


-Santa Margarita, Reina de Escocia, (1046-1093) Tan santamente educó esta reina a
sus hijos, que varios abrazaron el estado religioso. No se sentaba a la mesa sin
antes haber dado de comer a nueve huérfanos y a veinticuatro pobres; durante
el Adviento y la Cuaresma, alimentaba hasta a trescientos necesitados. Después
de haber pasado el día en la práctica de la caridad, pasaba la noche en oración.
Estando moribunda, se le quiso ocultar la muerte del rey su esposo y de su hijo,
acaecida en la guerra. Exclamó: "Sé lo ocurrido. Os agradezco, omnipotente
Dios, que enviándome un dolor tan grande en la última hora de mi vida, me purifiquéis
de mis pecados, como es pero, por vuestra misericordia". Murió cuatro días
después de su esposo, el 16 de noviembre de 1093. -Beato Juan Dominici († 1419) Cuando Santo Domingo fundó los Dominicos en el siglo trece, uno de sus propósitos principales era el de predicar, y de hecho su nombre oficial es todavía el de Orden de Frailes Predicadores. Dado que la predicación era parte esencial de la vocación, un defecto del habla ponía a cualquier candidato en grave desventaja. El Beato Juan Domingo estuvo a punto de no ser admitido en la orden debido a sus problemas de lenguaje. Incluso después de ser ordenado, no se le permitía hablar en público. Finalmente, oró a Santa Catalina de Siena y su defecto desapareció. El Beato Juan Domingo quería ser capaz de hablar en público, pero la mayoría de nosotros no querríamos afrontar ese desafío. Hablar en público encabeza a menudo la lista de los diez mayores temores de la gente. Afortunadamente para la mayoría de nosotros, no hemos de hablar en público, pero eso no significa que no tengamos que encarar nuestros temores. En la novela Duna, el hijo del duque, Pablo, es forzado a encarar una prueba de dolor. Antes de empezar, se recuerda a sí mismo: «El temor es el asesino de la mente... encararé mi temor. Permitiré que pasé por encima mío y a través de mí ... » Aunque los santos podrían no utilizar las mismas palabras, probablemente coincidirían con ese sentimiento. San Francisco de Sales dijo una vez: «El temor es un mal más grande que el mal mismo.» Sea lo que sea que más temas, los santos nos recuerdan que el temor es inútil. Lo que se necesita es amor, pues donde reside el amor, el mal no puede existir. Murió humilde y santamente el 10 de junio de 1419. Fue beatificado por Gregorio XVI al confirmar su culto el 9 de abril de 1832. -San Gétulo o Getulio de Roma, mártir, 126. Fue un oficial del ejército romano; fue degradado al confesar su fe en Cristo. Murió martirizado con su esposa santa Sinforosa y otros cristianos. Varón muy ilustre y muy docto, y de sus compañeros Cereal, Amancio y Primitivo, en Roma, en la Via Salaria; los cuales, de órden del Emperador Adriano, fueron presos por el cónsul Licinio, y azotados; otra vez encarcelados y arrojados a una hoguera, de la cual salieron sin lesión; por útlimo consumaron el martirio habiéndoles deshecho la cabeza a palos; sus cuerpos los recogió Sinforosa, mujer de San Getulio, y los enterró honoríficamente en una heredad suya. -Santos Basilides, Tripode, Mándalo y veinte compañeros mártires, también en Roma, en la Via Aurelia, martirizados siendo Emperador Aureliano, y de orden de Platón, prefecto de Roma. s. III. -San Zacarias, mártir, Nicomedia. -San Timoteo, obispo y mártir, Prusia (Asia Menor), en tiempo de Juliano el Apóstata. 362. -Santos Críspulo y Restituto, España. -Beata Cecilia Cesarini, Virgen, Roma, 1200 - Bologna, 1260. -Santos Aresio y Rogato y quince compañeros mártires, Africa. Con San Basílides, capitanea dos grandes contingentes de mártires que ejemplarizaron con el recuerdo de su martirio a la Iglesia de las persecuciones desde Afrecha a Roma. Del grupo de San Aresio se señaló San Rogato. Mientras que Mandales y Trípodes serían los nombres de dos de los más significados junto a San Basílides en la Vía Aurelia, bajo el prefecto de Roma Platón, durante la persecución de Aureliano. -San Maurino, abad y mártir, Francia. -San Asterio, obispo de Petra, en Arabia, s. IV. Intervino en las contiendas religiosas de su tiempo. Estuvo al principio afiliado al partido de los arrianos, pero en el Concilio de Sárdica (347) se puso de parte de la ortodoxia, y contribuyó a desenmascarar las intrigas de sus antiguos correligionarios. Constancio le desterró a los arenales de Libia, de donde salió al advenimiento de Juliano el apóstata. En 362 aparece en el Concilio de Alejandría al lado de San Atanasio, que hace su elogio en varios de sus escritos. Murió algún tiempo después. -San Censurio, obispo de Auxerre, hacia el año 500. Ilustró las Galias con su predicación y sus milagros, siendo muchísimos los godos que convirtió a la religión de Jesucristo. Y a sus esfuerzos se debió la alianza entre vencedores y vencidos, la cual hizo de dos pueblos uno solo. No había enemistad que resistiese a su amabilidad; de suerte que bien puede decirse que fue el hombre más llorado de su tiempo cuando voló al Señor por los años de 520. -San Juan de Tobolsk. 