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-Santa Eulalia, virgen y mártir, sufrió el martirio en Barcelona en tiempo de Diocleciano, 304. Eulalia significa: "la que habla bien" Eu = bien, Lal = hablar. Santa Eulalia es una de las santas más famosas de España. Los datos acerca de su vida y de su muerte los encontramos en un himno que en honor de ella se escribe el poeta Prudencio en el siglo cuarto. Y allí se cuenta lo siguiente: Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció el decreto del emperador Diocleciano prohibiendo a los cristianos dar culto a Jesucristo, y mandándoles que debían adorar a los falsos ídolos de los paganos. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes tan injustas y se propuso protestar entre los delegados del gobierno. Viendo la mamá que la jovencita podía correr algún peligro de muerte si se atrevía a protestar contra la persecución de los gobernantes, se la llevó a vivir al campo, pero ella se vino de allá y llegó a la ciudad de Mérida. Eulalia se presentó ante el gobernador Daciano y le protestó valientemente diciéndole que esas leyes que mandaban adorar ídolos y prohibían al verdadero Dios eran totalmente injustas y no podían ser obedecidas por los cristianos. Entonces el juez pagano mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas. La hermosa cabellera de Eulalia se incendió y la jovencita murió quemada y ahogada por el humo.

-San Alexis, obispo de Kiew, Rusia, 1364. San Alexis, bautizado como Eleuterio, hijo de un boyardo de la ciudad de Chernigov llamado Fedor Biakont, nació en Moscú y tuvo como padrino en la Santa pila bautismal al príncipe Juan Kalitá. Cuando tenía 13 años tuvo un llamado especial de Dios. Un día instaló las redes para cazar los pájaros y de repente escucha una voz diciéndole: "¿Por qué cazas a los pájaros Alexis? Tú debes ser el cazador de los hombres." El joven Eleuterio decidió dedicar su vida al servicio de Dios y se ordenó monje en el Monasterio de Epifanía en Moscú, con el nombre de Alexis. Vivió 20 años en este monasterio y se hizo conocer por su sabiduría y sus esfuerzos espirituales. Para poder comprender mejor los escritos por los Santos Padres de la Iglesia aprendió el idioma griego. San metropolita Alexis dirigía a la Iglesia en aquel peligroso tiempo cuando el poder del Gran Duque, quien gobernaba en Moscú, disminuyó y hasta gobernaban otros. Esto ocurría en los tiempos del Gran Duque Juan El Rojo y empeoró después de su fallecimiento en el año 1359. Antes de su muerte (12 de febrero de 1378) santo Alexis tuvo el consuelo de ver reafirmado el trono del Gran Ducado de Moscú y la Rusia en el camino de liberación del duro y multisecular yugo de los tártaros.

-San Antonio, obispo de Constantinopla en tiempo del emperador León VI, 356. San Antonio o Antón de Egipto, llamado también el Abad, el Ermitaño o el Grande (Heraclea, Egipto, 251- Monte Colzim, Egipto, 356) fue un monje cristiano, fundador del movimiento eremítico. El relato de su vida, transmitido principalmente por la obra de san Atanasio, es más que nada una idealización de un personaje con el fin de evangelizar a sus contemporáneos. Presenta la figura de un hombre que crece en santidad y lo convierte en modelo de cristianos. Tiene elementos históricos y otos de carácter legendario; se sabe que abandonó sus bienes para llevar una existencia de ermitaño y que atendía varias comunidades monacales en Egipto, permaneciendo eremita. De acuerdo a la leyenda, alcanzó los 105 años de edad. Se le venera como santo patrono de los amputados, protector de los animales, los tejedores de cestas, los fabricantes de cepillos, los carniceros, los enterradores, los ermitaños, los monjes, los porquerizos y los afectados de eczema, epilepsia, ergotismo, erisipela, y enfermedades de la piel en general.

