Hermana María Oic!
por permitirme la Biografía de "Santa Beatríz"
Grupo Santa Beatríz de Silva
Había sido proclamada reina en 1474.
En todos estos años turbulentos, en medio de campañas guerreras, cuando la reina venía a Toledo buscaba tiempo para ir a conversar con Beatriz, la dama que la había mecido en sus brazos cuando niña.

En 1479, ‘con la ayuda de Dios y de la gloriosa Virgen María, su Madre’, se firmó la paz definitiva entre Castilla y Portugal. Esto pudo ser un motivo especial para que la Reina Católica, tan devota de la Inmaculada, apoyase la fundación de la Orden Concepcionista, que la Virgen había confiado a Beatriz. Por estos años ‘se dice que se le apareció (a Beatriz) la Madre de Dios otra vez, distinta de la referida del cofre, volviéndola a mostrar cómo había de ser el hábito que traerían sus monjas’.
Isabel la Católica concertaba con Beatriz la donación de unas casas de los palacios reales de Galiana, junto a la muralla norte de Toledo. Le donaba también la capilla adjunta, dedicada a Santa Fe por la reina Doña Constanza, esposa de Alfonso VI. El nombre de esta santa francesa decía muy bien con la fe que había demostrado Beatriz desde que salió de Tordesillas. Isabel la Católica se serviría del patrocinio de esta misma Santa en la conquista de Granada, con una fe paralela a la de Beatriz.
De la cuna a la corte
Santa Beatriz de Silva, entre once hermanos, es hija de Rui Gómes de Silva y Isabel de Meneses.
De las familias nobles de Portugal donde ha nacido en Campo Maior, estaba destinada a servir en la corte. Así desde muy temprano fue educada para dama de la Infanta Isabel de Portugal que vino a casar en 1447 con D. Juan II en España.
Fue entonces que Beatriz se trasladó a la corte de Castilla 'con muy poca edad'.
“La princesa portuguesa quiso llevar consigo algunas damas de la nobleza, y eligió a Beatriz prefiriéndola entre todas, tanto por el amor que la tenía por sus buenas prendas, como por ser parienta cercana”. "Vino de Portugal a Castilla, siendo de poca edad, con la reina doña Isabel, segunda mujer del rey Don Juan".
'La Virgen María se le apareció con hábito blanco y manto azul y el Niño Jesús en brazos, y, luego de haberla confortado con cariño maternal, le intimó que fundara en su honor la Orden de la Purísima Concepción, con el mismo hábito blanco y azul que ella llevaba. Ante tan señalada merced de su Reina y Señora, Beatriz se ofreció por su esclava y le consagró, rebosante de gratitud, el voto de su virginidad y le rogó confiadamente la librara de aquella prisión. La Reina celestial accede sonriente y desaparece’.

La intervención de don Juan Meneses, tío de Beatriz, hizo que la reina Isabel abriese el cofre pasados tres días, esperando que su dama fuese ya cadáver. La sorpresa de todos fue impresionante. Beatriz apareció con más belleza y lozanía que antes de ser encerrada. Todos adivinaron que la bella dama portuguesa había sido favorecida en aquellas horas obscuras y tenebrosas con alguna luz especial del cielo. La Santísima Virgen la había escogido para dama suya. Era preciso cambiar de palacio. "A los tres días de verse libre del encierro, sin más dilación, pidió salir de Tordesillas, dirigiéndose a Toledo, acompañada de dos doncellas".
Dama de una Reina
En Toledo florecían por esta época numerosos monasterios de todas las principales Órdenes, especialmente cistercienses, dominicas y clarisas. Razones que la historia no nos ha transmitido hicieron que Beatriz escogiese el monasterio cisterciense de Santo Domingo el Real (o vulgarmente también ‘El Antiguo’); tal vez relaciones muy personales con alguna de las religiosas de este monasterio, perteneciente a la nobleza portuguesa o castellana; tal vez el haber encontrado en este monasterio las condiciones más a propósito para la vida retirada que ella pensaba llevar, sin ser religiosa. Y más tarde elige la Regla del cister para la erección de su Monasterio al no le ser permitida regla propia, por entonces.

En este vetusto solar de Toledo buscó Beatriz su casita de Nazaret, como ‘señora de piso’, y en él vivió treinta años dedicados a la oración. A la mortificación y vida retirada unía la práctica de la oración prolongada y una liberalidad magnánima para emplear todos sus bienes en dar culto a Dios y socorrer al pobre. Con sus rentas entre otras cosas, favoreció también a cuantos pobres solicitaron su ayuda. Con el trabajo de sus manos, hilando o bordando, santificó también los ratos libres.

En estos años fue madurando ‘el proyecto’ que la Virgen le había encargado en Tordesillas. Por la novedad y audacia de su proyecto y los riesgos que comportaba, no fue nada fácil. Por estos días, sí, reinaba un ambiente cada vez más popular en torno a la defensa de tal misterio mariano. Las universidades, las instituciones, las ciudades, los príncipes y personas particulares, hacían voto especial de defender este misterio. Los pintores, trovadores y poetas cantaban las glorias de la Inmaculada desde muchos siglos anteriores.

