Padre Jesús Héctor Gallego Herrera
Padre Jesús Héctor Gallego Herrera
En 1965, a los 27 años, Héctor Gallego fue informado por uno de sus compañero  seminaristas, que en la Diócesis de Veraguas, Panamá, sólo había 9 sacerdotes para prestarle servicios espirituales a 160.000 almas.  Dos años (1967) después es ubicado en San Francisco de Veraguas desempeñándose como Diácono.  Ese mismo año retorna a Medellín Colombia para consagrarse como sacerdote el 16 de julio de 1967. El encargado de ordenarlo en la parroquia del Carmen de su ciudad natal sería el Obispo de Santiago de Veraguas, Mons. Marcos Gregorio McGrath. Su buena relación con Mons. McGrath le facilitaría ser nombrado misionero en Panamá para desempeñar su labor eclesiástica.
El 13 de agosto del mismo año de 1967 se traslada a la población de San  Francisco, en Veraguas, donde oficia su primera misa. Una semana después,  se traslada a la población de Santa Fe donde comienza a  prestar diversos servicios religiosos  a  los campesinos del área.  La situación de pobreza  que se manifestaba en esta región, los abusos ejercidos por las autoridades gubernamentales sobre los campesinos y  la extrema explotación ejercida sobre ellos por los terratenientes de la región fueron sensibilizándolo y orillándolo a convertirse en protector de aquellos campesinos. En dicha población denuncia la violencia institucionalizada contra los pobres.  Su posición en defensa de los intereses de los campesinos lo convierte rápidamente en enemigo de los terratenientes y en blanco de represalia.
Después del golpe militar al gobierno panameño en 1968, las comunidades campesinas comenzaron a vivir un período de terror.  Muchos terratenientes aliados con  funcionarios gubernamentales  arrebataron tierras a las comunidades campesinas  y acentuaron la explotación de los jornaleros que trabajaban dentro de sus propiedades.   Además, la producción de los campesinos en las tierras comunales era acaparada por los terratenientes, quienes les compraban los productos a precios irrisorios para que en épocas de escaza producción  poder vendérselas  a precios sumamente altos.  Por estos y muchos otros abusos Gallego comenzó a impulsar la organización de los campesinos en una Cooperativa, hecho que le granjeó la animadversión de dueños de poderosos negocios del área, pues éste constituía el único bastión de lucha para evitar la explotación y la profundización del empobrecimiento del campesinado del distrito de Santa Fe en Veraguas.
El 2 de julio de 1970, uno de los terratenientes que se consideraba afectado por la organización que Gallego había impulsado en la comunidad campesina,  acusó a Gallego de ser el responsable de haber quemado la planta eléctrica que él había  prestado durante la campaña política de 1968.  Los servicios de seguridad de la dictadura arrestaron al sacerdote y con la asistencia de Mons. Marcos Gregorio Mcgrath, pudo librarse de nefastas consecuencias.  El incidente fue muy comentado en todo Veraguas, llegando La Conferencia Episcopal a emitir un pronunciamiento público el 16 de julio de 1971.

Durante el mes de marzo de 1971 Gallego se desempeñaba como vocero de los campesinos de Santa Fe en los encuentros que impulsaba el gobierno para discutir  un plan de desarrollo para esa comunidad. El sacerdote se reunía con los campesinos, escuchaba sus puntos de vista y portaba las peticiones a las autoridades gubernamentales. En ese sentido, Gallego se reunió con el jefe de Estado, el 30 de marzo y  recibió los documentos sobre el nuevo plan de desarrollo. Estos documentos fueron presentados por a los dirigentes  de las comunidades, quienes los analizaron, rechazaron varios puntos del proyecto gubernamental y  presentaron sus propias peticiones.
Biografía enviada por el Padre:
Pedro Antonio Moreno Mina
Panamá.
En mayo de 1971 las relaciones entre las comunidades campesinas de Santa Fe y los funcionarios gubernamentales aceleraron su deterioro. Los funcionarios encargados del área agrícola  no compartían las sugerencias propuestas por el campesinado para el plan de desarrollo agrícola de la región.  Las conclusiones de los campesinos alarmaron enormemente a los miembros del Estado Mayor, pues consideraban que las propuestas campesinas se orientaban a provocar la recuperación de tierras, adquirir el control del comercio, aumentar la producción y garantizar los servicios de salud para los campesinos. La cúpula de la dictadura militar dio carta abierta para que se ejerciera presión sobre Gallego para obligarlo a encuadrar sus actos dentro de los lineamientos del régimen.

El 23 de mayo de 1971 elementos de la policía militar del régimen le prendieron fuego al rancho de Gallego, obligándolo a buscar refugio en casa de una familia del lugar.  Este y otros incidentes intimidatorios hicieron que Gallego presintiera que algún acto violento contra él estaban planeando los sicarios de la dictadura. Por eso, les comunicó a  los campesinos de la cooperativa "Esperanza de los Campesinos" que si algo le sucedía ellos deberían de continuar la lucha:
Urgía a los militares  acallar, sin demora, la palabra cierta del sacerdote, la que movía voluntades hacia la consecución de una patria en donde resplandeciera la verdad y la justicia; era un imperativo de los militares eliminar al hombre que representaba una bandera contra el atropello y despojo cometido por personajes del régimen y por caciques políticos que siempre han explotado las lágrimas y el sudor del pobres en las zonas rurales de Veraguas y de otros puntos de la nación. El Estado Mayor toma la decisión de capturar y deportar a Gallego acusado de comunista e inventar una serie de delitos subversivos y justificar  su deportación. Lo cierto es que los altos mandos del instituto armado  sabían sobre la operación que se estaba tramando en contra del padre Gallego.

