Laico, Padre de Familia. Miguel Gómez Loza nació en Paredones, hoy El Refugio, municipio de Tepatitlán, Jalisco, el 11 de agosto de 1888. |



Mártir Mexicano 1888 - 1928 |
Se hizo cargo del hogar con tal responsabilidad y empeño, que más tarde, los dos
hermanos, como reconocimiento a su entrega y fortaleza, decidieron invertir sus
apellidos, de Loza Gómez a Gómez Loza. La madre les infundió a sus dos hijos un
gran amor a Dios "hasta dar la vida por Él", como solía repetir. Miguel se distinguió desde niño por su espíritu de piedad. Guiado por su madre, se desarrollaron en él dos grandes cualidades: la lealtad y la rectitud en todos sus actos, el candor y la ingenuidad de su alma, mostrando desde pequeño su interés por las necesidades de los demás. Entre muchas otras cosas, desde muy temprana edad fundó una caja de ahorros que después se transformó en una cooperativa en la que se vendían desde prendas de vestir hasta catecismos. Desde su infancia Miguel tuvo un gran amor a la Santísima Virgen en su advocación de "Refugio de los Pecadores", demostrándolo con los hechos. A Miguel le tocó la época en que se cerraron los colegios parroquiales porque en ellos se enseñaba la doctrina cristiana. Tal fue "por orden superior" una vez que hubo cambio político, lo cual inició la corriente de la escuela oficial con obligación, bajo pena a los padres de familia, de enviar a sus hijos a ella. |
Hijo de don Petronilo Loza, "ranchero a carta cabal, ignorante, pero de apreciada
lealtad, así como juicioso en buena dosis", y de doña Victoriana Gómez, "mujer
de recia personalidad, de gran valor ante la vida, espíritu de piedad y de profunda
fe". Doña Victoriana quedó viuda a los treinta y tres años con dos hijos: Elías, de ocho años de edad y Miguel, con tan sólo dos de existencia. Educó a sus niños ante la imagen paterna, la cual nunca dejó desaparecer de la mente de sus críos educándolos bajo su ejemplo. |
La efervescencia política que se desató después del 20 de noviembre de 1910, con
la Revolución Mexicana, llevó a los católicos a formar un Partido Católico Nacional
que llegó hasta los últimos poblados de la geografía mexicana. Cuando tal
Partido alcanzó a El Refugio, Miguel, que ya tenía 22 años, tomó parte muy activa
en su organización. Una vez que hubo elecciones , Miguel se prestó como representante de su Partido en las casillas del pueblo, a la hora de hacer el recuento de los votos, se dio cuenta que sus adversarios políticos se preparaban para un fraude electoral. Miguel organizó a sus amigos para que se llevaran las urnas a Tepatitlán a fin de que se hiciera el recuento legal. Este gesto le constó una golpiza de parte de sus adversarios. Entendió Miguel que con la fuerza no se podía hacer nada y tomó la resolución de estudiar leyes para defender con la fuerza del derecho los intereses del pueblo. Su hermano Elías prefirió estudiar para sacerdote. Se ordenó en 1913 y se le destinó como vicario de su pueblo natal, pudiendo así auxiliar a su madre y cumplir con todo lo relacionado a su ministerio. |



