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-San Alban (305). Soldado. Convertido por un sacerdote perseguido a que él abrigó. Él entonces cambió ropas con el sacerdote, permitiendo que él se escape. Cogido, le ordenaron renunciar su nueva fe. Él rechazó e hizo el primer martir cristiano en Gran Bretaña. Torturado y decapitado. 305 en la colina de Holmhurst, Inglaterra.

-Los Mártires ingleses (s. XVI). Fueron hombres y mujeres, clérigos y laicos que dieron su vida por la fe entre los años 1535 y 1679 en Inglaterra.
Ya habían surgido dificultades entre el trono inglés y la Santa Sede que ponían los fundamentos de una previsible ruptura; el motivo fue doble: el trono se reservó unilateralmente el nombramiento de obispos para las diferentes sedes -lo que suponía una merma de libertad de Roma para el desempeño de su misión espiritual-, al tiempo que ponía impuestos y gravámenes tanto a clérigos como a bienes eclesiásticos -lo que suponía una injusticia y merma en los presupuestos económicos de la Santa Sede-. Luego vinieron los problemas de ruptura con Roma en tiempos de Enrique VIII, con motivo del intento de disolución del matrimonio con Catalina de Aragón y su posterior unión con Ana Bolena, a pesar de que el rey inglés había recibido el título de Defensor de la Fe por sus escritos contra la herejía luterana en el comienzo de la Reforma. Pero fue sobre todo en la sucesión al trono, después de la muerte de María, hija legítima de Enrique VIII y Catalina de Aragón, cuando comienza a reinar en Inglaterra Isabel, cuando se desencadenan los hechos persecutorios a cuyo término hay que contar 316 martirios entre laicos hombres y mujeres y clérigos altos y bajos.
Primero fueron dos leyes -bien pudo ser la gestión del primer ministro de Isabel, Guillermo Cecil- principalmente las que dieron el presupuesto político necesario que justificase tal persecución: El Decreto de Supremacía, y el Acta de Uniformidad (1559). Por ellas el Trono se arrogaba la primacía en lo político y en lo religioso. Así la Iglesia dejaba de ser «católica» -universal- pasando a ser nacional -inglesa- cuya cabeza, como en lo político era Isabel. Y el juramento de fidelidad necesario supuso para muchos la inteligencia de que con él renunciaban a su condición de católicos sometidos a la autoridad del papa y por tanto era interpretado como una desvinculación de Roma, una herejía, una cuestión de renuncia a la fe que no podía aceptarse en conciencia. De este modo, quienes se negaban al mencionado juramento -necesario por otra parte para el desempeño de cualquier cargo público- o quienes lo rompían quedaban ipso facto considerados como traidores al rey y eran tratados como tales por los que administraban la justicia.
Vino la excomunión a la reina por el papa Pío V (1570). Se endurecían las presiones hasta el punto de quedar prohibido a los sacerdotes transmitir al pueblo la excomunión de la Reina Isabel I.
En Inglaterra se emanó un Decreto (1585) por el que se prohibía la misa y se expulsaba a los sacerdotes. Dispusieron de cuarenta días los sacerdotes para salir del reino. La culpa por ser sacerdote era traición y la pena capital. En esos años, quienes dieran o cobijo, o comida, o dinero, o cualquier clase de ayuda a sacerdotes ingleses rebeldes escondidos por fidelidad y preocupación por mantener la fe de los fieles o a los sacerdotes que llegaran desde fuera por mar camuflados como comerciantes, obreros o intelectuales eran tratados como traidores y se les juzgaba para llevarlos a la horca. Bastaba con sorprender una reunión clandestina para decir misa, unas ropas para los oficios sagrados descubiertas en cualquier escondite, libros litúrgicos para los oficios, un hábito religioso o la denuncia de los espías y de malintencionados aprovechados de haber dado hospedaje en su casa a un misionero para acabar en la cuerda o con la cabeza separada del cuerpo por traición.