-San Benito Aniane, abad, m. 821. Benito fue hijo de Aigulfo de Maguelone; servía de escanciador al rey Pepino y a su hijo Carlomagno. A la edad de veinte años resolvió buscar el Reino de Dios con todo su corazón. Tomó parte en la campaña de Lombardía, pero, después de haberse casi ahogado en Tesino, cerca de Pavía, tratando de salvar a su hermano, hizo voto de abandonar el mundo por completo. A su vuelta a Languedoc, confirmó su determinación por consejo de un ermitaño llamado Widmar, y fue a la abadía de Saint-Seine, a veinticuatro kilómetros de Dijon, donde lo admitieron como monje. Pasó allí dos años y medio aprendiendo la vida monástica y llegó al dominio de sí mismo por medio de severas austeridades. No satisfecho con guardar la regla de San Benito, practicaba otros puntos de perfección que encontró prescritos en las reglas de San Pacomio y San Basilio. Cuando el abad murió, los hermanos estaban dispuestos a elegirlo para que lo substituyera, pero no quiso aceptar el cargo, porque sabía que había monjes que se oponían a todo lo que fuera reforma sistemática. En 821 murió tranquilamente, en Inde, a la edad de setenta y un años. Grande como era la energía e influencia de San Benito de Aniane, hay que admitir que su plan para una revolución pacífica de la vida monástica no pudo ser llevado al cabo como él había proyectado.

-San Julián el Hospitalario, vulgarmente llamado el Pobre. También llamado el Pobre, buenos apelativos para un personaje seguramente de leyenda, que vive fuera del tiempo histórico y que a menudo se confunde con otro Julián que fue mártir y que no tiene nada que ver con él. El Hospitalario, patrón de los posaderos, dio su nombre a numerosas iglesias, hospitales y asilos, y se le evoca por dramáticas vicisitudes en las que la imaginación se inclina del lado de la santidad. Según la Leyenda Dorada fue un caballero a quien en una cacería el ciervo acosado predijo que daría muerte a sus padres. Para evitar que sucediera tal cosa huyó de los suyos y entró al servicio de un lejano rey, y éste, como premio de sus hazañas guerreras, le casó con una noble viuda y le regaló un castillo. Muchos años después, Julián prestó ayuda a un aterido leproso que parecía al borde de la muerte, pero que de pronto, resplandeciente de luz y de hermosura, se levantó para anunciarle que Dios le había perdonado. El que lava cristianamente su culpa con las virtudes de la hospitalidad y la pobreza, ve su historia bellamente engarzada con la de esta admirable esposa sin nombre, y nos transmite la emoción de un gesto terrible y alegórico, sangriento y esperanzado por el que figura en este libro.

-Santa Marina, virgen. La historia de esta Marina, cuyo nombre aparece en los menologios griegos el 12 de febrero, es sencillamente uno de tantos romances populares de mujeres disfrazadas de hombres, como existen en las "vidas" de las santas Apolinaria Eugenia, Eufrosina, Pelagia de Jerusalén y Teodora de Egipto. Cierto hombre de Bitinia llamado Eugenio, habiendo quedado viudo, se retiró a un monasterio y se hizo monje. Después de algún tiempo, llegó a sentirse muy agobiado por el recuerdo de su pequeña hija, Marina, a quien había dejado al cuidado de una pariente. Habiéndole dicho a su abad que la criatura era un muchacho, llamado Marino, obtuvo permiso para traerlo a vivir al monasterio. Allí estuvo vestida como niño y así pasaba como tal. Vivió con su padre hasta que él murió, cuando ella tenía diecisiete años. Siguió viviendo como monje y con frecuencia la ocupaban en llevar una carreta hasta el puerto para traer algunas mercancías. De vez en cuando, era necesario que pasara la noche en la hostería cercana al desembarcadero. Cuando se notó que la hija del posadero iba a ser madre, se acusó al atractivo y bien parecido Marino de ser su seductor.

