en  Marsella, llevando consigo como padre espiritual al ermitaño San Caprasio, con rumbo a Grecia, donde querían vivir ignorados en algún desierto. Venancio murió al poco tiempo, en Modón.  Honorato, que había caído enfermo también, se vio obligado a volver a la Galia con su maestro. Primero vivió como ermitaño en las montañas próximas a Fréjus. Cerca de la costa hay dos islitas: la de Santa Margarita, que entonces se llamaba Lero, y otra más pequeña y lejana, que dista dos leguas de Antibes, llamada entonces Lérins y actualmente San Honorato, en honor de nuestro santo que ahí se estableció. Cuando se le unieron otros compañeros, hacia el año 400, fundó el famoso monasterio de Lérins. Al gunos de sus compañeros vivían en comunidad y otros como anacoretas en celdas aisladas. San Honorato calcó la mayor parte de sus reglas en las de San Pacomio. Nada más atractivo que la descripción que hace San Hilario de Arles de las virtudes de esa comunidad de hombres de Dios, especialmente de la caridad y devoción que reinaban entre ellos. Una encantadora leyenda, desgraciadamente muy posterior, cuenta cómo Margarita, la hermana de Honorato, convertida finalmente del paganismo, fue a establecerse en la isla de Lerins para estar cerca de su hermano. Honorato prometió, no sin cierta dificultad, visitarla una vez al año, en la época de las mimosas. En cierta ocasión, Margarita, acosada de una cruel desolación de espíritu, deseaba ardientemente recibir los consejos de su hermano. Faltaban aún dos meses para que florecieran las mimosas, pero Margarita se arrodilló a hacer oración. Súbitamente, el aire se cargó de un perfume conocido; Margarita levantó los ojos y vio que junto a ella había florecido un árbol de mimosas. Margarita cortó algunas flores y las envió a su hermano, quien comprendió al punto y acudió fraternalmente a socorrerla. Fue la última vez que se vieron, pues Margarita murió poco después. Honorato, obligado a aceptar la sede epis copal de Arles en 426, murió allí en 429, agotado por las austeridades y el trabajo apostólico. Según asegura su sucesor, San Hilario, el estilo de sus cartas era claro y uncioso, delicado, elegante y lleno de suavidad. Es lástima que se hayan perdido sus escritos. El cuerpo del santo fue trasladado a Lérins en 1931, de suerte que la tumba del altar mayor de la iglesia que lleva su nombre en Arles, está vacía.

-San Melas, obispo de Rinocolure, hoy Faramida, en Egipto, que sufrió el destierro por defender la fe contra los arrianos s. IV. Melas nació en Rhinocolure, en Egipto, cerca de los límites con Palestina. Pertenecía a una familia pobre que le dio una educción cristiana. Vivía sin  ambición y sin brillo, como verdadero asceta, cuando fue elevado a la sede episcopal de su ciudad natal. En esta alta dignidad conservó su simplicidad, su amor a las mortificaciones y a la vida oculta. Se cree que fue consagrado por Atanasio. Su adhesión a la fe de Nicea le valió los honores de la persecución. Los enviados del emperador Valente, venidos para apoderarse de su persona, lo encontraron en su iglesia, ocupado en limpiar las lámparas. Melas les dejó en la ignorancia sobre su persona y su dignidad, les introdujo en la casa episcopal y les sirvió de comer él mismo. Al final les dijo: "Yo soy el mismo que vosotros buscáis". Llenos de respeto y de admiración, los comisarios le comunicaron las órde nes del emperador y se ofrecieron a facilitar su evasión. Melas rehusó y declaró que quería ser tratado como los otros prelados católicos. Marchó, pues, al exilio, menos por la violencia de sus enemigos que por el ardor    Se ignora el lugar donde fue relegado y lo que aconteció durante sus últi mos años. Algunos han supuesto que, habiendo sobrevivido a Valen te, pudo ser restablecido en su sede y morir en paz, bajo el gobierno de Teodosio. Su me moria se hace en el Martirologio Romano el 16 de enero.

