Miguel de la Mora de la Mora nació el 19 de junio de 1874, en el Rincón del Tigre, Municipio de Tecalitlán, Jalisco, cuna del famosísimo Mariachi de Silvestre Vargas. Sus padres fueron José de la Mora y Margarita de la Mora.
San Miguel de la Mora de la Mora
Mártir Mexicano 1874 - 1927
No se cuenta con datos exactos acerca del tiempo de su formación en el Seminario y de su ordenación sacerdotal porque los revolucionarios extrajeron el archivo diocesano de las oficinas del obispado y lo tiraron al sol y al viento en un rincón del palacio episcopal, en manos y bajo el control de los rebeldes. Sin embargo, por datos de sus familiares, sabemos que fue ordenado el año de 1906.

Desarrolló su ministerio sacerdotal en: Tomatlán, la iglesia catedral de Colima; el 19 de octubre de 1909 fue nombrado Vicario de Comala con residencia en la Hacienda de San Antonio, pueblo inmortalizado por Juan Rulfo en su novela Pedro Páramo. Zapotitlán, y nuevamente en Catedral. En 1912, tardíamente se constituyó el primer Cabildo Catedralicio de Colima y fue nombrado capellán. No obstante, desde 1881, por Bula Si Principium del Papa León XIII se había erguido la Diócesis de Colima.

El 20 de octubre de 1914 recibió el nombramiento de párroco de Zapotitlán, Jalisco, donde ejerció su ministerio con dedicación y celo pastoral, atento a las necesidades espirituales de sus fieles, cuidadoso de la catequesis, a la que atendía personalmente.

En mayo de 1918 regresó a la Catedral de Colima, nuevamente como capellán. Asistió con asiduidad y puntualidad a Catedral para participar en todas las actividades: participaba en el rezo del oficio divino; diaconaba o subdiaconaba la Misa conventual; atendía al confesionario y rezaba el rosario con notable devoción. Su trabajo en Catedral no le impedía atender a las necesidades espirituales de los enfermos, haciéndolo cuantas veces era necesario y con gusto. Luego recibió el encargo de Director Diocesano de la Obra de la Propagación de la Fe y la dirección espiritual del colegio de niñas "La Paz", hasta que se desataron los tiempos molestos para la Iglesia.
Fue bautizado al día siguiente de su nacimiento en el templo parroquial del lugar, donde al parecer, también recibió la confirmación e hizo su primera comunión.
Tuvo varios hermanos: Regino, Melesio, María, María del Refugio; y un medio hermano: Pablo. Miguel pasó su niñez en el Rancho del Tigre, en donde se aficionó a la tierra, a sus frutos, al ganado y a sus crías.
Ayudaba a sus padres y hermanos en las labores del campo y llegó a ser buen jinete. En ese ambiente campirano, un buen día, expresó su deseo de ingresar al Seminario.
Aún siendo niño, Miguel quedó huérfano de padre. Vivía en Colima su hermano Regino, quien enterado de su interés por ingresar al Seminario, lo llevó con él a esa ciudad y lo inscribió.
El 24 de febrero de 1926, el Gobernador de Colima, Francisco Solórzano Béjar, precipitó la disposición de la Presidencia de la República y puso en vigor la "Ley Calles", provocando una viva reacción en el clero diocesano, que fue desde la protesta formal hasta la suspensión de cultos.

El Gobernador de Colima expidió el Decreto 126, que exigía la inscripción de sacerdotes a un padrón para otorgar licencia para ejercer y desconocía el fuero de la jerarquía eclesiástica, pues los sacerdotes debían estar a disposición de las autoridades para ser removidos según lo juzgase conveniente el gobierno.

Esto hizo que el presbiterio diocesano, con su obispo a la cabeza, en solemne e histórica Hora Santa, después de la libre manifestación de la opinión de cada uno de los sacerdotes, unánimemente y por escrito, rechazaron las arbitrarias disposiciones gubernamentales y aclararon en el escrito:

"Rechazamos con anticipación el dictado de rebeldía; no, no somos rebeldes sino simplemente sacerdotes oprimidos que no quieren ser apóstatas".
Preparadas las cosas y acompañado de su hermano Regino y el Padre Crispiniano Sandoval, abandonaron la ciudad en la madrugada del día 7 de agosto de 1927 rumbo al Rancho del Tigre, en un coche, propiedad de un amigo. El vehículo los dejó en "La Estancia", en donde los esperaban unos mozos con remudas en las que continuaron su viaje hasta llegar a Cardona, en donde trataron de tomar el desayuno.
En Cardona alguien lo reconoció como sacerdote y esto bastó para que un agrarista los tomara presos y los trajese a entregar a la Jefatura de Operaciones Militares de Colima.

