
Beata María Bernarda Bütler (1848-1924) 19 de mayo Textos de L'Osservatore Romano Biografía tomada de L'Osservatore Romano. María Bernarda (de nombre de pila: Verena) nació y fue bautizada en Auw (cantón de Argovia, Suiza) el día 28 de mayo de 1848. Era la cuarta hija de Enrique y de Catalina Bütler, campesinos humildes y católicos practicantes. Al concluir la enseñanza escolar básica, se dedicó a los quehaceres domésticos y al trabajo en el campo. En plena juventud ingresó en una casa de religiosas. Al sentir que Dios no la llamaba a vivir en aquel lugar, regresó a la casa paterna, donde, entregada al trabajo, a la oración y al apostolado, continuó alimentando su vocación hasta que, el día 12 de noviembre de 1867, a los 19 años de edad, ingresó en el monasterio franciscano de María Auxiliadora, en Altstätten (Suiza). El 4 de mayo de 1868 vistió el hábito franciscano, tomando el nombre religioso de María Bernarda del Sagrado Corazón de María. Hizo la profesión religiosa el 4 de octubre de 1869. Destacaba por su profunda virtud y sus cualidades humanas; por ello, no tardó en ser nombrada maestra de novicias y, más tarde, superiora, servicio que prestó hasta su partida para las misiones. Cuando Mons. Pedro Schumacher, obispo de Portoviejo (Ecuador), escribió relatando el total abandono en que vivía la gente de aquellas tierras y ofreciendo su diócesis como campo misionero, María Bernarda tuvo el convencimiento de que aquella invitación era una clara llamada de Dios a anunciar el Evangelio y a fundar una casa filial del monasterio de Altstätten en tierras ecuatorianas. Tras vencer la resistencia inicial de las autoridades eclesiásticas y obtener el permiso pontificio para dejar el monasterio, el 19 de junio de 1888, se dirigió, con seis compañeras, a Le Havre, Francia, donde embarcaron las siete rumbo a Ecuador. |

María Bernarda, fundadora de las Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, nació
en Suiza y murió en Cartagena de Indias (Colombia). Siendo ya religiosa franciscana
en su patria, marchó a Ecuador para desarrollar su vocación misionera,
y luego pasó a Colombia. Dimensiones principales de su vida fueron la intensa
oración, el apostolado, el servicio a los enfermos y desamparados, y la dirección
de la Congregación en que se convirtió lo que en principio iba a ser una casa
filial del monasterio suizo. El 29 de octubre de 1995, Juan Pablo II la beatificó
junto a otras dos hijas espirituales de San Francisco: María Teresa Sherer (16 de junio) y Margarita Bays (27 de junio). |




Aquel paso, concebido sólo como el inicio de la fundación de una filial misionera
del monasterio suizo, fue, de hecho, el inicio de un proceso que convirtió a
María Bernarda en fundadora de un nuevo instituto, la congregación de las Hermanas
Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora. Cuando llegaron a Ecuador, el
obispo asignó a las siete religiosas la población de Chone, lugar difícil y espiritualmente
abandonado, que contaba con unos 13.000 habitantes. Puso como base
de su actividad misionera la oración, la pobreza, la fidelidad a la Iglesia y
el ejercicio de las obras de misericordia. Se encargaron de la educación de los
niños y jóvenes, anunciándoles el Evangelio, animaban la liturgia, visitaban
y asistían a los enfermos y a los pobres. La semilla derramada por esta gran mujer
germinó y fructificó. Surgieron varias casas filiales en Ecuador. Pero la obra
estuvo marcada también por el misterio de la cruz: pobreza absoluta, clima
tórrido, inseguridades y dificultades de toda especie, se agregaron a malentendidos
por parte de algunas autoridades de la Iglesia y la separación del instituto
de algunas hermanas de su primera fundación fuera de Ecuador. En 1895 la madre
María Bernarda y más de 15 hermanas tuvieron que huir de Ecuador, a causa de
una violenta persecución contra la Iglesia. En el puerto de Bahía se embarcaron
rumbo a Colombia. Durante la travesía recibieron la invitación de Mons. Eugenio
Biffi, obispo de Cartagena de Indias, a trabajar en su diócesis. El día 2 de
agosto de 1895 llegaron al puerto de Cartagena. Mons. Biffi las atendió paternalmente
y les asignó como residencia un ala del hospital de mujeres, llamado Obra
Pía, donde María Bernarda murió años más tarde. El número de las hermanas creció
y la congregación fundó casas en Colombia, Austria y Brasil. La madre Bernarda
permanecía temporadas con las hermanas en los diversos lugares, compartía
con ellas su trabajo y su vida, era ejemplo vivo de sencillez evangélica, edificaba
y animaba a todas. Atendía con ternura y misericordia a todos los necesitados
en el alma o en el cuerpo, pero sus predilectos eran los pobres y los enfermos.
