Estampa antigua con Reliquia.
Un escollo, una esperanza.
Rodeado por el caserío y las montañas, casi al centro del valle, nos encontramos con "el Escollo", una elevación rocosa llena de abundante vegetación. Desde lo más alto del escollo se aprecia la belleza del paisaje y se experimenta una seductora invitación a la alabanza del Creador.
En la actualidad los habitantes de Rocaporena se refieren a este lugar con distintos nombres, entre los más usados están: "Escollo de la oración", "Escollo de Santa Rita", "Escollo de la Esperanza". Conviene destacar que todas las maneras de llamarlo hacen referencia directa o indirectamente a la misma persona. Es tradición entre los rocanos decir que Rita subía al escollo para retirarse en oración, alimentando así la esperanza de ingresar en el monasterio de las agustinas de Casia.
Llevaba Rita una vida tan rica en oración y en servicio al prójimo que no tardó en descubrir que en su interior estaba aún latente aquel viejo llamado a la vida religiosa y, dejándose guiar por el Amor, encaminó sus pasos hacia su deseada Casia.
Al llegar al monasterio pidió ser admitida en él, pero se encontró que en aquella comunidad había una parienta de su esposo, una tal Catalina Mancini. No olvidemos que los Mancini sentían un gran desprecio hacia Rita, debido a que ella se opuso a la venganza concediendo el perdón a los asesinos de su marido. Por eso no debemos extrañarnos cuando la abadesa, temiendo poner en peligro la buena convivencia entre las hermanas, le negó a Rita su ingreso al monasterio.
Vida de Santa Rita de Casia
La Santa de los Imposibles
P. Raúl Díaz Corbo
Montevideo, Uruguay
Rita, regalo del cielo

En el corazón verde de Italia, la Umbría, tierra de tantos santos, nació Rita  a finales del 1300 en un pueblito llamado Rocaporena, a pocos kilómetros de Casia.
Vivían en Rocaporena Antonio Lotti y Amada Ferri, un matrimonio cristiano que no podía tener hijos. Finalmente Dios, para quien todo es posible, les alegró el hogar con una hija, a quien recibieron como un regalo del cielo.
Para bautizar a la recién nacida fue necesario ir a Casia, a la iglesia de San Juan Bautista, hoy llamada de San Agustín. Esta peregrinación de Rocaporena a Casia tuvo su sentido porque la actual y cercana parroquia de San Montano, en los tiempos de la santa, no tenía pila bautismal por ser capilla. Fue bautizada con el nombre de Margarita; el nombre de una flor para una mujer que tanto amó las flores. En realidad "margarita" es una palabra latina que significa "perla"; y curiosamente a Rita se la invoca también como "Perla de Umbría". Desde pequeña abreviaron su nombre llamándola "Rita"
Una pequeña que crece
El camino espiritual de Rita no comenzó con la vida monástica sino que se inició el día de su bautismo y dando los primeros pasos en la fe junto a sus padres.
Antonio y Amada fueron quienes asumieron con responsabilidad la misión de ayudar a levantar los sólidos cimientos de la profunda vida cristiana de la mística de Casia.
Abejas de ayer y de hoy

Narra la leyenda que, inmediatamente después de ser bautizada, abejas blancas entraban y salían de la boca de Rita sin hacerle daño. No se duda de que este episodio
De las abejas pertenece a la primera tradición ritiana, pero no hay necesidad de recurrir al hecho como un fenómeno sobrenatural.
De todas maneras no podemos olvidar el gran interés que manifestó el papa Urbano VIII quien además de llevarlas en su escudo pontifical, se preocupó en persona de estudiar el comportamiento de esta especie de abejas que, al parecer, son únicas en el mundo. Aún hoy, en el antiguo monasterio donde Rita vivió y murió como monja agustina, podemos encontrar a las abejas "murarias", llamadas así porque habitan en los muros. Aunque la devoción popular ha preferido llamarlas "abejas de Santa Rita" por haberlas relacionado con aquellas misteriosas abejas que rodearon su cuna pocos días después de su bautismo.
