
San Román Adame Rosales, que con el inicio de la cruel persecución sufriste penas espirituales y físicas semejantes a las de Cristo, Ruega por nosotros. |

En Teocaltiche, Jalisco, el 27 de febrero de 1859 tuvo principio la vida del niño
Román, hijo de Felipe Adame y Manuela Rosales, y el día 2 de marzo lo presentaron en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores
para el bautismo. |



En Nochistlán se encontraba el coronel Jesús Jaime Quiñónez, comandante de un regimiento
militar de trescientos soldados federales para someter a los grupos de
cristeros que se habían levantado en la región. El señor Tiburcio Angulo le dijo
al coronel dónde se encontraba el señor cura, por si quería apresarlo. Esa misma noche, del 18 de abril de 1927, se dirigió la tropa al rancho y sitió la casa del señor Mora; los soldados se metieron violentamente a las habitaciones como a la una de la mañana y aprehendieron al Sr. Cura Adame que estaba dormido, vestido con ropa interior y así, descalzo y a pie, lo condujeron primero al pueblo de Mexticacán y de allí a Yahualica. El anciano párroco, a sus casi setenta años, iba muy fatigado pisando las piedras del camino con los pies desnudos. Al llegar a Río Ancho, viendo que el sacerdote ya no podía caminar, un soldado compadecido le cedió su caballo y los compañeros comenzaron a injuriarlo y tildarlo de cristero. A Yahualica entraron los federales con el Sr. Cura Román amarrado y montado en un caballo. Lo llevaron al curato, que lo habían tomado por cuartel, y allí lo tuvieron preso por la noche; durante el día lo ataban a una columna de los portales de la plaza, con un centinela de vista, y durante la noche era recluido en el cuartel. Así estuvo dos días y medio, sin probar alimento ni bebida, conforme pasaban las horas, su salud deterioraba. Los señores Francisco González, de Mexticacán, Francisco González Gallo y Jesús Aguirre entrevistaron al coronel Quiñónez para pedirle la libertad del Sr. Cura Adame. El coronel, luego de escucharlos, les contestó: -"Yo tengo órdenes de fusilar a todos los sacerdotes, pero si me dan seis mil pesos en oro, a éste le perdono la vida". Pronto juntaron el dinero los señores para el rescate y lo entregaron al militar y al recibirlo les preguntó quiénes lo habían dado, para matarlos. Los hermanos Felipe y Gregorio González Gallo, señores influyentes de Yahualica, lograron calmar al coronel para que no cometiera ese nuevo atropello a la gente del pueblo, que de por sí ya estaba muy atemorizada por los ataques de los soldados. |
Mártir Mexicano 1859 - 1927 |
Abril 21 |
El azoro y el terror impuesto por los militares y la inutilidad de las gestiones
cancelaron las esperanzas de obtener la libertad del párroco. El coronel Quiñónez se quedó con el dinero del rescate y ordenó fusilar al señor cura el 21 de abril de 1927, en el panteón municipal de Yahualica. Como a las diez de la mañana salió el pelotón militar del cuartel con el Sr. Cura Adame y caminaron por la calle hacia el panteón; la gente lloraba y suplicaba a los soldados que dejaran libre al sacerdote pero el señor cura y los soldados nada contestaron. Dos hombres, José González y Domingo Mejía, lograron colocarse en la barda de atrás del panteón y vieron por un agujero del muro cómo fue victimado el sacerdote. Junto a la entrada los soldados formaron el cuadro para fusilarlo, frente a una fosa abierta cercana a la barda; primero lo recargaron en la pared e intentaron vendarle los ojos, pero él no se lo permitió y esperó de pie la ejecución inminente. Se oyeron las voces del jefe: -"¡Preparen armas!" |
Recibió la educación humana y cristiana en el seno de su familia y en la escuela
del pueblo; siendo ya joven mayor de 18 años acudió al Seminario de Guadalajara
y, hechos los estudios con aplicación y aprovechamiento, fue ordenado sacerdote
por el Sr. Obispo Pedro Loza y Pardavé el 30 de noviembre de 1890. El ministerio sacerdotal lo ejerció primero en la parroquia del Sagrario de Guadalajara, como sacerdote penitenciario y asesor de los seminaristas que solicitaban ser ordenados. En junio de 1895 fue nombrado párroco sustituto de La Yesca, Nayarit; parroquia remontada entre barrancas de difícil accesos, y allí estuvo dos años. Volvió a la parroquia del Sagrario Metropolitano, pero luego fue nombrado párroco de Ayutla, Jal. Pasó después a la parroquia de El Teúl, Zacatecas, en diciembre de 1903 y ahí permaneció diez años. |
Ejerció los últimos trece años de su ministerio sacerdotal en la parroquia de Nochistlán,
Zacatecas; de enero de 1914 hasta su muerte. En Nochistán, el Sr. Cura Adame tuvo entre sus colaboradores al futuro Santo Mártir José María Robles Hurtado, quien fue nombrado Ministro de la parroquia el 18 abril de 1916, cargo que desempeñó durante cuatro años y seis meses. Prudente y ponderado en su ministerio, el Sr. Cura Adame fue nombrado Vicario Episcopal foráneo para las parroquias de Nochistlán, Apulco y Tlachichila. Quienes lo conocieron, lo recuerdan como un sacerdote piadoso, dedicado a la oración personal y comunitaria todos los días, y muy devoto de la Santísima Virgen. En el servicio pastoral fue párroco celoso que trabajó con gran empeño en la formación cristiana de los feligreses y los atendió con centros de catecismo, escuelas parroquiales, semanas de estudios de la doctrina social de la Iglesia para adultos, administración oportuna de los sacramentos a todos los fieles, especialmente a los enfermos y moribundos, además cultivó las vocaciones sacerdotales. Algunas personas de Nochistlán despreciaban al Sr. Cura Adame y querían que se fuera del pueblo porque preferían a otro sacerdote; para manifestarle su desprecio amarraron un burro a las puertas de la casa parroquial, con una bolsa de tortillas duras y con la dedicatoria escrita en un papel: "Para tu camino". El pacientemente sufrió las injurias y desprecios y continuó su trabajo pastoral con generosa entrega. Promovió la construcción de templos y capillas en la ciudad y en los ranchos de la jurisdicción parroquial. El mismo día de su muerte su concluyó la cúpula del templo que él inició en el poblado El Molino. Para fomentar la vida cristiana estableció y atendió en la parroquia las asociaciones piadosas, especialmente de Hijas de María y de la Adoración Nocturna. En agosto de 1926, viéndose como todos los sacerdotes de su época, en la disyuntiva de abandonar su parroquia o permanecer en ella aún con la persecución religiosa, desatada por las leyes contrarias a la Iglesia. |