-San Silverio, papa y mártir. Isla Poncia (Italia), 538. Entre la fuerza bruta de los bárbaros y las tortuosas intrigas de los bizantinos, cuando unos y otros se disputaban Italia, Silverio tuvo un pontificado breve y tumultuoso. Sólo pudo ejercer como Papa un año, del 536 al 537. Nació San Silverio en la provincia de Campania, y fue puesto en la Silla de San Pedro por muerte de Agapito. Depuesto por éste Autimo, patriarca de Constantinopla, deseaba Teodora, mujer del emperador Justiniano, también hereje, que aquél fuese restituído a su silla por Silverio, y al efecto escribió a Belisario, a la sazón en Italia, para que le ayudara en su deseo. Belisario procuró convencer a Silverio, mas sin conseguirlo, y entonces dio el encargo a su mujer Antonina, por si ella era más feliz. Esta fingió una carta en que Silverio escribía a los godos que les entregaría la ciudad si fuesen a Italia, y con este falso pretexto le desnudaron del hábito pontificial y le vistieron de monje, y con buena guarda le enviaron desterrado a la isla de Poncia, donde, consumido de calamidades, miserias y mal tratamiento, vino a morir. La Iglesia le celebra como mártir, porque murió en defensa de la justicia. Fui su dichoso tránsito el día 20 de Junio año de la redención del mundo de 540.

-Santa Florentina, virgen. (s. VII). Hermana de los santos Leandro, Fulgencio e Isidoro, Florentina pasó su vida en un monasterio de Sevilla, bajo la Regla que para ella había escrito su hermano Leandro. San Isidoro le dedicó también dos tratados sobre la virginidad. Murió siendo superiora de la abadía de Astigi, Andalucía, España y fue enterrada en la catedral de Sevilla cerca de su hermano Leandro, obispo de esa ciudad.

-San Novato de Roma, hijo de San Pudente, senador, y hermano de San Timoteo, presbítero, y de las santas vírgenes de Jesucristo Pudenciana y Praxedes, en Roma; todos los cuales fueron instruidos en la fe por los Apóstoles: la casa de estos Santos fue consagrada en Iglesia, que se llama el título del Pastor. 151.

-Santos Pablo y Ciriaco, mártires, Tomes del Ponto (Asia Menor).

-San Maracio, obispo de Petra, Palestina, s. IV. Amigo y confidente de San Atanasio, fue, como él, acérrimo enemigo del arrianismo, y perseguido por los herejes.

-San Juan Fischer, Cardenal y Mártir († 1535), Este santo mártir nació en Beverley, Inglaterra, en el año 1469. A los 14 años ya era el estudiante más sobresaliente y, a los 20 fue nombrado profesor del colegio San Miguel. El 17 de junio de 1535 le leyeron la sentencia de muerte. El rey Enrique VIII mandaba matarlo por no aceptar el divorcio y por no aceptar que el rey reemplazara al Papa en el gobierno de la Iglesia Católica. Al llegar al sitio donde le van a cortar la cabeza, el venerable anciano se dirige a la multitud y les dice a todos que muere por defender a la Santa Iglesia Católica fundada por Jesucristo. Recita el "Tedeum" en acción de gracias y, muere.

-Santa Gemma, virgen y mártir, Saintes (Francia), 109.

-Beato Benincasa de Firenze, religioso servita, nacido en Florencia en 1376. Vivió retirado como anacoreta en una pequeña gruta, a modo de sepulcro, cerca de Pienza, donde murió en 1426.

-Beata Margarita Ebner. (1291?-1351). Religiosa Nació en Donauworth. Baviera. Hacia 1306 ingreso en el convento dominico de la Asunción de la Virgen. Su vida debía ser según sus palabras: "Salvadora para sí misma, ejemplar para los hombres, agradable a los ángeles y grata a Dios ". Se esforzó en seguir el ejemplo del fundador de su orden, Domingo de Guzmán, por ello se le consideró modelo de perfección para sus cofrades y el pueblo. Considerada una de las grandes místicas del siglo XIV. Sus experiencias las escribe en Las revelaciones o Diarios y la colección de elevaciones espirituales llamada Padre nuestro, donde hace patente el gran amor que le une con el Creador. Muere en su convento con fama de santidad. Su culto fue confirmado y ratificado por Juan Pablo II en 1979.

-San Francisco Pacheco y compañeros, jesuita, mártir. Nació Lima (Braga), Portogallo, 1556 - Nagasaki, Japón, Junio 20, 1626.

-San Adalberto, arzobispo de Magdeburgo, 981.

-San Juan de Mathera, Monte Gárgano (Italia), 1139.

-Beata Micaelina de Pésaro.
San Alban (+305)
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