-Santa Priscila, Roma, s. I. Es una desgracia que sepamos tan poco de Santa Priscila, que dio su nombre a la más antigua e interesante de las catacumbas y a quien el Martirologio Romano conmemora en este día. Parece haber sido la esposa de Manio Acilio Glabrio, el cual, según los historiadores paganos Suetonio y Dion Casio, fue condenado a muerte por Domiciano, bajo el pretexto de rebelión o de impiedad blasfema; tal vez esto significa que Manio Acilio Glabrio se había convertido al cristianismo. También es probable que Santa Priscila haya sido la madre del senador San Prudente y, por eso mismo, antepasada de las santas Práxedes y Prudenciana. Se cree que el apóstol San Pedro vivió en una casa de la Vía Salaria que pertenecía a Priscila, bajo la cual se construyó posteriormente una catacumba para conmemorar la sede de la actividad del primer Papa en Roma. En todo caso, no hay duda alguna de que la familia de Acilio Glabrio estaba íntimamente relacionada con ese sitio y que muchos de sus miembros eran cristianos, en los siglos II y III, y fueron enterrados en las catacumbas.

-San Ticiano, obispo, Treviso, Italia. Ticiano nació en Heradas, a orillas del mar Adriático. Su educación quedó al cuidado del obispo de Oderzo, Florián, quien le ordenó diácono y le encargó el cuidado de los pobres. Floirán tuvo que ir a tratar un negocio a la corte. Reunió a los fieles de su iglesia y les ordenó elegir otro obispo para el caso de que él no regresara al cabo de un año. Partió y, deseoso de encontrar el martirio, se puso a predicar el Evangelio en otras regiones. No regresó, en efecto, sino al cabo de un año, cuando, ya de común acuerdo, los fieles habían elegido a Ticiano como obispo. Este, al conocer el regreso de Florián, fue a suplicarle que volviera a asumir las funciones de su cargo. Pero Florián prefirió retornar a sus misiones evan gélicas. En cuanto a Ticiano, administró santamente la diócesis y se durmió en el Señor, después de una vida llena de méritos. La sede de Oderzo fue fundada probablemente a fines del siglo IV, lo que colocaría a Ticiano, patrón de la diócesis, en el siglo V. La ciudad fue destruida y la sede se trasladó a Ceneda, en el siglo VIII. Allí se trasladó también el cuerpo de Ticiano, patrón, desde entonces muy venerado, de Ceneda. Del martirologio de Usuardo y de otros, el nombre ha pasado al Martirologio Romano, el día 16 de enero.

-Beato José Tovini, terciario franciscano, Brescia, 1897. Nació el 14 de marzo de 1841 en Cividate Camuno, provincia italiana de Brescia. Recibió una educación especialmente austera. Sus estudios estuvieron a punto de interrumpirse, pero la intervención del sacerdote Giambattista Malaguzzi, tío materno, le consiguió un puesto gratuito en el colegio para jóvenes pobres, fundado en Verona por don Nicola Mazza. Pasó luego al seminario diocesano, donde fue muy apreciado por compañeros y profesores. La muerte de su padre, en 1859, y la difícil situación económica de la familia -era el mayor de seis hermanos- le hizo abandonar la idea de hacerse misionero, tras grandes luchas interiores. En 1860 se inscribió en la facultad de jurisprudencia de Padua: se ayudaba haciendo prácticas en el despacho de un abogado y dando clases particulares. En vísperas de doctorarse brillantemente en la universidad de Pavía, murió su madre. Al terminar sus estudios trabajó en el despacho de un abogado y en el de un notario de Lovere. Al mismo tiempo ejerció el cargo de vicerrector y profesor de un colegio municipal, tarea que desempeñó durante dos años: era el único que rezaba al comenzar y terminar las clases, y comulgaba cada domingo. En 1867 se trasladó a Brescia. Allí fue declarado idóneo para el ejercicio de la abogacía y trabajó desde 1868 con el abogado Corbolani, con cuya hija Emilia se casó siete años más tarde, el 6 de enero de 1875, decidiendo definitivamente su vocación. Tuvieron diez hijos, de los cuales uno fue jesuita y dos religiosas. Fue padre solícito y afable, educador atento, que inculcó en sus hijos los principios de la moral católica. Trató siempre de que la Iglesia tuviera una presencia cada vez más decisiva en el mundo del trabajo, lo que le llevó a hacer una propaganda intensa y constante para la fundación de las asociaciones obreras católicas. En su última relación pública, habló del apostolado de la oración, dirigiendo una apasionada invitación a la comunión eucarística. Admira su gran obra, a pesar de su poca salud. Falleció el 16 de enero de 1897. Lo beatificó Juan Pablo II en Brescia el 20 de septiembre de 1998.