En 1436 el Concilio de Basilea estuvo a punto de se definir el dogma de la Inmaculada Concepción. Y aunque desde los principios esta doctrina estaba arraigada en la Iglesia, ahora los Teólogos seguían divididos entre “maculistas” e “inmaculistas” desde el siglo XII. El proyecto de Beatriz era entonces un gran desafío, pues significaba dar por enteramente segura, y definitivamente triunfante, una doctrina teológica que a la sazón era aún muy apasionadamente discutida. Y durante 30 años todo fueron dificultades e impedimentos para Beatriz.
Mientras tanto la Providencia iba preparando los acontecimientos para que Isabel la Católica se interesase por la fundación de la Orden Concepcionista.
Ahí se instala Beatriz en 1484, transformando el local en un ‘Beaterio’, con doce compañeras instruidas, ilusionadas y contagiadas por su vida, ejemplo y espíritu durante los años anteriores. Entre ellas una sobrina suya - Felipa de Silva.  ‘En esta casa tan desacomodada entró con gran alegría, y dio orden de irla fabricando al modo necesario para que pudiese ser Monasterio’.
Cinco años después, la aprobación de la Orden, pedida al Papa por mediación de la Reina Católica, era firmada por Inocencio VIII el 30 de abril de 1489. En este mismo día se presentó en el torno del Monasterio de Santa Fe un personaje misterioso, preguntando por doña Beatriz de Silva y comunicándola la firma de la bula por el Papa. ‘De esta manera lo supo ella en Toledo, cuando se otorgó en Roma, por revelación divina y creyó, sin duda, que este mensajero era San Rafael, porque desde que supo decir el Avemaría le había sido muy devota y le rezaba cada día alguna cosa en especial’.
Estrella Mariana
‘Al tiempo de su muerte fueron vistas dos cosas maravillosas: la una fue que, como le quitaron del rostro el velo para darle la unción, fue tanto el brillo que de su rostro salió que todos quedaron espantados; la otra fue que en mitad de la frente le vieron una estrella, la cual estuvo allí puesta hasta que expiró, y daba tan gran luz y resplandor como la luna cuando más luce’.

Su fama de santidad era ya un fenómeno en vida. El afán por poseer la reliquia de su cuerpo, como se vio, nada más expirar, es una buena prueba de ello. Los menológios de la Orden cisterciense, benedictina y franciscana, la dan el título de ‘Beata’.
Abundan los relatos de favores milagrosos obtenidos por su intercesión. La devoción popular la aclama como abogada de la niñez y la juventud. Es relevante su eficaz intercesión por las madres que acuden a ella con problemas en el embarazo o en la fecundidad.

El año 1924 el papa Pío XI confirmó el culto inmemorial tributado a Beatriz como a Beata, con lo que nuevamente podía recibir culto público después de las normas prohibitivas de Urbano VIII en el siglo XVI. Reanudada la causa de canonización por Pío XII, fue canonizada solemnemente el 3 de octubre de 1976.
Perfil Carismático de
Santa Beatríz de Silva

El Carisma de la Orden de la Inmaculada Concepción es suscitado en la iglesia por el Espíritu Santo a fines del siglo XV, durante el pontificado de Inocencio VIII. Su agente, Santa Beatriz de Silva.
Por esos días, reinaba un ambiente cada vez más popular en torno a la defensa del misterio de la Concepción Inmaculada de la Bienaventurada Virgen María. Las universidades, las instituciones, las ciudades, los príncipes y personas particulares, hacían voto especial de defender este misterio. Los pintores, trovadores y poetas cantaban las glorias de la Inmaculada desde muchos siglos anteriores.

En 1436 el Concilio de Basilea estuvo a punto de definir el dogma de la Inmaculada Concepción. Y aunque desde los principios esta doctrina estaba arraigada en la Iglesia, ahora los Teólogos seguían divididos entre "maculistas" e "inmaculistas" desde el siglo XII.
Pero "Lo que la Teología inmaculista defendía en las aulas y en los púlpitos, el Espíritu lo convirtió, a través de Beatriz, en proyecto de vida para la nueva familia religiosa, ‘en la que, por deber, no menos que por significación de hábito y Regla, fuese la Santísima Concepción de María, honrada, afirmada y ensalzada con continuas alabanzas ’ . De esta forma, no pocos siglos antes de la promulgación del dogma, y mientras hervían las discusiones teológicas, la Inmaculada Concepción se manifiesta como fuerza viva en la historia de la Salvación y en la vida de la Iglesia, suscitando una Orden contemplativa que se inspiraba en el níveo fulgor de la "Toda Pura" y recibía de ella energías para una más generosa consagración a Cristo, en el cotidiano esfuerzo por no apartar nada de la dulce soberanía de su amor". (Pablo VI)