El singular sacerdote fue secuestrado la noche del miércoles 9 de junio de 1971, en la comunidad campesina veraguense de Santa Fe. Los verdugos privaron violentamente de su libertad  al padre Gallego, lo secuestraron y lo forzaron a desaparecer. Poco antes de que saliera el sol ese 10 de junio de 1971, los verdugos se percataron de que las heridas que le habían ocasionado al sacerdote eran de suma gravedad y que los síntomas que manifestaba eran la de un moribundo: "el cráneo de Gallego sufrió fracturas como consecuencia de golpes que recibió después de ser detenido."
Monumento al Padre Héctor Gallego
en Santa Fe de Veraguas, Panamá.
EL SECUESTRO DEL PADRE GALLEGO

El 1 de junio de 1971 el padre Gallego hizo un nuevo intento para obtener una entrevista con el jefe del Estado Mayor, con el propósito de  presentarle las principales peticiones de los dirigentes campesinos sobre el plan de desarrollo para el campo. Su gestión no logró materializarse. Durante los 3 siguientes días, Gallego estuvo en la ciudad capital participando en un curso  sacerdotal. Su estancia fue aprovechada por la emisora católica Radio Hogar para realizarle una entrevista. En la entrevista que concede el 4 de junio de 1971 Gallego arremete contra los grandes comerciantes y terratenientes de la región y señala que la orientación del movimiento social y político que se estaba gestando en Santa Fe tenía que  irradiarse a todo el país. Sus declaraciones alarmaron enormemente a los dirigentes de la dictadura, quienes  giraron instrucciones para desmembrar la cooperativa.
La muerte del sacerdote originó serias preocupaciones en la cúpula del régimen militar. Si el cadáver se le entregaba a los directivos de la comunidad  católica, podía constatarse las consecuencias de las torturas a las que fue sometido el sacerdote y el mundo se enteraría de las atrocidades con la que se manejaba la dictadura militar. Por otra parte, un conflicto diplomático con el Vaticano era lo que ellos menos deseaban. Sin embargo, el pueblo clama continuar con las investigaciones hasta esclarecer la desaparición y muerte del padre Gallego.

Fue en aquellos años, teñidos de sangre y de sacrificios, sellados por profundas  convicciones y esperanzas, años de euforia teológica y de innovaciones pastorales, que Héctor Gallego caminó por las trochas bravas de Santa Fe de Veraguas, Panama.  En apenas tres años de itinerario, aquel hombre, de apariencia insignificante, transformó un remoto rincón del campo panameño y el corazón y el cerebro de muchas de sus gentes.  Y conmovió a todo Panamá.  Un auténtico record pastoral.  Tres años: como Jesús.
Jesús Héctor Gallego Herrera nació en el pueblo antioqueño de Montebello, municipio de Salgar, en Colombia, el 7 de enero de 1938.  Fue el mayor de once hijos del matrimonio de Horacio Gallego y Alejandrina Herrera.  Desde muy temprana edad se sensibilizó con los problemas sociales y políticos que  afectaban a la población más pobre de las áreas rurales y se forjó el propósito de hacerse sacerdote y llevar la palabra de Dios a cualquier parte donde se requiriera sus servicios.
Mártir, Profeta y Pastor, por ser fiel
  al Evangelio y a los pobres.
Jesús Gallego Herrera
Padre Jesús Héctor Gallego Herrera
Padre Jesús Héctor Gallego Herrera
Ustedes saben que ya me están persiguiendo y en cualquier momento me pueden hacer alguna cosa..."  Ustedes son responsables de llevar a cabo el programa de Evangelización que encausará la liberación de los hombres de este mundo, y en especial en Santa Fe. Es por esto que les digo, que si desaparezco no me busquen sino que sigan la lucha, por que lo importante es la salvación de todos los hombres de la explotación y esclavitud ocasionada por los explotadores y por esto hay que morir si es necesario. Este es el compromiso último de un cristiano.
Padre Jesús Héctor Gallego Herrera
Padre Jesús Héctor Gallego Herrera
Monumento al Padre Héctor Gallego 
en Santa Fe de Veraguas, Panamá
Fue un pionero.  Cuando se iniciaba en el continente la pastoral del acompañamiento, ahí estaba él.  Cuando se empezaba a tejer nuevas organizaciones de base cimentándolas en el evangelio, ahí estaba él.  Cuando se inauguraba una nueva manera de ser Iglesia y de ser sacerdote, nuevos compromisos y nuevos riesgos, también estaba él.  Y a la hora de pagar el precio de estos cambios, también.  Cuando en el continente aún no había  "desaparecidos", él desapareció el primero.  Cuando empezaba a escribirse el martirologio de la Iglesia latinoamericana, entre los caídos de la primera hora, a sus 33 años, como Jesús, Héctor Gallego.  Pionero sin pretenderlo.  Hizo mucho en muy poco tiempo.  Tal vez sabía que no viviría demasiado.  Y por eso, su prisa, su paso tenaz, que dejó huellas tan hondas.
Fallecidos en Olor de Santidad, de Panamá