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-San Basilio, obispo y doctor, Cesarea de Capadocia, 380. Nacido en Cesarea de Capadocia en 330. Sólo al morir el Emperador Valente, que protegía el arrianismo, comenzó a perfilarse la esperanza de una paz durarera para las iglesias orientales, aunque Basilio no vio más que la aurora de aquel día, porque su salud, ya muy resentida, lo abandonó definitivamente el primero de enero del año 379. Legó a la Iglesia un amplio y riquísimo patrimonio de tesoros espirituales: el monacato que él mismo había reorganizado y las famosas Reglas que habrían de gobernarlo durante muchos siglos; sus escritos teológicos, llenos de sabiduría y sensatez, que le hicieron merecedor del apelativo de Magno o el Grande y del título de Doctor de la Iglesia; y, no menos importante, la solemne liturgia que se denomina precisamente basiliana y que aún se celebra, algunos días al año, en el rito bizantino.

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San Telésforo, Papa. Entre los auxiliares de los Apóstoles en la promulgación de la fe cristiana, se refieren aquellos esclarecidos imitadores de los santos profetas Elías y Eliseo, habitantes del Monte Carmelo, donde en honor de la Santísima Vírgen edificaron un oratorio para darle culto, los cuales predicaban el Evangelio entre los gentiles y judíos esparcidos por Palestina, Samaria y otras provincias. Uno de los profesores de ese instituto fue San Telésforo, griego de nación, hombre de espíritu, cuya fama ilustró las regiones del Oriente y llegó a Roma, donde, conocido su mérito, después de la muerte del Papa Sixto I fue electo Sumo Pontífice en el día 9 del mes de abril del año 125. Después de haber gobernado la Iglesia once años, nueve meses y tres días, terminó su carrera con la gloria del martirio en tiempo del emperador Antonino Pío, en el día 5 de enero del año 136.

-San Adelardo, Abad. San Adelardo, nieto de Carlos Martel, abandonó la corte a la edad de veinte años para retirarse al monasterio de Corbie (Francia). Luis el Bonac sospechó que el santo había favorecido las pretensiones de su pupilo Bernardo, hijo de Pepino, a la sucesión de Carlomagno, y lo confinó a la isla de Noirmoutiers. Mas, reconociendo su error, lo llamó a la corte. A fuerza de insistentes súplicas obtuvo el santo que se le dejase volver a Corbie, para reasumir el gobierno de su monasterio. Mucho contribuyó, con el célebre Alcuino, a hacer que volviese a florecer en los monasterios el amor a la ciencia. Murió el 2 enero del año 827.

-San Gregorio Nacianceno o Nazianzo, arzobispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia, llamado "el Teólogo" por los orientales, murió en torno al año 390. Se retiró a la vida monástica y murió el año 374 en Arianzo, hoy Némisi, Turquía. Fue sepultado en su pueblo natal, en las cercanías de Nacianzo (Capadocia, en la actualidad Turquía), donde se había retirado para dedicarse a la vida contemplativa. Posteriormente, sus restos mortales fueron llevados y venerados en Constantinopla. El traslado de las reliquias a Roma está íntimamente vinculado a la historia del monasterio de las benedictinas de Santa María en el campo de Marte y del anexo oratorio de San Gregorio "de Nacianzo". Según la tradición, las veneradas reliquias fueron traídas a Roma por algunas monjas bizantinas de Santa Anastasia en Constantinopla, para evitar las persecuciones iconoclastas de los emperadores León III y Constantino V en el siglo VIII. Desde la iglesia de Santa María en el campo de Marte las reliquias fueron trasladadas, muy probablemente en la época del Papa León III (795-816), al cercano oratorio, que por ello fue denominado "San Gregorio". En un documento de junio del año 986 se halla el nombre de la abadesa Ana del monasterio de Santa María y de San Gregorio Nacianceno, "qui ponitur in Campo Martio". Durante todo el Medievo, las reliquias del santo Doctor se veneraron en este monasterio. El Papa Gregorio XIII (1572-1585), cuando en la nueva basílica vaticana se completó la primera capilla y se abrió al público, la inauguró el 12 de febrero de 1578, primer domingo de Cuaresma, colocando en ella la imagen de la "Virgen del Perpetuo Socorro", ya venerada en la antigua basílica. El mismo Papa, deseando enriquecer el mayor templo de la cristiandad con reliquias de santos insignes de la Iglesia, pidió a las monjas de Santa María en el campo de Marte poder transportar los valiosos restos de san Gregorio Nacianceno, hacia el que sentía una profunda devoción y admiración, a la basílica vaticana que se estaba erigiendo. Para favorecer la cesión por parte de las monjas, el Papa les dejó una reliquia perteneciente al brazo del santo.