Pero en Casia las "abejas de santa Rita" no sólo viven en los muros del monasterio, sino que también junto a éste. Así lo ha querido la Beata Teresa de Casia (Madre Teresa Fasce) que en 1938 fundó la "colmena de Santa Rita", una obra donde niños cadenciados reciben ayuda para crecer fuertes, y emprender luego el vuelo de la vida.
Junto a sus padres, rita vivió sus primeras experiencias de encuentro con Dios, ya sea en las celebraciones de la capilla de San Montano, como también en los momentos fuertes de oración  familiar.
Rita fue creciendo en un hogar donde se respiraba paz. Pero en su entorno, tanto en Rocaporena como en Casia el ambiente social y político no era precisamente pacífico. Por esta razón Antonio y Amada se habían comprometido en la misión de sembrar la paz y por ello fueron llamados: "pacificadores de Cristo". De sus padres Rita aprendió la difícil pero gratificante tarea de pacificar.
Al llegar a la edad de la juventud experimentó el llamado de Dios a la vida monástica y expresó su deseo de ingresar en la Orden de San Agustín. Pero sus padres, hijos de su tiempo, al igual que nosotros, y considerando que lo mejor para su hija era contraer matrimonio, eligieron para ella un candidato, siguiendo las costumbres de la época.
Creyendo Rita que esta era la voluntad de Dios, aceptó de buen grado al candidato, sin saber que más tarde, llegaría a ser esposa de Cristo en el monasterio agustiniano de Santa María Magdalena.
Un matrimonio que llegó a ser feliz

Rita contrajo matrimonio con Pablo Manzini, propietario de un molino casi en el límite entre Rocaporena y Casia.
Un sacerdote agustiniano, contemporáneo de nuestra santa, declaró que Rita fue dada en matrimonio a un joven bien dispuesto pero resentido, del mismo lugar de Rocaporena. Sin embargo otro testigo afirmó que Pablo Mancini era "un hombre honorable y de buena familia, pero muy diferente a Rita… en cuanto a las cualidades, genio y costumbres", "hombre de trato difícil pero con gran reserva de generosidad".
Rita, amó a Pablo tal como era, intuyendo que en aquel hombre de carácter difícil, había un corazón generoso capaz de mucho amor. Pacientemente esperó el momento, mientras lo ayudaba con sus oraciones y con su testimonio de vida cristiana.
Poco a poco y con la ayuda de Dios, el matrimonio Mancini- Lotti fue superando sus primeras crisis. Y una vez fortalecido el vínculo la relación se tornó más sana y respetuosa. Finalmente Rita logró un matrimonio feliz. De aquel amor vio nacer a sus dos hijos: Juan Santiago y Pablo María.
Como madre cristiana, Rita educó a sus hijos en la fe. Junto a ellos y a su marido disfrutó de muchos momentos de alegría. Es fácil imaginarla feliz en las celebraciones de los sacramentos que recibieron Juan Santiago y Pablo María. Felicidad que también sería grande cada domingo cuando concurrían juntos como familia, a la celebración de la Misa en la iglesia de San Montano.
La mujer fuerte puso en Dios su esperanza...
Primeramente llegó la muerte de sus ancianos padres, la cual, no por esperada, fue menos dolorosa. Cuando su corazón estaba preparado para otras pérdidas le trajeron la amarga noticia de que su esposo había sido asesinado, se sospecha  que a causa de viejas rencillas.
El pueblo de Rocaporena había quedado consternado por tan alevosos crimen y se movilizó para acompañar en su pesar a la viuda de Mancini.
En presencia de todos los asistentes, Rita perdonó públicamente a los asesinos de su marido. Ella no sabía de rencores ni de odios. No había lugar en su corazón para sentimientos ruines de venganza. Después de darle sepultura Rita retornó con sus dos hijos a casa; seguramente lloró, pero abrazándose a la vida y a la esperanza. Dios sostenía a Rita y ella confiaba en Dios.

Prefirió perderlos en la paz de Dios a retenerlos en el dolor de la venganza
El asesinato de su marido trajo como consecuencia que sus hijos, ya adolescentes, se sintieran proclives a la venganza. La familia de Pablo influía negativamente en los corazones de aquellos jóvenes. Rita, por su parte, había escondido la camisa ensangrentada de su esposo para evitar que sus hijos se sintieran motivados a la venganza. Señalándoles el crucifijo los invitaba a perdonar como Jesús.
