
Padre espiritual de los Mártires Jaliscienses Francisco Orozco y Jiménez, nació en Zamora, Michoacán, en 1864. Sus padres fueron Don José María Orozco y Doña Ana María Jiménez. En esa ciudad hizo su instrucción primaria y los estudios superiores en Jacona, Mich., por los problemas que tuvo el colegio, el Director se trasladó con su grupo de 15 estudiantes al Colegio Pío Latino en Roma, entre ellos Francisco y su hermano Luis. Terminada su carrera se ordenó de sacerdote el 24 de marzo de 1887 y regresó a su patria donde dijo su primera misa en su ciudad natal. Por un tiempo radicó en Ciudad de México donde dio clases en el Colegio Clerical Josefino. El 19 de mayo de 1902 el Papa León XIII lo preconizó Obispo de Chiapas y el 15 de agosto del año siguiente lo consagró en la Basílica de Guadalupe el Obispo Alarcón, arribando a su ciudad episcopal el 3 de diciembre del mismo año. En 1907 emprendió un viaje a Roma para presentar al Papa Pío X una relación del estado de la Diócesis de Chiapas; se refería a la defensa que hacía de los indios chamulas por la explotación de que eran víctimas de parte de los hacendados. Estos mismos promovieron la retirada del Obispo Orozco y Jiménez de aquella Diócesis. En 1910 estalla el Movimiento Revolucionario en México, se inicia un proceso de cambio radical en muchas materias, pero también una lucha por ocupar la silla presidencial. La nación quedó dividida en parcialidades que manejaron cuatro cabecillas: al noroeste, Álvaro Obregón; al suroeste, Emiliano Zapata; al noreste, el temible Pancho Villa; al sureste y con incursiones en el norte, Venustiano Carranza. El Papa Pío X trasladó al Obispo Orozco y Jiménez a la Diócesis de Guadalajara. "El 9 de febrero de 1913, Guadalajara se engalanaba de fiesta, las avenidas 16 de Septiembre y Alcalde, cercanas a la catedral tapatía, ostentaban vistosos arcos triunfales, y pendían adornos en sus fachadas, las campanas de catedral y demás templos se echaban a vuelo para recibir gozosamente al nuevo arzobispo". El 19 de febrero de 1913 tomó posesión. El sábado santo, 22 de marzo de 1913, el diácono José María Robles Hurtado fue ordenado sacerdote por el Arzobispo Orozco y Jiménez, junto con otros cuatro diáconos; fueron los primeros que consagró en su nueva diócesis el Sr. Orozco. La ceremonia se efectuó en el ya desparecido templo de la Soledad, que se encontraba en la manzana norte a un costado de la catedral de Guadalajara, actualmente ocupada por la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. El 11 de enero de 1914, los católicos de Guadalajara resolvieron hacer una manifestación pública en homenaje a Cristo Rey a pesar de la prohibición expresa del propio gobernador de Jalisco, Lic. José López Portillo y Rojas (padre del expresidente). "A las cuatro de la tarde, el Sr. Orozco deja su palacio, frontero a la plaza de la catedral y acompañado de los Sres. Obispos Echaverría y Uranga, encabeza el imponente desfile. Como el estruendo del mar en borrasca la muchedumbre canta, grita, lanza vivas a Cristo Rey, por las calles Alcalde, Pedro Loza, Colón, y 16 de Septiembre, terminando en la Catedral". El mandatario lo acusó de desacato a la autoridad civil, echándose encima al Congreso Local y a todo el Partido Católico Nacional, mismo partido que había llevado a López Portillo al poder. Finalmente, el gobernador fue llamado como Ministro al gabinete del Presidente Huerta. Esta fue una salida inteligente por parte del presidente para calmar los ánimos en el Estado de Jalisco. El día 10 de febrero de 1914, dejó al general José María Mier como encargado del poder ejecutivo, lo que incrementó aún más la influencia del Arzobispo Orozco y Jiménez. Aquí empieza a formarse la lucha del Clero y del Pueblo Católico en Jalisco por defender su religión. Esta victoria del Sr. Orozco y otros triunfos posteriores originan que sea recordado con los Alias de "El Arzobispo Invencible, o Francisco el Grande". El Padre José María Robles formó parte de esta manifestación. En una carta dirigida a su hermano Juan Robles, con fecha 22 de febrero, él mismo