-San Macario de Alejandría. abad de la Tebaida, hacia 395; es San Macario, el joven solitario de Nitria, hacia 395. Tenemos de él varias homilías espirituales y tratados ascéticos. Este varón santísimo, aunque nació en Egipto, fue presbítero de Alejandría. Hízose discípulo del gran Padre san Antonio abad, y salió tan perfecto, que san Antonio le dijo que el Espíritu Santo había reposado sobre él, y que él sería heredero de sus virtudes. Sabiendo que los monjes Tabemesioras no comían en toda la Cuaresma cosa que hubiese llegado al fuego, él hizo lo mismo por espacio de siete años. Enviaron una vez a san Macario unas uvas muy frescas y sabrosas: tuvo ganas de comer de ellas, mas para vencer aquel gusto y apetito no las quiso tocar; antes las envió a otro monje que estaba enfermo; recibiólas éste con agradecimiento, y por mortificarse tampoco las comió, sino enviólas a otro monje; y en suma las uvas anduvieron de mano en mano por todos los monjes Y volvieron a san Macario, el cual dio gracias al Señor por la virtud de todos aquellos santos. Finalmente, lleno de virtudes y merecimientos, murió de edad muy avanzada por los años 394 de la era de Cristo, dejando a los monjes preciosísimos documentos de altísima perfección. La vida de este santo la escribió Paladio, que moró tres años con él en la soledad.

-San Gaspar del Búfalo, Confesor, 1786. Nació en Roma el 6 de enero de 1786. Su obra de evangelización comenzó entre algunos campesinos que habían transformado el foro romano en un depósito y mercado de heno. Dos años después de haber sido ordenado sacerdote, conoció la cárcel, por haberse negado a prestar juramento de fidelidad a Napoleón. Con la caída de Napoleón, vino su liberación. Pío VII y León XII le encargan las misiones populares para la restauración religiosa y moral del Estado Pontificio. En 1815 funda la Congregación de los Misioneros de la Preciosísima Sangre, y en 1834 con la colaboración de María de Mattias, funda el Instituto de las Hermanas Adoratrices de la Preciosísima Sangre. Murió en Roma el 28 de diciembre de 1837. Fue beatificado en 1904 y canonizado en 1954 por el Papa Pío XII.

-San Vicenciano, ermitaño, 672. La única fuente de información que poseemos sobre este santo es muy poco de fiar. Se trata de una biografía cuyo autor, un diácono llamado Hermemberto, intenta hacerse pasar por tutor de Vicenciano, aunque vivió lo suficiente para escribir esta vida después de muerto su pupilo. Según dicha biografía, Vicenciano perdió a sus padres cuando era todavía muy niño, y fue educado por un tal Beraldo, duque de Aquitania. De acuerdo con Didier, obispo de Cahors, Beraldo decidió que un talento tan brillante como el de Vicenciano no podía encontrar mejor empleo, que sirviendo a Dios en el sacerdocio. Pero Beraldo murió poco después y su hijo y heredero obligó al obispo a enviar a Vicenciano a servir en los establos del nuevo duque. Para entonces Vicenciano había adquirido ya una ferviente piedad; repartió, pues, sus vestidos entre los pobres, se negó a casarse con la mujer que su señor quería imponerle y, por último, ante la fuerza de los golpes y de las amenazas, huyó al bosque, donde vivió como ermitaño. Inútil hablar de los extravagantes milagros que caracterizan cada una de las etapas de su vida. Vicenciano murió, como le había sido revelado en una visión, el 2 de enero del año 672. Un carro tirado por dos bueyes transportó las reliquias del santo al sitio que éstas iban a hacer famoso. En el camino, un oso mató a uno de los bueyes, pero un discípulo del santo mandó al oso que ocupara el sitio del buey que había matado, y la fiera obedeció dócilmente y se puso a tirar del carro.

