

-San Cirilo, monje y San Metodio, obispo. Patronos de Europa. Nacieron en Salónica,
hermosa y antigua ciudad de la Macedonia griega. Metodio parece que nació el
815 y su hermano Cirilo unos doce años después, el 827. Su padre era un grado
muy elevado en la carrera militar y muy versado en teología, filosofía y ciencias.
Su biblioteca era muy rica y entre los libros poseía las obras de varios Santos
Padres. Tuvieron siete hijos, Metodio era el mayor y Cirilo el menor de ellos.
Metodio y Cirilo fueron enviados a diversas regiones con la misión de llevar
la paz y la religión cristiana. Ambos conocían muy bien la lengua eslava y trataban
de aprender cuantos dialectos o idiomas encontraban a su paso para mejor
poder dejarse entender de aquellos a los que intentaban evangelizar. Al pasar
por Quersón San Cirilo encontró las reliquias del Papa San Clemente juntamente
con el áncora que había servido para martirizarle y después quiso trasladarlas
a Roma. Cirilo abrazó la vida monástica y se entregó de lleno a aquel género de
vida austera renunciando así, al honor del episcopado con que quería galardonarle
el papa Adriano II. Metodio, en cuyos brazos descansó su hermano, quiso trasladar
su cuerpo a Salónica... y él siguió trabajando, después como Obispo y Misionero,
con todas sus fuerzas. Era el 14 de febrero de 869. San Metodio nombrado
después Arzobispo de Moravia trabajó con celo contra el cismático Focio y sus
secuaces, y el martes Santo, 6 de abril del 885 descansó en el Señor. -San Valentín, mártir romano en tiempo de Claudio, 268. Según los escritos de Butler, San Valentín fue un santo sacerdote, quien con San Mario, y su familia socorría a los mártires de la persecución de Claudio II. Fue aprehendido u enviado por el emperador al prefecto de Roma, quien al ver que todas sus promesas para hacerlo renunciar a su fe eran ineficaces mandó a que lo golpearan con mazas y después lo decapitara. Esto tuvo lugar el 14 de febrero del año 270. Parece que fue el Papa Julio I quien hizo construir una iglesia cerca de Ponte Mole en memoria del mártir. La mayor parte de sus reliquias están ahora en la iglesia de Santa Praxedes. Ahora bien, la costumbre sajona de que los jóvenes y las doncellas se escogieran como prometidos en este día, probablemente se basa en la creencia popular que encontramos relatada en la literatura desde los tiempos de Chaucer, de que los pájaros comenzaban a formar parejas el día de San Valentín. Era un cristiano romano que con su simpatía ganaba a muchos para la fe. El mismo emperador Claudio era atraído por él. Pero el gobernador Calpurnio amotinó al pueblo contra Valentín. Claudio intentó salvarlo pero no pudo impedir que fuera decapitado el año 269. Yo soy la luz del mundo: quien me sigue, no anda en tinieblas sino que tendrá a luz de la vida. (Juan, 8, 12). -San Juan Bautista de la Concepción, reformador de los Trinitarios descalzos en España, 1613. Juan Bautista de la Concepción (1561-1613), Nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real, España) el 10 de julio de 1561 y falleció en Córdoba el 14 de febrero de 1613. En Valdepeñas (Ciudad Real) se establece la primera comunidad de trinitarios descalzos. Con el breve Ad militantes Ecclesiae (1599) el Papa Clemente VIII da validez eclesial a la Congregación de los hermanos reformados y descalzos de la Orden de la Santísima Trinidad, instituida para observar con todo su rigor la Regla de san Juan de Mata. Hoy la única rama de trinitarios existente es la fundada por Juan Bautista de la Concepción, pues los trinitarios calzados desaparecieron en 1897, con el fallecimiento de su último superior general, padre Antonio Martín y Bienes. Para él la perfección está en abandonarse al amor transformante de Dios. La santificación del creyente es el proceso de asimilación a Cristo crucificado. Cristo es nuestro ideal, nuestro camino; su cruz, nuestra cruz, es la fragua de la santidad. Conoce a los santos Padres de la Iglesia y la Biblia es su referencia obligada y constante. Quien se adentra en los surcos de su obra literaria fácilmente descubre una simbiosis de Cervantes y Juan de la Cruz. -San Abraham, obispo de Haran, en Mesopotamia, muy estimado en vida por el emperador Teodosio, 422. Fue un hombre solitario que sólo abandonó su retiro penitente para dedicarse a predicar el Evangelio. Nació en Mesopotámica, y sus padres muy ricos deseaban buscarle un lugar adecuado en el mundo. Con ese fin lo