Terminada la instrucción primaria, siempre becado, ingresó al Seminario de Guadalajara. Recibió la ordenación sacerdotal el 20 de agosto de 1911.

Ejerció su ministerio sacerdotal en las siguientes parroquias: Nochistlán, Zac., Zacoalco de Torres, Jal., San Marcos, Jal., Cocula, Jal., Tecolotlán, Jal., y finalmente en la capellanía de Tamazulita, Jal., perteneciente a la parroquia de Tecolotlán, en donde era párroco
San José María Robles Hurtado. En Cocula fue maestro del Seminario Menor instalado en esa parroquia.

Alimentaba su fe y su celo sacerdotal con frecuentes y piadosas visitas al Santísimo Sacramento y con su devoción a la Santísima Virgen María. Se preparaba devotamente para la celebración de la Eucaristía y, al terminarla, daba gracias. Ejerció su ministerio con mucho celo apostólico y con buena organización. Le gustaba predicar y su predicación era elocuente y conmovedora. Era asiduo en el confesionario.
 
San Jenaro Sánchez Delgadillo
Santos y Beatos Latino Americanos y de Las Américas
Mártir Mexicano
1886-1927
Enero 18
Desprendido de las cosas y compasivo con los necesitados, atendía a todos pero especialmente a los enfermos; este apostolado lo ejercía en numerosos ranchos. Cuando lo llamaban para la atención a los enfermos "parecía que tenía resorte", pues inmediatamente y de buen modo se ponía en camino para auxiliarlos.

A los familiares de los enfermos los alentaba y ayudaba. Movido por su amor a Dios, se preocupaba por la salvación de todos y especialmente por la formación cristiana de los niños, a quienes él mismo les enseñaba el catecismo.

Llegó a Tamazulita en el año de 1923, acompañado de sus padres. En este lugar ejerció su ministerio hasta su martirio, en enero de 1927.

En Tamazulita vive aún don Abel Soltero Ramírez, un importante testigo de la vida de San Jenaro Sánchez Delgadillo, pues vivió con él dos o tres años; fue su compañero y monaguillo.
El Padre Jenaro, que atendía el Templo del pequeño poblado, le hizo una petición a su amigo don Manuel Soltero, quien se iba para el Norte: que si le prestaba a su niño Abel. Don Manuel Soltero accedió y Abel se mudó al Curato, en donde vivía con el Padre Jenaro y sus papás, doña Julia Delgadillo y don Cristóbal Sánchez.

Actualmente don Abel ya tiene 87 años de edad y sus múltiples arrugas y su paso muy lento lo demuestran, mas no así su memoria, que se encuentra intacta y poco a poco salen a flote sus recuerdos:

Para él nunca hubo regaños, sino más bien consejos: que en la calle no anduviera corriendo ni gritando y que respetara a la gente mayor; "yo me escapé de que me cuereara". A Abel lo llevó en una ocasión a comprarle ropa y le enseñó a manejar el incensario, a sonar las campanas y "salí buen campanero", dice don Abel.
Nació el 19 de septiembre de 1886 en Agualele, población cercana a Zapopan, Jalisco. Sus padres fueron Cristóbal Sánchez y Julia Delgadillo, de condición humilde y cristianos observantes, que en el pueblo gozaban de estima por ser personas muy buenas.
Ante la persecución que había desatado el gobierno de Calles, especialmente contra los sacerdotes, el Padre Jenaro sintió en su corazón la imposibilidad de desempeñar convenientemente su ministerio, y lloró cuando se dio orden de cerrar los templos.
De entre todos sus recuerdos, uno se le quedó muy grabado al entonces pequeño Abel; fue cuando poco antes de su martirio el Padre Jenaro tuvo que dejar el curato, y al estar guardando sus libros en una caja no pudo contener el llanto.
Su madre, doña Julia, lo vio llorar y le preguntó qué tenía, la respuesta fue: "se le hace poco", él tenía un gran dolor por las leyes civiles por las que se suspendió el culto, por tener que dejar el curato y estar huyendo.
Desde antes de llegar a Tamazulita había sentido el primer zarpazo de la persecución cuando fue llevado a prisión y procesado por leer, en el templo parroquial de Zacoalco, Jal., la carta pastoral de su obispo, el Excmo. Sr. don Francisco Orozco y Jiménez.