Esa gente invadió sin miramiento alguno la ciudad, el palacio episcopal, el seminario
de San José; los colegios, escuelas, universidades e institutos que, directa
o indirectamente, dependían de la Iglesia, así como los hospitales y asilos.
También casas particulares, para convertirlo casi todo en cuarteles. Expulsaron,
además, del país a todos los religiosos que fuesen extranjeros. A las monjas
las exclaustraron y las secularizaron. En aquel momento no se podía hacer nada en concreto. Miguel prefirió volver a El Refugio, donde permaneció hasta 1915, año en el que pudo volver a Guadalajara para reanudar sus estudios e ingresar a la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM). Desde 1917 era una realidad la persecución religiosa. Se hacía impracticable el culto y la enseñanza de la religión, especialmente la católica. Las leyes trataban de silenciar el periodismo católico y era evidente un complot bien orquestado que enardeció no sólo a los jóvenes de ambos sexos, sino también a buena cantidad de adultos que, entre todos, hicieron oír su voz por los medios que tuvieran a su alcance. Miguel fundó un periódico mensual al que llamó "El Cruzado", haciéndose cargo de la sección obrera. Organizaciones, asociaciones, publicaciones, etc., surgieron por todas partes entre obreros, artesanos, agricultores, empleados de comercio. Miguel andaba metido en todo ello y tal le costó la cárcel infinidad de veces, entre otras cosas por arrancar de las paredes la propaganda comunista, a veces injuriosa y calumniosa en contra de la Iglesia. Las cosas en Guadalajara no iban nada bien. Los bolcheviques se dieron el lujo de izar la bandera rojinegra en el asta de la catedral tapatía como símbolo de su triunfo sobre los católicos, pero Miguel, abriéndose paso entre la muchedumbre, alcanzó el asta y desgarró aquel lábaro, cosa que, naturalmente no se iba a quedar así nada más. Los enemigos le dieron tremenda paliza. Justo en el momento de la trifulca entre bolcheviques y católicos, aún apaleado, se alzó la voz de Miguel gritando: |
En dicha escuela, Miguel hizo, siendo aún pequeño, su primera demostración de valentía
e integridad entre su pensamiento y su acción. Resulta que los maestros adornaron
el salón de clases sobreponiendo un retrato del presidente Benito Juárez
sobre la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe. A Miguel no le pareció;
bajó la fotografía y se la ató en la cola a un caballo, lo que le valió que el
comisario lo aprehendiera y lo hiciera arrastrar varias cuadras atado a otro equino.
Desde entonces dio muestras de sufrir por Cristo. Sus actitudes resueltas empezaron a ganarle simpatía. Era amigo de todos. Sus compañeros lo seguían con respeto. En Miguel empezaba ya a destacarse su perfil de líder. Se admiraba su piedad y su apego a la religión; fue acólito y luego sacristán y catequista; a su petición, la Mitra de Guadalajara estableció que el pueblo tuviese un vicario fijo. Por su celo e insistencia Miguel logró con la firma de todos sus paisanos, que el pueblo cambiara de nombre de Paredones por el de El Refugio, ya que la patrona era Nuestra Señora del Refugio. |




Por su arrojo fue encarcelado varias veces y las represalias contra Miguel no se
hacían esperar. En 1922 se recibió de abogado, pero el título se le negó por orden
del gobernador de Jalisco, don José Guadalupe Zuno (quien más tarde se convirtió
en suegro del ex presidente mexicano Luis Echeverría Álvarez). A finales de diciembre de 1922 Miguel contrajo matrimonio con María Guadalupe Sánchez Barragán. Celebró la Misa su hermano, el Padre Elías, y tomó la palabra, su director espiritual, el Padre Vicente María Camacho. "Recuerdo cómo se llenaron sus ojos de lágrimas -contó más tarde el Padre Camacho-, cuando le dije en esa ocasión, que su matrimonio era celebrado con en una trinchera, rodeado de sus camaradas de lucha, y al pie de su bandera (presidía el acto la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe). En el desayuno de ese día, un amigo le dijo bromeando, que lo primero que Miguel le compró a su esposa fue una canasta para que le llevara la comida a la cárcel". |
Miguel se trasladó con su esposa a la población de Arandas, Jalisco, sin el pergamino
oficial, pero sí con el derecho de ejercer su profesión, y abrió su despacho
como abogado. Ahí conoció a uno de los grandes líderes sociales y cofundadores
de la Adoración de Arandas, Luis Magaña Servín. (Siervo de Dios y Mártir). En septiembre de 1923 nació su primera hija a quien bautizó con el nombre de María de Jesús. Las autoridades de Arandas, aprovechando la falta de título profesional de Miguel Gómez Loza, consiguieron la violenta y arbitraria expulsión del mismo de ese municipio, sin que mediara orden judicial alguna. Después de tres meses de destierro en Jalpa de Canovas, Guanajuato, Miguel retornó a Guadalajara, donde se reunió con su familia. El 1° de diciembre de 1924 subió a la presidencia de la República el general Plutarco Elías Calles. En ese mismo mes de diciembre, José Guadalupe Zuno, gobernador de Jalisco, decretó la clausura del seminario mayor diocesano. Los católicos de Guadalajara reaccionaron organizando la Unión Popular que -según sus estatutos- tenía que reunir todas las fuerzas vivas de los católicos. Su lema era: |





