
Rodrigo fue el primogénito de doce hermanos; niño aún, ingresó en 1888 al Seminario
Auxiliar de Zapotlán el Grande, hoy Ciudad Guzmán, Jalisco, donde se distinguió
por su aprovechamiento, talento y aplicación. Cultivó la prosa y la poesía
con gran talento literario. |
Rodrigo Aguilar Alemán nació el 13 de marzo de 1875 en Sayula, Jalisco. Hijo de Buenaventura
Aguilar y de Petra Alemán. Fue bautizado dos días después. La confirmación
en su fe tuvo lugar el 3 de abril de 1877 por el Sr. Obispo Ignacio Montes
de Oca; su padrino fue Florentino López. |




Ahí contempló en la cuna del Divino Niño, el descanso para el alma y el verdadero
Pan que nunca falta: el Pan Eucarístico anunciado también por el nombre mismo
de la ciudad que le vio nacer: Beth-lehem, "la casa del pan". Dios se esconde en
este Niño; la divinidad se oculta en el Pan de vida. El 20 de marzo de 1925 fue designado párroco interino de Unión de Tula, Jalisco y desde ese lugar oró en diversas ocasiones por esa misma gracia, además de pedirles a sus llegados que en sus oraciones pidieran por él en ese sentido. Con todo su corazón imploró: "Señor, danos la gracia de padecer en tu nombre, de sellar nuestra fe con nuestra sangre y coronar nuestro sacerdocio con el martirio. ¡Fiat voluntas tua!". En Unión de Tula, el Señor Cura Aguilar conquistó la simpatía y el respeto de quienes lo trataron. Paciente y caritativo con el prójimo, se preocupó por instruir y catequizar a sus fieles, fundando algunas asociaciones de laicos. Celebraba la misa con fervor y devoción; su gran amor a la Eucaristía le hacía visitar varias veces al Santísimo; su meditación también la hacía frente al Sagrario y en plena persecución continuaba haciendo fielmente una hora de adoración al Santísimo de 10 a 11 de la noche. Rezaba su breviario diariamente con recogimiento, así como el Santo Rosario para honrar a la Santísima Virgen. Confiaba en la Virgen de Guadalupe, de la que era gran devoto: "Todo lo debo a la Santísima Virgen de Guadalupe, a quien en día feliz tuve la dicha de consagrarle mi sacerdocio. Bajo la luz de su mirada pasé mis estudios, mi clericado, mi cantamisa y fui a rendirle mi corazón al Tepeyac". |
Mártir Mexicano 1875 - 1927 |
La mañana del 27 de octubre de 1927, una columna de soldados del ejército federal,
en número de seiscientos, a cargo del General Brigadier Juan B. Izaguirre, invadieron
Ejutla. Los habitantes del poblado, dejando casas y posesiones, huyeron
en gran parte a las montañas para refugiarse en barrancas y cuevas. Venían también
las fuerzas agraristas entre las que militaba Donato Aréchiga. Lograron aprehender a muchos de los que huían y un grupo de soldados avanzó directamente al convento de las adoratrices, cuya superiora yacía en cama, gravemente enferma. Los presbíteros Rodrigo Aguilar, Juan de la Mora y Emeterio Covarrubias, se disponían a practicar un examen de lengua latina al seminarista Jesús Garibay cuando advirtieron la presencia de los soldados en las inmediaciones del convento y apenas lograron escapar. El Padre Aguilar, sin embargo, antes de huir, entró a su cuarto para sacar unos documentos y se entretuvo; destruyó la nómina de alumnos del Seminario, invirtiendo en ello minutos muy valiosos. El seminarista Garibay se quedó a esperarlo, y en vista de que los soldados comenzaban a tirotear a los que huían, le pidió que se apresurase. El estudiante Rodrigo Ramos quiso ayudar al Padre Rodrigo en su intento de escapar, pues se encontraba lastimado de los pies y no podía correr y brincar, tomándolo de un brazo lo hizo llegar al potrero, pero los soldados los acorralaron enseguida y ambos fueron detenidos. El Padre Rodrigo Aguilar, extenuado, dijo a su asistente: "Se llegó mi hora, usted váyase". |
Sus escritos eran publicados en los periódicos de Ciudad Guzmán y tenían como temas
principales el Santísimo Sacramento, la Santísima Virgen, la cultura cristiana,