lo relata así: "Todo ha pasado ya respecto a nuestra grandiosa manifestación. Ha regresado el Sr. Arzobispo muy en paz; y ha salido no muy bien parado López Portillo arrastrando a la antigua administración". Después de esto vendrá la hecatombe. El 21 de abril de 1914 las tropas yanquis ocuparon el puerto de Veracruz. El presidente Wilson apoyaba a los revolucionarios contra el Presidente Huerta. Una más de las intromisiones de los Estados Unidos de Norteamérica en los asuntos y problemas de México. Las chusmas del caudillo Álvaro Obregón avanzaban sobre Guadalajara; esto originó la suspensión de clases en los colegios y la formación de batallones estudiantiles. Se dijo que el Sr. Orozco se ofreció como capellán del ejército contra el invasor. Estas circunstancias orillaron al Arzobispo de Guadalajara, don Francisco Orozco y Jiménez, a disolver el Seminario. El día 1° de mayo la Rectoría del Seminario daba por terminados los cursos, clausurando el establecimiento. Hizo lo propio el colegio del Sagrado Corazón, donde el Padre José María Robles era director. Para el día 3 de mayo ya se encontraba refugiado en su natal Mascota, en vacaciones forzadas y adelantadas. El Sr. Orozco buscó refugio en la capital mexicana, donde se concentró la mayor parte del episcopado. El 8 de julio de 1914, las huestes capitaneadas por el general Álvaro Obregón, tomaron la capital de Jalisco. Se adueñaron del Palacio Arzobispal, del Seminario Conciliar, ocuparon templos, colegios y hospitales administrados por la Iglesia, perdiéndose para siempre las ricas bibliotecas, muebles y equipo de profesores y alumnos, prendas de la iglesia, etc. La catedral tapatía quedó salvajemente intervenida. El 21 de julio siguiente fueron recluidos en la penitenciaría del Estado ciento veinte clérigos, con el infantil pretexto de ocultación de armas; entre los encarcelados estaba el Sr. Plascencia, Obispo de Tehuantepec (mismo que en 1908 se llevó al joven seminarista José María Robles de misiones por el estado de Oaxaca, durante cuatro meses y medio). La lucha armada de los ejércitos de Villa y de Carranza hizo también que las autoridades civiles clausuraran muchos seminarios en toda la República Mexicana. Los alumnos dispersos volvieron a sus casas paternas; ante este problema el Señor Cura de Totatiche, Jalisco, Cristóbal Magallanes (ahora Santo Mártir) fundó, el 1 de julio de 1915, el Seminario Auxiliar de Santa María de Guadalupe para alojar a los estudiantes. Cuando el Señor Arzobispo Dr. don Francisco Orozco y Jiménez visitó Totatiche, el 21 de noviembre de 1916 (después de largo destierro de su arquidiócesis) le presentaron el grupo de seminaristas, se sorprendió de que hubiera ese número de estudiantes en un pueblo tan apartado. Entusiasmado por ello, lo reconoció oficialmente y le llamó "Preceptoría". Como primer prefecto de este incipiente seminario nombró al Pbro. Dr. don José Garibi Rivera, que el Sr. Arzobispo llevaba de compañero. El momento culminante de la historia Política de México, durante el siglo XX, incuestionablemente fue la Constitución de 1917. A partir de esta fecha, se dio inicio a una persecución oficial contra la Iglesia Católica, basada no tanto en el capricho de algún que otro caudillo anticlerical, sino en las leyes mismas de la Constitución. El artículo 130 de esta ley no reconoció la personalidad jurídica de las iglesias y negó el voto a los ministros de los cultos, así como el derecho a asociarse con fines políticos. La Iglesia Católica protestó públicamente contra varios artículos de la Constitución. El Arzobispo de Guadalajara, Monseñor Francisco Orozco y Jiménez hizo circular un memorando que denominó "Carta Pastoral", el cual salió a la luz pública el 24 de junio de 1917. Dicho documento era trascripción firmada por casi todos los obispos, aprobada por el nuncio apostólico y por el Papa. Una parte de este memorando decía textualmente: "No pretendemos inmiscuirnos en cuestiones políticas. Tenemos por único móvil cumplir con el deber que nos impone la defensa de los derechos de la Iglesia y de la libertad