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-San Severino, apóstol de la Nórica y otras regiones danubianas, 482. Su ambiente fue bronco y decisivo. Si su silueta histórica es de ejemplar, sus coordenadas geográficas también resultan asimismo muestra de la tónica general del momento. El origen de Severino es un misterio; pero más importa su obra que su fuente. A su estío austero y tan poco de este mundo, conviene maravillosamente este pasado en nieblas. Por su trato exquisito, su lenguaje escogido y su cultura hizo sospechar cuna italiana. Con ello seria una vez más Roma la madre de los pueblos. Los herederos de Atila se disputaban el reino húngaro y los confines del Danubio. Era ésta una de las primeras versiones de la gran defensa del Asia frente a la Europa culta: el hielo. Contrasta con el escenario abigarrado de violencia, la figura de Severino el monje que llevaba una vida pobre, casta, pacífica, los hielos, ni las distancias, ni los peligros de caer en manos de las partidas guerreras incontroladas, pusieron freno a su caridad, que era larga como cruel la barba de los invasores. En tanto, Odoacro, ya rey de Italia por la caída del Imperio, no olvidó la profecía que de este triunfo le había hecho el santo abad y, en su memoria, él, arriano, no se contentó con no perseguir a los católicos, sino que los protegió deferentemente. Fue el último homenaje de los pueblos bárbaros al Santo y como el adelanto y primera cosecha de la educación que había de hacer la Iglesia a través de toda la Edad Media, sobre estos pueblos. Severino, sintiéndose próximo a la muerte, llamo al rey Fleteo y a su hermano Federico de Nórica, que acudieron a Fabiena para recoger el testamento del monje. Veo cercana la muerte, les dijo. por eso os conjuro a que respetéis la hacienda de vuestros súbditos y proveáis los monasterios faltos de mi ayuda a causa de mi muerte." Desde entonces se entregó a la preparación para el trance y a cuantos le visitaban, les anunciaba día y hora que había conocido por revelación. Llegado el momento, abrazando a los monjes y con el salmo 150 en los labios, murió: "Laudate Dominum in sanctis eius..." Era el 8 de enero del 482. Los hielos del Danubio echaron de menos desde aquel invierno los pies de Severino evangelizando paz, evangelizando bien.

-Santa Gúdula, virgen, patrona de Bruselas, 710. Según un escritor, la Santa nació en Brabante (Pagus Brachatensis), región situada en la parte central de la actual Bélgica y que ha tenido a lo largo de la historia un gran influjo en la historia del país, en el año 650 en el seno de una aristocrática familia franca. Fue hija de Witger, duque de Lorena, y de Santa Amalberga. En el monasterio de Nivelles y bajo la tutela de su santa madrina fue educada la niña, según la costumbre de las familias en esta época. Muerta Santa Gertrudis en 659, volviese a la casa paterna. Según unos, vivió recluida en el oratorio de San Salvador de Moorsel, a pocas millas de su pueblo natal. Según otros, permaneció en casa de sus padres, llevando una vida extraordinaria de piedad y recogimiento. Hubert, nos presenta a Santa Gúdula como una mujer consagrada en cuerpo y alma al socorro del prójimo. En una ocasión vino a su encuentro una leprosa llamada Emenfreda. La Santa examinó sus llagas, la consoló con dulces pensamientos y después la curo. La noticia de estos prodigios se extendió rápidamente por toda la región. Y una multitud de desgraciados acudía a ella en busca de socorro. Tras breve enfermedad murió, probablemente el 8 de enero de 712. Hubert nos describe la desolación de las pobres gentes de la comarca que estaban acostumbradas a ver en ella una especie de hada protectora. Fue enterrada en Vilvoorde. Después de algún tiempo fue trasladado su cuerpo a Moorsel, donde se estableció un monasterio de religiosas que duró poco tiempo. Más tarde sus restos mortales fueron confiados a Carlos de Francia, hijo de Luis, duque de la Baja Lorena. Probablemente en 977. Durante unos 60 años su cuerpo reposó en la iglesia de San Géry de Bruselas, entonces simple capilla castrense, construida junto a la residencia condal. Por fin, el conde de Lovaina, Lamberto II, hizo trasladar en 1047 el precioso depósito a la iglesia de Molemberg, dedicada a San Miguel, que fue probablemente la primera parroquia de Bruselas y que después cambió su nombre por el de Santa Gúdula.