-Beata Estefanía Quinzani, virgen, 1740. Nació el 7 de septiembre de 1457 en Orzinuovi cerca de Brescia (Italia). Hija de campesinos se dedicó con sus padres al cultivo de los campos. Ya desde niña hizo el voto de virginidad y llevada por este deseo de perfección entró en la Orden seglar a los quince años. Después de vivir varios años en Crema, se estableció en Soncino (Cremona) donde fundó y dirigió un floreciente monasterio de religiosas dominicas dedicadas a la educación de las jóvenes. La vida espiritual de la beata Estefanía, dominada por la contemplación de la pasión de Cristo, entra de lleno en la genuina tradición dominicana que indica como camino para realizar la conformación espiritual con Cristo crucificado esta ardiente contemplación de sus dolores. Este fervor de la beata Estefanía se manifestó con fenómenos extraordinarios: éxtasis, llagas, dolores agudísimos. Durante cuarenta años tuvo una gran aridez de espíritu, soportando con fortaleza dudas y tentaciones y la sensación de privación del amor divino y de la devoción. Trabajó con gran afán al servicio de los pobres y de la paz. Almas santas amigas acudieron a su consejo atraídas por el mismo amor a Cristo crucificado entre otras santa Ángela Merici, el beato Mateo Carreri y la beata  Hosanna de Mantua. Murió en Soncino y sus reliquias, salvo su cabeza, se veneran desde 1748 en la iglesia de S. Liborio en Colorno (Parma). Su culto inmemorial fue confirmado por Benedicto XIV el día 14 de diciembre de 1740.

-San Argeo de Tomis, mártir, 320. Los tres santos hermanos Argeo, Narciso y Marcelino, niño, en Tomis, en el Ponto, siendo de tierna edad el último de ellos, cayó soldado en las levas que mandó verificar el Emperador Licinio; y porque rehusó servir con los enemigos de los Cristianos, fue preso y azotado cruelmente, y encarcelado mucho tiempo; y últimamente lanzado en el mar consumó su martirio, y sus dos hermanos fueron degollados.

-Beata Marie-Ane Blondin, Esther Blondin, Hermana Marie-Anne, nace en Terrebonne (Québec, Canada), el 18 abril de 1809, dentro de una familia hondamente cristiana. Al igual que todo profeta investido por una misión en favor de los suyos, Madre Marie-Anne vivió la persecución, perdonando sin restricción, pues estaba convencida que "hay más felicidad en perdonar que en vengarse". Este perdón evangélico era para ella la garantía de "la paz del alma" que ella consideraba como "el más precioso bien". Dió un último testimonio de eso en su lecho de agonía cuando pidió a su superiora llamar al Padre Maréchal "para edificar a las Hermanas". Frente a la muerte, Madre Marie-Anne deja a sus hijas a manera de testamento espiritual, estas palabras que resumen su vida: "Que la Eucaristía y el abandono a la Voluntad de Dios sean vuestro cielo en la tierra". Entonces se apagó apaciblemente en la Casa madre de Lachine, el 2 de enero de 1890, "feliz de irse donde el Buen Dios" que ella había servido toda su vida.