Oraba, exhortaba, escribía y evangelizaba con asombrosa entrega e intensidad.
Dirigió su congregación durante 32 años. Y cuando renunció con gratitud y humildad
a este servicio, continuó animando a las hermanas con su ejemplo, su palabra
y sus innumerables escritos, que son una mina de doctrina y de fecundidad
espiritual. Falleció el 19 de mayo de 1924, en la Obra Pía, a los 76 años de edad, 56 de vida religiosa franciscana y 36 de misionera en América Latina. El 29 de octubre de 1995, Juan Pablo II beatificó a tres hijas espirituales de san Francisco: María Bernarda Bütler, María Teresa Sherer (cf. 16 de junio) y Margarita Bays (cf. 27 de junio). [L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 27 de octubre de 1995] |

Del discurso que Juan Pablo II dirigió, al día siguiente, a los peregrinos (30-X-1995). María Teresa Scherer, María Bernarda Bütler y Margarita Bays, cada una a su manera, vivieron el carisma propio de san Francisco de Asís. Saludo con afecto a las religiosas de los institutos a los que pertenecieron María Teresa y María Bernarda. Deseo vivamente que las celebraciones en Roma sean aliento para vuestra consagración religiosa, ayuda para llevar una vida de oración como la de ellas, y renovado impulso en los numerosos servicios prestados a la Iglesia y a la humanidad en todo el mundo. Me complazco especialmente por todos los esfuerzos para ayudar a las personas que se encuentran en situaciones difíciles de pobreza y de enfermedad, y que tienen derecho a toda nuestra solicitud. Cuando acudís a asistirlas, les mostráis de manera explícita el rostro de Dios, que oye el clamor de su pueblo y que manifiesta así toda su ternura de Padre infinitamente bueno. Vuestra dedicación a los niños y a los jóvenes es también importante. Su educación humana y cristiana debe atraer vuestra atención, tanto en el ámbito escolar como en el de la formación religiosa. Amadísimos hermanos y hermanas, sabed aceptar la invitación a seguir a Cristo por el camino de la humildad y la obediencia, camino que María Teresa, María Bernarda y Margarita recorrieron con intrepidez, inspirándose y sacando fuerzas, aun en situaciones muy diversas, de los ejemplos y de la espiritualidad de san Francisco de Asís. Su historia humana y espiritual muestra cuán maravillosas son las obras que el Señor realiza en los corazones sencillos y dóciles a su gracia. [L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 3 de noviembre de 1995] |
Abril 26: Beata María Bernarda Bütler. Virgen de la Tercera Orden Regular, Fundadora de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora (1848-1924). Beatificada por Juan Pablo II el 29 de octubre de 1995. (Su fiesta es el 19 de mayo). María Bernarda (Verena) Bütler nació en Auw, Suiza, el 28 de mayo de 1848, cuarta entre ocho hijos de Enrique y Catalina Bütler, modestos campesinos pero sabios padres cristianos. En 1867, acogiendo la invitación del Señor y guiada por su párroco, Verena ingresó entre las Clarisas Capuchinas del monasterio de Altstätten, en la diócesis de San Gall, edificando a sus hermanas con una vida ejemplar. Fue maestra de novicias y posteriormente superiora del Monasterio durante nueve años. Advirtiendo en su corazón una fuerte atracción por la vida misionera, aceptó de buen grado el llamado de Mons. Pedro Schumacher, obispo de Portoviejo, en Ecuador, que le pedía ir como misionera a su diócesis. Superadas las dificultades iniciales y obtenido el indulto pontificio, el 19 de junio de 1888 María Bernarda y seis compañeras partieron para Ecuador, donde fundó la Congregación de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, para dedicarse con mayor libertad a las obras de caridad. La meta de su evangelización era la extensión