"Le tienen mucho cariño a San Román, tanto en la cabecera municipal como en los dispersos
poblados de Nochistlán", expresó recientemente el Sr. Cura Felipe de Jesús
de Alba Romo, párroco del lugar, mismo sitio de "la primera Guadalajara". Sus palabras las constatamos minutos después, visitando el lugar donde se encuentran sus restos mortales -lado derecho del presbiterio, en el Templo de San Francisco de Asís-, y la capilla anexa al Templo de San José, distante del anterior templo a escasos 200 metros. En uno y otro lugar, hombres y mujeres de diversas edades, se encontraban en silencio y puestos de rodillas, suplicando la intercesión de quien por los años 20´s fuera su párroco, hasta su muerte, ocurrida en Yahualica, Jal., el 21 de abril de 1927. Para la señora Josefina Sandoval de Sandoval, del barrio Las Palmitas, en Nochistlán, el Sr. Cura Adame es un poderoso intercesor. Ella padecía una enfermedad del corazón y "encomendándome a él, con mucha fe, y apenas tomándome unos tés que me recomendaron, como por arte de magia quedé aliviada. Hoy estoy bien y muy contenta y agradecida, con Dios primero y luego con San Román". |


El Sr. Cura Adame se decidió por la segunda; comportándose con prudencia, se ausentó
de la casa parroquial de Nochistlán, pero permaneciendo en el territorio de
la parroquia para seguir atendiendo las necesidades espirituales de la comunidad
en las casas particulares del pueblo o de los ranchos. El 18 de abril de 1927, en el rancho Los Veladores, se hospedó el Sr. Cura Adame en la casa del señor José Mora y mientras comían María Guadalupe Barrón le dijo: "Ojalá no vengan a dar con nosotros los perseguidores", y el Sr. Cura Adame le contestó: "Que dicha ser mártir, dar mi sangre por la parroquia". Esa tarde atendió confesiones de los vecinos y los invitó a rezar el Rosario, después se retiró a su habitación para pasar la noche y al día siguiente celebrar la Santa Misa. |


