-Santa Juliana o Lleana, virgen y mártir († s. IV) Otro mártir, la doncella de Nicomedia
(Asia Menor), cuyas reliquias dieron origen y nombre a la ciudad santanderina
de Santillana del Mar, con un culto muy antiguo tanto en Oriente como en
Occidente, y a la que sólo conocemos por una "pasión" no poco legendaria y muy
tardía. Como en tantos otros casos, la verdad está enmascarada por un repertorio
de clisés hagiográficos que se repiten hasta la más completa inverosimilitud:
cúmulo de perfecciones, resistencia heroica a las asechanzas del mundo, tormentos
sin fin que no hacen mella en su cuerpo y, tras la manifestación de la evidente
ayuda sobrenatural que la asiste, muerte ejemplar a filo de espada. Hija
de paganos, según se nos cuenta, querían casarla con el rico y poderoso Eleusio,
a quien ella, para ganar tiempo, impuso la condición de que alcanzase el cargo
de prefecto; cuando fue prefecto, le pidió que abrazara el cristianismo, y aquí
empieza la historia martirial. Sofer, que así se llama el ministro de Satanás,
debidamente interrogado confiesa todos sus crímenes - él fue el inductor de
Caín y de Judas -, y después de oírle, Juliana, diríase que satisfecha ya su natural
curiosidad femenina, le lleva atado hasta el lugar del suplicio, mientras
Sofer se lamenta del ridículo que hace ante las gentes y del descrédito que significa
aquella humillación para su oficio diabólico. Antes de entregarse al verdugo
la santa le echa a un estercolero, y muere decapitada a los dieciocho años. -Santos Elías, Jeremías, Isaías, Samuel y Daniel, mártires de Cesarea de Palestina bajo Galerio Máximo, († 309). Del hebreo: mi Dios es Yahvé (s IV). Mártires. Fueron cinco jóvenes de origen egipcio, convertidos al cristianismo; recibieron en el bautismo los nombres de Elías, Isaías, Samuel, Daniel y Jeremías. Se dedicaron a viajar evangelizando en los pueblos que recorrían. Al llegar a Cesarea de Palestina, los guardias de la ciudad los interrogaron y ellos confesaron ser cristianos utilizando pasajes de la Escritura, al juzgarlos enemigos de los dioses paganos, el gobernador Firmiliano los mandó decapitar. La historia de estos santos es de gran interés para todos los especialistas de hagiografía cristiana, ya que la cuenta Eusebio, el padre de la historia eclesiástica, quien vivía entonces en Cesárea y era amigo personal del mártir Panfilo. En señal de devoción a su amigo, el historiador gustaba de llamarse "Eusebio (el discípulo) de Panfilo." Sin embargo, la Iglesia celebra la conmemoración de San Panfilo el 1° de junio, fecha en que volveremos a encontrarle. El texto griego de Eusebio, con traducción francesa, se encuentra en la edición de E. Grapin (vol. III, pp. 259-283), que forma parte de la serie Textes et documents pour l´étude historique du christianisme, que constituye el capítulo XI del libro de los Mártires de Palestina. -San Macario el viejo, Monje († 390). Macario significa: feliz, bienaventurado. Este santo nació en Egipto por el año 300. Pasó su niñez como pastor, y en las soledades del campo adquirió el gusto por la oración y por la meditación y el silencio. Una mujer atrevida le inventó la calumnia de que el niño que iba a tener era hijo de Macario, el cual, según decía ella, la había obligado a pecar. La gente enardecida arrastró al pobre joven por las calles. Pero él le pidió al Señor en su oración que hiciera saber a todos la verdad, y sucedió que tal mujer empezó a sentir terribles dolores y no podía dar a luz, hasta que al fin contó a sus vecinos quién era el verdadero papá del niño. Entonces la gente se convenció de la inocencia de Macario y cambió su antiguo odio por una gran admiración a su humildad y a su paciencia. Para huir de los peligros del mundo, Macario se fue a vivir en un desierto de Egipto, dedicándose a la oración, a la meditación y a la penitencia, y allí estuvo 60 años y fueron muchos los que se le fueron juntando para recibir de él la dirección espiritual y aprender los métodos para llegar a la santidad. -San Antimo, abad de Brantome monasterio fundado por Carlomagno, s. VIII. Cerca de Montalcino, en un valle salpicado de cipreses, se halla la abadía románica de San Antimo, que se construyó con mármol travertino en el año 1118. Cada domingo celebra una misa con salmos gregorianos. Camino de Asciano está la abadía de Monte Oliveto Maggiore. Los frescos de su interior, del siglo XV, son una de las obras más valiosas del Renacimiento italiano. -San Maruto, obispo, 415. San Maruto fue obispo de Tagrith (Martiriopolis), una ciudad que él fundó entre los imperios bizantino y persiano. Era famoso por su conocimiento y su piedad, escribió sobre los mártires, y sufrió por su fe a Cristo bajo el imperio del emperador persiano Sapor. Él también se fue detrás de otros trabajos en la lengua Siria, entre los cuales mas famosos están: "Comentario en el Evangelio," "Versos de Maruto," "Liturgia de Maruto" y "los 73 Canon del consejo ecuménico en Nicea" (325) con una cuenta de los actos del consejo. Durante los años 403-404 San Maruto fue escondido a Constantinopla para abogar por con el emperador Arcadio para proteger a cristianos persas. El emperador Teodosio le envió dos veces el más joven al Shah Izdegerd para asegurar la paz entre el imperio y Persia. San Maruto del año 414, haciendo su deber como enviado a la corte de Izdegerd, persuadió el Shah a una disposición favorable hacia cristianos, y asistió grandemente a la