

En realidad no es sino un chico gallego como otros tantos, que nunca aprenderá a
leer y a escribir -la escuela entonces era cosa de pocos-, y que desde niño, en
cambio, será instruido en las oraciones, en el catecismo, y en las muy diversas
artes campesinas: hacer leña, cuidar los animales, regar, cultivar el campo,
arreglar el carro, las cercas y tejados, y tantas cosas más que va a seguir ejercitando
toda su vida. |
Beato Fray Sebastián de Aparicio |
Precursor de los caminos y puentes de México. Nació Sebastián de Aparicio del Prado el 20 de enero de 1502, en el pueblo gallego de Gudiña, de la provincia de Orense (España). Sus padres Juan de Aparicio y Teresa del Prado le ponen por nombre el santo del día en que nace. |




Santos y Beatos Latino Americanos y de Las Américas |
Para ésta, como para su primera esposa, fue como un padre muy bueno. Pero tampoco esta felicidad terrena había de durarle, pues antes del año la esposa muere en un accidente, al caerse de un árbol donde recogía fruta. Sebastián la quiso mucho, como también a su primera esposa. Sebastián de Aparicio, humilde y casto al estilo de San José, debió sentir como éste muchas veces profundas perplejidades ante los planes de Dios sobre él. Siempre inclinado a la austeridad de vida, el Señor ponía en sus manos la riqueza. Siempre inclinado al celibato, la Providencia le llevaba a dos matrimonios, seguidos de prematura viudez. Pasando por graves enfermedades, el Señor le daba larga vida... Muchas veces se preguntaría Sebastián "¿pero qué es lo que el Señor quiere hacer conmigo?". Y una y otra vez su perplejidad tomaría forma de súplica incesante: "Enséñame, Señor, Tu camino, para que siga Tu verdad"... (Sal 85,11) Tiene ya 70 años, y aún no conoce su vocación definitiva. Verdaderamente la vida de Sebastián de Aparicio nos asegura una vez más que los caminos de la Providencia Divina son misteriosos. Quiso Dios que Sebastián de Aparicio fuera todo lo que fue hasta llegar a fraile franciscano. Las clarisas de México, a poco de su fundación, pasan por graves penurias económicas. Y el confesor de Sebastián sugiere a éste que les ayude con sus bienes y como donado (hermano lego), portero y mandadero. La respuesta es inmediata: a fines de 1573, ante notario, cede todos sus bienes, que ascendían a unos 20,000 pesos, a las clarisas. Los numerosos conocidos de Sebastián empiezan a no entender nada de su vida, viendo que el antiguo empresario y rico hacendado se ha transformado en modesto criado de un convento femenino de clausura, entonces es precisamente cuando a él se le van aclarando las cosas: por fin su vida exterior va coincidiendo con sus inclinaciones interiores más profundas y persistentes. La vocación religiosa de Sebastián, después de más de un año de mandadero y sacristán de las clarisas, queda probada suficientemente, y el 9 de junio de 1574, a los 72 años de edad, es investido del hábito franciscano en el convento de México. Los buenos frailes de San Francisco, que