





A los dos días recibió el bautismo en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores,
en Teocaltiche, y fue confirmado entre el 5 y el 9 de septiembre de 1902 por
el Arzobispo de Guadalajara, José de Jesús Ortiz. |
Atilano Cruz Alvarado nació en Ahuetita de Abajo, perteneciente a la parroquia de
Teocaltiche, Jalisco, el 5 de octubre de 1901. |




A partir de la suspensión del culto público, el 1° de agosto de 1926, pertenecer
al estudio clerical llegó a convertirse en sinónimo de proscripción. El 11 de enero
de 1927, el Gobernador de Jalisco giró una circular telegráfica confidencial
a los Presidentes Municipales, en cuya parte final ordena: "...sírvase asimismo aprehender desde luego a todos los sacerdotes católicos, es a comprensión de su mando y remitirlos a esta Capital, a disposición del Ejecutivo". |
Mártir Mexicano 1901 - 1928 |
La vida del Padre Atilano Cruz Alvarado fue muy breve, vivió solo 27 años, de los
cuales sólo uno fue sacerdote, por lo que tuvo un único nombramiento. Comenzó
a ejercer su ministerio bajo la dirección del párroco Justino Orona (ahora Santo
Mártir), y la mayor parte del tiempo la pasaba en el rancho "Agua Blanca", lugar
señalado por su superior como un sitio seguro. Once meses ejerció su ministerio con sacrificios, privaciones y en calidad de fugitivo, administrando los Sacramentos a salto de mata en los ranchos donde su párroco le indicaba; a fin de sortear los peligros, vestía el humilde atuendo de los campesinos, calzón blanco, huaraches y sombrero de ala ancha. |
El grupo de cuarto de Teología en el que iba el joven seminarista Atilano Cruz, y
como maestro el Padre Narciso Aviña Ruiz, se estableció en Ocotengo, Jalisco,
lugar escondido en la falda del "Cerro Alto". Con fortaleza y mansedumbre se enfrentó el Minorista Atilano Cruz a la terrible persecución contra la Iglesia y los clérigos. En una carta que escribió a su hermana María Longinos, el 19 de noviembre de 1925, le dijo: "Cuando alguno padece algo, debe gozar pensando que Dios quiere que nosotros padezcamos y porque nuestro Señor Jesucristo nos invita a que lo acompañemos en la Pasión… purifica tu conciencia y verás cómo los dolores se cambian en gozo". |
Sus padres, José Isabel Cruz y Máxima Alvarado, conformaban una familia cristiana,
pero de una precaria situación económica, por lo que Atilano, durante su infancia,
se ocupó de cuidar ganado. Después de mucho insistir, obtuvo el permiso de sus padres para cursar la instrucción primaria en el Colegio llamado de "Los Dolores", en Teocaltiche. En esta misma población, en el año de 1917 ingresó al pequeño Seminario que estableció el párroco Ildelfonso Gutiérrez, donde estudió tres años; el 11 de noviembre de 1920 se inscribió en la casa central del restaurado Seminario de Guadalajara, que en casas particulares o en anexos de los templos acogía a los alumnos en medio de dificultades y peligros. En todos los cursos el joven seminarista Atilano Cruz obtuvo excelentes calificaciones en disciplina y estudios. Recibió la primera tonsura el 23 de diciembre de 1923, el ostiariado y lectorado el 4 de mayo de 1924, y dos días después el exorcitado y acolitado en la Catedral de Guadalajara. Los agentes de policía, por órdenes del Gobernador de Jalisco, José Guadalupe Zuno, expulsaron a la fuerza a los seminaristas de sus domicilios y clausuraron sus locales en dos ocasiones. En diciembre de 1924, fueron arrojados de su edificio, en la parroquia de San Sebastián de Analco de Guadalajara. La vida se hizo imposible para quienes aspiraban al sacerdocio, por eso los superiores del plantel trasladaron los grupos de Teología a las barrancas, a fin de que se continuaran los estudios; en sigilo y bajo riguroso secreto, sin alforja, sin recursos, en pequeños grupos empezaron a marcharse a lugares seguros. |
