Hijo de José María Orona y de María Inés Madrigal. Fue confirmado en su fe el 17 ó 18 de julio de 1880, en el templo parroquial, de manos del Obispo de Tamaulipas, Eduardo Sánchez.
Justino Orona Madrigal nació el 14 de abril de 1877, en el pequeño pueblo de Cuyacapán, municipio de Atoyac, al sur del Estado de Jalisco, México, en un hogar sumido en la pobreza.
"Yo no podría llenar el vacío de los corazones, y me siento incapaz de llenar el hueco que deja mi buen antecesor".
Los vecinos de Cuquío se distinguían por su apatía a las prácticas religiosas y aún por actitudes anticlericales; lo cual, lejos de intimidar al pastor, le sirvió de estímulo. Sobrellevó con dignidad las muestras gratuitas de odio que le fueron proferidas por su condición de consagrado, inclusive murmuraciones calumniosas acerca de su vida privada.
Sus virtudes, en especial la esperanza, le permitieron afrontar la adversidad con entereza: cuantas mayores eran las trabas, más aumentaba su ahínco para ganar adeptos a la causa de Cristo. Quienes lo trataron afirmaron que su vida fue ejemplar, edificante y entregada, sin tasa ni medida; en su trato habitual era amable y bondadoso, distinguiendo con particular deferencia de los pobres.

En el año de 1916, conociendo los deseos de la Madre María Teresa González Estévez, el Sr. Cura Justino Orona la apoya para fundar la Congregación de las "Hermanas Clarisas del Sagrado Corazón", especializadas en la atención de escuelas de niños pobres y de asilos para los ancianos.
Mártir Mexicano y Fundador 1877 - 1928
Julio 1
El Padre Justino amó entrañablemente a su parroquia de San Felipe de Cuquío; cuando la persecución religiosa se agudizó, el Padre Antonio Guzmán, su compañero de ministerio, le aconsejaba insistentemente que se ausentara de ella para que no lo tomaran preso y le dieran muerte, pero el Sr. Cura Orona contestó decidido:

"Yo entre los míos, vivo o muerto".

El Sr. Cura Justino Orona se alejó de la cabecera parroquial pero sin abandonar a los suyos. A partir de agosto de 1926 ejerció su ministerio en aldeas, ranchos y no pocas veces a campo abierto, entre muchas limitaciones, a veces con los perseguidores pisando sus huellas. Así se mantuvo casi dos años hasta el día de su sacrificio.

En su diario, el entonces sacerdote Toribio Romo, ahora Santo Mártir, que fue Vicario en Cuquío, relata la constante persecución que él y su buen Párroco Justino Orona soportaron, y cómo anduvieron esos años fugitivos de un lugar a otro del territorio parroquial, para ocultarse de sus enemigos y atender al mismo tiempo a los fieles en sus necesidades espirituales:
Posteriormente, el Padre Justino Orona fue asignado a diferentes parroquias, fue nombrado párroco de Poncitlán, Jalisco, el 19 de noviembre de 1912; luego lo enviaron a Encarnación de Díaz, Jalisco, con la misma función, que desempeñó satisfactoriamente. El 19 de octubre de 1916, se le confió la Parroquia de Cuquío, con un especial encargo de atender a un grupo de seminaristas que se habían establecido en esa población, debido a que el Seminario había sido clausurado con motivo de la entrada de tropas revolucionarias a Guadalajara, en el año de 1914.

Al llegar como párroco ciertamente no fue bien recibido, porque los feligreses estimaban mucho al párroco anterior y no estaban de acuerdo con el cambio. Con humilde sencillez el Sr. Cura Orona les expresó desde el púlpito a los feligreses que:
Justino inició sus estudios en la escuela parroquial de Zapotlán el Grande, hoy Ciudad Guzmán, Jalisco, donde manifestó su vocación sacerdotal, pero su familia se opuso porque contaban con su mano de obra para obtener recursos; finalmente, con la ayuda del párroco de Atoyac, Secundino Flores Ortiz, pudo ingresar al Seminario Conciliar de Guadalajara, el 25 de octubre de 1894.