desposaron, pero Abraham escapó después de la ceremonia, con la intención de convertirse en un ermitaño penitente. Se confinó en una celda y tapió la puerta para no poder salir: sólo tenía una pequeña ventana por la que recibía lo indispensable para sobrevivir. Llevaba diez años encerrado cuando sus padres murieron. Heredó una gran fortuna, que entregó a un virtuoso amigo para que la distribuyera entre los necesitados. Cuarenta años más vivió confinado en su refugio. El obispo de Lampsaco le suplicó que accediera a predicar en un pueblo de la cercanía cuya barbarie y constancia en el paganismo eran proverbiales. No sin resistencia, Abraham consintió en ser ordenado sacerdote y aceptó la misión que le encomendaban. En primer lugar, levantó una suntuosa iglesia y después destruyó a todos los ídolos que adoraban en el pueblo. omo es natural, la gente del lugar montó en cólera, le golpearon y le expulsaron. Al día siguiente volvió a predicar, y se repitieron los mismos hechos. Y así día tras día hasta que, al cabo de tres años, los idólatras asombrados por la fe y la perseverancia de aquel hombre, fueron convertidos. Volvió inmediatamente a su celda donde murió 20 años después. -San Antonino, abad de Montecasino o de Sorrento, 830. Parece que San Antonino nació en Picenum, en el distrito de Ancona en el sur de Italia, y que entró todavía joven a un monasterio que estaba bajo el gobierno de Monte Cassino, pero no en el mismo Monte Cassino, como algunos escritores han supuesto erróneamente. Los saqueos del duque Sico de Benevento lo obligaron a abandonar su convento; entonces se fue a Castellamare, cerca de Sorrento, junto al obispo San Catellus, quien lo recibió muy cordialmente y con quien pronto tuvo íntima amistad. San Antonino continuó viviendo en su cumbre, desde donde dominaba una extensa vista de mar y tierra; este picacho llevaba el nombre de Monte Angelo, y pronto se volvió un lugar favorito de las peregrinaciones. Después de un tiempo, los habitantes de Sorrento le suplicaron que viniera a vivir entre ellos, pues su obispo estaba en prisión y pensaban que Antonino sería su ayuda y sostén. Por lo tanto, abandonó su vida solitaria y entró al monasterio de San Agripino, del cual después llegó a ser abad. Cuando estaba en su lecho de muerte, parece que pidió que no lo sepultaran ni dentro, ni fuera de la muralla de la ciudad. De acuerdo con esto, sus monjes decidieron enterrarlo en la misma muralla. -San Auxencio, abad, Bitinia, 470. Parece que Auxencio fue el hijo de una persona llamada Addas. Pasó la mayor parte de su larga vida como ermitaño en Bitinia. En su juventud, fue uno de los guardias ecuestres de Todosio el Joven, pero sus deberes militares, que cumplía con entera fidelidad, no le impedían hacer del servicio de Dios su principal interés. Todo su tiempo libre lo pasaba en soledad y oración, y frecuentemente visitaba a los santos reclusos que ocupaban ermitas en los alrededores para pedirles albergue y poder pasar la noche con ellos, haciendo ejercicios penitenciales y cantando alabanzas a Dios. Finalmente, el deseo de una mayor perfección, o el temor de la vanagloria, lo indujeron a adoptar la vida eremítica. Formó su albergue en la montaña desierta de Oxia, a sólo doce kilómetros de Constantinopla, pero al otro lado del Helesponto, en Bitinia. Allí parece ser que fue muy consultado y que ejerció considerable influencia, debido a su fama de santidad. Entregado a una vida de gran austeridad, instruyendo a los discípulos que acudían a él, hasta su muerte, que probablemente tuvo lugar el 14 de febrero del año 473. -Santa Fortunata, virgen y mártir, Patrona de Baucina. Nació en Cesárea, Palestina, (281-287 †298-304), Roma. Existen varios santos Fortunato, pero la Iglesia Católica solo reconoce una Santa Fortunata. La Santa nació en Cesarea, Palestina, hija de una familia opulenta. Ella se convirtió al cristianismo en los primeros siglos después del nacimiento de esta fe. Según la leyenda un emperador pidió su mano, pero ella rehusó. Fue entonces perseguida y martirizada junto a sus hermanos. Fue puesta a disposición de los leones y los leones se arrodillaron ante ella. Fue sometida al fuego, pero las llamas no la tocaron. Fue condenada a morir por flechas, pero los arqueros fallaron el blanco. De alguna forma fue finalmente muerta y sus restos (incluyendo su cuerpo y una tela embebida en su sangre) llevados a la Catacumba de Santa Ciriaca en Roma. Desde allí las