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Sierva de Dios, María Francisca de Jesús Torres y Berriochoa.
Nació 1563 Biscaya, España. † Enero 16, 1635 Quito, Ecuador.
Mariana fue la primogénita de D. Diego Torres Cádiz y de Doña María Berriochoa Álvaro, que también tuvieron dos hijos varones; nació en el año 1563 en España. En 1556, las piadosas mujeres de Quito, en comunión de ideales con su primer obispo, Don García Díaz Arias, habían elevado ferviente petición al Rey de España, Don Felipe II, para la fundación de un Monasterio de la Limpia Concepción. La Navidad de 1534 fue una fiesta inolvidable para toda la comunidad, porque sabían que sus días se acortaban y todas querían unas palabras de la madre querida, que les decía entre otras cosas: "Mirad hijas mías, que mi destierro se ha prolongado mucho, todas mis hermanas fundadoras gozan ya de la visión de Dios, dentro de un mes y medio también yo os dejaré, como nos han dejado ellas".
La llama su biógrafo la "Monja que muere tres veces" porque se comprueba histórica y documentalmente que esta bendita monja, murió realmente en el año 1582; luego sigue viviendo y muere por segunda vez el 17 de septiembre de 1588, para resucitar y volver a morir definitivamente el 16 de enero de 1635 a la edad de 72 años.
A las tres de la tarde dejó de latir el corazón de Madre Marianita.

-San Dana o Danatte, mártir, s. IX.

-Santa Estefanía, virgen.

-San Fausto de Riez, Provenza, obispo, que escribió obras interesantes de teología y de ascética. Intervino en la contienda pelagiana y sus primeros escritos se resienten de semipelagianismo, 493.

-San Flaviano, anacoreta.

-San Fursy o Furseo, monje de Peronne, Francia, 653.

-San Frisio, confesor.

-San Generoso, abad.

-Santa Juana da Bagno de Romagna, virgen, Italia, 1105.

-San Julio, mártir.

-San Leobazio o Leobato, Abad.

-Santa Leonilla, mártir.

-Santa Liberada, hermana de San Epifanio de Pavia en Italia.

-Santos Marino y Esteban, mártires, Brescia, s. II.

-Santa Neonilla, mártir.

-San Nicolás, nuevomártir, de Mitelene, 1771.

-San Otón, mártir.

-San Pánfilo y compañeros, mártires de Cesaréa de Palestina, 309.

-San Pedro, mártir.

-San Rolando, abad.

-San Romilo de Ravenica.

-Santos Santiago y Marcelo, obispos de Tarantasia, s. V.

-San Teobardo, monje.

-San Titiano, obispo de Venice en Italia.

-San Tolomeo, mártir.

-San Troverio o Triviero, ascético sacerdote, 550.

-San Valero o Valerio, obispo de Sorrento, s. VII.

-Beata Blanca, abadesa.

-Beato Máximo el Fool-for-Christ de Totma, Vologda.

-Nuevos mártires Damascenos de Gabrovo.

-Hiero mártires Damascenos de Hilandar de Mt Athos.

-Mártires Danax el Reader, en Macedonia.

-Mártires de Jonilla (Vovilla), en Capadocia.

-Mártires de Turbo, en Capadocia.

-Mártires de Neon, en Capadocia.

-Veneración de las Preciosas Cadenas del Santo y Glorioso Padre Apostolado.
Grupo "Vidas Santas" †
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San Berardo y compañeros, mátires
San Fulgencio, obispo
San Fursy, monje
San Priscila, monaca
San Ticiano, obispo
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Beata Juana de Bagno de Romagna, virgen
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