-San Lorenzo Justiniani (5 septiembre), Venecia, 1455. Fue de la nobilísima familia Justiniana, muy principal en la república de Venecia. Desde niño mostró tanto seso, que ya parecía viejo en la tierna edad. A los diez y nueve años, con una maravillosa visión que tuvo de la divina Sabiduría, se movió a dejar el mundo, y tomó el hábito de los canónigos regulares en el monasterio de San Jorge de Alga. Mortificó los apetitos y blanduras de la carne, como si ésta fuera su principal enemigo, con ayunos, disciplinas, cilicio y otras penitencias, cosa en él más admirable por ser flaco de complexión. De este modo trataba su cuerpo; mas las virtudes de su alma ¿quién las podrá en breve expresar? Fue humildísimo, devotísimo y de grande eficacia en su oración. Diciendo Misa en la noche de Navidad, quedó elevado y absorto en la visión del Niño Dios recién nacido, y al volver en sí el ministro que le servía: "¿Qué haremos (le dijo el santo) de este Niño tan hermoso?". Era superior del monasterio, cuando Eugenio IV le nombró obispo de Venecia; y no se puede fácilmente creer cuanto lloró y trabajó por huir de aquélla cátedra episcopal, donde al fin hubo de sentarse. Siempre vistió el hábito azul de su religión y más bien que obispo, parecía padre de todos los pobres. Desvelábase el santo en atender bien a sus necesidades ocultas y remediarlas, especialmente las de los pobres que de ricos habían caído en miserias: y de mejor gana daba a los pobres la comida y el vestido o la cama, que no dineros para comprarlos; examinaba la necesidad de cada uno y tenía personas virtuosas y prudentes diputadas para ello; pero, no quería que fuesen muy curiosas, sino que algunas veces se dejasen engañar, juzgando que es mejor dar alguna vez al que no tiene necesidad, que dejar de dar al que la tiene. Pidióle un deudo suyo que le ayudase para, casar honradamente a una hija, y él le respondió que poco, no lo había menester; y mucho, no se lo podía dar sin hacer agravio, a muchos pobres. Tuvo insigne don de profecía, penetraba los secretos del corazón y hacía muchos milagros. Un día, celebrando en la catedral, llevóle el espíritu de Dios a la celda de una religiosa impedida, y le dio la comunión, sin dejar por eso de verse presente también en el altar. Nicolás V le consagró por primer patriarca de Venecia. En fin, después de haber santificado aquella república, y escrito preciosos libros, llenos de doctrina y de un suavísimo espíritu del Señor, entendiendo que se acercaba la hora de su partida de este mundo, se hizo llevar en brazos a la iglesia, y allí, recibidos los santos sacramentos y dando la última bendición a su amado pueblo, entregó su espíritu al Señor, quedando el cadáver sesenta y siete días que tardaron en sepultarlo, sin corrupción y con una fragancia del cielo.