religiosa. En nuestro carácter de jefes de la Iglesia Católica protestamos contra la tendencia de los constituyentes destructora de la religión, de la cultura y de las tradiciones. Protestamos contra semejantes atentados en mengua de la libertad religiosa y de los derechos de la Iglesia y declaramos que desconoceremos todo acto o manifiesto contrario a estas declaraciones y protestas". Este abierto pronunciamiento contra el Gobierno de la República ocasionó el repudio de los carrancistas que estaban aplacados. Desde entonces no cesaron de atacar y presionar al clero. Algunos sacerdotes, como el Padre Jenaro Sánchez Delgadillo (ahora Santo Mártir) fue llevado a prisión y procesado por leer, en el templo parroquial de Zacoalco, Jalisco, la carta pastoral de su Arzobispo, el Sr. Orozco y Jiménez. En este tiempo, el Padre José María Robles se encontraba como Vicario en la Parroquia de Nochistlán, Zacatecas, queriendo tratar con su Arzobispo el importante asunto de la fundación de su Instituto Religioso; pero no podía comunicarse con él ya que el Sr. Orozco era entonces perseguido, y estaba oculto. Sin embargo, venciendo dificultades, el Padre José María Robles, disfrazado de vaquero, fue en su busca. Llegó a Totatiche la noche del 25 de agosto de 1917, donde se encontraba el entonces Padre José Garibi Rivera (años más tarde: Arzobispo de Guadalajara y primer Cardenal Mexicano) condiscípulo suyo en el Seminario, quien le hizo desistir de su empresa harto peligrosa y expuesta, prometiéndole hacer sus veces ante el Sr. Arzobispo Orozco y Jiménez. Poco tiempo después, cuando el Sr. Orozco estuvo cerca de Nochistlán, ocasión que el Padre José María Robles juzgó oportuna, pero en idénticas circunstancias de persecución, se presentó ante él para decírselo, pero el Sr. Arzobispo al verlo, lo reprendió por la imprudencia de presentársele y lo exhortó a regresarse y esperar con paciencia mejores días. Después de larga espera, y de muchos intentos, el 27 de octubre de 1917, le manda el Sr. Orozco al Padre José María Robles una carta en la que le dice: ..."En cuanto tu asunto, me agrada y me parece cosa de Dios, y sólo por eso me parece conveniente ocuparme de ello...". El 5 de julio de 1918, en la ciudad de Lagos de Moreno, fue capturado por las fuerzas federales , el Arzobispo de Guadalajara, don Francisco Orozco y Jiménez. Lo expulsaron del país en un furgón de carga a los Estados Unidos. El día 2 de noviembre de 1918, el señor Arzobispo Orozco y Jiménez, envió desde Chicago, USA, el oficio del Padre José María Robles solicitando la aprobación de su Fundación, junto con una carta latina recomendatoria al Romano Pontífice. Sin esperar contestación alguna de parte de la Santa Sede, creyó oportuno el Sr. Arzobispo Orozco y Jiménez explicitar el deseado permiso para que iniciaran las jóvenes aspirantes del Padre José María Robles su vida religiosa. Así lo manifiesta en su carta del 9 de diciembre de 1918. Ya de regreso en Guadalajara, el 18 de enero de 1921, con autorización Pontificia del Papa Benedicto XV, el Sr. Arzobispo don Francisco Orozco y Jiménez, en la Santa Iglesia Catedral, corona a Nuestra Señora de Zapopan como Reina y Madre del Estado de Jalisco. Abundante correspondencia epistolar se realiza durante varios años entre el Sr. Orozco y el Padre José María Robles, tratando especialmente asuntos relativos a la Congregación Religiosa fundada por este último. Como ejemplo de ello, una fracción de la carta enviada por el Padre José María Robles el 6 de junio de 1921: "... Lo que no puedo sufrir es que su señoría me retire su paternal cariño y su confianza, porque en su señoría veo a Jesucristo..." Por su parte, el Arzobispo, con fecha 20 de junio de 1921, le contesta así: ..."Me ha causado mucha pena ver que te sientes desalentado por tu padre y prelado. Estás en un error, y te lo aseguro, porque estoy plenamente satisfecho de toda tu labor y de todas las obras que estás desarrollando en esa Parroquia (Tecolotlán), llevado del celo sacerdotal que te anima"... "Entre tanto, con la mayor estimación, soy tu afectísimo