Preocupada por la insistencia de ellos en vengar la muerte de su padre, rezó diciendo al Señor que prefería que se los llevase antes que se convirtieran en homicidas.
Esta oración que se encuentra en el proceso de canonización expresa lo máximo de su heroísmo, porque aún siendo una madre tan afectuosa, el temor de la ofensa a Dios y el peligro de perderlos para siempre pudo más que todo otro humano sentimiento.
Patrona de los pobres y de los enfermos
Entre los más variados títulos con los cuales se venera a la Santa de Casia, está este de "Patrona de los pobres y de los enfermos".
Una vez viuda y sin hijos, Rita no se encerró en su casa para auto-compadecerse, sino que se enfrentó el sufrimiento sin evasiones ni estancamientos. En la aceptación y ofrenda de su dolor encontró la vía del amor y de la sanación interior, recuperando la alegría de servir a Jesús en el prójimo.
Rita viuda descubrió que esta nueva etapa de su vida le ofrecía un modo diverso de realización y de felicidad. Siguiendo el ejemplo de San Nicolás de Tolentino, Rita oraba por sus difuntos con inmensa ternura, pero sin el dolor de quien piensa que los ha perdido para siempre; sino con la esperanza de reencontrarlos " en Aquel en quien nada se pierde" (San Agustín).
La Santa de Rocaporena, cual mujer fuerte "guardó memoria a sus muertos y gastó en los vivos su tiempo" (Himno de Santas Mujeres).
Acudía al "Lazareto" para visitar a los enfermos que allí encontraban refugio y atención. Socorría a los pobres con quienes compartía sus bienes y consolaba a los tristes invitándolos a la esperanza. Aún hoy, en el Santuario de Rocaporena, se puede ver a modo de reliquia, un manto que le pertenecía y al cual renunció para dárselo a un necesitado.
Con esa respuesta no esperada regresó la Santa a las tareas de siempre. Pero sin resignarse ante la negativa acudió al Señor pidiéndole ayuda. Aunque no rezó sola, sino que se dejó acompañar por la intercesión de sus santos más queridos: San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino. Fortalecida con la gracia de Cristo y la oración de tan grandes compañeros, emprendió su camino a Casia una y otra vez.
Un día, después de varios intentos, viendo la abadesa la perseverancia de nuestra Santa, le manifestó que la pacificación de las familias podía ser, sin lugar a dudas, la llave que le abriría las puertas del monasterio. Si bien esta propuesta parecía imposible de concretar dado el endurecimiento de aquellos corazones, sin embargo brilló para Rita una esperanza.
La paz que nace del perdón
Rita había visto muchas veces a sus padres embarcados en la difícil, tarea de sembrar la paz, Ahora le tocaba a ella misma realizar lo que había visto y aprendido de Antonio y Amada. Con la paciencia y la perseverancia de siempre asumió su nuevo desafío, dispuesta a encontrarse con las familias enemistadas para invitarlas al perdón y a la reconciliación. Finalmente, después de muchos esfuerzos y oraciones, logró reunirlas en un abrazo de paz. Los pueblos de Rocaporena y de Casia recordaron siempre aquel abrazo que puso fin a tanto rencor, odio y violencia.
Aquel acontecimiento fue el origen del título con el que más tarde también se invocó a Rita al llamarla "Santa de la paz y del perdón". Ahora ella tenía el camino libre para entrar en el monasterio.
Una vid prodigiosa
La tradición dice que siendo Rita novicia, la superiora le pidió que regara, por obediencia, un sarmiento seco que se encontraba en el jardín y que cuidara de él.
Ella lo hizo humildemente cada día. Al cabo de un tiempo el sarmiento seco retoñó transformándose en una lozana vid. De ahí que sea bastante común en algunos santuarios dedicados a Santa Rita, particularmente en el de Casia, hallar una vid junto a un pozo, símbolo de la obediencia de la Santa y de su fecundidad espiritual.