del Reino de Dios, la contemplación de la Trinidad, de la cual emana todo amor y misericordia, el Corazón de Jesús, la Eucaristía y María Santísima fueron el centro de su espiritualidad. El Señor guiaba a su sierva hacia otros campos necesitados. En 1895, la violenta persecución religiosa acaecida en el Ecuador, obligó a María Bernarda a refugiarse en Colombia. Recibida por Mons. Eugenio Biffi, la madre llegó a Cartagena en compañía de sus 15 primeras hermanas, el día 2 de agosto, fiesta de Santa María de los Angeles. Colombia fue la tierra donde Dios quiso que la heroica Madre se quedara para siempre y donde finalmente se consolidó su obra. Después de haber guiado a su Congregación religiosa por casi treinta años, María Bernarda se durmió en el Señor el 19 de mayo de 1924, llorada por todos los pobres de la ciudad y por todos aclamada como santa. |

De la homilía de Juan Pablo II en la misa de beatificación (29-X-1995)3. En esa misma
época [siglo XIX], otra religiosa, María Bernarda Bütler oye una llamada semejante
para servir a los pobres y entra en el monasterio de las Franciscanas
Misioneras de María Hilf d'Altstätten. Como perfecta hija de san Francisco de Asís,
desea servir a Dios sirviendo a sus hermanos. Es admirable su generosidad.
De forma radical se desprende de todo y arriesga su vida por Cristo, pues su deseo
más grande es anunciar al Señor hasta los extremos de la tierra. Abandona
definitivamente Suiza para ponerse al servicio de la Iglesia, primero en Ecuador
y después en Colombia, donde va a compartir los sufrimientos de la gente, en
particular de los pobres, los enfermos y marginados. Funda en este último país
la congregación de las Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, a las cuales
deja como tarea esencial el trabajo por la salvación de los hombres y por el
reconocimiento de su dignidad como hijos de Dios. La fuente de su apostolado fue
siempre la oración, y de modo especial la santa misa, pilar de su vida espiritual,
actualización del sacrificio de Cristo por medio del cual Dios unifica la
existencia de cada hombre y transfigura su humanidad. La participación en la
Eucaristía realiza la comunión con Dios y la nueva fraternidad en Cristo. En el
centro de la existencia de María Bernarda está el amor. Ella estaba convencida
de que la virtud principal es la caridad, alma de todas las demás virtudes (cf.
San Vicente de Paúl, Avisos y máximas, n. 46): el amor a Dios y el amor a los
hombres, que la llevaba a perdonar siempre; en efecto, quien recibe el Cuerpo
de Cristo no puede despreciar a su hermano. Incluso en la persecución, mostró que
el camino que supera todos los caminos es el amor. Tuvo también una viva conciencia
de ser hija de la Iglesia, de "nuestra santa madre Iglesia", como le gustaba
repetir, pues toda vida cristiana se desarrolla en el seno de la Iglesia,
de la cual Cristo es la cabeza. Y honraba especialmente a los que habían recibido
el ministerio sacerdotal, pues participan del poder santificador del Señor,
y rezaba para que ejercitasen su ministerio según la voluntad de Dios. Por la
Iglesia y en la Iglesia cada uno recibe la plenitud de gracias del Salvador. Vemos,
pues, así que María Bernarda Bütler es una perla resplandeciente de la corona
de gloria del Señor y de su Iglesia. La nueva beata nos invita a este mismo
amor a Dios y a su pueblo santo, para que seamos siempre artífices de la comunión
eclesial, pues "allí donde está la Iglesia, está también el Espíritu de Dios;
allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y todas las gracias" (San
Ireneo, Adversus haereses, 3, 24, 1). |
Muchas Gracias Jorge ! por enviarme la foto de la Beata María Bernarda Butler. Jorge Catalán Jara. De Mexico. |