prelado que te aprecia y bendice". El 14 de noviembre de 1921, cierto individuo puso una bomba a los pies de la venerada imagen de Santa María de Guadalupe, pretextando colocar un ramo de flores. La bomba estalló produciendo grandes desperfectos en el altar, pero respetó milagrosamente la imagen. Las organizaciones católicas externaban por medios permitidos por la ley, y previa autorización oficial, alguna manifestación muda de protesta, que venía luego a ser atacada por los socialistas y a veces por la misma policía. El gobierno jamás castigó a los culpables, y siempre culpaba a los inocentes. Los católicos encontraron en el Arzobispo Orozco y Jiménez un líder que alentó la organización social. Bajo su dirección los católicos pasaron de la resistencia a la combatividad. Con él la Acción Católica tuvo un impulso importante: se fundó la Junta Diocesana de la Acción Social, se instaló el Consejo de la Orden de los Caballeros de Colón "Antonio Alcalde", se creó la Asociación Nacional de Padres de Familia y la Unión de Católicos Mexicanos. Todas estas organizaciones coincidían en la defensa de los derechos de Dios y de la Iglesia. Posteriormente se aglutinaron en la Unión Popular, entre cuyos propósitos se contaban "el sostenimiento de las escuelas y de un órgano periodístico". Para 1922, la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), había alcanzado un alto grado de madurez y estaba conformada por grupos de jóvenes de todo lugar y de diferentes estratos sociales. Algunos de sus miembros empezaron a formar grupos de resistencia, como la Unión Popular, en Guadalajara. Conocida como la "U", era una sociedad secreta que tenía una jerarquía de jefes: de colonia, sector, parroquia, ciudad y región, bajo la dirección de Monseñor Francisco Orozco y Jiménez, arzobispo de la Diócesis de Guadalajara; Anacleto González Flores (ahora Siervo de Dios y Mártir) fue designado su representante. En abril de 1922 había tenido lugar en Guadalajara el Congreso Nacional Obrero, presidido por el Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, cuya celebración autorizó el mismísimo presidente. Tal actividad, junto a la realización de otros encuentros de obreros católicos, fortaleció sobremanera la influencia clerical en los asuntos laborales, provocando algunos choques entre trabajadores católicos y "rojos". Los primeros serían apoyados por el empresariado, mientras que los últimos, principalmente por las autoridades estatales y los intelectuales que habían constituido el Centro Bohemio, que se habían convertido ya en auténticos rectores de la política local. Si desde el inicio de la Revolución Mexicana (1910) las cosas se habían puesto negras para la Iglesia y los católicos, con la llegada al poder del presidente Calles, el 1° de diciembre de 1924, se vieron en su apogeo. Los problemas antirreligiosos ya se dejaban sentir día a día, desde el año de 1925, pero tal no impedía que escuelas, hospitales, hospicios, etc., que la Iglesia manejaba, continuaran en funciones aunque, eso sí, con no pocas dificultades. Para aplicar con mayor extensión y rigor las antiguas leyes, Calles (fundador del Partido Nacional Revolucionario, que dio origen al actual PRI) expidió otras tres leyes persecutorias contra instituciones religiosas, sacerdotes y fieles católicos. Muchos obispos fueron perseguidos y hasta desterrados. El Sr. Orozco y Jiménez, valiente defensor de la Iglesia, fue cinco veces desterrado de su arquidiócesis. El Episcopado y los católicos habían hablado siempre de una campaña pacífica y legal para la reforma de las leyes antirreligiosas, que hacía imposible la vida de la Iglesia. Pero el presidente Calles y el Congreso de la Unión, frustraron esta campaña y desataron una violenta persecución contra la Iglesia. Frente a una situación que empeoraba siempre más, el Episcopado Mexicano, después de haber consultado a Su Santidad Pío XI, envió una carta colectiva a los fieles de la República Mexicana, ordenando el cierre de todos los templos a partir del 31 de julio de 1926 y suspendiendo todo culto religioso en protesta