Y lo soldados obedecieron, menos Antonio Carrillo Torres, que de ningún modo quiso
obedecer, aunque le dijo el comandante que de no someterse lo fusilarían también.
El soldado Antonio seguía diciéndoles que no lo haría, por lo cual lo despojaron
del uniforme militar y lo colocaron junto Sr. Cura Adame, quien le hizo
señas que obedeciera. Se dio la orden: "¡Apunten!, enseguida la voz: "¡Fuego!". Al impacto de las balas cayó primero el anciano párroco; en seguida también fue derribado a balazos el ex-soldado Antonio Carrillo Torres. Cuando fue llevado al sacrificio, el Sr. Cura Román Adame tenía 68 años, y fue el de mayor edad entre los veinticinco mártires mexicanos. Quince minutos después, se presentaron cuatro señores: Felipe Gonzáles, Jesús Limón, Mauro Plasencia y Felipe Vargas, con autorización del coronel Quiñónez, llevaron el ataúd sencillo para darle sepultura, lo colocaron en la fosa que ya estaba abierta, inmediata al lugar de ejecución, y lo cubrieron de tierra. El Padre José María Robles Hurtado, estando oculto en casa de una familia de Tecolotlán, Jalisco, fue enterado de los sucesos en Nochistlán. Así lo refiere en un recado enviado a su hermana María: |
"La Madre Carmen, de Nochis, me avisa que el día 18, a la una de la mañana, aprehendieron
al Sr. Cura Adame, no me dice dónde, pero se despende que en el pueblo,
es pues, muy probable que ya esté en el cielo el Sr. Cura. Que milagrosamente
se escapó el P. Vázquez; que el templo del Sr. S. José es cuartel; que en los
pueblos vecinos es insoportable la vida; que ya no hayan que hacer.¡Pobrecitos!
Roguemos mucho por todos... Tus fervorosas oraciones. Te bendigo". |


Unos días más tarde, confirmada la noticia de la muerte del Sr. Cura Adame, el Padre José María Robles escribió en su diario: "26 de Abril. Santa Misa en casa-refugio. Aplicada por el señor Cura Román Adame. (dice la prensa que murió asesinado), por los demás Sacerdotes que me hayan precedido al cielo, por los finados combatientes y por nuestras libertades. La persecución crece indeciblemente. Cinco prelados son expulsados. ¡Piedad, Señor, para todos!" Y el día de su cumpleaños número 39, el Padre José María Robles, escribió en su diario: "3 de mayo. Santa Misa pro-pópulo en casa refugio. Me avisa la Madre de los Ángeles que el 21 del pasado, en Yahualica a las 8 fusilaron los federales al señor Cura Adame. ¡Goce la recompensa de los mártires!" |
Años después fueron exhumados los restos, del panteón de Yahualica, Jalisco; y fueron
trasladados al templo parroquial de Nochistlán, Zac., y allí se guardan con
veneración porque los fieles siempre han reconocido que el señor Cura Román Adame
Rosales murió como mártir de la fe cristiana. El Papa Juan Pablo II declaró Beato al Sr. Cura Román Adame Rosales, el 22 de noviembre de 1992, en compañía de sus veinticuatro compañeros mártires mexicanos. Y el 21 de mayo del Año Jubilar 2000, fue elevado a los altares y declarado Santo de la Iglesia Universal por el mismo Papa Juan Pablo II. |




Por su parte, la señora Teresa Luis de Rosales, manifiesta que desde hace 3 meses,
todos los días, "doy una pasadita por aquí, para rezar y agradecerle al Señor Cura Adame lo mucho
que me ha ayudado. La devoción a él me ha ayudado a tener más fe". De Alba Romo, párroco de Nochistlán, señala que "la fiesta a San Román Adame va en aumento, primero era un triduo, luego la hicimos en seis días y próximamente será un novenario; razón hay para ello, porque se le tiene mucho cariño a este santo". Sobre el lugar de veneración de este mártir originario de la vecina población de Teocaltiche, Jal., indica el responsable de la comunidad nochistlense: |
"Primero se acondicionó una modesta capilla, a un costado del Templo de San José;
enseguida llevaron de manera solemne su imagen y sus restos a ese recinto, mandando
pintar al óleo escenas de su prendimiento. El tercer paso es tener una urna
-ya se mandó hacer- digna y segura, para allí exponer a la veneración los restos
óseos de San Román Adame, que estarán en la capilla en donde ya se le venera". Una de las pinturas al óleo, hecha por el Sr. Ezequiel Delgadillo, se refiere a la Vía Dolorosa que caminó el mártir: "al llegar al río Ancho uno de los soldados le ofreció su caballo porque al mártir le era ya imposible caminar, al tener las plantas de sus pies destrozadas". Así, con la intercesión de este santo mártir, Nochistlán que crece apresuradamente, podrá crecer en su fe y amor por quienes derramaron su sangre por su fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia. (Artículo publicado en el Semanario el 20 de mayo de 2001) |