libertad de cristianos en Persia. Él reconstruyó iglesias cristianas durante la persecución por la regla persa Sapor. Él también localizó las reliquias de los santos que habían sufrido el martirio y los habían transferido a Martiriopolis. Él murió allí en 422. Las reliquias de San Maruto fueron transferidas a Egipto y puestas más adelante en un monasterio del Skete de la Madre de Dios. -San Onésimo, convertido por San Pablo, y al cual recomienda en su epístola a Filemón, († s. I). Onésimo era esclavo de Filemón, personaje importante de Colosa de Frigia, convertido al cristianismo por San Pablo. Cuando huía de la justicia, después de haber robado a su amo, Onésimo entró en contacto con San Pablo, quien se hallaba entonces prisionero en Roma. El Apóstol lo convirtió y bautizó y lo envió a la casa de Filemón con una carta de recomendación. Según parece, Filemón perdonó y puso en libertad a su esclavo arrepentido y lo mandó reunirse de nuevo con San Pablo. Según cuenta San Jerónimo, Onésimo llegó a ser predicador del Evangelio y luego Obispo de Efeso por orden del Apóstol Pablo. Posteriormente, Onésimo fue hecho prisionero y llevado a Roma, donde murió lapidado. -San Honesto, apóstol de Navarra, s. II. San Honesto nació en la ciudad francesa de Nimes, por los alrededores del año 200. Eran los primeros tiempos del cristianismo, cuando la nueva religión sufría una persecución enconada por parte de los emperadores romanos. San Saturnino, obispo de Toulouse, que tomó a su cargo la cristianización del sur de Francia, extendiéndose hasta Pamplona, entre las innumerables conversiones que hizo de paganos al cristianismo, contó con la del noble romano Honesto, al que ordenó sacerdote y mandó a cristianizar Navarra y Vizcaya. Murió San Honesto en España el año 260. El término honesto procede del latín "honestus", derivado de "honorem", que mantiene el mismo significado que en español, y que suele definirse como "cualidad de la persona que, por su conducta, es merecedora de la consideración y respeto de la gente y que se comporta guiado por el deseo de mantener y acrecentar la propia estimación". "Honesto" sería, por tanto, el que se comporta de manera que nunca su conducta empañe su honor. -Beata Felipa Mareri, religiosa, Italia (1190-1200 † 1236). Del griego, "amiga o aficionada a los caballos" (1195-1256). Abadesa. Perteneció a la nobleza; nació en San Pietro, Rieti, Italia. Fue una joven con vasta cultura e inteligencia. Conoció a san Francisco de Asís cuando se hospedó en su casa; admiró la espiritualidad del santo y eligió la vocación religiosa. Su padre se opuso aduciendo que la había comprometido en matrimonio. Felipa, decidida a consagrarse a Dios, dejó pretendientes, riqueza y comodidades, y se ocultó -al parecer con su hermana y otras amigas con ideas afines- en una gruta de las montañas de Mareri, hoy conocida como gruta de Santa Felipa. En ese agreste sitio acondicionaron un claustro, dedicándose a la oración y alabanza. Ahí permaneció hasta que sus hermanos, convencidos de su vocación, le donaron un castillo con iglesia. Transformó el castillo en monasterio, dirigió a sus compañeras y fue nombrada abadesa. El mismo Francisco de Asís encomendó a su discípulo Rogelio de Todi la dirección espiritual del convento, con la Regla de las clarisas. Las religiosas se dedicaban a la oración, alabanza, estudio de la Sagrada Escritura y contemplación; preparaban medicinas para repartirlas gratuitamente a los enfermos pobres, y atendían menesterosos. Fue una madre amorosa y comprensiva con sus hermanas espirituales, y las animaba a la perfección cristiana; vivió en pobreza evangélica y con plena confianza en la Providencia. Pasaba horas postrada ante un crucifijo, implorando la misericordia divina para los pecadores que ofendían a Dios. Profetizó su muerte. Inocencio III le dio el título de santa. Pío VII confirmó su culto. Se venera en su capilla de la reconstruida iglesia de San Pietro, donde en relicario de plata se conserva su corazón incorrupto. -Beato José Allamano, (1851 † 1926) -16 de febrero- Nació en 1851 en Castelnuovo de Asti, Italia, su madre era hermana de San José Cafasso. Don Bosco fue su confesor y el que lo ayudó a madurar y dar los pasos hacia el sacerdocio. Fue sacerdote y fundador del Instituto de los Misioneros y las Misioneras de la Consolata. Murió el 16 de febrero de 1926 en Turín, Italia. El Papa Juan Pablo II, en 1990, le concedió el honor de los altares declarándolo Beato. -La traslación de Santa Juliana, mártir, de Nicomedia a Cunas. Parte de sus reliquias vinieron en la Edad Media a España y en su honor levantaron los condes de Castilla el célebre monasterio de Santillana (Santander). -San Eulalio, obispo de Siracusa, Sicilia, 503. -San Flaviano, anacoreta oriental que estuvo encerrado en su celda sesenta años durante el reinado de Valente. -San Marciano, emperador de Oriente, Iglesia Oriental, Constantinopla, 457. -San Julián y sus compañeros martirizados en Egipto, 309. -San Panfilo y compañeros, mártires de Cesarea de Palestina, 309. -Santos Porfirio y Seleuco, mártires, Asia Menor, 309. -San Simeón, obispo de Metz, 194. -San Tancon, obispo de Verden, en Westfalia, martirizado por malos cristianos porque censuraban su mala conducta, 815. -Beato Nicolás Paglia, dominico, Perugia, Italia, 1256. -Venerable, Antonio Torres, pío operario, Italia, 1713. -Venerable, Mariano Arciero, sacerdote, Italia, 1788. |