de la "Ley Calles". En septiembre de 1926, los obispos enviaron un memorando dirigida a las Cámaras, pretendiendo con gran ponderación e irrebatibles razones la reforma de las leyes contrarias a la Iglesia; pero fue rechazado, porque los obispos mexicanos no eran ciudadanos ni tenían el derecho de petición. Los profesionistas hicieron lo mismo enviando otro memorando a las cámaras. También los ciudadanos católicos presentaron ante las Cámaras un documento avalado por unos dos millones de firmas y organizaron movimientos mediante los cuales pretendían afectar económicamente al gobierno y al país. El memorando no fue tomado en cuenta, los representantes del pueblo no prestaron atención a lo solicitado por el mismo pueblo. El pueblo católico ya no pudo más y, sin que interviniera directamente la autoridad eclesiástica, decidió defender su libertad religiosa con las armas. Así se llegó a la "Guerra Cristera" a finales del año 1926, la lucha entre los católicos y el gobierno. El gobierno, aplicando con todo rigor las "Leyes de Calles", y el pueblo católico, pasando de la resistencia pasiva a la activa y armada. El 25 de octubre de 1926 el Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez tuvo que salir violentamente de Guadalajara , toda vez que el Ministerio de Gobernación había girado orden de aprehensión en su contra , y al no contar con alguna garantía de las autoridades, optó por ocultarse durante tres años. Se escondió durante el conflicto cristero, enviando desde la barranca sus cartas, sus consejos y cambiando su refugio de un lado para otro, evitando de vivir en la región dominada por los cristeros. Desde su refugio iba recibiendo las noticias del mundo y de su diócesis, de sus sacerdotes y de sus fieles. Cuando le llegaron las noticias de los primeros fusilamientos de sacerdotes y seglares inocentes, no pudo más callar; tomó la pluma y escribió una de las más inspiradas y proféticas cartas de sus veinticuatro años de gobierno de la diócesis. Se levantó la voz pública y autorizada del Arzobispo de Guadalajara, Monseñor Francisco Orozco y Jiménez, quien, el 15 de agosto de 1927, envió a sus diocesanos la XVII Carta Pastoral acerca de los últimos acontecimientos: "La cruel persecución que está sufriendo la Iglesia en México, llevada ya a las claras hasta los extremos, excita nuestro celo pastoral para dirigirnos una vez más, palabras de aliento... A Dios nuestro Señor sean dadas las gracias por el buen ejemplo que hemos recibido últimamente por el valor heroico con que han sufrido el martirio, no ya uno o dos entre el Venerable Clero y los fieles, sino una ya, verdadera pléyade de ínclitos confesores de Cristo... Consignaré aquí algunos, que la voz pública ya preconiza... el buen Padre David Galván de Guadalajara, Señor Cura Batis, de Durango, varios jóvenes de la benemérita Asociación de la Juventud Mexicana. Mi amada esposa la Iglesia de Guadalajara ciñe su frente, con los nombres imperecederos de siete denodados sacerdotes: don Jenaro Sánchez, colgado y apuñalado; Señor Cura de Nochistlán don Ramón Adame ajusticiado cruel y villanamente; don Sabás Reyes, héroe con nota de crueldad neroniana, sacrificado en Tototlán; Señor Cura de Tecolotlán, don José María Robles Hurtado cruelmente sacrificado en una montaña; el respetabilísimo y benemérito Señor Cura de Totatiche don Cristóbal Magallanes, acompañado del novel y ejemplar sacerdote don Agustín Caloca, fusilados en Colotlán; el humilde y abnegado sacerdote don José Isabel Flores, vicario de Matatlán que sufrió con toda heroicidad... Los nombres de Anacleto González Flores, Luis Padilla, Jorge y Ramón Vargas, hermanos, y Ezequiel y Salvador Huerta, también hermanos, son bien conocidos con todos los detalles de su heroico fin... Al hablar de esta manera, no por esto quiero adelantarme al juicio elevado y respetabilísimo de la Santa Sede, a quien corresponde dictaminar, discernir y aquilatar los méritos de las víctimas enumeradas... Yo me concreto a consignar aquí para edificación y estímulo vuestro, el concepto favorable, en que ya tiene en su memoria