Esta carta era una dolorosa y valiente protesta del prelado por los artículos persecutorios que contra la Iglesia y sus ministros contenía la Constitución de 1917. El Padre Jenaro, aunque estaba triste y molesto por las órdenes persecutorias, nunca incitó a la gente a tomar las armas contra el Gobierno.

Cuando se suspendió el culto público ejerció su ministerio sacerdotal a escondidas, en casas particulares y en las afueras del poblado. Guardaba el Santísimo Sacramento en una casa y él estaba cuidándolo de cerca.

Estaba consciente del peligro que corría de morir, pero, por atender espiritualmente a sus feligreses, no se decidió a abandonarlos. En varias ocasiones comentó con algunos de ellos: "En esta persecución van a morir muchos sacerdotes y tal vez yo sea uno de los primeros". Y así fue.

El 17 de enero de 1927 el Padre Jenaro andaba en el campo con un grupo de vecinos. Vivía entonces en el rancho "La Cañada", en casa de la familia Castillo. Por la tarde, al regresar al rancho, el Padre y sus acompañantes se dieron cuenta de que andaban soldados buscándolos. Los compañeros le insistían al Padre Jenaro que se escapara, y pudo haberlo hecho, pero no trató de huir. Les dijo:
"Vamos bajando todos. Si no me conocen, ya me salvé; si me conocen, me ahorcarán sin remedio; pero a ustedes nada les pasará, fuera del susto. Yo tengo confianza en Dios".

Al llegar al rancho, todos fueron tomados presos. Al Padre lo ataron junto con Agustín Chavarín, espalda con espalda y así se los llevaron a Tecolotlán.

Los que los apresaron fueron: Zacarías Jiménez, Pablo Nande, Juan de la Cruz Romero y Pablo Ortega, que era el jefe de Cocula y antes mayordomo de los barrios. El jefe de los soldados, capitán federal Arnulfo Díaz, mandó soltar a todos, menos al sacerdote.
Vio que le pusieron una reata al cuello y oyó que él dijo:

"Bueno, paisanos, me van a colgar; yo los perdono y que mi Padre Dios también los perdone, y siempre ¡Qué viva Cristo Rey!".

Luego los soldados jalaron de la reata con violencia de manera que la cabeza del Padre Jenaro pegó contra la rama del mezquite donde habían colgado la soga.

Ahí lo dejaron colgado y se fueron; pero luego regresó un soldado, fue a casa de Jovita, y le dijo a un hombre que estaba hospedado y que había sido de los seguidores de Carranza: "Te encargamos a ese amigo que está allá colgado; si alguien lo baja, a ti te pasará lo mismo".

La hija de Jovita García, Victoria Santos, que ahora cuenta con 83 años de edad, recuerda que los federales no los dejaban asomarse, pero escondidos pudieron ver que el área estaba rodeada de soldados y ella, a sus nueve años de edad, vio colgado al ahora Santo, desconociendo que era sacerdote, pues no estaba destinado a el pueblo donde vivía, Tecolotlán.

Así duró el cuerpo hasta la madrugada, y antes de que amaneciera volvieron los soldados, le dieron un balazo en el hombro izquierdo, lo bajaron, y ya estando en el suelo el cadáver, un soldado le dio un bayonetazo que casi lo traspasó.

El cuerpo del sacerdote quedó ahí tirado casi toda la mañana hasta que cerca de las once, pasó por ahí la maestra Angelita Fernández Lepe, quien reconoció el cadáver. Dieron aviso a la madre del sacerdote y doña Julia llegó y abrazó el cadáver de su hijo y, colocándolo sobre sus rodillas, lloró amargamente.
Muchas Gracias Juan ! por enviarme la Biografía de:
San Jenaro Sánchez Delgadillo

Lic. Juan Manuel Robles Gil
Coatzacoalcos, Veracruz, México.
Los habitantes del lugar consiguieron el permiso del jefe militar por medio del presidente municipal, Amado Lepe, para llevarse el cadáver a Tecolotlán a la casa de la maestra que lo reconoció y ahí lo velaron, porque las autoridades no permitieron que se lo llevaran al templo.