el sacerdocio, y acontecimientos de la parroquia. El diaconado lo recibió en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en Guadalajara, el 1° de enero de 1903 y fue ordenado sacerdote el 4 de enero de 1905 por imposición de manos del Arzobispo de Guadalajara, José de Jesús Ortiz. Desempeñó diferentes ministerios, su primer cargo fue como Vicario de San Pedro Analco, Jalisco. En la parroquia de La Yesca, Nayarit, misionó entre indios huicholes y bautizó a muchos, entre ellos algunos ancianos de más de 100 años que jamás habían oído hablar de Jesús. Fue designado a distintas parroquias y su buen carácter le ayudó a ganar amigos. En 1909 ejerció en Lagos de Moreno, Jalisco; luego fue capellán de la hacienda Las Margaritas, de la parroquia de Atotonilco el Alto, Jalisco, donde estuvo 4 años; también de las haciendas Palomar y Vizcarra, de Cocula, Jalisco, que es región ganadera y allí permaneció otros cuatro años. Luego pasó a Sayula, Jalisco, como Vicario Cooperador, por 4 años más y tuvo a su cargo el apostolado de la oración. Pasó luego a Zapotiltic, Jalisco, como Vicario Cooperador pero a la muerte del Señor Cura Pomposo M. Carrillo, recibió nombramiento de párroco el 14 de julio de 1923. Allí formó círculos de estudio y fomentó los ya fundados. Peregrinó a Tierra Santa y con sus impresiones y vivencias escribió un piadoso libro titulado: "Mi viaje a Jerusalén"; allí consigna que en el lugar donde según la tradición el "Verbo se hizo Carne", pidió, como una gracia, el martirio. Escribió varias poesías a Jesús Crucificado: "Miradle allí: pendiente del madero sobre la cumbre del tremendo Gólgota: tinto en la roja sangre que destila todo su cuerpo por las venas rotas". "Tórtola solitaria que suspiras del Gólgota en la cumbre tenebrosa, en medio del horror y del espanto, que la naturaleza tremebunda ofrece a tu mirada vigorosa; anegada en un mar de sinsabores y en un océano inmenso de tristeza". |
Escaso tiempo pudo estar al frente de su parroquia, pues al decretarse la suspensión
del culto público en agosto de 1926, el Padre Rodrigo Aguilar decidió permanecer
en los límites de su parroquia y el 12 de enero de 1927, la autoridad civil
giró una orden de aprehensión en su contra, considerando delito el ejercicio
de su ministerio. El 20 de enero tuvo que salir huyendo de Unión de Tula. Se fue a un rancho próximo a la cabecera municipal, en donde pasó la noche bajo techo; pero la misma persona que lo había asilado, lo denunció, por lo que apenas pudo escapar a Ejutla, Jalisco, perteneciente a la Diócesis de Colima, llegando a esta población el 26 de enero. Se refugió en el Colegio de San Ignacio, de las religiosas Adoratrices de Jesús Sacramentado. Desde los corredores del inmueble, siempre que podía celebraba la misa y administraba los sacramentos. Hasta él acudían sus feligreses de Unión de Tula, a quienes atendía en sus necesidades espirituales, renovando cada semana la Reserva Eucarística, gracias a la valiente cooperación de una religiosa. Durante lo más álgido de la persecución religiosa llegó a decir: -"Los soldados nos podrán quitar la vida, pero la fe nunca". |


La soga fue tirada con fuerza y la víctima suspendida en el aire. A punto de asfixiarse
fue bajado para repetirle la pregunta: "¿Quién vive?". Su respuesta fue la misma: -"¡Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!", respondió sin titubear. Por tercera vez se repitió la escena, nuevamente fue colgado por el cuello y vuelto a bajar, con soez provocación se le espetó de nuevo: "¿Quién vive?". Aún muy lastimado de la garganta, arrastrando las palabras, su pronunciamiento fue el mismo: -"¡Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!", repitió ya agonizante. Vuelto a colgar se le provocó la muerte por asfixia y su alma voló al Cielo. |
El cuerpo amaneció colgado del árbol de mango en la plaza central del pueblo. Se
le había ajusticiado sin hacerle ningún proceso. Como permaneció suspendido hasta
el medio día mucha gente pudo verlo. Estaba en camiseta, pantalones y calcetines,
pero sin zapatos y con un sombrero de paja puesto de lado. El nudo de la