Los agraristas no supieron que su acompañante, el Padre Sandoval, era sacerdote también. Por esta razón se desentendieron de él y pudo huir al llegar a la ciudad. No perjudicaron a los mozos, a quienes dejaron libres, no así a don Regino de la Mora.

El Padre Miguel de la Mora tuvo que viajar caminando desde Carmona, en medio de los agraristas, quienes ocuparon los caballos de los sacerdotes. Llegó muy cansado a la ciudad por la actual calle principal. Era casi medio día y en un mes de fuerte calor.

Enterado el General Flores de la captura del padre, fue al cuartel y le dijo:

-"¿Qué está haciendo aquí el padrecito?".

El Padre Miguel contestó:

-"Pues aquí me tienen...".

Repuso el General:

-"Pues ahora se lo van a llevar...", y de inmediato ordenó el fusilamiento de los dos hermanos.
El Gobernador trató de inmediato, no sólo de aplicar las disposiciones de la ley, sino también las sanciones correspondientes para quienes no las cumpliesen. Pero los sacerdotes se habían comprometido a aceptar también las consecuencias, así fuesen dolorosas y amargas. Estaban dispuestos a sufrir penurias, ataques, destierros, sobresaltos y aun la persecución misma.

El 1° de marzo, el Obispo de Colima, Amador Velasco, defendió los derechos de la Iglesia a lo que respondió el Gobernador el día 26 con la Reglamentación de un Decreto anticlerical. El Obispo, entonces, ordenó la suspensión de cultos como lo haría tres meses después, todo el Episcopado Mexicano. (Fue el 14 de junio de 1926 cuando se expidió la Ley Calles)

El Obispo de Colima y todos los sacerdotes fueron procesados. Muchos fueron desterrados o se impusieron ellos mismos el destierro. El Obispo Velasco se remontó a la sierra para esconderse. Otros permanecieron ocultos en la ciudad con el afán de prestar auxilios espirituales a su feligresía y se las ingeniaban para celebrar la Misa y los sacramentos en casas particulares con reducida y confiable asistencia de fieles, tal como lo hizo el Padre Miguel en su propia casa, en donde celebraba la Eucaristía por lo menos algunos días.

-"¿Cómo se va a quedar Colima sin sacerdotes?, dijo el Padre Miguel de la Mora.
Sin embargo, como enfrente de su casa habitaba el General José Ignacio Flores, Jefe de Operaciones Militares; éste pudo verlo en un descuido del Padre Miguel y fue de inmediato tomado preso. Salió de la prisión bajo fianza y con la obligación de presentarse diariamente en la jefatura de operaciones.

El Padre Miguel de la Mora fue advertido de que terminado el tiempo  de su fianza iría a prisión definitiva, salvo que abriera el culto en la Catedral de una iglesia independiente de la católica, bajo vigilancia y obediencia a la autoridad civil.

Rechazó el Padre Miguel esta propuesta y el gobierno estatal amplió el plazo. Durante los días en que tuvo la ciudad por cárcel, repetidas veces fue llamado, juntamente con el Padre José A. Carrillo, a casa del General, que acompañado de otros militares, hacía mofa de los sacerdotes.

Por todo esto, las continuas molestias de las autoridades civiles, el tiempo que se agotaba y el sentimiento que comenzó a posesionarse del Padre Miguel, de que acaso no fuese capaz de resistir la presión, le hicieron pensar que era prudente alejarse de la ciudad, aunque perdiera su fianza.
Colima fue el primer Estado de la República Mexicana que aplicó con rigor el artículo 130 de la Constitución de 1917, que entre otros temas cita:

"Las iglesias y las agrupaciones religiosas tendrán personalidad jurídica como asociaciones religiosas una vez que obtengan su correspondiente registro. La ley regulará dichas asociaciones y determinará las condiciones y requisitos para el registro constitutivo de las mismas..."