Miguel tomó la decisión de trasladarse a Guadalajara para continuar con sus estudios.
Mas, no se fue de su pueblo sin dejarlo con un buen número de obras, entre
las que se cuentan una caja rural para rehabilitación de los campesinos, una sociedad
cooperativa de consumo, una botica cooperativa y los círculos de estudio,
que elevaron el nivel cultural propio de sus contemporáneos. Ya establecido en Guadalajara entró en contacto con los principales líderes católicos de la capital tapatía: Miguel Palomar y Vizcarra y Anacleto González Flores (Beato y Mártir), su paisano de Tepatitlán y de la misma edad. Primero se inscribió en la preparatoria del Seminario Conciliar de Guadalajara. Sin embargo, pronto se dio cuenta que no era su camino el sacerdocio sino más bien lo político y lo social, y se matriculó en el Instituto del Sagrado Corazón de Jesús. El director de ese instituto era el Padre San José María Robles Hurtado. Pero la vida de ese instituto fue efímera, desapareció con el avance de las tropas obregonistas a Guadalajara, en mayo de 1914. |



¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva México! |




El 23 de febrero de 1926 el gobierno clausuró la casa de la ACJM y Miguel fue encarcelado.
El 1° de abril fue puesto en libertad, pero al salir de la cárcel fue
secuestrado por agentes de la policía secreta. Por suerte, algunos amigos lograron
liberarlo. Para obligar al gobierno a que derogara la Ley Calles, la Unión Popular declaró un boicot económico, obligando a los católicos a comprar solamente lo necesario. Miguel que era tesorero de la Unión, empezó una fuerte campaña de proselitismo a favor del boicot enviando a los muchachos de la ACJM a todos los pueblos de Jalisco. El 31 de julio de 1926 las campanas de todos los templos de Guadalajara repicaron por última vez y los templos se cerraron. Los fieles acudían a casas particulares, a escondidas y de noche, para escuchar la Palabra de Dios de la boca de los sacerdotes. En agosto empezaron a llegar las primeras noticias de los caídos a favor de la causa católica. En septiembre fueron inútiles los recursos de los obispos y de los fieles ante la Cámara de Diputados para que se derogara la Ley Calles y en octubre llegó la noticia de los primeros levantamientos de grupos aislados campesinos. |

Mientras en Guadalajara arreciaba la persecución del gobernador Silvano Barba González
que multiplicaba sus arbitrariedades contra los sacerdotes que ejercían su
ministerio en la clandestinidad y a los católicos que asistían a los actos de
culto. La Unión Popular que dirigía Anacleto tuvo que tomar una determinación
de capital importancia, pues la Liga Defensora de la Libertad Religiosa de la Ciudad
de México ya había optado por la lucha armada. En diciembre de 1926, Miguel viajó a su pueblo natal para asistir al sepelio de su hermano sacerdote, el Padre Elías, quien fue asesinado cuando era vicario de El Refugio. Miguel se trajo a su madre a Guadalajara, poniéndola bajo el cuidado de su esposa. A su regreso, Miguel se encontró con la novedad que la Unión Popular había aceptado entrar en la lucha, y a él le habían asignado la responsabilidad de jefe civil de la zona de los Altos de Jalisco. Aceptó su nueva obligación y el 5 de febrero de 1927, pocos días antes del levantamiento oficial de los cristeros, fue a establecerse en el campamento Picachos, cerca de Tepatitlán. Después se fue al campamento del Cerro Gordo, municipio de Arandas, desplazándose de un punto a otro a donde hiciera falta su presencia. Miguel no tomó las armas. Su misión era la de animar a los combatientes. Se sabe que en varias ocasiones solicitó a la autoridad eclesiástica capellanes para dar asistencia espiritual a las tropas. El mismo repartía escapularios, medallas y crucifijos. El 1° de abril de 1927, Anacleto González Flores y compañeros fueron descubiertos y fusilados tras crueles martirios. Miguel sintió profundamente la pérdida de sus amigos. Con la muerte de Anacleto, la Liga Nacional de la Libertad Religiosa nombró a Miguel como jefe civil de Jalisco. En junio de 1927 se estableció en la Presa de López, del municipio de Arandas y siguió imprimiendo Gladium, órgano de noticias de la causa cristera. Como jefe civil enviaba circulares y decretos exigiendo de los ciudadanos el deber de entregar sus contribuciones fiscales al Gobierno Nacional Libertador. |