soga lo tenía en la nuca y el cuerpo casi tocaba el suelo con los pies. Cerca de las cinco de la tarde, unos vecinos, los señores Juan Ponce y Jesús Silvano García, con autorización del Capitán Mata, descolgaron el cadáver. Don Jesús llevó una tabla sobre la que pusieron el cuerpo y con la misma soga que lo habían colgado lo sujetaron a la tabla para que no se cayera. Lo trasladaron inmediatamente al Panteón Municipal y lo sepultaron superficialmente y sin caja, solamente pusieron encima del cuerpo la tabla en la que habían cargado el cuerpo y sobre la tumba colocaron algunas piedras y flores. El pueblo de Ejutla había quedado casi vacío, ya que Izaguirre había amenazado con incendiar el poblado por ser refugio de cristeros. Los soldados se dedicaron al saqueo; del convento se llevaron los ornamentos, la custodia y los vasos sagrados. En la plaza quemaron imágenes sagradas y bancas que habían llevado del convento. Inmediatamente después de su muerte la gente lo tuvo como un verdadero Mártir. Cinco años después de los acontecimientos, los restos del Padre Rodrigo Aguilar fueron exhumados para ser depositados en el crucero derecho del Templo Parroquial de Unión de Tula, Jalisco. |


En años pasados hubo "desviejadero", responden los pobladores de Ejutla al preguntarles
por alguna persona que haya conocido al Padre Rodrigo; la mayoría murió
recientemente y quienes recuerdan al ahora Santo lo hacen por los relatos de sus
padres o abuelos, más no por haberlo conocido directamente. El Santo fue cura interino del templo parroquial en Unión de Tula, Diócesis de Autlán, del 20 de marzo de 1925 hasta su muerte en octubre de 1927. Ese lugar ahora ha tenido un notable crecimiento, y si bien el Santo es venerado en el Templo de Nuestra Señora del Rosario en donde se encuentran sus restos-reliquias, el pueblo no ha hecho un gran eco del gran honor de tener con ellos a un Santo. Más bien el pueblo de Ejutla ha manifestado su veneración al mártir, colocando un monumento en la desviación carretera al poblado; asimismo, en la plaza fue instalada una estatua junto al mango, aún intacto, donde fue sacrificado. Al decretarse la suspensión del culto público, el Padre Rodrigo no dejó a sus fieles y siguió celebrando la Misa a escondidas. En una ocasión, Don Guadalupe López Bernal, entonces de 13 años, iba pasando por una escuela que había sido abandonada con motivo de la misma Revolución, cuando el Padre Aguilar le dijo "vente, vamos subiendo por una ventana a uno de los salones"; ahí celebró la Eucaristía con algunas personas que entraron al lugar de la misma forma. Ese día y algunos otros ayudó al Padre Aguilar en la Misa, pues lo conocía porque su hermano Luis López era Sacristán, y cuando iba a visitarlo le servía de monaguillo. Don Lupe recuerda uno de los sermones que le escuchó al Padre Aguilar, en el que les platicó de su viaje a Roma; entonces, eso era una novedad y lo admiró bastante, además porque era muy amable y buen predicador. Poco después el Padre Aguilar debió huir, acompañado por don Agustín Dueñas Ponce y su hijo Policarpo Dueñas; estuvieron escondidos entre los cerros que rodean Ejutla, comiendo maíz tostado porque no había más. Estando en los cerros, cada vez que podía, bajaba a Ejutla a celebrar Misa; una de ellas fue para dar la Primera Comunión a Cleotilde García Dávalos. A los pocos días, les avisaron que llegarían los soldados, por lo que todos se volvieron a ir a los cerros, pero los soldados no llegaron y ellos confiados, regresaron a Ejutla al día siguiente, 27 de octubre de 1927, fecha en que la tropa sí entró al pueblo. |
El Padre Aguilar se encontraba en el convento de las Adoratrices de Jesús Sacramentado
y estando ahí, aunque habían acordado que iban a decir que era doctor, el