Lo que afectaba el orden de la vida religiosa.
San Miguel de la Mora de la Mora
San Miguel de la Mora de la Mora
San Miguel de la Mora de la Mora
Dentro del cuartel, sin cuadro ni formalismo militar alguno, ordenaron al  padre que caminara hacia la caballeriza; allí, sobre el estiércol de los animales y sin miramientos fue asesinado, mientras él rezaba el Rosario, iniciado cuando le dijeron que lo fusilarían.
El Capitán encargado de la escolta le dio el tiro de gracia, ante la mirada atónita de su hermano Regino, a quien no fusilaron porque expuso en su defensa que no tenía ningún delito ni era sacerdote.
Era el 7 de agosto de 1927, el Padre Miguel de la Mora de la Mora murió a la edad de 53 años.
Mientras tanto, los soldados no permitían que la gente entrara al cuartel en donde yacía el cuerpo del Padre Miguel.
En un carro fúnebre, llamado "mariposa", fue llevado al Panteón Municipal, en donde parece que unos parientes pudieron obtener el cuerpo y sepultarlo cristianamente, pero deprisa.
Días después, el General, creyendo que el padre llevaría en sus ropas dinero, mandó que durante la noche unos soldados exhumaran el cuerpo y extrajeran el dinero imaginado.

Si lo obtuvieron o no, se desconoce, lo cierto es que de golpe arrojaron nuevamente el cadáver a la fosa sin ningún detenimiento y sin depositar nuevamente el cadáver en el féretro, sino que sobre el cuerpo arrojaron la caja y la tierra que sellaría la tumba hasta dos años después, cuando, formada una comisión especial, exhumaron los restos y los trasladaron a la Catedral, en la cripta que el pueblo llama "Capilla de los Mártires", en donde espera la resurrección final.
El Padre Miguel de la Mora, además del anciano presbítero don Martín Díaz Covarrubias, fueron los primeros sacerdotes de la Diócesis de Colima que sufrieron el martirio. Este hecho ayudó a que resonara en toda la Diócesis la noticia y que, sin duda, fuese considerado como un verdadero mártir de la fe, de su sacerdocio, de su fidelidad a la Iglesia y a su Obispo.

"Entre las virtudes más necesarias en el ministerio de los presbíteros, recordemos la disposición del ánimo para estar siempre prontos para buscar no la propia voluntad, sino el cumplimiento de la voluntad de aquél que los ha enviado. Se trata de la obediencia que, en el caso de la vida espiritual del sacerdote, presenta algunas características peculiares".

"Es, ante todo, una obediencia apostólica, en cuanto que reconoce, ama y sirve a la Iglesia en su estructura jerárquica. En verdad no se da ministerio sacerdotal sino en la comunión con el Sumo Pontífice y en el Colegio Episcopal, particularmente con el propio Obispo diocesano, hacia los que debe observarse la obediencia y respeto filial, prometidos en el rito de la ordenación".


EXHORTACIÓN PASTORAL "PASTORES DABO VOBIS", n. 28.
San Miguel de la Mora de la Mora
El Siervo de Dios Miguel de la Mora de la Mora fue beatificado por el Papa Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1992, en la Basílica de San Pedro, en Roma, junto con sus 24 Compañeros Mártires Mexicanos y la Sierva de Dios Sor María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre.

En esta solemne ocasión, durante su homilía el Papa pronunció las siguientes palabras:
"Durante las duras pruebas que Dios permitió que experimentara su Iglesia en México, hace ya algunas décadas, estos Mártires supieron permanecer fieles al Señor, a sus comunidades eclesiales y a la larga tradición católica del pueblo mexicano. Con fe inquebrantable reconocieron como único soberano a Jesucristo, porque con viva esperanza aguardaban un tiempo en el que volviera a la nación mexicana la unidad de sus hijos y de sus familias".

El Beato Miguel de la Mora de la Mora fue canonizado por el mismo Papa, Juan Pablo II, el 21 de mayo del año Jubilar 2000, en una ceremonia realizada en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, junto con sus 24 Compañeros Mártires Mexicanos, la Beata Sor María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre y el Beato José María de Yermo y Parres.
San Miguel de la Mora de la Mora
Dios y Padre Nuestro, que enviaste a tu Hijo Jesucristo para dar testimonio con su sangre derramada en la cruz, del amor sin medida a todos los hombres, y los has destinado a la santidad verdadera, concédenos, que a ejemplo de vida evangélica de tu
MARTIR SAN MIGUEL DE LA  MORA DE LA MORA,
sirva de estímulo a los sacerdotes, dé aliento en el compromiso cristiano  a los fieles, dé signo viviente de tu amor a todos los hombres y dé alabanza a la gloria de tu nombre.

Por el mismo Jesucristo, tu Hijo que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
San Miguel de la Mora de la Mora