-Beata Eurosia Fabris Barban, terciaria franciscana, Italia, 1932. Nació en Quinto Vicentino, pequeña localidad situada cerca de la ciudad de Vicenza (Italia), el 27 de septiembre de 1866; sus padres eran campesinos. En 1870 la familia se trasladó a Marola, otro pueblo de la provincia de Vicenza, donde Eurosia pasó toda su vida. Sólo pudo ir dos años a la escuela, entre 1872 y 1874, pues tuvo que ayudar a su padre en los trabajos del campo y a su madre en los quehaceres domésticos. En la escuela aprendió al menos a leer y escribir. Eso le permitió leer la sagrada Escritura y algunos textos de contenido religioso, como el Catecismo y la historia sagrada. A los doce años recibió la primera Comunión. Desde ese día comulgaba en todas las fiestas religiosas, pues en ese tiempo no estaba permitida la Comunión diaria. Cultivó una ferviente devoción al Espíritu Santo, a Cristo crucificado, a la Virgen María y a las almas del Purgatorio. Su amor a María se vio favorecido por la cercanía del santuario de la Virgen de Monte Berico, que se divisaba desde su pueblo. A los dieciocho años era una joven responsable, piadosa y laboriosa. Estas virtudes y su belleza no pasaron desapercibidas, y recibió varias propuestas de matrimonio, que no tomó en consideración. El matrimonio se celebró el 5 de mayo de 1886 y se vio coronada con nueve hijos. Cumplió con la máxima fidelidad sus deberes de esposa y madre: profunda comunión con su marido, del que se hizo consejera y consoladora; tierno amor a todos sus hijos; laboriosidad incansable; intensa vida de oración, amor a Dios y devoción a la Eucaristía y a la Virgen María. Entró en la Tercera Orden Franciscana -hoy llamada Orden Franciscana Seglar-, y vivió su espíritu de pobreza y alegría en el trabajo y en la oración, en la alabanza a Dios creador, fuente de todo bien y de toda nuestra esperanza. Convirtió su familia en una auténtica iglesia doméstica, donde supo educar a sus hijos en la oración, la obediencia, el temor de Dios, el sacrificio, la laboriosidad y las demás virtudes cristianas. Así se sacrificó y consumó, día a día, como una lámpara en el altar de la caridad. Murió el 8 de enero de 1932. Fue beatificada el 6 de noviembre de 2005 por el Cardenal José Saraiva Martins, bajo el mandato del Papa Benedicto XVI.

-Santos Luciano, Maximino y Juliano, mártires, Beauvais. La tradición les hace compañeros de San Dionisio en la evangelización de las Galias. Se dice que Luciano predicó el Evangelio en la Galia, en el siglo III, y que venía de Roma. Quizás fue uno de los compañeros de San Dionisio de París, o por lo menos de San Quintín. Selló el testimonio de su vida con su sangre, en Veauvais, alrededor del año doscientos noventa, bajo Juliano, quien había sucedido al perseguidor Riciovaro en el gobierno de la Galia. Maximiniano y Mesiano o Julián, compañeros de San Luciano, fueroncoronados con el martirioen el mismo sitio, poco antes que él. Las reliquias de los tres mártires se descubrieron en el siglo VII, según cuenta San Ouén en su vida de San Eligio, y colocadas en sendos relicarios en la abadía de su nombre, fundada en el siglo VIII. Rabano Mauro afirma que las reliquias de estos santos eran famosas por los muchos milagros que obraban en la época en que él escribía, es decir, un siglo más tarde. El Martirologio Romano y la mayoría de los calendarios del siglo XVI ponen simplemente a San Luciano en la lista de los Mártires; pero en un calendario compilado durante el reinado de San Luis, figura como obispo, y en Beauvais se le honra como tal.

-San Tórfino, obispo, Hamar, 1285. El año 1285 murió, en el monasterio cisterciense de Ter Doest, cerca de Brujas, un obispo noruego llamado Torfino. Como nunca había llamado la atención, cayó pronto en el olvido. Pero cincuenta años después, cuando se efectuaban algunos trabajos de albañilería, su tumba fue abierta y se desprendió de ella un olor suavísimo. El abad empezó a investigar y encontró entre susmonjes a uno, llamado Walterio de Muda, que recordaba todavía la estancia del obispo en el monasterio y la impresión de bondad y firmeza que había producido en los monjes. El mismo Walterio había escrito un poema sobre el santo obispo y lo había depositado en su ataúd. A pesar del tiempo transcurrido, el poema se encontraba aún intacto. El abad vio en ello una señal del cielo de que había que perpetuar la memoria del santo obispo, y encomendó a Walterio que consignara por escrito sus recuerdos. No obstante esto, sabemos muy poco de la vida de San Torfino. Había nacido en Trondhjem, y es probable que haya sido canónigo de la catedral de Nidaros.

-San Severino, obispo de Nápoles o Semtémpeda, 540. San Severino, Obispo, en Nápoles de Campania, hermano de San Victorino, mártir, que acabó felizmente su vida lleno de santidad y milagros. La antigua población de Semtémpeda, en la Marca de Ancona, se llama en la actualidad San Severino y debe su nombre al santo que parece haber sido su obispo a mediados del siglo VI. Era hermano de San Victorico. Adón le identifica en su martirologio con un mártir del mismo nombre. La confusión proviene, probablemente, de la translación de las reliquias de San Severino de Nórico a Nápoles, lo cual indujo a Ado a identificarle con el San Severino italiano. El Martirologio Romano sigue esta tradición, pero en realidad no hay ninguna razón para pensar que San Severino de Septémpeda haya tenido algo que ver con Nápoles.