le conocían y estimaban hacía mucho tiempo, tuvieron la generosidad de recibir a este anciano, que probablemente estimarían próximo a su fin... Pero el buen Hermano lego Sebastián da en el noviciado muestras no solo de oración y virtud, sino también de laboriosidad: barre, friega, cocina, atiende a cien cosas, siempre con serena alegría. El 13 de junio de 1575 recita la solemne fórmula: "Yo, Fray Sebastián de Aparicio, hago voto y prometo a Dios vivir en obediencia, sin cosa alguna propia y en castidad, vivir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, guardando la Regla de los frailes menores". Y un fraile firma por él, pues es analfabeto. Enseguida le llaman a Puebla de los Ángeles, donde el gran convento franciscano, con su centenar de frailes, empeñados en mil tareas de evangelización y educación de los indios, necesitan un buen limosnero. A sus 75 años, con el sombrero de paja a la espalda, el hábito remendado y con la bota de vino al cinto (costumbre muy arraigada en algunos españoles), Fray Sebastián retoma su carreta y se hace de nuevo a los caminos, recorriendo sin cesar una región de unos 250 kilómetros a la redonda, esta vez para recoger ayudas no sólo para los frailes de su comunidad, sino también para los pobres que en el convento se atienden día a día. El viejito que los frailes franciscanos han recibido por pura generosidad, va a servirles de limosnero 23 años, de los 75 a los 98. Siempre de aquí para allá, muchas noches las pasa al sereno, a la luz de las estrellas, al cobijo de su carreta. Al igual que San Francisco, Fray Sebastián quería mucho a los animales, pero también tuvo un gran dominio sobre los toros y animales indómitos. Cierto día, el superior le ordenó acarrear piedra del río sobre un mulo que nadie había podido domar, pero ni siquiera acercarse a él. Fray Sebastián fue al bruto animal y le dijo que era menester trabajar. |
Fraile Hispano-Mexicano 1502 - 1600 |
Febrero 25 |
Enseguida se abre su proceso de beatificación, y llegan a documentarse hasta 968
milagros. El 17 de mayo de 1789 es declarado Beato por el Papa Pío VI, y desde entonces su cuerpo incorrupto -parece un hombre dormido, de unos 60 años- descansa en una urna de plata y cristal en una capilla de la Parroquia de San Francisco, en la Ciudad de Puebla de los Ángeles. Los años han pasado, pero la fama del taumaturgo poblano sigue aumentando y su culto propagándose por toda la República Mexicana y fuera de ella. Los conductores de toda clase de vehículos consideran al Beato Sebastián de Aparicio como su celestial patrón. Esperamos que no esté lejano el día en que la Santa Iglesia inscriba en el catálogo de los santos al "Fraile carretero", que trabajó como pocos en México, y dio pruebas de acrisoladas virtudes y lustre a la Orden de San Francisco de Asís. Hay en la plaza, frente a la iglesia, un hermoso monumento en granito y bronce, con una inscripción, que, sin esperar de Roma el proceso de Canonización, dice bien clara: |