La familia Fernández, al recoger el cadáver del Padre Jenaro, dio aviso de su muerte y la noticia causó gran dolor en todos los feligreses de Tamazulita, que acudieron luego a velarlo y durante muchos días continuaron rezando.

El Sr. Cura José María Robles se encontraba oculto desde el 14 de enero en casa del señor Vicente Santana, en Tecolotlán.
La familia Santana quiso prepararlo para tan funesta noticia, diciéndole que habían tomado prisionero al Padre Jenaro;  pero el Padre José María contestó: "Ya lo han de haber matado", e inmediatamente rezó él el Santo Rosario acompañado de la familia Santana. Al mismo tiempo, considerando que la familia del Mártir se encontraba necesitada, lleno de caridad, suplicó a la señora R. de Santana, les remitiera luego diez pesos.

El mismo día 18, después de velarlo unas horas, porque no permitieron más tiempo, lo sepultaron como a las cuatro de la tarde en el panteón municipal de Tecolotlán.
Cuando se supo la noticia de su muerte la gente decía: "Otro mártir de Cristo Rey y de Santa María de Guadalupe".

Su párroco, San José María Robles, consideró su sacrificio como un triunfo. Su Prelado, el Arzobispo Don Francisco Orozco y Jiménez, escribió más tarde:

"Levanto mi voz para pregonar la gloria de la Iglesia de Guadalajara, que ciñe su frente con el nombre del Padre Jenaro Sánchez, colgado y apuñalado por confesar a Cristo Rey".

Eva Carolina García de Alba  era una jovencita cuya familia vivía  en Tecolotlán, tanto ella como su familia tuvieron una estrecha relación con el
Padre José María Robles. Años más tarde ingresaría a la Comunidad de Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado, cambiando su nombre por el de Guadalupe Aurora.

Relata la Madre lo siguiente: "Estuve varias veces a saludar al
Padre José María Robles. El 21 de enero lo vi llorar. No pudieron ocultarle el asesinato del Padre Jenaro Sánchez, su Vicario en Tamazulita, y se conmovió hasta las lágrimas, diciéndome: <Hijita, enseguida me toca a mí>. Vestía entonces de overol y cachucha. Para tranquilizarlo le platiqué cómo habíamos levantado y velado al Padre Jenaro".
El mismo día de su aprehensión, como a las once o doce de la noche, llevaron al padre a las orillas de Tecolotlán, a un cerrito que se llama "La Loma" o "Cruz Verde", donde había un mezquite.

A escasos diez metros del mezquite había una casita, donde vivía la señora Jovita García, quien pudo darse cuenta de los hechos. La señora Jovita oyó mucha algarabía y malas palabras, por lo que se asomó por los hoyos de las paredes de su casa y vio muchos soldados, quienes al llegar a aquel sitio rodearon al Padre Jenaro.
El 25 de octubre de 1934, contando con la autorización de la Curia de Guadalajara, con solemnidad pero también con cautela por la situación política que aún prevalecía, los restos del Padre Jenaro Sánchez fueron trasladados de Tecolotlán a la iglesia parroquial de Cocula, Jal., y fueron reinhumados en el presbiterio.
En el lugar del martirio, los fieles erigieron una ermita en donde se encontraba el mezquite -que ya no existe- en que fue ahorcado el Padre Jenaro, pero el Santo ahí no es tan conocido ni recordado, como en Cocula, Jal., donde se guardan sus reliquias. Esta ermita, posteriormente remodelada, aún perdura.
El Sumo Pontífice Juan Pablo II lo declaró Beato el 22 de noviembre de 1992. Fue canonizado por el mismo Papa el 21 de mayo del año 2000 junto con sus 24 compañeros Mártires Mexicanos.
¡San Jenaro Sánchez Delgadillo, que seguiste con alegría y fidelidad la llamada de Cristo Rey a una entrega total, ruega por nosotros!