versiones varian. El "cuerpo y la sangre" de Santa Fortunata están como reliquias para ser veneradas. El cuerpo de Santa Fortunata en Baucina fue recompuesto (¿cubierto con cera?) en 1840. Fiesta: 14 de Febrero - 14 de Octubre -San Marón, abad en Siria, 433. Anacoreta que vivió a unos diez kilómetros al noreste de la antigua Apamea. Sobre su tumba se erigió el monasterio de Mar Merún. Los fieles de los alrededores fueron llamados maronitas y siguieron conociéndose por ese nombre cuando hubieron de huir a las montañas del Líbano por temor a las persecuciones de jacobitas y musulmanes. La Iglesia católica maronita cuenta hoy con un millón y medio de fieles, repartidos a medias entre el Líbano, por un lado, y América y Australia, por otro. Es opinión común que los maronitas, cuya mayoría vive ahora en el Líbano y tienen una larga y honrosa historia entre los católicos de rito oriental, tomaron su nombre de este monasterio, Bait-Marun. Veneran a San Marón como a su patriarca, y lo nombran en el canon de la misa, de acuerdo con su rito. También veneran a San Juan Maro, de quien se dice que fue su obispo en las postrimerías del siglo siete, pero aun su misma existencia es dudosa. Casi todo lo que se sabe acerca de San Marón se deriva del Philoteus de Teodoreto y de San Juan Crisóstomo. Sobre los orígenes de los maronitas, véase S. Vailhé en Echos d´Orient para 1901, 1902 y 1906; y P. Dib en DTC., vol. X, cc. l ss. -San Adolfo, obispo, Osnabrück. Etimológicamente significa "socorrido por su padre, lobo noble". Viene de la lengua alemana. Murió en Osnabrück el 30 de junio de 1224. Era hijo de una familia muy rica. El, sin embargo, dejando aparte tanta herencia y prebendas, se inclinó por hacerse monje. La cosa no fue fácil para este joven. El no tenía una vocación decidida como otros tantos que estamos leyendo cada día en el santoral. Fue justamente en un monasterio, llamado Cam, al que se retiró para pensar en sí mismo, en donde encontró los atisbos de su vocación religiosa a la vida consagrada. Con todo respeto pidió al abad que le admitiera en el recinto sagrado. En seguida se ganó la simpatía de todos los hermanos en congregación. Durante los ocho últimos años de su vida desempeño pastoralmente el cargo de obispo de la ciudad que le vio nacer. Su trabajo se basó principalmente en atender a los pobres y necesitados de atenciones, sobre todo el mundo marginado de los leprosos. Uno de estos, que vivía alejado de todo el mundo, recibía la visita de Adolfo una vez al año. Le llevaba los remedios espirituales que, sin duda, eran más importantes que los simplemente materiales. Se pasaba el día con él amigablemente charlando de temas de la oración y de la lectura de la Biblia. Cada uno debe ocupar el puesto que la sociedad le encomienda con convicción y entrega absoluta a lo que la vocación le pide. Este trabajo apostólico no era bien visto por algunos canónigos acomodados. Como no les prestaba la más mínima atención, lograron que el leproso se fuera de aquel lugar a otro. No sabían estos señores canónigos que la obra de Dios está por encima de comodidades. Por eso, un ángel del Señor lo trasladó a la cueva en que vivía anteriormente. La razón no era otra que Adolfo pudiera verlo como siempre. En los últimos momentos de su vida, el leproso se vio asistido por su amigo. Lo confesó y murió tranquilamente en la paz de Dios. -Santa Ángela, la Reclusa, penitente, Egipto. -Santos Cirión, Basiano, Agatón y Moisés, quemados vivos en Alejandría. En esta misma ciudad sufrieron diversos géneros de martirio Santos Baso, Antonio y Protólico, que fueron arrojados al mar, y Santos Dionisio y Ammón, decapitados. -Santa Cristina de Visconti, virgen, que murió a los veintitrés años en Espoleta, Italia, 1458. -San Eleucadio, obispo de Ravena, 112. -Santos Florentino, sacerdote, Flaviano, diácono y Modestino, obispo, mártires, 311. -Santa Lucia de los Ángeles, en Ponto del Garda, Portugal, 1622. -San Nostriano, obispo, Nápoles. -Santos Próculo, Efebo y Apolanio, martirizados en Terni, -San Vicente de Siena, compañero inseparable de San Bernardino en sus correrías apostólicas a través de Italia, 1442. -Santos Vital, Película y Zenón, mártires romanos, 268. -Beato Ángel de Gualdo, que después de la peregrinación a Santiago de Compostela, se hizo monje lego camaldulense, 1325. -Beato Conrado de Baviera, discípulo de San Bernardo, 1125. -Beato Nicolás Pullia. -Beato Juan Bautista de Almódova. |