-San Serafino de Sarov, monaco russo, 1833, nació en el año 1759, con el nombre de Prójor Moshnin en la ciudad Kursk en una familia de comerciantes. Cuando tenia 10 años se enfermó gravemente y en un sueño se le apareció la Madre de Dios, que prometió sanarlo. Pocos días después en Kursk se hizo una procesión con el icono milagroso de Nuestra Señora de Kursk. Debido al mal tiempo la procesión tomó un camino más corto que pasaba cerca de la casa de los Moshnin. Después de que la madre de Prójor haya apoyado el icono sobre la cabeza de su hijo enfermo, éste se empezó a curar rápidamente. Durante su adolescencia, el muchacho tenía que ayudar a sus padres en el negocio, pero el comercio no lo atraía. El joven gustaba leer vidas de santos, ir a la iglesia y orar en soledad. Su consagración monástica, con el nombre de Serafín, tuvo lugar en el año 1786 (a los 27 años). El nombre Serafín en hebreo significa "ardiente, lleno de fuego." Poco después fue consagrado como hierodiácono (diácono monje). Él justificaba su nombre con sus ardientes oraciones y pasaba todo el tiempo (salvo mínimos descansos) en el templo. Durante estos esfuerzos de oraciones y servicios religiosos, san Serafín fue honrado de ver a ángeles, que cantaban y cooficiaban en el templo. Un Jueves Santo, durante la Liturgia él contempló al Mismo Señor Jesucristo en la forma de Hijo de Hombre, Quien entraba en el templo junto con huestes celestiales y bendecía a los fieles que oraban. Paralizado por esta visión el santo no pudo hablar por mucho tiempo. Al final de su vida, tras una visión especial de la Madre de Dios, san Serafín asumió la tarea de ser starez y empezó a atender a todos los que venían buscando su consejo y dirección espiritual. Miles de visitantes de diferentes clases sociales venían a verlo y él los enriquecía con sus tesoros espirituales adquiridos durante muchos años de trabajo. Todos lo veían alegre, manso, cordial, meditabundo y con el alma abierta. A la gente le decía, a modo de saludo, "Alegría mía." A muchos aconsejaba: "Busca lograr tener el espíritu en paz y miles se salvarán a tu alrededor." Saludaba a todos sus visitantes, inclinándose hasta el suelo, los bendecía y les besaba las manos. No hacía falta contarle las preocupaciones pues el starez sabía lo que cada persona tenía en su alma. También decía: "Ser alegre no es un pecado, pues la alegría aleja el cansancio, que causa el desaliento, y esto es lo peor."
A un monje le decía una vez: "Si tú supieras que alegría, que dulzura espera al alma del justo en el cielo, aceptarías todas las penas, las persecuciones y las calumnias agradecido. Hasta si esta misma celda estuviera llena de gusanos y estos comieran nuestro cuerpo durante toda la vida, uno debería aceptar todo esto con ganas, para no ser privado de la alegría celestial que preparó Dios para los que Lo aman."
Motovilov, un discípulo cercano y venerador de san Serafín, fue testigo de la milagrosa transfiguración de su rostro. Esto pasó en el bosque durante el sombrío invierno. Era un día nublado, Motovilov estaba sentado sobre un tronco y san Serafín se encontraba frente a él en cuclillas y hablaba sobre el sentido de la vida cristiana y explicaba para que vivimos nosotros, los cristianos, en la tierra: "Es necesario, que el Espíritu Santo entre en el corazón. Todo lo bueno que hacemos por Cristo nos da el Espíritu Santo, pero sobre todo la oración, que está siempre a nuestro alcance.""Padre - le contestó Motovilov - ¿cómo puedo ver yo la Gracia del Espíritu Santo y saber si está conmigo o no?" San Serafín le dio ejemplos de la vida de santos y apóstoles, pero Motovilov seguía sin entender. Entonces el starez lo tomó fuerte del hombro y le dijo: "Ambos estamos ahora en el Espíritu de Dios." Motovilov sintió como que se le abrieron los ojos y vio que el rostro del santo era más luminoso que el sol. En su corazón Motovilov sentía alegría y silencio, su cuerpo percibía un calor como si fuera verano y alrededor de ambos se sentía un perfume agradable. Motovilov se asustó por este cambio milagroso, principalmente por la luminosidad del rostro del Santo. Pero san Serafín le dijo: "No tema, padre, Usted no podría ni siquiera verme, de no estar también en la plenitud del Espíritu Santo. Agradézcale al Señor por Su benevolencia hacia nosotros."
Así Motovilov entendió con su mente y corazón lo que significa el descenso del Espíritu Santo y como trasforma El a un hombre.
La Iglesia recuerda a San Serafín el primero de agosto y el 15 de enero (19 de julio y 2 de enero según el calendario eclesiástico, el juliano).