El domingo 30 de octubre de 1927, en Palmitos, municipio de San Julián organizó entre
los cristeros la celebración solemne de la fiesta de Cristo Rey. La mayoría
de los combatientes se confesaron y comulgaron. Miguel lo reportó con gran gusto
al Padre Vicente Camacho, escribiéndole: "Ayúdame a dar gracias a Dios: hoy, día de Cristo Rey, logré que hubiera una comunión general de más de mil hombres". |

En el mes de marzo de 1928 Miguel se estableció en una ranchería próxima a Atotonilco,
llamada El Lindero. Desgraciadamente su paradero fue descubierto y el 21
de marzo de 1928, una avanzada de federales se apostó en torno a la finca donde
él estaba con su fiel secretario Dionisio Vázquez. Cuando se dieron cuenta de
la presencia de los soldados, ya era demasiado tarde. Intentaron huir, pero fueron
acribillados. A Miguel le entró una bala por la espalda. Al examinar sus papeles, los federales se dieron cuenta que habían matado al gobernador de los cristeros de Jalisco, lo que los llenó de rabia optando por atarlo a la cabeza de una silla de caballo y arrastrarlo un buen tramo. Finalmente, acabaron por vaciarle la carga de una pistola. Con saña lo arrastraron hasta la plaza de Atotonilco el Alto, exponiendo ahí su cuerpo. Las autoridades mismas se encargaron de embalsamar sus despojos y de llevarlo a Guadalajara para exhibirlo ante el público como escarmiento. |
Resulta muy natural que, detrás de una vida muy entregada a tan grandes ideales,
el sepelio de Miguel Gómez Loza resultara apoteótico. Se congregaron, como era
costumbre en esos casos, gentes por millares que abarrotaron las calles vitoreando
a Cristo Rey, a la Virgen de Guadalupe, a México y a la Unión Popular. Una gran multitud acudió al sepelio en el panteón de Mezquitán, en donde ya descansaban los restos mortales de sus amigos, los también Mártires y Beatos: Anacleto Gonzáles Flores, Luis Padilla Gómez, los dos Hermanos Jorge y Ramón Vargas y los dos hermanos Ezequiel y Salvador Huerta Gutiérrez. El 1° de abril de 1947, los restos del Beato Miguel Gómez Loza fueron trasladados al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en Guadalajara, y colocados cerca de los restos de su entrañable amigo, el Beato Anacleto González Flores. En su casa de El Refugio se colocó una placa de mármol como recuerdo del ilustre paisano. |



Beatificados, Noviembre 20, 2005 en el Estadio de Jalisco, Guadalajara (México) Cardenal José Saraiva Martins |


¡Viva Cristo Rey! Las dos cabezas principales de la Unión fueron Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza. Tras cambios políticos, persecuciones contra la Iglesia, destierros de obispos y sacerdotes, Anacleto y Miguel continuaban laborando incansables en defensa de la libertad religiosa. Mucha cárcel sufrió Miguel. Estuvo cincuenta y nueve veces en ella, pero los dos fueron perseguidos sin tregua. Cuando Miguel estuvo en la cárcel se rezaba allí el rosario y se hacían cantos y alabanzas a Dios y a María. El Papa Pío XI, que desde el Vaticano seguía con admiración las gestas de los católicos mexicanos, accediendo a la petición del Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, reconoció la destacada participación de los líderes en la promoción social y en la defensa de la Iglesia Católica, y concedió la cruz Pro Ecclesia et Pontífice a los señores Miguel Gómez Loza y Anacleto González Flores. El 1° de junio de 1925 continuó el cierre de colegios particulares y de conventos de religiosos y religiosas, también fue clausurado el Instituto de Ciencias de los jesuitas. Las protestas de los estudiantes fueron sofocadas mediante arrestos masivos. |