1651 +Junio 10, 1715. -Santa Oliva, virgen y mártir, Palermo, siglo IX. Sufrió en tiempo de las incursiones de los sarracenos. Esta santa tiene la particularidad de ser venerada tanto por los cristianos como por algunos musulmanes. De hecho, la mayor mezquita de Túnez era también conocida como “la mezquita de Oliva”. Según se dice, Oliva era una niña cristiana de trece años que fue raptada en su casa de Palermo por los piratas tunecinos. Los moros pensaban matarla, pero se arrepintieron cuando averiguaron que la niña tenía sangre real. Olivia tenía el don de curar las enfermedades de quienes recurrían a ella. La llevaron a un bosque con la esperanza de que la devoraran las fieras, pero Olivia se hizo amiga de todos los animales. Además convertía al cristianismo a los cazadores que ahí se encontraba. La devolvieron a Túnez para matarla pero siempre lograba convertir a sus verdugos, al ver las torturas terribles que sufría con entereza y de las cuales salía incólume. Por fin le cortaron la cabeza, y se dice que se vio subir al cielo su alma en forma de blanca paloma. -Beata Ana María Taigi, madre de familia. (1769-1837) Nació en Siena, Italia, de una familia que cayó en la pobreza más absoluta. A los doce años, Anita era empleada en una lencería y a los dieciocho trabajaba como empleada doméstica. Tres años después se casó con Doménico Taigi, mayordomo del palacio Chigi. Tuvieron siete hijos, y además debieron acoger a los parientes de Anita. “Con los seis escudos que ganaba al mes- decía su marido-hubiéramos muerto de hambre. Gracias a las oraciones de mi esposa, nunca nos faltó nada; por eso la dejaba rezar todo lo que quería y no me preocupaba de nada más”. Tanto el marido como su padre tenían arranques de mal humor y caprichos insoportables. Anita evitaba contradecirles y calmaba la tormenta con sus palabras complacientes. Era dulce, afectuosa, ordenada en el trabajo y muy alegre. Educó de forma excelente a sus hijos. Todos ellos atestiguaron que habían tenido una infancia feliz y vivieron como buenos cristianos. -Beato Eduardo Poppe, Sacerdote, Temsche, Belgio, 18 Diciembre 1890 - Moerzeke-lez-Termonde, 10 Junio 1924. Sacerdote belga, capellán castrense, apóstol de la Eucaristía, beatificado el 3 de octubre de 1999. -San Amancio. -San Primitivo, Mártir. -San Cerealis, Mártir. -Siervo de Dios Angelino Cuccuru. Sindia, Nuoro, 6 Diciembre 1920 – Senakiewo, Ucrania, 10 Junio 1942. -San Ithamar de Rochester. Inglaterra. + 656. -San Landerico o Landry de París. -Beata Amata de Bolonia. -Beato Enrique de Bolzano de Treviso. Laico, 1250-1315. -Beata Diana de Andalò, virgen, Bolonia, 1200 - 10 Junio 1236. Hija única de la familia Andaló, de Bolonia (Italia), Diana deseó consagrar su virginidad a Dios como religiosa en la Orden hacía poco fundada por Santo Domingo, pero se encontró con la oposición de sus padres. Tanto hizo que logró que el mismo Santo Domingo recibiera, casi en secreto, sus votos religiosos. Como no había convento de dominicas, ingresó en uno de agustinas. Al enterarse su padre la sacó por la fuerza, pero finalmente consintió en dejarla abrazar la vida religiosa, e incluso contribuyó a fundar un convento de dominicas, donde Diana y otras compañeras se instalaron. Diana murió el 9 de enero de 1236, a los 36 años de edad y fue beatificada por León XIII en 1891. -Beato Félix de Nicosia. En el siglo de Giacomo Amoroso, italiano, laico de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos (1715-1787). El Beato Félix nació en la ciudad siciliana de Nicosia. A los 20 años, pidió su admisión en el convento de los capuchinos, de donde fue rechazado. Sin renunciar por ello a sus propósitos, el joven se entregó al trabajo, las plegarias y la mortificación, renovando cada cierto tiempo su solicitud en el convento. Por fin, luego de siete años fue admitido en el convento de los capuchinos en Mistreta. Un año después hizo su profesión y fue llamado a Nicosia para ayudar al hermano limosnero en sus rondas por la ciudad. En privado, el Beato Félix practicaba grandes austeridades y en público su amor a Dios se manifestaba con la caridad y la obediencia. Realizó curaciones milagrosas, sobretodo en la epidemia que sacudió el pueblo de Cerami, en 1777. Curó también las enfermedades del espíritu, convirtiendo a muchos pecadores, inclusive a algunos delincuentes presos, a quienes el beato socorría con alimentos y con la Palabra de Dios. Murió el 31 de mayo de 1787, a la edad de 78 años. -San Maximo d'Aveia, Martir. -San Bogumilo de Gnesna, Vescovo ermita. (1116 +1189). Nació en Kosmin, Polonia, en 1116. Fue arzobispo de Gniezno y fundador de la abadía cisterciense de Koronowo, Polonia. Renunció al arzobispado y se retiró a una vida de ermitaño. Murió con fama de santidad el 10 de junio de 1189 en Dobrowo, Polonia. El papa Pío XI en 1925 lo proclamó santo y aprobó su culto. |