-San Abel, Antiguo Testamento, Personaje Bíblico, El Génesis nos narra su vida. El Nuevo Testamento y la liturgia le otorgan el título de “justo”. Del hebreo: soplo de viento (a C.). Mártir Segundo hijo de los primeros padres biblicos Adán y Eva (Gn 4,1 ss.) Hermano menor de Caín. Yaveh aceptó con agrado el sacrificio de Abel que era pastor y no así el de Caín dedicado a la agricultura, éste dio muerte a su hermano a causa de la envidia. El Génesis no explica por qué fue preferido el sacrificio del cordero. La exégesis posterior, indica como motivo la maldad del asesino y la virtud de Abel. Se representan ambos con vestimenta de pastores, haz de espigas, un cordero. Ocasionalmente, la aceptación del holocausto se simboliza con la mano de Dios que surge de entre las nubes.
Se atribuye también a su “fe” el hecho de que su ofrenda haya sigo agradable a Dios. Además manifiesta la eficacia del sacrificio de Cristo, afirmando que su sangre “habla mejor que la de Abel”.
Los Padres de la Iglesia han visto en la figura bíblica de Abel, el primer inocente del Antiguo Testamento, una prefiguración de Cristo.

-Beato Guillermo Repin, sacerdote y mártir, 1794. Sacerdote de la dioceses de Angers, nació el 26 de agosto de 1709 en Thouarcé, Maine-et-Loire, Francia. Muere martirizado en la Revolución Francesa junto con otras noventa y siete personas el 2 de enero de 1794 en Angers, Maine-et-Loire, Francia. Sus virtudes heroicas fueron aprobadas el 9 de junio de 1983, fue beatificado el 19 de febrero de 1984 junto con noventa y siete compañeros de la Revolución Francesa de 1792 al 1796.

-Beato Marcolino da Forli, monje dominico, 1397. El nombre de familia de Marcolino era Amanni. Se cuenta que el beato entró en la orden de Santo Domingo, a los diez años de edad. Sus cualidades más notables eran la exacta observancia de las reglas, el amor a la pobreza y a la obediencia, pero sobre todo, el espíritu de humildad, que le impulsaba a evitar todas las ocasiones de hacerse notar, encontrando su mayor gozo en el ejercicio de los oficios más bajos y humildes. Se nos dice también que practicaba rigurosas penitencias corporales, que amaba mucho a los pobres y a los niños, y que el cielo le favorecía con frecuentes éxtasis. Tan prolongadas y constantes eran las oraciones de Marcolino que, a su muerte, se descubrió que sus rodillas eran dos enormes callos. El beato Raimundo de Capua, superior general de la orden de Santo Domingo, tenía en alta estima al P. Marcolino, aunque la timidez de éste le había impedido colaborar activamente en la reforma de la Orden de Predicadores, a raíz de la peste negra y de las dificultades producidas por el Gran Cisma. El P. Marcolino, que había predicho su muerte, según se cuenta, falleció en Forli, el 2 de enero de 1397, a los ochenta años de edad. Para sorpresa de sus hermanos, a cuyos ojos había pasado inadvertida la santidad del religioso, una gran multitud asistió a sus funerales, congregada, según dice la leyenda, por un ángel disfrazado de niño que había anunciado la noticia por los alrededores. El culto al beato fue confirmado en 1750.

-San Mainchin, Obispo, Limerick, siglo VII

-San Silvestre de Troina, abad, 1164.

-San Teodóro de Marsiglia, obispo, 594.

-San Juan El Bueno, Obispo de Milán, 659.

-San Defendente de Tebe, mártir, 286.

-San Airaldo de Saint-Jean-de-Maurienne, monaco y obispo, 1146/1160

-Un grupo numeroso de mártires en Roma bajo Diocleciano, 304.

-San Isidoro, obispo y mártir en Antioquía, 420.

-San Martiniano, obispo, Milán, 431.

-San Isidoro. obispo, en Nitria, Egipto, s. IV.

-San Siridión, obispo.
Grupo "Vidas Santas" †
San Gregorio de Nazianzo, 391
San Macario de Alejandría
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San Adelardo
San Gaspar del Búfalo, Confesor, 1786
Beata Estefanía Quinzani, (Imágen de santibeati.it)
Beata Marie-Ane Blondin, Esther Blondin
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Beato Marcolino da Forli