-San Melecio, patriarca de Antioquía, perseguido por los arrianos, 381. Pertenecía a una de las familias más conspicuas de Armenia Menor. El año trescientos sesenta y uno, después de haber sido expulsado por los arrianos, éstos y los católicos lo trajeron del destierro y lo hicieron arzobispo de Antioquía, la sede más importante del Oriente. Nuevamente fue desterrado por los arrianos. La muerte del emperador Valente, en el trescientos setenta y ocho, puso fin definitivo a la persecución arriana y Melecio fue restablecido en su sede. Su muerte acaeció mientras presidía el segundo Concilio Ecuménico de Constantinopla, el año 381. Dieciocho años duraron los complicados acontecimientos durante los cuales San Melecio fue desterrado varias veces y llamado nuevamente, pero estos asuntos atañen más bien a la historia eclesiástica general. La suerte, tanto de los ortodoxos y de los arríanos, como la de Melecio y la de otros pretendientes a la sede de Antioquía, tenía sus altas y sus bajas, según la política y el punto de vista de los emperadores reinantes. Algunos prelados y otras personas estaban decididos "a acomodar sus opiniones a las de aquellos que estaban investidos de la suprema autoridad," como dice el historiador Sócrates. La muerte del emperador Valente, en 378, puso fin a la persecución arriana y San Melecio fue restablecido a su sede; pero sus dificultades no habían terminado, porque había otro jerarca ortodoxo, Paulino, reconocido por muchos como obispo de Antioquía.

-Santa Umbelina, hermana de San Bernardo, (1092-1141). Humbelina es un nombre musical, y su vida ciertamente no desentonó, pues formó un conjunto de perfecta armonía, con notas dulces y graves, en una bien acordada combinación. Humbelina era hija de los señores de Fontaines. Tenía seis hermanos. Tres mayores que ella, uno de ellos San Bernardo, y tres más jóvenes, y ella en medio como una rosa primaveral. Esta circunstancia enriqueció mucho su carácter. Por una parte, era muy femenina. Su madre la presentaba como a una princesa en sociedad, y a la vez la educaba en la fortaleza y en la virtud. Humbelina emulaba a su madre en la piedad y en las obras de caridad que realizaba con ella. Habían marchado ya varios de sus hermanos al monasterio, y un día conversaba Humbelina con su padre sobre si era eficaz o no su vida consagrada a la oración. Se decide y consigue permiso de su marido para entregarse a Dios. Entra en el monasterio de Jully, donde ya estaban su cuñada Isabel y su sobrina Adelina. Humbelina sucederá a Isabel como abadesa, y a ella, Adelina. Las tres competían en virtud y santidad, en el servicio a Dios y a los hermanos. Humbelina rigió el monasterio con prudencia y con amor. Cuando el Señor la llamó a su seno, acudieron Bernardo y sus hermanos. Llamaron la atención los sollozos de Bernardo. Pensaba predicar. Pero no pudo. "Ved cómo la amaba", comentaban los presentes. El año 1871 Pío IX concedió un Oficio propio para la "Asociada a Bernardo en el servicio del Amor".

-Santo Tomás Hererford o Hemerford, obispo (Octubre 2). Etimológicamente significa "gemelo". Viene de la lengua aramea. Ante la vida de tantos santos y santas, uno se queda alucinado por lo que hicieron en su vida amando a Dios y al prójimo y por la forma con que llevaron a cabo todas sus acciones. Sus padres eran de buena posición social. El era un barón normando. Guillermo de Chanteloup y su madre era la condesa de Evreux. Pero se ve que la riqueza no tiene por qué ser obstáculo para alcanzar la cima de la santidad. Como era de familia bien acomodada y tenía cualidades para el estudio, lo enviaron a estudiar a la prestigiosa Universidad de Oxford y a continuación a la de Orléans para la carrera de Derecho y a la de París para completar sus estudios con la filosofía.  Su fama y su cultura llegó a tal punto que lo nombraron canciller de las Universidades de Oxford y de Inglaterra. Su gozo en un pozo. Todo le iba bien cuando el rey Enrique III, sin razón alguna, a no ser la envidia, lo destituyó de ambos cargos. No se desalentó lo más mínimo. Cuando llegó a Italia para arreglar algunos asuntos con el Papa Martín IV, le vino el martirio en el año 1584, junto con otros compañeros: James Fenn, Jon Nutre y Jon Munden. Sus reliquias se conservan en Hererfod para el culto y la admiración del pueblo.

