El Bautismo nos hace hijos de Dios y herederos de su gloria. La Madre María Luisa fue apóstol incansable. "Es una gracia muy grande de Dios Nuestro Señor el que nos escoja para hacer el bien a los demás". Una gran apertura la caracterizó para responder a las necesidades de su tiempo: los enfermos, la educación de la niñez, el trabajo parroquial y misiones.
Su esperanza la llevó a un filial abandono y confianza ilimitada en la Providencia Divina. Su caridad, a un amor tierno y de adoración a la Eucaristía y amor y devoción al Sagrado Corazón de Jesús; a una gran disponibilidad para seguir las más pequeñas insinuaciones de su Dios.
El Carmelo fue la excelente escuela donde se perfeccionó su vida teologal, siguiendo la doctrina de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, de cuyas enseñanzas era tan afecta. Ahí creció en su alma la semilla de contemplación que recibió de niña, y toda la riqueza para convertirse en auténtica Carmelita.
No se puede amar a Dios y no amar a los hermanos, por ello, todos los testigos de su virtud, no dudan en señalar como su virtud característica, la gran caridad:  "Los pobres fueron su amor".
A los 15 años contrajo matrimonio con el joven médico Pascual Rojas Santoscoy, de excelentes cualidades y con preferencia a socorrer a los pobres en sus necesidades.
Dios Nuestro Señor no les concedió hijos según la carne; lo fueron en el espíritu y en la caridad.
 
Venerable María Luisa Josefa del
Santísimo Sacramento de la Peña Navarro
María Luisa de la Peña Navarro nació el 21 de junio de 1866, en Atotonilco el Alto, Jal. Sus padres, ricos hacendados, don Epigmenio de la Peña Ibarra y doña Luisa Navarro Castellanos. A los seis días de su nacimiento recibió la gracia del Bautismo.
Desde pequeña, Luisita recibió formación cristiana con una orientación hacia la oración, misma que se proyectaba en una gran caridad y amor a los pobres, siguiendo siempre el ejemplo cariñoso de sus padres.
Venerables y Siervos de Dios de México
"Recuerdo durante mi postulado a la Madre Luisita escondiéndose de la policía, ya que querían su dinero. Tuvimos que vivir en grupos pequeños para que no sospecharan".
Por el constante asedio de la policía, la Madre Luisita tuvo que separar a las hermanas profesas de las novicias y postulantes.
La Madre Dositea recuerda como los niños de la escuela de la Madre Luisita tenían que salir uno por uno, ya que era ilegal dar clases de religión en México:
"Yo estuve en el último grupo que nombró la Madre Luisita. A todas las hermanas en mi grupo se les designó un nombre asociado con Santa Teresa de Liseo. Mi nombre, Dositea, es el nombre de una tía y significa: "la Pequeña Flor".
Viuda, Religiosa y Fundadora
1866 - 1937
Febrero 11
Más tarde, ese mismo día 11 de febrero de 1937, les avisaron de Guadalajara que su Fundadora había fallecido. La Hermana Piedad se expresó así, "La Madre Luisita tenía tanto amor por los humildes, que nos avisó mediante uno de los más modestos".
En 1985, el proceso de canonización se abrió oficialmente en Roma.
Juan Pablo II concedió, el sábado 1 de julio del año 2000, el Decreto sobre la heroicidad de las virtudes cristianas de la Sierva de Dios María Luisa Josefa del Santísimo Sacramento, con el cual ha sido declarada Venerable.

Las Carmelitas se encuentran ahora preparando su biografía, la cual es parte del proceso de beatificación. Están esperando un milagro que puedan reportar a Roma. Con eso, el Vaticano puede declarar beata a la Venerable Sierva de Dios María Luisa de la Peña Navarro.
En una entrevista durante el verano pasado en la Casa de Retiros del Sagrado Corazón en Alhambra, California, la Hermana Piedad, una de las Carmelitas fundadoras que huyó de México durante 1930, recuerda como después de haber tratado de tener familia, el esposo de la Madre Luisita, Don Pasqual Rojas, le dijo: "De ahora en adelante los pobres serán nuestros hijos".
En 1891 la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII solicitaba urgentemente a los católicos a ayudar a los pobres. Luisita abrazó este llamado como una vocación religiosa. Atendía a los pobres y enfermos que consultaban a su esposo todos los días. Juntos visitaban a los enfermos, Luisita ayudaba en las necesidades espirituales de los pacientes. En enero de 1892, pusieron un hospital para los pobres en Atotonilco el Alto, Jalisco.
De acuerdo con la Hermana Piedad, Don Pasqual, el día de la inauguración de dicho hospital dijo: "El dinero usado en este hospital es como la sangre de Cristo; puede redimir al mundo". Se le puso el nombre del Sagrado Corazón y fueron voluntarios del pueblo los que prestaron sus servicios.
La rutina diaria de Luisita reflejaba la de una religiosa. Esto ocasionó que un pariente anciano comentara sobre ella que: "La Señora Rojas esta casada, pero su trabajo diario es el de una monja".
Poco después, Luisita entró al claustro de la Carmelitas en Guadalajara.
Monseñor José de Jesús Ortiz, Arzobispo de Guadalajara, sin embargo, decidió que Luisita únicamente podía administrar el Hospital del Sagrado Corazón, por lo que regresó a Atotonilco.
Siendo religiosa, se le nombró como superiora de una pequeña congregación en la cual podría combinar su vida activa atendiendo a los pobres y enfermos con su vida contemplativa del claustro.