La espina del amor
Durante la cuaresma del 1425 un predicador franciscano, Giacomo della Marca, acudió a la Colegiata de Santa María de Casia, por haber sido invitado a predicar sobre la pasión del Señor. Debido a su buena fama de orador fueron muchos los que acudieron a escucharlo. Entre los oyentes estaba Rita, quien supo aprovechar  bien aquella prédica que guardó en su corazón y meditó siempre. Ella, que tanto contemplaba el crucifijo, se sintió profundamente  tocada por la predicación del franciscano.
Años después, cuando llegó el viernes santo de 1432, hallándose Rita de rodillas ante la imagen del crucifijo, exclamó: "Señor, dame una espina, una de aquellas que traspasaron tu sagrada cabeza". La súplica fue tan sincera que el Señor le concedió a Rita una íntima participación en su pasión.
El epitafio que podemos leer en el segundo sarcófago de la Santa, realizado diez años después de su muerte, reza así:
"Oh bienaventurada por virtud y fortaleza,
en éxtasis arrebatada por la Cruz,
donde sufriste dolores agudos,
tú dejaste las tristezas de este mundo,
para  satisfacer tus ansias de vida y de luz.
Participando de esa pasión tan atroz,
¿qué mérito tan grande atribuirte?
Tú fuiste preferida a toda otra mujer
para recibir una espina de Jesús.
Tú no esperabas algún premio terreno,
pues no querías otro tesoro fuera de Cristo,
al que toda te entregaste.
Quince años la espina padeciste,
y no te pareció todavía estar preparada
para entrar en la vida gozosa"
Este epitafio nos señala el momento cumbre del éxtasis mayor de Rita, la estigmatización en la frente mediante el don de la espina. Estudios médico realizados el día 4 de abril de 1997, hallaron en la zona frontal del cuerpo de Santa Rita una fisura profunda. Pero más que las pruebas interesa destacar el significado propio del signo, para darnos cuenta que el estigma de Rita expresa exteriormente su íntima unión con Jesucristo. Es, como algunos ya han dicho, el desposorio místico de la Santa, su matrimonio espiritual que  ha tocado la experiencia misma del éxtasis, o dicho más poéticamente: "Es el beso de Jesús en la frente de Rita".
Desde la Iglesia amó a la Iglesia
El período monacal de Rita, más aún toda su vida, se desarrolló en un momento muy crítico de la historia de la Iglesia Católica. Período de grandes divisiones, escándalos, decadencia del papado, etc. En ese momento en el cual mucho optaron por separarse de la Iglesia, Rita prefirió manifestar públicamente su total adhesión.
Generalmente, cuando la Iglesia pasa por estas experiencias dolorosas que hacen tambalear la fe de los más débiles, una postura cómoda y poco comprometida puede ser esta: "entonces yo también me voy".Pero la fe de esta mujer fuerte era firme y madura. Rita amaba la Iglesia real y no "ideal". La amaba, no porque ingenuamente la creyera perfecta, sino porque estaba convencida de la necesidad de conversión en cada uno de sus miembros. Fue en ese contexto que surgió el peregrinaje a Roma que realizó junto con sus hermanas del monasterio. De esta manera, y habiendo vivido su fe comunitariamente y en plena comunión con la Iglesia, Rita nos da ejemplo de amor y de unidad, porque supo decir con su vida
"aquí estoy".
En su último invierno Jesús le regaló una rosa y dos higos
El prodigio de la rosa y de los higos aparece en diversos testimonios fidedignos recogidos en el proceso de beatificación. Transcribimos parte del testimonio de una antigua biografía: "En el más áspero y riguroso invierno, y encontrándose todo cubierto de nieve, una prima de Rita fue a visitarla; al marcharse preguntó a Rita si de su casa necesitaba alguna cosa; Rita le respondió que deseaba una rosa y dos higos del huerto de Rocaporena. La prima sonrió, creyendo que Rita deliraba a causa de la enfermedad y se marchó. Una vez llegada a la casa donde Rita vivió con su esposo y sus dos hijos, entró en el huerto y vio entre la nieve un rosal que cargaba una hermosa rosa y en la higuera, halló dos higos maduros. Perpleja por el cruel invierno, viendo los frutos milagrosos, se los llevó a Rita".