la pública estimación de los fieles..." Palabras proféticas en esta Carta Pastoral del Arzobispo Orozco y Jiménez, sesenta y cinco años más tarde, el 22 de noviembre de 1992, el Papa Juan Pablo II beatificó en Roma a veinticinco mártires mexicanos entre ellos los sacerdotes de la Iglesia recordados en la carta pastoral. Y con fecha 21 de mayo del año 2000 fueron declarados Santos por el mismo Sumo Pontífice. Ahora están en camino de la beatificación los demás seglares, igualmente nombrados en la Carta Pastoral del Arzobispo Orozco y Jiménez. De ellos también se conserva la memoria con toda veneración y... "La voz pública los preconiza Mártires Santos" El Señor Orozco, convaleciente de gravísima enfermedad, se vio obligado a regresar a Guadalajara, apareciendo públicamente en junio de 1929. El Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez fue visto por el gobierno mexicano como comandante supremo de la Cristiada al grado de "que pidió, a la hora de los acuerdos para poner fin al conflicto religioso, el 21 de junio de 1929, que saliera del país por un tiempo". La comunidad de las "Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres" contó con el privilegio de atender al Señor Arzobispo de Guadalajara, don Francisco Orozco y Jiménez, del año 1930 a 1936. La Madre Nati, el 30 de julio de 1930 logra la aprobación de la Diócesis por parte del Arzobispo Orozco y Jiménez, de la Congregación Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, quedando ella como la primera Superiora y es cuando cambia su nombre al de María de Jesús Sacramentado Venegas (ahora Santa Virgen). Fue el 27 de junio de 1933, cuando el entonces Arzobispo de Guadalajara, don Francisco Orozco y Jiménez, iniciaba el largo proceso de las Causas de Canonización de los Mártires Mexicanos. La formal aprobación diocesana de la fundación de la Congregación de las "Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado" no la vio su fundador, el Padre José María Robles, en vida. Fue dada el día 11 de julio de 1933, por Monseñor Orozco y Jiménez autorizado a su vez por la Sagrada Congregación de Religiosos de Roma, seis años después del martirio del Padre José María Robles. En diciembre de 1934, el presidente Cárdenas nombró Secretario de Agricultura a Garrido Canabal, quien siendo gobernador del Estado de Tabasco se caracterizó por su odio y salvaje persecución de la Iglesia. Los mexicanos querían paz, paz religiosa y política; pero atroces y sangrientos crímenes parecían volverlos a la época de Calles. El Señor Orozco y Jiménez vuelve a ser deportado a finales de 1935. Algunas referencias a la Iglesia en Baja California , están directamente relacionadas a la vida del Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, cuyo gobierno eclesiástico fue de 1913 a 1936, y bajo cuya responsabilidad en esa época quedó la misión evangelizadora a través del Vicariato Apostólico de la Baja California. El presidente Lázaro Cárdenas permitió que el señor Orozco y Jiménez volviera a su patria; pero el Arzobispo llegó muy enfermo y solo su enérgico carácter lo sostuvo con el trabajo hasta pocos días antes de su muerte que fue el 18 de febrero de 1836 en la ciudad de Guadalajara. Se podría decir que él fue el Arzobispo de la Persecución, muchos de sus sacerdotes, miembros de la Arquidiócesis de Guadalajara, fueron martirizados, perseguidos, encarcelados, asesinados, en Jalisco, Zacatecas, Durango, Chihuahua y en el Noroeste. El Señor Arzobispo don Francisco Orozco y Jiménez, "El Arzobispo Invencible", fue encaminando al Presbítero Doctor don José Garibi Rivera en diferentes puestos hasta nombrarlo Obispo auxiliar con derecho a sucesión en 1934. Al fallecer el Arzobispo, las responsabilidades de la arquidiócesis recayeron en don José Garibi Rivera, primer Cardenal Mexicano. El Sagrario Metropolitano, anexo a la Catedral de Guadalajara resguarda la tumba del Siervo de Dios Francisco Orozco y Jiménez. |











Siervo de Dios Monseñor Francisco Orozco y Jiménez Arzobispo de Guadalajara 1864 - 1936 Nació Noviembre 19, 1864 † Febrero 18, 1936 |