El 24 de diciembre de 1904, Luisita y sus compañeras recibieron sus votos. La nueva comunidad fundada por ella: las "Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón", tenía seis miembros. Mas tarde, la Madre Luisita, decidió también formar una escuela para niñas en Atotonilco.
Para 1907, ya contaba con 20 muchachas jóvenes entregadas a la vida de Cristo al servicio de los pobres.
En Junio de 1912, el Arzobispo Ortiz murió. Le sucedió el Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez.
El Arzobispo Orozco y Jiménez fue una de las figuras mas importantes de la rebelión de los Cristeros. Protestó fuertemente con una carta pastoral contra la Constitución de 1917, lo que causó que cerraran muchas iglesias y metieran a la cárcel a los sacerdotes que habían leído dicha carta en sus parroquias.
A pesar de la persecución, Luisita continuó con sus planes de formar una congregación independiente.
En 1920, una petición solicitando la afiliación de la Orden de las Carmelitas Descalzas fue otorgada por el Papa Benedicto XV.
Para 1924, sin embargo, la persecución de la Iglesia Católica había alcanzado sus mas altos niveles, al grado que la Madre Luisita tuvo que disolver la congregación con la esperanza de volver a unirla en un futuro. La mayoría de las hermanas se escondieron con sus familias.
La hermana María Dositea, en una entrevista en el Hospital de Santa Teresita en Duarte, recuerda a la Madre Luisita visitando las casas donde estaban escondidas sus compañeras:
Muchas Gracias Juan ! por enviarme la Biografía de la:
Venerable María Luisa Josefa del
Santísimo Sacramento de la Peña Navarro


Lic. Juan Manuel Robles Gil
Coatzacoalcos, Veracruz, México.
En 1896, Don Pasqual se enfermó.
Recuerda la Hermana Piedad, que don Pascual le dijo a Luisita:
"Después de mi muerte, Dios será tu esposo".
Cuando el Doctor Pasqual murió, Luisita regaló todas sus pertenencias a los seminaristas pobres de Guadalajara. Es un capítulo importante en la vida de la Venerable María Luisa. En ella tiene cumplimiento el consejo de Jesús:
"Vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y ven y sígueme"
Efectivamente ella dio sus cuantiosos bienes para servicio de los demás y lo siguió en pobreza.
En el texto "Vida y Trabajo de la Reverenda Madre María Luisa Josefa del Santo Sacramento" (escrito por las Carmelitas basadas en testimonios dados para la causa y beatificación de la Madre Luisita) se relata que: "Momentos después de la muerte de Don Pasqual, Luisita hizo voto de castidad ante el crucifijo, fiel testigo de su vida matrimonial".
En Diciembre de 1926 la fuerzas federales se encontraban combatiendo en Atotonilco contra los Cristeros.
Las hermanas se tuvieron que recluir en una caballeriza mientras que las balas rozaban sus cabezas. También escondieron estatuas, ornamentos para la Misa, así como un cáliz y otros objetos sagrados.
Taparon la entrada con pacas de paja, pero pronto los soldados vinieron a buscar comida para sus caballos. La Madre Luisita trató de preparar a sus hijas para una muerte santa en caso de que los soldados las encontraran.
A lo lejos se podían oír los gritos de las intensas batallas, finalmente los soldados se retiraron sin buscar detrás de las pacas de paja.
La Madre Luisita decidió abandonar el país. En Junio de 1927, acompañada por la Hermana Teresa de Jesús y la Hermana Margarita María se dirigieron en tren a Nogales, Arizona. De ahí se fueron a Los Ángeles, California, donde existía una gran comunidad mexicana y encontraron un hogar en la Parroquia de los Santos Inocentes de Long Beach, California.
En Septiembre, cinco de sus religiosas llegaron de México a la parroquia de los Santos Inocentes. A través de los años mas religiosas han entrado.
La Hermana Dositea nos comenta: "Cuando llegué a Estados Unidos venía acompañada de otra religiosa. Tenía muchas ganas de ponerme mi habito, que fue traído de contrabando del otro lado de la frontera. Inmediatamente que el tren cruzó la frontera, me lo puse. Mi compañera tenía mucho miedo y no se lo puso".
A finales de 1929, la persecución de la Iglesia en México estaba terminando. La Madre Luisita regresó a su casa, dejando a la Madre Margarita María encargada de la orden en Los Ángeles, California.
El Hospital de Santa Teresita se inauguró como sanatorio en 1930. Un amigo de las Carmelitas, el Padre Leroy Callahan, había soñado en establecer un sanatorio Católico para atender a enfermos de tuberculosis, pero la Madre Luisita no estaba segura si su orden debería comprometerse a fundar dicho hospital. Sabía que las hermanas necesitaban trabajo y tenían experiencia atendiendo a enfermos, ella siguió el consejo del Padre Callahan y fundó en Sanatorio en Duarte.
La Hermana Piedad recuerda: "era una casa muy pequeña. Los cuartos estaban completamente destruidos. Y tuvimos que comprar la comida a crédito. Lo que ganaban las Hermanas al cuidado de pacientes se usó para la educación de las Hermanas en México".
Las Hermanas no solo cuidaban de los pacientes, también cuidaban de los edificios. La mayoría de los pacientes eran de descendencia mexicana, casi todos habían sido bautizados, pero no habían practicado su fe; muchos la volvieron a practicar.
El Hospital de Santa Teresita creció cada vez más, continuaban al cuidado de los pacientes tuberculosos hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando la necesidad de estancias grandes y especializadas de los cuidados de tuberculosis fueron obsoletas. Santa Teresita se hizo un hospital general. (Actualmente Santa Teresita es un hospital de servicio completo, cuenta con 253 camas y está localizado como a 20 millas al este del centro de Los Ángeles, California).
En 1937 la Madre Luisita se enfermó gravemente. La Hermana Piedad recuerda que rezaba y cantaba himnos de alabanza, cuando oyó que tocaban a la puerta donde vivían las postulantes. Tomasito, uno de los humildes trabajadores de Atotonilco, les dijo a las hermanas "la Madre Luisita acaba de morir". La hermanas no sabían si creerle, ya que el no tenía teléfono, y la Madre Luisita vivía en Guadalajara.
Hoy en día la orden de la Madre Luisita continúa floreciendo. En esta época en que las monjas llevan ropa normal, las Carmelitas pueden fácilmente reconocerse por llevar su hábito completo. Aparte de trabajar en el Hospital de Santa Teresita, las hermanas están involucradas en otros apostolados en el Sur de California.