Las limitaciones materiales cribaron su adolescencia, carecía de recursos suficientes para adquirir libros de texto, razón por la cual debió cursar muchas asignaturas tomando notas y usando los impresos de sus condiscípulos. A pesar de ello, destacó como estudiante, siendo muy estimado por sus compañeros y superiores en el Seminario por su espíritu de piedad y excelente conducta.
Fue ordenado sacerdote por el Arzobispo de Guadalajara, don José de Jesús Ortiz, el 7 de agosto de 1904; invitado por el Sr. Cura Arcadio Medrano, cantó su Primera Misa en Atotonilco el Alto, Jalisco, en el bello templo parroquial construido por Adamo Boari, el mismo arquitecto del Palacio de Bellas Artes de México.
Su primer destino fue Lagos de Moreno, Jalisco, a donde llegó como Vicario en agosto de 1904 y en ahí permaneció hasta el 2 de enero de 1906. Después lo designaron Vicarios de San Pedro Analco, dependiente de la Parroquia de la Yesca, Nayarit, donde trabajó del 3 de enero de 1906 al 6 de marzo de 1908; luego fue Capellán de Pegueros, Jalisco, del 7 de marzo de 1908 al 26 de octubre de 1909; el 27 de octubre, lo nombraron oficial segundo de la Curia Eclesiástica de Guadalajara y al día siguiente, Capellán del templo de Santa María de Gracia, en la misma ciudad.
"Subimos a lo más espeso del monte, dejando los caballos ensillados... nos repartimos unas tortillas frías y unas cecinas crudas, no podíamos poner lumbre para no descubrirnos a los federales; tomamos de gusto o por la urgencia aquella cena; con espuelas y ropa, nos recostamos en un colchón de hojas secas... caídas de los árboles".

"Mi breviario (libro de oración) fue en todos estos días mi muy buena almohada. A las doce de la noche desperté; la luna pálida filtraba sus rayos por entre las ramas de los árboles... el buen Sr. Cura (Orona), el achacoso y enfermizo Padre Guzmán... todos furiosamente perseguidos por unos tiranos que se llaman el Gobierno de mi patria"...

"Así corriendo, volando trepamos el cerro de Cuquío, lo bajamos, cortamos el camino real de Yahualica, bajamos una barranca y nos trepamos a un cerrito... dos días pasamos en el monte.
Cuando llegábamos a las cercas, yo me volaba como en los mejores años de mi niñez, sólo mi buen Sr. Cura Orona, ¡pobrecito! trepaba él las cercas y, como estaba tan gordo, se dejaba caer con tanto desequilibrio que rodaba por entre el lodo... eso de ser uno perseguido es tan duro, y trae la persecución tan gran cortejo de tribulaciones... se sufre tanto, tanto."
En 1928, las tropas federales se posesionaron de Cuquío, tenían por Teniente Coronel a un tal Heredia, y entre sus oficiales había un capitán apellidado Vega, quien era en demasía anticlerical.

El jueves 28 de junio de 1928, el Sr. Cura Justino Orona fue a la casa de Ponciano Jiménez Loza, al rancho "Las Cruces" acompañado de su hermano José María y de Toribio Ávila. Un día después llegó al mismo rancho el Padre Vicario Atilano Cruz Alvarado.

El sábado 30 de junio, sin angustias ni aflicciones, el Padre Justino presintió su muerte, y refiriéndose a la escasez de lluvia que inquietaba a los campesinos en "Las Cruces" les dijo:

"No se preocupen, yo pronto iré con mi Madre Santísima y yo les mando la lluvia".
Pronto se presentó la ocasión para la venganza del Sr. José Ayala, porque esa noche, Rosalío Gómez, le avisó al Presidente Municipal que el Sr. Cura Orona y el Padre Atilano se encontraban en el rancho de "Las Cruces", distante de Cuquío como dos horas y media de camino a caballo, y para ello fue a cerciorarse de que ambos estuvieran allí.

A media noche, un nutrido contingente salió de Cuquío, capitaneado por el Presidente Municipal, José Ayala, el Capitán Vega y Gregorio González Gallo, quienes llegaron a las Cruces a las 2:00 horas, del día 1° de junio de 1928, sitiando la vivienda donde pernoctaban los clérigos.

Los soldados, haciendo alarde de fuerza, despertaron a golpes y gritos a sus ocupantes; al abrir la puerta de su aposento, el Sr. Cura Justino Orona alzó la voz y exclamó:

"¡Viva Cristo Rey!"
José Ayala, que llevaba una lámpara de mano, dirigió la luz a la cara del Sr. Cura Orona; al reconocerlo lo ofendió con palabras soeces y disparó sobre él su pistola, muriendo en el dintel de la puerta; el sacerdote tenía 51 años de edad.

Luego acribillaron al Padre Atilano Cruz, que permanecía arrodillado, y a José María Orona, hermano del Padre Justino.

Los asesinos se enfilaron a Cuquío llevándose los cadáveres, mismos que fueron trasladados en tres burros que con amenazas prestaron los vecinos. Dos o tres horas después, los soldados ahorcaron a Toribio Ayala, en el camino de Cuquío, por el delito de proteger a los sacerdotes, y allí dejaron colgado su cuerpo.