señor Donato Aréchiga lo delató afirmando: él no es doctor, es Cura. Al día siguiente el Padre Aguilar murió ahorcado en un árbol de mango. La gente del pueblo asegura que en ese momento se vio un resplandor en el cielo. Después del martirio, los pobladores estaban esperando que los soldados se fueran para bajarlo, pero como no se iban y tenían que abandonar el pueblo porque les dijeron que iban a quemarlo -recuerda Cleotilde- su papá Jesús García Monroy pidió permiso para bajarlo y enterrarlo, lo que hizo con ayuda de Silvano García y Juan Ponce; después de eso, prácticamente todos los pobladores se fueron a El Ocotillo por tres días; al regresar se encontraron el pueblo totalmente saqueado y quemados todos los Santos, con excepción del Sagrado Corazón que no pudieron derribar. Los vecinos de Ejutla le tienen una gran devoción al Santo, al grado que ya circula una leyenda que todos conocen. Cuenta Doña Guadalupe Díaz que a un albañil que no era de ahí le dio un dolor de estómago muy fuerte y quería regresarse a su casa, pero como no estaban sus patrones, se sentó a la entrada del pueblo, bajo el mango en que fue ahorcado el Santo, para verlos llegar. Mientras esperaba, comenzó a masticar una hoja que había caído del árbol y repentinamente se sintió bien. Cuando supo que en ese árbol había sido ahorcado el mártir, le atribuyó a él el favor y regresó por más hojas de aquel mango. |
San Rodrigo Aguilar Alemán, que seguiste con alegría y fidelidad la llamada de Cristo
Rey hasta una entrega total en el martirio. Que por tu intercesión crezca en todos los mexicanos el amor a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe. San Rodrigo Aguilar Alemán, ruega por nosotros. |

Los soldados, con lenguaje grosero, preguntaron al párroco quién era, a lo que contestó:
"Soy sacerdote". Lo injuriaron y lo aprehendieron. En la redada habían
sido capturados el seminarista Garibay y algunas religiosas. El Padre Aguilar iba
a ser conducido a distinto lugar que los demás prisioneros, sabedor de su suerte,
con ánimo sereno, el Padre Aguilar se despidió de las religiosas diciéndoles: "Nos veremos en el Cielo". |
El Siervo de Dios Rodrigo Aguilar Alemán fue beatificado por el Papa Juan Pablo II
en la Fiesta de Cristo Rey, 22 de noviembre de 1992, en la Basílica de San Pedro
en Roma, junto con sus 24 Compañeros Mártires Mexicanos. El Beato Rodrigo Aguilar Alemán fue canonizado el 21 de mayo del Año Jubilar 2000 por el mismo Papa Juan Pablo II. En esta ceremonia, efectuada en la Plaza de San Pedro y con la presencia de miles de mexicanos, también fueron canonizados sus veinticuatro Compañeros Mártires, junto con la Madre María de Jesús Sacramentado Venegas y el Padre José María de Yermo y Parres. |
Del potrero lo llevaron a la casa de la Tercera Orden, como a las cinco de la tarde
fue conducido al Seminario y puesto en el pasillo con centinelas que lo custodiaban.
Los testigos presenciales vieron el gran gozo que manifestaba el Padre
Aguilar ante la cercanía de su encuentro con Dios. Su semblante no manifestaba
turbación, antes bien, se mantenía tranquilo. Dos religiosas adoratrices, acompañadas de cuatro soldados y el jefe de los agraristas, pudieron cruzar palabra con el reo. Los recibió con amabilidad, tranquilo y atento, no obstante de encontrarse en medio de una turba maldiciente y soez, que lo injuriaba. A las religiosas, el Padre Rodrigo les dijo: -"Tengo hambre, tráiganme, si pueden, unos taquitos de frijoles. Los jefes me exigen documentos para demostrar por escrito que soy inocente, pero no tengo ninguno". Encarcelado, el Padre Rodrigo pasó el día en oración. El General quiso dejarle libre, pero Donato Aréchiga, quien encabezaba el contingente bélico, odiaba al párroco por haber impedido un matrimonio irregular, por lo que obtuvo la pena de muerte para el Señor Cura Rodrigo Aguilar. A la media noche del 28 de octubre de 1928, fiesta de Cristo Rey, el Padre Aguilar fue llevado a la plaza central de Ejutla; tranquilo, las horas transcurridas las invirtió orando. En una rama de un robusto árbol de mango los soldados colgaron una soga, uno de cuyos extremos tomó el Padre Aguilar, bendijo la soga, en voz alta perdonó a sus verdugos y regaló su rosario que tenía "tierra santa" a uno de los que lo iban a ejecutar. Luego de ponerle la soga al cuello, uno de los soldados, para poner a prueba su fortaleza le gritó en pleno rostro: "¿Quién vive?"… (Le habían dicho que no lo colgarían si gritaba: "¡Viva el Supremo Gobierno!"). -"¡Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!", contestó con firmeza el Padre Aguilar. |