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-San Eliseo, profeta, Samaria, 835, en Samaria de Palestina, de cuyo sepulcro huían los demonios, según escribe San Jerónimo. Allí está enterrado también el Profeta Abdías.

-San Marciano, mártir, ordenado por San Pedro, obispo de Siracusa, s. II.

-Santos Valerio y Rufino, mártires, Soissons (Francia). (†525) Valero y Rufino estaban encargados de los graneros imperiales de Basoches, Francia, en una calzada romana muy transitada. Cuando su superior descubrió su labor proselitista entre los viajeros y funcionarios que venían a aprovisionarse, los mandó ahogar en un río. Los cristianos retiraron sus restos al día siguiente y los llevaron a Soissons en donde se turnaban día y noche para velar sus reliquias.

-San Metodio, obispo de Constantinopla. (782 †847) Natural de Sicilia y monje en la isla de Quio, donde él fundó un monasterio, fue llevado a Bizancio por el patriarca Nicéforo. Allí tuvo que padecer mucho de los herejes iconoclastas. Después, la emperatriz Teodora le sentó en la silla patriarcal de Constantinopla, que gobernó cuatro años. Es autor de los Cánones penitenciales de la Iglesia de Constantinopla; de Sermones y un Elogio de San Dionisio Areopagita.

-San Basilio, Obispo, en Cesarea de Capadocia, Obispo y Doctor de la Iglesia. (329 †380) En la familia de San Basilio la santidad era una herencia. Sus padres fueron San Basilio y Santa Emelia. Su abuela, Santa Macrina. Sus hermanos, Santa Macrina, San Pedro de Sebaste y San Gregorio Niseno.
San Basilio nació en Cesarea de Capodocia el año 330. Estudió en Constantinopla y en Atenas, con Juliano el Apóstata y Gregorio Nacianceno. Sobresalió por su gran cultura y virtud entre todos sus compañeros.
En tiempo del Emperador Valente resplandeció maravillosamente por su doctrina, sabiduría y todo género de virtudes, y con una admirable constancia defendió la Iglesia contra los Arrianos y Macedonianos. Llamado el Grande, fue contemporáneo de San Atananasio, siendo por su talento, instrucción y virtud, uno de los más preclaros Padres de la Iglesia griega. Su oratoria subyugaba a las masas por la fluidez de su lenguaje y la oportunidad de sus imágenes. Su mejor obra es «La creación en seis días».

-Santos Digna, Félix y Anastasio. (853). Al día siguiente de San Fándilo, que les habla animado al martirio. fueron degollados el 14 de junio del año 853 en Córdoba.

-Santa Digna, religiosa contemplativa en el cenobio femenino, atendido por el monasterio tabanense, y natural de Córdoba.

-San Félix, nacido en Alcalá de Henares, formado en la vida monástica de Asturias y destinado después al monasterio tabanense cordobés.

-San Anastasio, cordobés de nacimiento, que había comenzado sus estudios en las aulas de la iglesia de San Acisclo, donde fue ordenado diácono, para terminarlos en el monasterio tabanense, donde abrazó la vida religiosa y fue ordenado sacerdote.
Después de degollar a los tres mártires, quemaron sus cuerpos y arrojaron sus cenizas al Guadalquivir.

-Beata María Candida de la Eucaristía. (1884 †1949). María Barba nació el 16 de enero de 1884 en Catanzaro (Italia), a donde la familia, oriunda de Palermo, se había trasladado momentáneamente por motivos de trabajo del padre, Pedro Barba, consejero del Tribunal Superior. Cuando la niña tenía dos años la familia regresó a la capital siciliana y allí vivió María Barba su juventud, en el seno de una familia profundamente creyente, pero que se opuso obstinadamente a su vocación religiosa, experimentada desde los quince años de edad. María, en efecto, tuvo que luchar casi veinte años hasta ver realizada su aspiración, demostrando, durante esos años de espera y de sufrimiento interior, una sorprendente fortaleza de ánimo y una fidelidad poco común a la inspiración inicial. En esta batalla, que se prolongó hasta su entrada en el Carmelo teresiano de Ragusa el 25 de septiembre de 1919, María Barba fue sostenida por una especialísima devoción al misterio eucarístico: en la Eucaristía veía ella el misterio de la presencia sacramental de Dios en el mundo, la muestra concreta de su amor infinito a los hombres, el motivo de nuestra plena confianza en sus promesas. El Señor la llamó, después de algunos meses de agudos sufrimientos físicos, el 12 de junio de 1949, Solemnidad de la Santísima Trinidad.

-Venerable Francisco Chiesa, Canonico. Modelo para todo consejero esperitual. Nació en Montá de Alba (Italia) Abril 2, 1874. Realizó sus estudios en el seminario de Alba, y se doctoró en filosofía en Roma, en teología en Génova, y en derecho eclesiástico y civil en Turín, de cuya facultad de derecho llegó a ser director. Destacó en la enseñanza, a la que se dedicó durante más de cincuenta años, tanto en el seminario como en la Sociedad de San Pablo.
Fue párroco de San Damián durante treinta y tres años, y canónigo de la catedral de Alba. Su parroquia llegó a ser la más destacada de la diócesis, tanto por el nivel de vida espiritual como por la organización catequética y pastoral.
Fue el padrino de la Familia Paulina, director espiritual del venerable Santiago Alberione y de la mayoría de los sacerdotes de la diócesis
Con ocasión de su muerte en Alba, Junio 14, de 1946, el obispo mons. Luis Grassi lo calificó como “el mejor de los hijos de la diócesis”. Su secreto: a lo largo de sus cincuenta años de sacerdocio, fue siempre fiel a las dos horas de adoración eucarística. Su amor a la palabra de Dios era tan grande que se sabía de memoria toda la Biblia.

-San Quinciano, obispo de Rodez (Francia), 527, rige su diócesis en los tiempos difíciles de la invasión de los bárbaros. Después de haber sido expulsado de su sede a las montañas de Alvernia, puede regresar a Rhodez, una vez consolidada la dominación goda. Y allí permanece santamente hasta su muerte el año 527, reafirmando las sanas costumbres y la disciplina eclesiástica, tan perturbadas como consecuencia de aquellas convulsiones políticas y sociales.

-San Eterio, Viena de Francia. s. VII.

-San Simplicio, obispo de Bourges (Francia), 477.

-San Docmael, Inglaterra, s., VI.

-Beata Castora Gabrielli. (1391).
San Eliseo, profeta
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San Metodio, Obispo de Constantinopla
Beata María Candida de la Eucaristía. (1884 †1949)
Venerable Francisco Chiesa, Canonico
San Basilio, obispo de Capadocia