Cuando era niño, llegó a su pueblo una terrible epidemia y a todos los apestados
los alejaban de los demás para que no los contagiaran. Sebastián se enfermó y la
mamá lo llevó aparte a una cueva. Pero llegó una loba y lo mordió, y con la hemorragia
se curó de la enfermedad. Desde entonces tuvo un especial amor por los
animales y una influencia admirable sobre ellos. Se ve que las mujeres sentían gran atracción por este joven gallego, una viuda joven y rica, se enamoró perdidamente de él (siendo aún adolescente) y trató de hacerlo pecar. Sebastián vio que corría peligro la salvación de su alma y huyó de allí, porque sabía que la belleza y las riquezas de esa mujer podían llevarlo a ofender a Dios. Tiempo más tarde, al llegar Sebastián a Sanlúcar de Barrameda, de donde partían los barcos hacia América, venció otra vez, sostenido por Cristo, violentos asedios femeninos. A los 31 años, en 1533, se decide Sebastián a entrar en la corriente migratoria hacia América, y se radica hasta 1542 en la ciudad mexicana de Puebla de los Ángeles, fundada por el franciscano Fray Toribio de Benavente, conocido más bien con el sobrenombre de "Motolinía". |
Sebastián cultiva, sin gran provecho, trigo y maíz. Pero pronto se dedica a perseguir
novillos, lacearlos y domarlos, para formar con ellos buenas yuntas de bueyes,
podemos decir que es un iniciador del "charro mexicano". Por Puebla pasaban interminables caravanas que del puerto de Veracruz se dirigían a la Ciudad de México, siguiendo un camino ya abierto desde 1522. Sebastián forma una pequeña sociedad de carretas de transporte, tiradas por bueyes, que evita a los indígenas el duro trabajo de transportar todo sobre sus espaldas. En 1542 se traslada a la Ciudad de México con miras aún más amplias. Logró, desde México, abrir camino de carros para Zacatecas. Durante diez años transporta Sebastián de Aparicio minerales de plata de las minas de Zacatecas a la Casa de Moneda de México, y también transporta viajeros. Hoy en día admira aún la obra titánica de Sebastián por sus vastas y grandiosas proporciones: tuvo que allanar hondonadas, rodear montes, construir puentes de madera, llevar provisiones para sus trabajadores y, sobre todo, lograr la amistad con las tribus "chichimecas", tristemente célebres por su ferocidad y canibalismo. Sus cuadrillas de carretas recorrieron aquellas larguísimas distancias sin ser molestadas por los chichimecas, quienes al ver la mansedumbre y caridad con que los trataba Sebastián le amaron, le protegieron y nunca le hicieron mal alguno. En 1552, tras dieciocho años de carretero y empresario, y ya con 50 años de edad, vende Sebastián sus carros, y se establece en una hermosa hacienda de Tlalnepantla, cerca de México. |
El antes salvaje y rudo mulo a las palabras del fraile dócilmente se sujetó. Regresando una vez de Atlixco con unas carretas bien cargadas de trigo, se detiene el Hermano Aparicio a descansar, momento que las hormigas aprovechan para hacer su trabajo. "Padre, le dice un indio, las hormigas están hurtando el trigo a toda prisa, y si no lo remedia, tienen traza de llevárselo todo". Fray Sebastián se acerca allí muy serio y les dice: "De San Francisco es el trigo que habéis hurtado; ahora mirad lo que hacéis". Fue suficiente para que las hormigas lo devolvieran todo. En una fiesta de la Virgen, llega Fray Sebastián al convento de Cholula en el momento de la comunión, y allá se acerca a comulgar, desaliñado y con la bota al cinto, recogiéndose después a dar gracias. En ello está cuando se le aparece la Virgen, y él la contempla arrobado... Cuando el Padre Sancho de Landa se le interpone, le dice el Hermano Aparicio: "Quitaos, quitaos, ¿no veis aquella gran Señora, que baja por las escaleras? ¡Miradla! ¿No es muy hermosa?". Pero el padre Sancho no ve nada: "¿Estás loco, Sebastián?... ¿Dónde hay mujer?"... Luego comprendió que se trataba de una visión del santo Hermano. Los labradores le buscaban para que conjurara las tempestades o acabara con las plagas que azotaban sus sementeras, lo que siempre hacía llevado de su gran caridad. Su cordón (con el cual se ciñen los franciscanos el hábito) se hizo famoso en muchísimas partes. Al simple contacto del cordón sanaban los enfermos y las mujeres en difíciles partos daban a luz felizmente. Uno de los más antiguos biógrafos de Fray Sebastián, se refiere a su cordón como el "sanalotodo" o medicamento universal, y cita el milagro que Dios obró por medio de su siervo Sebastián: "Aconteció que un niño de catorce meses de edad, hijo de unos bienhechores del convento, radicados en Huejotzingo, se metió debajo de una carreta tirada por bravos toros. Asustados éstos arrancaron y la pesada rueda pasó sobre el niño, enterrándolo en la tierra. Poco después llegó Fray Sebastián y los padres del niño se lo presentaron muerto, rogándole hiciese algo por ellos. El fraile rogó a Dios y el niño resucitó por sus súplicas". El demonio acostumbraba asaltarlo por las noches con visiones horribles para tratar de obtener que se saliera de la comunidad religiosa. |