La rosa y los higos aparecen en la vida de Santa Rita como un signo amoroso de Dios para aquella mujer que había sabido sobrellevar dolores y contradicciones, ofreciendo generosamente su vida al Amor. Ahora florecía en ella la vida nueva de Jesús resucitado, a quien había amado sin medida. Se iba cargada de frutos maduros como higuera bendecida y fecunda. Se iba como rosa que despide el buen aroma de Cristo.
El feliz tránsito de Santa Rita
Había pasado el invierno. La primavera apenas entrada esparcía el aroma abundante de las ahora abundantes rosas. En el monasterio una luz se estaba apagando para brillar luego aún con más intensidad en toda la Iglesia. Rita agoniza serena… El buen Jesús y su Madre le conceden en visión la gracia de sus visitas como un anticipo de cielo. Por fin, Rita sonríe y expira. Entonces las campanas de la ciudad de comenzaron a anunciar, con prodigioso sonido, el inicio de numerosos portentos. Al momento se iluminó la habitación y un perfume inefable se esparció por todo el monasterio. Apenas acaecido el tránsito de Rita, peregrinos de todas partes se acercaron para venerar el cuerpo. Muchos enfermos sanaron al instante con solo tocarlo. Rita de Casia entró en la gloria con verdadera fama de santidad el 22 de mayo de 1447. De inmediato el pueblo la llamó "santa" y la invocó como "abogada de los imposibles" y "Santa de la paz y del perdón".
Margarita Lotti (Rita de Casia), fue declarada beata el 22 de julio de 1628 por el papa Urbano VIII y canonizada el 24 de mayo de 1900 por el papa León XIII. Hoy en día la devoción a Santa Rita es universal y sus favores espirituales y materiales son innumerables.
Con la espina en la mano y gozo en el corazón
La pobreza de documentos escritos no es un problema para quienes pretendemos conocer más a fondo a nuestra Rita. No lo es gracias a la riqueza pictórica que nos permite ahondar en su vida espiritual y tiene para nosotros valor documental. Entre las muchas obras de arte ritiano merece una especial mención las pinturas del segundo sarcófago de la Santa (realizado diez años después de su muerte) Con un estilo propio del 1400 esta obra, nos introduce en el corazón mismo de Rita, permitiéndonos un acercamiento más profundo a su rica espiritualidad agustiniana.
En el centro del sarcófago podemos apreciar la figura de Cristo que está de pie dentro del sepulcro, sobre su cabeza tiene la corona de espinas y son visibles las llagas de sus manos y de su costado.
Está representado en el momento mismo de la Pascua, paso de la muerte a la vida. Este Jesús humillado y glorificado es el centro de la espiritualidad de la Santa.
A la izquierda encontramos a Santa María Magdalena ofreciendo el ungüento al Señor, signo visible de que Jesús murió y fue sepultado. Por otra parte, la misma presencia de María magdalena junto al sepulcro nos evoca su encuentro con el Resucitado. A la derecha está Santa Rita. Como es una constante en casi todas sus representaciones, se puede apreciar su llaga en la frente, pero a diferencia de la gran mayoría tiene la espina en la mano derecha y está haciendo el gesto de entregársela al Señor. Esta diferencia significativa de la iconografía ritiana nos habla de la  participación de Rita en la gloria de Cristo, así como antes al llevar la espina en la frente participó mística e íntimamente en su pasión. Es por eso que su rostro está radiante, sereno y gozoso, refejando sabiduría y fuerza.
Sobre la tapa del sarcófago está representado su cuerpo extendido con las manos en cruz en espera de la resurrección. Junto a su cabeza está el epitafio que, entre otras cosas y haciendo referencia a Cristo dice: "…al que toda te entregaste".
SANTA RITA DE CASIA:
Ruega por nosotros
SANTA RITA
Patrona de los imposibles
De víctimas de abusos,
personas en soledad,
contra la esterilidad,
enfermedades del cuerpo,
causas desesperadas y perdidas,
matrimonios con dificultades,
infertilidad, viudas, padres.
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