Por la novedad y audacia de tal proyecto y los riesgos que comportaba, no fue nada fácil. Era el gran desafío, pues significaba dar por enteramente segura, y definitivamente triunfante, una doctrina teológica que a la sazón era aún muy apasionadamente discutida.
La experiencia espiritual que inicia Beatriz es una vivencia contemplativa de los consejos evangélicos y hunde sus raíces en el misterio de María Inmaculada. Su espiritualidad está toda ella centrada en el Misterio de la Concepción Inmaculada de María, la Llena de Gracia. María es el modelo supremo de seguimiento e imitación de Cristo. Ella es su más perfecta discípula.
Esta experiencia consiste fundamentalmente en una especial configuración con Jesucristo (cf. M R, 51 b) en su vivir entera e inmediatamente para el Padre, y con
Oh Dios,
que hiciste resplandecer
a la virgen Santa Beatriz
por su altísima contemplación,
y la adornaste con una devoción singular
para con la Virgen María
en el misterio de su Concepción Inmaculada,
haz que lleguemos a contemplar en el cielo
tu belleza y tu sublimidad.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén
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En esta Castilla, le tocaba vivir y sortear los avatares de la nada sosegada corte de aquellos tiempos.
La corte de Castilla residía por entonces en Tordesillas, al oeste de Valladolid, en plena meseta castellana, junto al río Duero. El ambiente palaciego estaba dominado por intrigas y frivolidades cortesanas de la época. Estas fueron las espinas que encontró Beatriz en Tordesillas, haciendo más bella y fragante la flor de su virginidad.
Y nos dice su coetáneo  Duarte Nuñez de Leão: “Era esta doncella la mujer más hermosa que había en España, y de mayores gracias naturales, la cual por su gran hermosura, llegó a causar tal admiración que todos los grandes de la Corte deseaban ganarse su amistad y servirla”.
En verdad, a Beatriz no le hacia ninguna gracia todo aquel glamur creado en torno a si.

Fuese por intrigas de algún caballero resentido ante la negativa de Beatriz a sus pretensiones, fuese por celos de la reina, que llegó a ver en ella una amante rival, cayó en desgracia de ésta. ‘Viendo la grande estimación que todos hacían de la sierva de Dios, la reina hubo celos de ella y del rey, su marido, y fueron tan grandes que, por quitarla de delante de los ojos, la encerró en un cofre, donde la tuvo encerrada tres días, sin que en ellos se le diera de comer y de beber’. Fue todo un torbellino de pasión, que quiso tronchar la vida de esta delicada flor, pero acudió en su defensa la Reina del cielo.
Santa Beatríz con La Reina Isabel La Católica
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Tres meses más tarde llega a Toledo la noticia de que la bula se había ido al fondo del mar, por haber naufragado la nave donde venía. ‘De esto recibió grandísima tristeza... Al cabo de tres días fue abrir un cofre para cierta cosa necesaria, y, no sin mucha maravilla, halló allí la dicha bula encima de todo’. Toda la ciudad de Toledo se asoció con gran júbilo a la procesión en que se trasladó la ‘bula del milagro’ desde la catedral al Monasterio de Santa Fe. Tuvieron lugar todos estos festejos en los primeros días del mes de agosto de 1491. Actuó en la procesión, misa pontifical y sermón el obispo de Guadix, Francisco García de Quijada, y anunció que a los quince días tendría lugar en la capilla de Santa Fe la toma de hábitos y velos por Beatriz y sus compañeras.

Pero... “a los cinco días, estando puesta en muy devota oración en el coro, le apareció la Virgen sin mancilla..., la cual le dijo: ‘Hija, de hoy en diez días has de ir conmigo, que no es nuestra voluntad que goces acá en la tierra de esto que deseas’». El mismo día 17 de agosto, que se había acordado para la toma de hábitos, tuvo lugar la tranquila muerte de Beatriz. El mismo padre confesor le impuso el hábito y velo concepcionistas y recibió su profesión religiosa.
El espíritu de Beatríz sigue presente en el mundo por su Orden con mas de 160 Monasterios de Monjas, Congregaciones Religiosas y Comunidades laicales, que han recogido esta experiencia del Espíritu Santo, vivida por Santa Beatríz en cuanto Fundadora, y transmitida a todos sus seguidores.
María en el misterio de su Concepción Inmaculada: como mujer totalmente consagrada, poseída por Dios y transformada por su gracia, activamente dócil a la acción del Espíritu, contemplativa en la soledad y en el silencio. Es un modelo vivo y dinámico que impulsa y mueve desde dentro a identificarse con ella y a revivir sus disposiciones interiores, sus actitudes espirituales y su total consagración a la Persona y a la obra de su Hijo por la salvación de los hombres.
Nacida hacia 1436 + Agosto 17, 1491