Muchas Gracias Juan ! por enviarme la Biografía del: Beato Fray Sebastián de Aparicio Lic. Juan Manuel Robles Gil Coatzacoalcos, Veracruz, México. |

Para estos años ya el gallego Sebastián de Aparicio es absolutamente mexicano. No
obstante su riqueza, vestía como cualquiera, dormía sobre un "petate" y comía,
como la gente pobre, tortillas de maíz con chile; sólo añadía algo de carne en
domingos y fiestas. La casa de Sebastián en Tlalnepantla fue testigo de muchas obras de misericordia, tanto corporales como espirituales. Sus campos eran una escuela práctica donde aprendían los indios la labranza; su hogar se convirtió en asilo seguro donde encontraban los pobres y menesterosos refugio y donde podían aprender las virtudes cristianas que Sebastián no dejaba nunca de ejercitar. Entre estas virtudes sobresalía su amor ardiente al Santísimo Sacramento y a la Virgen María, cuyo rosario no omitió en todos los días de su vida. A los 55 años pasó Sebastián a vivir al pueblo de Atzcapotzalco, donde un padre de familia, con más pretensiones que riquezas, trató de conseguirle como rico y honesto marido para su hija, sólo con el propósito de obtener una buena dote. Después se traslada a Chapultepec, donde la abundancia de ganado requería su presencia. Allí tiene una enfermedad muy grave y recibe los últimos sacramentos, pensando ya en morirse. Recuperada la salud, muchos le recomiendan que se case, que tenga una mujer a su lado para que lo atienda. Tras muchas dudas y oraciones, acepta el consejo, y a los 60 años, en 1562, se casa con la joven hija de un amigo vecino de Chapultepec en la iglesia de los franciscanos de Tacuba, haciendo con su esposa vida virginal. Pensando estaban sus suegros en entablar proceso para obtener la nulidad del matrimonio, cuando la esposa muere, en el primer año de casados, y Sebastián, después de entregar a sus suegros los dos mil pesos de la dote, de nuevo se va a vivir a Atzcapotzalco. Un segundo matrimonio contrajo a los 67 años en Atzcapotzalco, con una "indita noble y virtuosa, llamada María Esteban", hija jovencita, como su primera esposa, de un amigo suyo. Fue también éste un matrimonio virginal, como el mismo Sebastián lo asegura en cláusula del testamento hecho entonces: "Para mayor gloria y honra de Dios declaro que mi mujer queda virgen como la recibí de sus padres, porque me desposé con ella para tener algún regalo en su compañía, por hallarme mal solo y para ampararla y servirla de mi hacienda". |
Una noche fueron dos amigos a acompañarlo en su habitación, y los terrores diabólicos
fueron tan espantosos que estos hombres nunca más se atrevieron a aparecerse
por allí. Pero Fray Sebastián alejaba a los demonios con la oración. El 20 de enero, día de San Sebastián, de 1600, el Hermano Aparicio cumple 98 años, y una vez honrado su patrono, está trabajando con sus carretas. Todavía le aguantaba la salud, aunque una antigua hernia le daba cada vez más sufrimientos. El 20 de febrero, viene a casa desde un monte de Tlaxcala con un carro de leña, cuando los dolores de la hernia se le agudizan hasta producirle náusea y vómitos. Se las arregla, quién sabe cómo, para llegar al convento de Puebla, donde Fray Juan de San Buenaventura, también gallego, le recibe, espantándose de verle tan desfallecido. |
El padre Guardián le obliga a guardar cama en la enfermería. Después de cinco días
que dura allí, sobre la cama inusual, Fray Sebastián pide a su paisano que lo
lleve a su celda, y que le permitan descansar sobre el suelo "¿Qué os parece?,
cómo no me quieren dejar donde tengo consuelo"... Él, desde hace mucho tiempo,
como los indios, tenía preferencia por acostarse directamente en el suelo: "Mejor
está la tierra sobre la tierra", solía decir. A las ocho de la noche del 25 de febrero de 1600, con 98 años, postrado en tierra, al modo de San Francisco, Fray Sebastián de Aparicio entrega a Dios su espíritu, al tiempo que dice "Jesús". Muchísimos habitantes de Puebla asistieron a su entierro. Dos veces fue desenterrado su cadáver, y las dos apareció incorrupto y despidiendo un suave perfume. Al morir quedó su rostro hermoso y alegre, como si estuviera vivo. Junto a su sepulcro se obraron varios milagros. |

San Sebastián de Aparicio Precursor de los caminos de América 1502-1600 |

Beato Sebastián de Aparicio: recuérdales a los campesinos, a los transportadores y a los sencillos trabajadores,
que con el trabajo humilde y sencillo de cada día se puede conseguir un altísimo
puesto en el cielo, si se ofrece todo por amor a Dios. |
Su cuerpo incorrupto se conserva en la Ciudad de Puebla, México. |

¡Oh Dios!, cuya bondad y poder se manifiestan admirablemente en la vida de tus siervos,
con todo mi corazón te pido permitas que sea elevado a los altares el bienaventurado
Fray Sebastián de Aparicio, cuya vida estuvo consagrada a tu servicio
y amor, para mayor honra y exaltación de tu nombre. A m é n |