Cuando le avisaron que era inminente la llegada de soldados federales, contestó: "Yo tengo más bien miedo a la justicia de Dios que a los federales". Entonces, el municipio de Cuquío se encontraba bajo la férula de José Ayala, personaje de poca solvencia moral, quien atribuyéndose facultades amplísimas que desbordaban su autoridad, puso precio a la vida de los sacerdotes que atendían Cuquío, y supo de su paradero gracias a la denuncia de un espía. El 28 de junio de 1928, procedentes de la barranca de San Antonio, el Padre Justino Orona, párroco de Cuquío, su hermano José María y Toribio Ávila, se encontraban en el rancho de "Las Cruces", en casa de la familia Jiménez. El Padre Atilano Cruz fue llamado con urgencia por su párroco y procedente del rancho "Ojo de Agua", la tarde del 29 acudió al llamado. |

El Subdiácono Atilano Cruz está consciente del grave peligro de muerte al que se
expone, pero, seguro de que Dios lo llama al sacerdocio, acepta con alegría y gratitud
ese llamado y pide ser ordenado sacerdote de Cristo para llevar su cruz
no sólo en el apellido, también sobre los hombros y en el Corazón. En una barranca, bajo la hermosa bóveda celeste, entre las peñas y exuberante vegetación, por ministerio del Sr. Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, el 17 de julio de 1927, Atilano Cruz Alvarado fue ordenado diácono, y el 24 del mismo mes, en algún lugar de la Barranca de San Cristóbal, recibió la Orden Sacerdotal de manos del Arzobispo Orozco y Jiménez. Entre sus familiares, con sencillez, el día 6 de agosto de 1927, celebró su Primera Misa en Teocaltiche y después fue destinado a Cuquío, Jalisco. Los sacerdotes del lugar llevan ya doce meses escondiéndose y huyendo de un rancho a otro del territorio parroquial, cuando en el mes de septiembre les llega este recién ordenado compañero, de regular estatura, rostro moreno, pupila ardiente, boca risueña y humildemente vestido como campesino; que trae bien escondida la carta del Arzobispo en que lo nombra Vicario Cooperador de la Parroquia de Cuquío para sustituir al Padre Toribio Romo (ahora Santo Mártir), quien debe trasladarse a la parroquia de Tequila, Jalisco. |


Párroco y Vicario estuvieron en ese lugar en fraterna convivencia de oración, alimentos
y diálogo pastoral; juntos rezaron el rosario, platicaron largamente y se
acostaron a dormir. Con un grupo de soldados federales que exigió al teniente coronel Heredia, el Presidente Municipal de Cuquío, José Ayala, y el Capitán Vega planearon el asalto; llegaron a la casa de Ponciano Jiménez, en "Las Cruces", a las 2 de la madrugada del día 1° de julio de 1928. Sitiaron el lugar y rodearon la casa para que nadie escapara. Los soldados golpearon con sus rifles las puertas de las habitaciones; al oír los fuertes golpes, el Padre Atilano Cruz sólo tuvo tiempo de arrodillarse en la cama para encomendar su alma a Dios, porque sabía que había llegado para él el último momento. José Ayala arremetió contra el acceso en el aposento ocupado por los huéspedes; abrió la puerta el Sr. Cura Orona, quién fue acribillado en el umbral. Consumado el crimen, los verdugos ingresaron a la habitación y a quemarropa, asesinaron al Padre Atilano Cruz, y a José María Orona, hermano del párroco. |
Los tres cadáveres fueron arrastrados al patio de la vivienda, donde los exaltados
Vega y Ayala los patearon y les endilgaron toda suerte de expresiones vulgares