-Los Siete Santos fundadores, de los Servitas, s. XIII. La amistad ha sido siempre cantada en la Sagrada Escritura. "El mejor tesoro es un buen amigo". Hoy más que nunca se habla y escribe de fraternidad y solidaridad. Buen reclamo, pues, estos siete Santos Fundadores, con su mensaje para este mundo que tanta necesidad tiene de verdadera amistad y de generosa entrega. Estamos en el siglo XIII y en la rica y artística ciudad de Florencia. Es este un caso insólito en la vida de la Iglesia, que ella celebre en su liturgia a tan elevado número de Santos, sin preocuparse de sus nombres ni de sus vidas, siendo que no murieron mártires como en tantos casos a través de los siglos de la Iglesia. Mártires sí que los hay en grupo y sin saber sus nombres. Entre los demás, no. Apenas si sabemos sus nombres. Parece que fueron estos: Bonfilio, Bonayuto, Manetto, Amidio, Ugoccio, Sostenio y Alejo. Eran unos comerciantes de Florencia pertenecientes a las más distinguidas familias de la ciudad. Formaban parte de una especie de Cofradía en honor de Santa María y que el pueblo conocía como "los laudes" o "los alabadores de la Santísima Virgen". Ellos eran algo así como la Junta directiva de esta Asociación Mariana y estaban llenos del espíritu de Dios y de un filial afecto hacia la Virgen María.

-Beata Cristina Sicarelli o de Aquila, religiosa agustina, 1543. El nombre de familia de Cristina era Cicarelli. La beata nació en los Abruzos y recibió en el bautismo el nombre de Mattía. Las Ermitañas de San Agustín de Aquila, en cuyo convento entró a temprana edad, la llamaron hermana Cristina. En el claustro la beata se convirtió en un modelo de todas las virtudes, pero se distinguió sobremanera por su humildad y su amor a los pobres. Pasaba largas horas en oración; frecuentemente experimentaba éxtasis, y parecía conocer los sucesos futuros. También se cuenta que practicaba severas penitencias y que obró muchos milagros. Pero la información que se tiene de ella es poca. Se dice que a su muerte, el dieciocho de enero del año mil quinientos cuarenta y tres, los niños de Aquila anunciaron por toda la ciudad el fallecimiento de la beata "gritando y cantando", lo cual atrajo a una enorme muchedumbre a sus exequias. El culto que se le tributaba desde tiempo inmemorial fue confirmado en el año mil ochocientos cuarenta y uno.

-San Damián, soldado y mártir en África. Su etimología significa: "Domador" o de la gente, del Griego. El martirologio romano lo conmemora el doce de febrero con la genérica indicación en "África". La conmemoración del doce de febrero recuerda la dedicación de la Basílica de los Santos Cosme y Damián en Attalia y Panfilia, editada por el Cura Justiniano.

-San Damián de Roma, mártir.

-San Gaudencio de Verona, obispo y confesor.

-San Goslino o Goselino, abad de Solutere, Torino, m. 1053.

-San Ludano (Febrero 12).

-Santos Macario, Rufino y Justo, mártires de Sevilla en la persecución de Diocleciano.

-San Modesto, diácono y mártir, Benevento.

-Beato Pablo de Berletta, India, 1580.

-Santos mártires de Abitina.

-Santos Modesto y Ammonio, mártires de Alejandría.

-Santos Modesto y Julián, mártires de Cartago; San Modesto es patrono de la ciudad de Cartagena.

-San Sudán el Peregrino, Escocia, 1202.
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