En San Marino, las hermanas dan clases a nivel primaria en la Parroquia de Santa Felicitas y Perpetua, la Casa Misionera de la Pequeña Flor para el cuidado de niños esta atendida por las Carmelitas y se encuentra en el área norte de Los Ángeles, California. La casa de retiros del Sagrado Corazón ofrece retiros de fin de semana.

Además de México y Estados Unidos, la Congregación de las Carmelitas Descalzas del Sagrado Corazón se encuentran en Perú, Ecuador y Bolivia. Su carisma es la atención a hospitales, asilos, orfanatorios, educación a la niñez y la juventud, misiones y pastoral parroquial.

Actualmente la Casa General se encuentra ubicada en Guadalajara, Jal. México, con domicilio en: Fray Juan de Zumarraga 462, Col. Chapalita.
Desde la fecha de su Bautismo quedaron impresas en la Madre Luisita las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad. Mas no simplemente impresas sino que tuvieron un desarrollo creciente en los diferentes estados de su vida: célibe, casada, viuda, religiosa. Su vida de fe la llevó a vivir en una constante unión con Dios, con su voluntad, en todos los acontecimientos, favorables o contrarios.
Para pedir la Beatificación y Canonización de la Venerable Madre María Luisa Josefa del Santísimo Sacramento.
Padre Celestial, a quien Jesucristo Nuestro Señor glorificaba en su vida mortal y a quien nos enseñó a glorificar, te pedimos resplandezca tu gloria por las virtudes de la Venerable Madre María Luisa Josefa del Santísimo Sacramento.
Que por su constante búsqueda y disponibilidad para cumplir su divina voluntad, por su admirable recogimiento y humildad, por su caridad inagotable para con los pobres y necesitados, seas glorificado, y nosotros impulsados por el ejemplo de tan insignes virtudes de tu Sierva, nos convirtamos en tus celosos glorificadores, por el mismo Jesucristo Nuestro Señor,
Amén.
Para pedir favores.

Padre Bueno, que enseñaste a tu Sierva, la Madre Luisita a buscar ante todo tu voluntad y a entregarse a ella en bien de los hermanos, atiende por sus ruegos a mi súplica y remedia mi necesidad, a fin de que, mostrando a tu hija ante el pueblo como un testimonio de santidad  resplandezca por ella tu gloria. Por Cristo Nuestro Señor.
Amén.