y soeces. Para que la muerte de los sacerdotes sirviera de escarmiento a los católicos de Cuquío, los cadáveres fueron expuestos frente al templo parroquial. Una muchedumbre conmovida, dando rienda suelta a su pena, cercó las víctimas; al enterarse, José Ayala mandó arrestar a algunos de ellos. Los fieles cristianos de Cuquío se llenaron de valor y les dieron sepultura en el Panteón Municipal, la tarde de ese mismo día, en medio de múltiples muestras de consternación. |
El duelo por la muerte de los mártires fue general. Los lugareños alcanzaron la certeza
moral de que los mártires fueron sacrificados por su fe y su memoria sigue
viva en esta comunidad, por esta razón solicitaron que sus restos fueran trasladados
al presbiterio parroquial. El Padre Atilano es el más joven del grupo de sacerdotes mártires, murió antes de cumplir 27 años de edad. Cuentan que cuando el Sr. Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, vio el retrato del Padre Atilano Cruz, exclamó: |








Desde entonces fueron asesinados algunos sacerdotes por su condición de ministros
del culto. Tales antecedentes, lejos de amedrentar al Minorista Atilano Cruz, lo decidieron a afrontar con valor sus riesgos y a pesar de los difíciles momentos por los que cruzaba México, que desalentaban las vocaciones religiosas, el joven seminarista recibió el subdiaconado el 18 de septiembre de 1926. |
"Me mataron un ángel". Los restos de los mártires fueron exhumados del presbiterio, para luego de ser depositados en otro sitio del mismo templo parroquial de Cuquío. En un monumento sencillo se pueden leer las siguientes inscripciones: "Aquí yacen los restos del Presbítero Atilano Cruz Alvarado, sacrificado el 1º de julio de 1928 en el Rancho de Las Cruces, exhumados del presbiterio a este monumento el día 29 de junio de 1988". Prácticamente en los mismos términos se lee la otra inscripción, refiriéndose al Señor Cura don Justino Orona. |

El Siervo de Dios Atilano Cruz Alvarado fue beatificado el 22 de noviembre de 1922
por el Papa Juan Pablo II, y canonizado el 21 de mayo del año Jubilar 2000, por
el mismo Papa Juan Pablo II, en la Plaza de San Pedro, junto con sus Compañeros
Mártires Mexicanos. La historia que cuenta Cuquío, Jalisco, nadie más la puede contar. Tres de los Santos Mártires canonizados, vivieron aquí, recorrieron sus calles, visitaron sus comunidades rurales, llenaron de bienes espirituales a sus nobles gentes. Ellos fueron Atilano Cruz, Justino Orona y Toribio Romo. De los dos primeros, Párroco y Vicario, muertos en el rancho "Las Cruces", distante de esta población 14 kilómetros, se encuentras sus restos, venerables reliquias, al lado derecho del presbiterio parroquial. Y por su parte, Santo Toribio Romo, fue también Vicario en este lugar. De los tres tiene recuerdos imborrables María Luisa Mercado Fernández, señora de 91 años de edad, con su tierna mirada y voz pausada, platica: "Yo tenía unos dieciocho años cuando conocí a los Padres que hoy son santos. Atilano vino en lugar del Padre Toribio. Justino era el señor Cura. Eran muy amables, en mi casa comieron muchas veces, mi papá les ayudaba. Ellos no nos abandonaron nunca. Muchas veces en la noche llegaba uno u otro y nos llevaba la Santa Forma -Hostia Consagrada-, tenían un gran amor a Jesucristo Eucaristía y ese amor nos lo trataban de infundir. Cuando los mataron a balazos en el rancho Las Cruces nos dio mucha tristeza. Mucha gente lloró; desde entonces yo les tuve mucha fe, por eso ya se imaginará la alegría que me dio cuando supe que ya eran santos". |
Los ojos de doña Luisa no pueden contener las lágrimas, y llora tranquilamente. Son