-San Paciente, obispo de Metz, s. Il. Los Bolandistas, en su Acta Sanctorum, vol. I, p. 469, en el día 8 de enero, han dado una vida de este santo, escrita por un monje de "Saint-Arnoul", de Metz. Esta vida se considera como fábula. Por un catálogo de los obispos de Metz, que se remonta aal año 775, y que fue insertado en el siglo IX en el sacramentario de Drogon, conocemos la existencia de este santo obispo. Está caracterizado por este verso que contiene un juego de palabras: "Quartus adest Patiens bene quem patientia compsit". Así Paciente sería el cuarto obispo de Metz, después de San Clemente. Se dice que construyó la iglesia de Saint-Arnoul y que allí fue inhumado. Su fiesta se celebra el 8 de enero.

-San Apolinar o Claudio Apolinar, obispo de Hierápolis, en Asia, que brilló por su ciencia bajo el gobierno de Marco Antonino Vero, 180. San Apolinar, Obispo de Hierápolis, en Frigia, ciudad del Asia, e impugnador de los montanistas, s. II. Dedicó un libro a Marco Aurelio sobre la fe de los cristianos, y de su pluma salieron cinco libros contra los gentiles y dos sobre la verdad. Foreció en santidad y doctrina imperando Marco Antonino Vero.

-Santos Teófilo y Eladio, quemados en África por los perseguidores romanos. Los Santos Mártires Teófilo, diácono, y Eladio, en Libia, los cuales fueron primeramente despedazados, después heridos con agudísimos fragmentos de vasijas de barro por todo el cuerpo, y al fin lanzados en el fuego dieron sus almas a Dios.

-San Eugeniano, obispo de Autum y mártir, 340.

-San Máximo, obispo de Pavía, s. Vl.

-San Everardo o Evhardo, misionero en Alemania, s. VIII.

-San Froberto, abad, Troyes, 673.

-San Carterio, mártir en Grecia bajo Diocleciano.

-San Atico, patriarca de Constantinopla, 425.

-San Ciro, patriarca de la misma ciudad, 714.

-San Alberto, obispo, Cachel y Erardo, obispo, Ratisbona.

-Beato Eduardo Waterson, mártir.

-San Jorge el Chozibita, eremita.

-San Natalán, obispo, Aberdeen-Shire.

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Siervo de Dios, Arturo Celestino Álvarez, obispo, Venezuela, 1952. Nació en Clarines, Estado Anzoátegui, fue obispo de las diócesis de Maracaibo quien gobernó entre los años 1910 y 1920. Del Zulia pasó luego a ser Obispo de Calabozo, y allí gobernó entre los años 1921 y 1952. Su madre, Justa Álvarez lo preparó desde niño para la vida religiosa. Cursó estudios en el Colegio de Primera Categoría de Calabozo, graduándose de bachiller en filosofía y letras en 1888. Inició estudios religiosos en el Seminario de Calabozo, trasladándose luego al Seminario de Santa Rosa de Lima en Caracas, donde obtuvo la ordenación sacerdotal en 1893. Al año siguiente recibió el título de doctor en ciencias eclesiásticas en la Universidad Central de Venezuela. Designado teniente cura de la parroquia de Zaraza, se desempeñó como vicario de esta población por espacio de 17 años hasta el 6 de junio de 1910, cuando fue designado titular de la diócesis de Maracaibo. Consagrado por el Delegado Apostólico tomó posesión de su nuevo cargo el 15 de noviembre de 1910. Arturo Celestino Alvarez permaneció en Maracaibo hasta el 29 de septiembre de 1920. Luego tras la muerte de monseñor Felipe Neri Sandrea, Arturo Celestino Álvarez fue designado como tercer obispo de Calabozo el 15 de mayo de 1921. Regresó a Maracaibo en 1942 con motivo de la coronación de la Virgen de Chiquinquirá, puesto que obtuvo del Papa Benedicto XV. Muere en Calabozo el 8 de enero de 1952.
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