Como era bajito el burro que cargó atravesado sobre su lomo el cuerpo del Sr. Cura Justino Orona, sus manos y sus pies fueron arrastrando por el camino y llegaron muy destrozados, venían marcando con sangre la tierra de Cuquío como su última bendición.
En Cuquío, el 12 de agosto de 1919, obtuvo el permiso para dar los hábitos a las seis primeras religiosas del Sagrado Corazón, y cinco años después, en representación del Sr. Obispo Francisco Orozco y Jiménez, recibió de ellas la primera profesión temporal.

El Sr. Cura Orona no supo límites en la cura de almas, fue siempre el pastor dispuesto a atender a los enfermos aun en las horas avanzadas de la noche y hasta a los ranchos acudía para administrarles los sacramentos y durante los tiempos de persecución religiosa aprovechó al máximo la oportunidad de ejercitar su fortaleza, sufrió con heroicidad las agresiones contra su ministerio de parte de agentes del gobierno civil.
Los cuerpos se exhibieron en la plaza del pueblo durante cuatro o cinco horas, ya que una muchedumbre cerró filas en torno a los muertos. No obstante la prohibición y las amenazas del Presidente Municipal y de los soldados, algunos vecinos, desafiando el mandato, se acercaron llorando, con algodones recogieron la sangre, y tomando también partes de sus ropas, los guardaron  como reliquias.

Los habitantes de Cuquío levantaron del suelo de la plaza los cuerpos de las víctimas, mismos que, con el debido respeto y veneración, lavaron, vistieron y colocaron en ataúdes, a fin de proceder al sepelio, el cual convocó a muchísimas personas. Todas se dirigieron hacia el cementerio orando y gritando "¡Viva Cristo Rey!"; por este motivo muchos fueron encarcelados, entre ellos las señoritas Delgadillo, pero el pueblo enardecido exigió que los dejaran en libertad.
El Siervo de Dios Justino Orona Madrigal fue reconocido por la Iglesia como verdadero Mártir de Jesucristo y fue proclamado Beato por el Papa Juan Pablo II, el 22 de noviembre de 1992. El mismo Papa Juan Pablo II lo canonizó en ceremonia efectuada en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, con fecha 21 de mayo del Año Jubilar 2000, junto con sus 24 Compañeros Mártires Mexicanos.

Hoy día, los restos mortales de San Justino Orona Madrigal y de San Atilano Cruz Alvarado, veneradas reliquias, descansan en el templo parroquial de San Felipe, de Cuquío, Jalisco.
A sus 52 años de estar en la Congregación de las "Hermanas Clarisas del Sagrado Corazón, la Madre Teresa Guadalupe Martínez es de la pocas religiosas que conoció a su fundadora: la Madre María Teresa González Estévez. La Madre Teresa Guadalupe, regala mientras charla una sonrisa cálida y expresiva. Se le nota que vive el carisma fraterno de Santa Clara. A propósito de la Madre Fundadora comparte:
"Ella era una persona de mucha piedad, de mucha espiritualidad, de un amor muy grande al Sagrado Corazón de Jesús. Era además una persona muy preparada. Una persona muy humana, ella tuvo que superar muchas pruebas, y lo hizo siempre con gran fe. Yo pienso que debido a su ejemplo y a las pruebas por las que pasó, nuestra congregación subsiste".
"El camino que lleva a la patria hay que seguirlo con alegría, sirviendo a Dios, en la tierra y viviendo por el bien de los hombres. Los que siguen el camino del dolor con fidelidad pueden subir al cielo con seguridad".
San Justino Orona Madrigal, ruega por nosotros...
En la región de Cuquío fue terrible la persecución que el Gobierno armó contra los sacerdotes y los cristianos que atendían las leyes de la Iglesia. Un testigo afirmó: "Recuerdo que el Presidente Municipal, José Vázquez Mora, nos aprehendió por el hecho de mandar a nuestros hijos a la escuela católica".

