San Aidano, obispo de Lindsfarne Aidano hízo suya las palabras de san Pablo: "Un siervo del Señor no ha de pelear; antes bien, debe mostrarse a todos modesto, buen maestro, tolerante, capaz de amonestar con suavidad a los adversarios, para que Dios les conceda el arrepentimiento y el conocimiento de la verdad" (2 Tim 2. 24-25). Él ganó para Cristo a los ciudadanos de la isla de Lindisfame (Gran Bretaña), por su carácter sencillo, abierto siempre al diálogo, y la continua práctica de la caridad. Fue, en los primeros años del siglo VII, cuando el rey Oswaldo de Nortumbria pidió a los escoceses le enviasen a un buen apóstol para predicar el Evangelio a todos los habitantes de sus tierras. Le enviaron a Aidano cuya máxima era: "sólo predicar mediante el testimonio, primero, de su propia vida". Fundó un monasterio bajo la regla benedictina en la referida isla de Lindisfame, de la que fue nombrado Obispo. Durante los 18 años de su episcopado se dedicó a predicar el Evangelio. Creó innumerables escuelas, iglesias, monasterios... Todo esto, sin dejar un sólo día de dedicar buenas horas a su oración personal y al ejercicio directo de la caridad, de una especial manera para los más necesitados. Murió el 31 de agosto del año 651. |