lágrimas de felicidad. Por su parte, su hija Ofelia Mercado, de 58 años, indica: "la devoción a estos santos mártires no se ha manifestado públicamente, no sé qué falta. Yo creo que poco a poco los vamos a ir queriendo más y más". Un día de gran alegría y devoción vivió, el domingo 2 de diciembre del 2001, el pueblo de Cuquío, que manifestó su amor y devoción a sus Santos Mártires cuyos restos se encuentran en esta localidad: San Justino Orona Madrigal y San Atilano Cruz Alvarado, con motivo de que el pastor de la Arquidiócesis de Guadalajara, el Señor Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, se dignó bendecir un monumento dedicado a ellos. Este monumento fue posible gracias al apoyo de toda la feligresía de Cuquío que colaboró para esta obra, haciendo resaltar así la devoción de este pueblo hacia sus santos. El monumento se encuentra ubicado en la plaza principal del pueblo, a un costado de la parroquia y junto al ex-curato, donde vivieron el Sr. Cura Justino Orona y el Padre Toribio Romo, (antes de mandarlo a Tequila, donde murió también sacrificado). El Padre Atilano Cruz, por lo grave de la persecución cristera de la región, ya no pudo vivir allí. Precisamente, frente de esta casa, se erigió este monumento en forma de media rotonda con seis columnas. Todo con cantera blanca, con una cruz al centro y a cuyos costados se esculpieron las imágenes de tamaño natural de los santos mártires de Cuquío: San Justino de 1.82 metros y San Atilano de 1.65 metros. Lleva la obra una frase célebre de cada santo: "Yo tengo más bien miedo a la justicia de Dios que a los federales" San Atilano "Yo entre los míos, vivo o muerto" San Justino |
El Sr. Cardenal Don Juan Sandoval, presidió dicha ceremonia tras celebrar la Santa
Eucaristía, acompañado por el Sr. Cura de esa parroquia, sus ministros y los
padres formadores del seminario que se encuentra en esa población, así como por
gran cantidad de fieles de la población y de los pueblos circunvecinos; asistieron
también las religiosas "Hermanas Clarisas del Sagrado Corazón", que fueron
fundadas precisamente por el Sr. Cura Justino Orona; parientes cercanos de los Santos Mártires, principalmente de Atoyac y Zacoalco
de parte de San Justino, y de Teocaltiche y Ahuetita de Abajo (lugar donde nació
San Atilano Cruz), y otras familias procedentes de Guadalajara. Tras la calurosa bienvenida que el pueblo de Cuquío, prodigó al Sr. Cardenal Iñiguez, al filo de las 5:45 de la tarde, se develó el monumento y se procedió a su bendición en medio de cohetes, y repique de campanas. El Sr. Cardenal resaltó las cualidades de los Santos Mártires de Cuquío e invitó a la población a imitar su ejemplo; al final de la celebración, un seminarista y miembro del comité pro-construcción del monumento, agradeció a todos los presentes su esfuerzo para llevar a buen término esta obra, asimismo, el Arzobispo de Guadalajara entregó un reconocimiento al Arquitecto Octavio Moreno Almanza, autor del proyecto de la obra. Por su parte, los familiares que sobreviven a los Santos Mártires, pasaron a saludar al Sr. Cardenal, quien entre bromas les advirtió: "No se confíen sólo por tener un Santo en su familia, también hay que poner de su parte". Tras estos actos religiosos hubo una verbena popular para todos los invitados, amenizada con mariachi. Así fue como culminó este día de alegría para todos los que tienen una devoción especial por los Santos Mártires en Cuquío; ahora nos queda el compromiso de imitar su ejemplo, con una vida entregada profundamente a nuestra fe cristiana. |
Dios todopoderoso y eterno, que concediste la gracia de morir por Cristo a tu santo
mártir Atilano Cruz Alvarado, ven en ayuda de nuestra debilidad, para que podamos
dar con nuestra vida el mismo testimonio de Ti que él no dudó en dar con
su muerte. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén. San Atilano Cruz Alvarado, ruega por nosotros. |