Su ministerio se hizo más difícil cuando negó el divorcio al nuevo Presidente Municipal, José Ayala, porque habiéndose separado de su legítima esposa, Celina Padilla, se juntó maritalmente con su propia sobrina carnal y con ella procreó dos hijos, y no permitía que fueran bautizados, aunque ya tenían como diez y doce años. La madre de los niños, aprovechado que un día estaba fuera del pueblo el Sr. Ayala, llevó a sus hijos al templo pidiendo el bautismo y el Padre Orona los bautizó. Al enterarse el Presidente Municipal dijo encolerizado que "el cura tendría que pagar muy caro lo que había hecho con sus hijos sin su voluntad".
Como si fuera ayer, recuerda que entró a la Congregación cuando cumplía 17 años; dice que por azar, tal vez sería por la Providencia, el caso es que a su pueblo, El Chante, en el municipio de Autlán de la Grana, Jalisco, llegó una maestra que era amiga de su fundadora. La maestra invitó a sus alumnas a ingresar a la Congregación en Guadalajara.
La hermana de la Madre Teresa Guadalupe estaba entre ese grupo de alumnas, motivada por la invitación; le pidió permiso a su papá para irse a la vida consagrada. La Madre Teresa, sin ser alumna, decidió hacerle segunda a su hermana y se vino con ella. Recuerda con claridad que llegaron, tras un penoso viaje a las 12 de la noche. La Madre fundadora las acogió con mucho cariño, les preparó de cenar y "probablemente ni durmió", dice la Madre Teresa, "amaneció contentísima, se le veía en el semblante que estaba gustosa de que llegáramos".
De espiritualidad franciscana, las
"Hermanas Clarisas del Sagrado Corazón de Jesús", se entregan a su apostolado bajo el lema:
"Soy toda de Dios".
La Madre Teresa no sólo es "toda de Dios", sino que es "toda en todo":
"Yo he hecho de todo, me gustan todos los apostolados. Nuestra Madre Fundadora se apoyó mucho en mí porque cuando llegué a la Congregación, las hermanas ya estaban muy grandes, yo llegué sabiendo corte de ropa, de cocina, etc."
"Al siguiente día de que llegamos, ya teníamos maestros de corte de ropa, piano y para terminar la primaria. Principalmente he trabajado en los colegios, en la evangelización y en el asilo de ancianos".
"La primera vez que trabajé en el asilo me costó mucho trabajo, pero hoy, si me preguntaran dónde me gustaría trabajar, les diría que con los ancianos, porque a los ancianos nadie los quiere, todo mundo los rechaza, lo que no sucede con los niños, todos quieren trabajar con ellos. Yo aprendí en los siete años que estuve en el Asilo de María Auxiliadora muchísimo de los ancianos. Actualmente trabajo como maestra en el Colegio <12 de Octubre>".

"Una de las cosas que más me han gustado de mi Congregación es que aquí no hay diferencias sociales: todas trabajamos igual, compartimos todo lo que tenemos. También me gusta mucho la unidad, cualquier trabajo o problema tratamos de resolverlo entre todas".
Treinta y dos religiosas realizan sus apostolados en los campos de la educación, con los ancianos, en la catequesis y en la evangelización, y por supuesto en la oración. Actualmente cuentan con casas en varias poblaciones del Estado de Jalisco: en Cuquío, lugar donde se fundó la Congregación; en San Diego de Alejandría; en Quitupan, y en Guadalajara tienen su Casa General y Formación en Av. Circunvalación División del Norte No. 1228, en la Col. Guadalupana, además de atender el Asilo de María Auxiliadora para ancianas desamparadas en Mexicaltzingo No. 1228, y Colegios como el "Vasco de Quiroga", "Orona Madrigal", la Secundaria Técnica "Felipe Galindo" y el "12 de Octubre".
"Yo quiero mucho al Sagrado Corazón de Jesús y a la Santísima Virgen, porque en nuestra tierra, La Milagrosa, es la patrona. Mis papás me inculcaron desde muy niña el amor al Sagrado Corazón. Desde que yo abrí los ojos, las primeras imágenes que encontré fueron las de la Santísima Virgen de Guadalupe y el Sagrado Corazón de Jesús, tal vez por eso estoy en la Congregación".
"Hermanas Clarisas del Corazón de Jesús"
• Fundadores: Madre María Teresa González Estévez (1880-1952), y el Pbro. Justino Orona Madrigal, en Cuquío, Jalisco.
• 1933 El Sr. Obispo Garibi Rivera encomienda el proyecto de las Constituciones.
• 1948 Las Constituciones fueron aprobadas por el Gobierno Eclesiástico.
• 1952 Muere la Madre María Teresa.
• 1954 Se autoriza la apertura del Noviciado.
• 1978 Se da el permiso para profesar los votos perpetuos.
• 1982 El Cardenal José Salazar decreta la aprobación diocesana.
• 1983 Se da el decreto de afiliación a la Orden Franciscana.
• 1995 Se actualizan las Constituciones.

Carisma: Forma de vida de Santa Clara -contemplación, pobreza y fraternidad- en servicio a la Iglesia particular en la evangelización de los más necesitados.
Lema:
"Soy toda de Dios".
Apostolados: educativo, social (Asilo María Auxiliadora), catequesis y evangelización.
Los sentimientos íntimos de San Justino Orona Madrigal se revelan en una carta que escribió a una religiosa: