


--San Marco y Marceliano, mártires, hermanos gemelos, hijos de San Tranqulino y Santa
Marcia, convertidos a la fe por San Sebastián, y crucificados por J. C., Roma,
aprehendidos en una de las persecuciones de Diocleciano. Murieron martirizados.
Se les sepultó en las catacumbas de Santa Balbina, en Roma. 286. -Santos Ciriaco y Paula, españoles, probablemente ciudadanos de Málaga; padecieron en dicha capital en la persecución de Diocleciano, los cuales siendo apedreados a orillas del río, que después se llamaría Guadalmedina. 300. -San Leoncio mártir, Trípoli, de Fenicia, s. I. soldado,el cual por mandato del prefecto Adriano padeció crueles tormentos, y consiguió la palma de mártir juntamente con Ipacio, tribuno, y Teódulo, convertidos a Jesucristo por él mismo. -San Eterio, mártir, Nicomedia, s. IV. -Santa Marina, virgen y mártir, Alejandría. -San Calógero, ermitaño, Sacca de Agrigento (Sicilia), hacia 486. cuya santidad resplandece especialmente en librar a los energúmenos. -San Efrén, Diácono y Doctor de la Iglesia. (306-374). Nació en Nísibe de Mesopotamia, la actual Irak por el 306. A pesar de ser simplemente Diácono hará el oficio de sacerdote, de obispo y de papa, ya que su influjo en la Iglesia de su tiempo no fue superado por nadie. Santamente volaba al cielo el 373 ordenando que no se le hicieran honras fúnebres aunque en esto sus hijos espirituales no le hicieron caso. -San Amando, obispo de La Rochela, Burdeos (Francia), hacia 431. -Santa Magdalena Sofía Barat (Joigny, 1779-París, 1865) Fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús o Damas de la Fe. Fundó en Amiens (1801) una congregación educadora que se extendió por todo el mundo. Superiora perpetua (1806), hizo aprobar sus reglas por León XIII. Fue canonizada en 1925. -Santa Isabel (19 junio), de Esconaugia (Schoenaug-Alemania), (1129-1165). Ingresó al monasterio benedictino cerca de Francfort, Alemania. Se sabe algo de su vida gracias a cuatro libros que escribió donde relata los espantosos años de pruebas que vivió, con aridez espiritual, hastío y fortísimas tentaciones de dudas sobre la fe, hasta el punto de creerse abandonada de Dios. La prueba terminó con una aparición de la Virgen y otras visiones y éxtasis místicos. Por su vida santa de fe y de servicio a sus hermanas, recibió culto desde la hora de su muerte. -Santa Marina, ¿Bitinia?, hacia 750. -San Auberto, obispo de Avranches (Francia). -Beata Ozana, virgen, de Mantua, (1449-1505) Pasó toda su vida recluida en su palacio entre terribles sufrimientos y gracias extraordinarias, unos y otros invisibles a los ojos de los hombres. Su confesor reveló después de su muerte que se le abrían a Osanna heridas interiores que venían renovar en su cuerpo los dolores de la Pasión. Entró como terciaria a la Orden Dominicana y pasó los últimos treinta y siete años de su vida en la corte de Mantua, donde era superintendente del palacio del Duque Francisco II y su mujer Isabel de Este. Ellos pronto se dieron cuenta que tenían a una santa bajo su techo y a la hora de su muerte se arrodillaron delante de ella pidiéndole su bendición. La duquesa Isabel mandó elevar un bello mausoleo que se puede visitar hoy en la catedral de Mantua. -Santos Germán, Paulino, Justo y Sicio, mártires, España, ¿s. IV?. -Santa Juliana de Falconieri (1270-1341).Esta santa tuvo la dicha de ser sobrina de un santo (San Alejandro de Falconieri) y de tener un director espiritual santo: San Felipe Benicio. Nació en Florencia de familia acaudalada, y fue hija única. Habiendo muerto el padre cuando ella era muy pequeña, la mamá y el tío le prepararon un honroso matrimonio pero ella les hizo saber que había tomado la decisión de quedarse soltera y dedicar su vida a la oración, a la caridad y al apostolado. Recibió el distintivo de Terciaria de los Siervos de María, que era un manto o pañoleta sobre la cabeza. Ella siguió viviendo en su casa pero observando una conducta como la de una fervorosa religiosa. A otras les agradó este modo de vivir su vida cristiana y siguieron su ejemplo. Eligieron como superiora a Juliana y su asociación se llamó “Siervas de la Virgen María”. Los que tuvieron trato con ella estuvieron de acuerdo en que su amabilidad y su caridad, siempre buscando el bien de los demás, eran extraordinarias. Muchos pecadores se convirtieron después de tener una charla con Juliana, la de la “pañoleta”. En su última enfermedad, al no poder ya pasar la hostia, pidió a Nuestro Señor le permitiera comulgar una última vez y pidió al sacerdote colocara la hostia sobre un lienzo puesto sobre su corazón. La hostia desapareció y Juliana falleció en ese momento con una sonrisa de inmensa alegría. Después encontraron una cicatriz en forma de hostia en su pecho, y por eso las Siervas de la Virgen María llevan al lado del corazón una medalla con la Santa Hostia grabada. |





